jueves, 17 de agosto de 2017

T’estimo tant, Barcelona. Te quiero tanto, yaya.

Fui testigo del 11S con mi abuela. No entendía nada, sentada en su butaca, inclinada hacia la tele, que vomitaba imágenes inolvidables. Hoy me acuerdo tanto de ella. Yo tampoco entiendo nada ya, yaya. Hoy me alegro de que no estés por aquí, luchando contra el sinsentido.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Niñas. Niños. Barras

Codo en la barra, ron en proceso, y la mirada paseando entre bombillas de colores, banderolas inquietas, acordes mal tocados y caras conocidas. Llevas ahí veinte años. Y no te quieres ir. Cuatro euros, refresco para edulcorar, saludos en la distancia, alguna estrella fugaz, gente con la que has crecido, con la que has cambiado, con la que aún ríes, con la que lloraste en plena borrachera de hace siglos. La camarera que te vacila, pero el ingenio en el pueblo siempre es agudo y la respuesta provoca carcajada. Primas que ya no son pequeñas, primos que siempre serán amigos, amigos que podrían ser primos. Y la orquesta siempre es mala, pero nunca importó tanto.

martes, 25 de julio de 2017

La rueda

Nos pareció buena idea. ¿Por qué no? Ya sabes que el verano en un pueblo es muy largo. Bueno, cuando eres niño. Que era entonces. Hace no tanto. Tres meses eran 122 días. Uno tras otro. Y si no echas siesta, porque para qué, si ya dormíamos 10 horas del tirón por la noche, que ya sabes que en el pueblo refresca a partir de las nueve, pues los días duran tanto que ocupar todas las horas se hacía muy difícil. Así que cualquier excusa valía para pasar el rato. Una rueda era una excusa. Una rueda y un terraplén eran un misterio que valía la pena descifrar. ¿Llegaría rodando hasta abajo?

jueves, 29 de junio de 2017

Bartleby

No escribo porque no quiero escribir.
No escribo porque nunca he tenido por qué escribir.
No escribo porque escribo para nadie.
No escribo porque no leo.
No escribo porque no follo.
No escribo porque esperas que escriba.
No escribo porque llevo un tiempo en el que solo veo.
Ya ni miro.
No escribo porque no quiero contarlo.
No escribo porque escribiría sobre haber elegido no estar con la chica con la que habría que estar toda la vida.
No escribo porque soy un cobarde. En vez de escribir, entierro. Que es todo lo contrario a escribir.
Escribo esto porque no escribo. Escribo esto porque no amo.
Y al volver a escribir, es como cuando apagas la campana de la cocina. La costumbre sabe engañarte.
Pensé que lloraría al retornar al Word.
De momento, me sonrío. En una mueca que intento describir pero me da como vergüenza, porque en realidad la mueca es la trampa.

Todo lo que has leído es redundante.

jueves, 16 de febrero de 2017

No desnudes margaritas

Cuando mueras, irás al reino de las oportunidades perdidas. Como en una perfumería, las tendrás todas expuestas. Podrás elegir de nuevo, pero esta vez sabiendo, y solo por eso desaparecerán, como si hubiese entrado una banda de ladrones y en un visto y no visto no han dejado ni una colonia y la caja registradora tiritando. Ahí te quedarás tú, con tu cara de pánfilo, habiendo creído por un momento que se pueden perder oportunidades, si nunca fueron tuyas ni sabes cómo eran.

domingo, 12 de febrero de 2017

Trasnochado

Asistes a los sin sentidos que se dan entre luces que titilan, altavoces que vibran y copas que pasan de mano en mano. Como espectador de una obra moderna, te dejas llevar por esas historias que se representan ante tus ojos y que, en este momento, solo puedes etiquetar de surrealistas. Como si Dalí se follase a Cortázar intoxicados ambos de LSD. Parirían escenas semejantes.

Escenas en las que las lenguas extrañas se enrocan, sábanas sin arrugas se sudan y donde los amaneceres nunca ocurren, pues todo aconteció de noche y al parpadear ya era de día, sin transición. Es el reino epicúreo y tú eres un refugiado. Ahí fuera hay un carnaval y tú sigues de luto.