jueves, 12 de noviembre de 2009

Guerra de cemento y graffitis políticos

06/11/09

Aunque creíamos que hoy iba a ser un día duro en la obra, resulta que no, que Pico y Pete tienen que quitar los moldes de madera para volverlos a poner en donde no se ha vertido el cemento, y eso lleva por lo menos día y medio. La madera es un bien preciado y no hay suficiente como para hacer todos los moldes de una, así que se usa la que se tiene, se rellenan esos moldes de cemento, y cuando se seca, se quita el molde y vuelta a empezar en otro lugar. Lo único que hacemos Klara y yo es lijar las maderas que quitan para limpiarlas de cemento, que si no, no funciona bien como molde. Vanessa y Reanne no tienen nada que hacer y vienen a echar un cable, y los dos de Ohio también. O estamos cien mil cuando no hay nada que hacer, o estamos tres cuando hay curro, no nos organizamos. Así que todos nos volvemos como niños y empezamos a tirarnos mezcla o piedrecitas, jugamos a meter piedras en un cubo, a corretear como enanos nicas haciendo el gamba. En fin, el tiempo pasa despacito y nos aburrimos como funcionarios en verano.

Y a comer y para Granada. Nos bajamos Klara y yo y a la altura del cementerio pillamos un taxi que ya lleva pasajeros, así que vamos por un camino nuevo, viendo partes de Granada que yo no conocía. Veo dos pintadas de corte político, de esas que padre fotografía sin pudor. Una dice "Ortega, el terror de los oligarcas. Amor del pueblo" y otra más allá "Daniel 2011, aunque te duela", en referencia a la reforma constitucional que le permite gobernar más tiempo del que hasta entonces se podía, sólo dos legislaturas. Como Chavez y Evo Morales, Ortega se justifica con que no hay tiempo para hacer todas las maravillas que quiere llevar a cabo. Yonkis de poder.





Y a conectarnos un poquito, que Klara saque pasta, unas Toñas y a cenar. Hoy es un día anodino y sólo Cata tiene ganas de fiesta. Nos vamos a cenar unos burritos y unas alitas de pollo y Pete y Cata se mofan el uno del otro del acento de cada uno. En una de éstas Lau le dice a Cata "give me five" y Cata responde "give me? ¿Qué quieres?". Ostia, qué descojone, menudo chiste de catalanes nos acabamos de inventar. Por primera vez veo a Peter reírse a carcajada limpia, aplaudiendo y convulsionando, como hago yo tantas veces, y me encanta, y se pega de silla en silla y nos reímos de lo lindo.

Se nos unen Eli y Alemán, un nica de La Prusia, hermano de Alex, el que curra con nosotros en la obra. Alemán en realidad se llama Raúl pero no sabe de qué le viene el mote. Eli me comenta que están a ver si se lían, y la verdad es que el chaval muy agraciado no es. Pero claro, lleva ella dos meses aquí y seguro que el filtro se le ha obturado, que el listón está ya bajo el nivel del mar y que todo lo que se mueve es factible de llevarse al huerto.

Y Cata encuentra en Vanessa una cómplice para quedarse, que al principio sólo Eli, Alemán, Alba y Rafa se iban a quedar de fiesta y el rollo parejas la excluía, así que deja de hacerse la caprichosa para que nos quedemos y satisface su actividad con la canadiense más graciosa que puedas encontrarte.

Nos subimos seis en el taxi, con las maletas de Eider incluidas, y aunque parece que a cada bache el carro se vaya a desmontar, llegamos sanos y salvos. Nos quedamos en el porche un ratejo, Jose se nos une, es el único que se ha quedado para recibir a las nuevas voluntarias que llegaban hoy, qué majo es, y nos echamos unas risas estupendas comentando las idas de olla de Judith, las guarrerías de las que es capaz Pochi (la primera vez que Ale le vio estaba lanzando mierda de vaca a los niños, literalmente, y a Ale le tiene impactado). Jose nos comenta que una de las voluntarias tiene cuarenta y pico y es un terremoto, de Albacete, y que la otra es de Murcia, jovencita y tímida, y que tenemos vida en la casa, que ya verás las risas con la de Albacete, que es un jodido show. Jose nos explica que ayer estuvo en casa de Petrona, una mujer mayor de aquí, y que su hijo entrena gallos de pelea y le han invitado a ver una. Me entusiasmo, y más cuando me dice que si vamos a acompañar al hijo probablemente tengamos que cargar con seis o siete gallos en el autobús hasta el sitio donde se desarrollen las disputas.

Y a la camita a eso de las doce, sin haber conocido a las nuevas y teniendo nueva compañera de habitación de más de cuarenta años. Bien, coño, diversidad y novedades bienvenidas son.