martes, 18 de septiembre de 2018

Así que juegas

No descartas que no te guste. No descartas que no le gustes. No descartas nada, y te importa poco, porque qué cartas más buenas para jugar a esto que ya conoces pero haces diferente, porque son demasiadas las partidas echadas, los faroles vistos, los bad beats sufridos, las apuestas mal medidas, los porcentajes de probabilidad que auguraban desastres pero luego precedían a éxitos inesperados, porque al fin y al cabo los porcentajes son solo eso y la probabilidad es una ciencia que en realidad asegura que algo puede ocurrir, aunque sea una de cada mil veces.

Así que juegas.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Coge altura

Volad, les digo.

Volad, que no hace falta saber cómo. No se hacen cursos de pilotos para volar como os digo. No pilota nadie en un vuelo que no sabes a dónde va, pero que coge altura a cada sílaba suspirada en un email o por teléfono, porque esto va de la distancia, de no veros, de no verte a ti mismo, de olvidarte de quién eres, de saber qué quieres hacer, ser, parecer, estar. Volad sin mirar al suelo. Volad sin huir a ningún sitio. Volad para encontraros a vosotros mismos en un cielo de misterio. Porque nadie sabe qué pasará. Por eso mismo, porque el destino es incierto, volad. Porque lo que quedará será el vuelo, el trayecto recorrido, las turbulencias y los cócteles a 30.000 pies. La comida insípida y las películas brillantes. Los sueños sobre hombro ajeno y los amaneceres de tú a tú, porque ahí arriba no levantas la vista para ver el sol, lo tienes enfrente, a tu lado, por todas partes, infiltrándose por la ventana para regalarte una alfombra de nubes por la que no caminas porque te elevas sobre ella, porque no hay nada debajo, solo aire sobre el que flotar.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Solo despertar en septiembre solo

Te despiertas después de dormir mucho y soñar algo que no entiendes y no haces por grabar en la memoria. Te despiertas queriendo escribir, pero no sabes el qué. Te despiertas melancólico, sin motivo, o cargado de razones, ni lo sabes ni te esfuerzas por entenderlo. Te despiertas, sin más, el primer lunes de septiembre, el primer día del fin del verano, el primer día del resto de tu vida, que ya nunca será igual porque no vivimos en bucle y que lo tenga que venir, que venga, pero que no me avise, porque no estaré preparado de todas formas.

viernes, 17 de agosto de 2018

Lo que a ellos les importa

En un viaje en coche leímos el Romancero Sonámbulo y lo analizamos, descifrando a Lorca a cada curva. Pero eso no importa.

Nos perdimos en el desierto de Tabernas y grabamos un vídeo con música de Morricone. Pero eso no importa.

Celebramos San Miguel en un pinar manchego rodeados de amigos ansiosos de conocerte y al día siguiente el párroco de la iglesia nos abrió sus recovecos y nos enseñó reliquias que yo desconocía, a pesar de llevar 36 años yendo al pueblo. Pero eso no importa.

Me descubriste series que yo jamás habría visto y películas asiáticas que para mí ni se habían hecho. Pero eso no importa.

Nos invitaron a un palco para ver un concierto de Robe y nos sentimos reyes. Fuimos reyes. Pero eso no importa.

jueves, 2 de agosto de 2018

No serán puntos suspensivos

Mi trabajo es cambiarte. Me pagas por hacerte otro. Tú expones, yo te propongo, te aconsejo en pos de tu único beneficio, pues mi sueldo no va a variar por mucho empeño que ponga en ofrecerte opciones. Podría obedecer de primeras sin más, o puedo abrirte nuevos horizontes desde la experiencia, el salario será el mismo y las propinas en mi trabajo no suelen existir, ni en realidad las espero, porque al final, que sonrías y asientas cuando yo termine es el único reconocimiento que puedo obtener, todo a lo que puedo aspirar.

domingo, 29 de julio de 2018

La falda

Era blanca con rayas rojas diagonales. Tenía vuelo, dos pliegues a los lados y un volante al final. La primera vez que se la vi puesta a Andrea supe que era para mí. A ella le quedaba justo por encima de las rodillas, y cuando andaba, la falda bailaba, como la bandera de un mástil en alta mar. Cada vez que ella avanzaba el pie derecho, la tela se henchía orgullosa, flamenca, y ocupaba aire a ese mismo lado. Y luego a la izquierda. Y derecha. Recuerdo que la veía salir de casa con la falda puesta y pensaba que mi hermana mayor era una sinfonía de cintura para abajo. Además, como siempre ha sido muy morena de piel, el blanco contrastaba con sus piernas largas y delgadas y el rojo de las rayas adelantaba el color de las uñas de sus pies. Yo no tenía edad para que Andrea reparara demasiado en mí, y menos cuando salía ella de casa en busca de sus amigas o de un nuevo novio de verano, así que yo creo que no se daba cuenta de lo que me podía llegar a hipnotizar el vuelo de su falda blanca con rayas rojas diagonales.