miércoles, 23 de mayo de 2018

Juez y parte

(En audio: https://soundcloud.com/user-734820786/juez-y-parte/s-foOQV)

Escucha, voy a ver si sé contármelo…

Se me ha caído el castillo de Lego, acuchillado tengo el ego, tanto dejarlo para luego… y al final, claro, me la pego, siempre pierdo a mi juego, de nuevo, manda huevos, alimento el fuego con mi falta de apego, hacia mí mismo, ya sin cinismo, bajo los pies idéntico seísmo, el final siempre es el… hasta que diga basta, más liado que una rasta, pero ¿quién dijo casta? Si ni de dos ni de tres, nunca acierto a canasta. Y así, la culpa me aplasta.

sábado, 19 de mayo de 2018

Ni conmigo ni sin ti

Descalzarte en el césped en los últimos días de primavera, esos que prometen verano, la única estación que espanta la nostalgia. Plantar el talón, encoger los dedos y arrancar hierba como si fuera una misión encomendada. Verte hacer lo mismo pero entre sábanas.

Hacer la cama al levantarte, cada mañana. Deshacerla contigo, cada mañana. Encontrártela hecha por las noches. Encontrarte en ella por las noches. Repetir cada día. Cada noche. Hacer de esa rutina la aventura más loca jamás contada.

martes, 15 de mayo de 2018

El metro más largo

- Estoy durmiendo en la calle. Ya solo me queda pedir en el metro. Una ayuda, por favor.

Día tras día. Metro tras metro. Vagón tras vagón. La misma cantinela. Para reunir no más de cinco euros en una mañana. Una micra. Que no es suficiente. Nunca lo es.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Nunca tiraste el látigo

Las cosas no pasan porque tengan que pasar. Pasan porque hacemos que pasen. Por acción o quietud, pero es demasiado fácil sacarnos de la ecuación, responsabilizar al destino. No me toques los huevos, Paulo Coelho. Si por un lado somos capaces de crear nuestro destino pero por otro las cosas pasan porque tienen que pasar, en esa contradicción me pierdo. Suficiente perdido estoy ya. Y ya he llegado a ese punto en el que o me encuentro o, por mucho que pongáis mi cara en carteles y en el Twitter de la Guardia Civil, desaparezco. Así que no puedo en este momento creerme que sí, que si algo pasa, es porque el orden natural así lo contemplaba. Si ahuyentar a la mujer que perseguí es el orden natural de las cosas, me cago en el orden natural de las cosas. No me creo capaz de todo, no es eso, no tengo un ego tan desmedido, y menos ahora. Solo me empeño en la idea, en la fijación, de que soy responsable de lo que hago y de lo que no hago, de lo que digo y de lo que me callo, de lo que confieso y sobre lo que miento. No será sano, tiendo a flagelarme (sigo en las mismas, mi hermano celta, ya ves, el puto látigo), pero es a lo que me tengo que agarrar para confiar en que cambiarán las tornas. En que podré cambiarlas. En que haberte hecho daño es el fracaso más grande que puedo reconocer, aunque al menos queda la lección inherente a cada fiasco. Porque haberte tenido tan cerca y haber hecho lo posible por alejarte es solo cosa mía. La alineación de los planetas me la trae al pairo.

domingo, 25 de febrero de 2018

El descenso

Empiezas fuerte. No vas del todo bien equipado, el abrigo que has llevado es demasiado pesado. Pero tienes las botas de montaña, tienes los pantalones térmicos, tienes incluso el gorro de lana, que al poco te sobra. Mantienes un ritmo que no se corresponde con el tiempo que llevas sin ir al monte. Qué coño, con el tiempo que llevas sin abandonar el asfalto y ese aire que se te pega a los bronquios, lleno de humo, alquitrán, desidia. Así que al poco el corazón bombea pidiendo auxilio, el oxígeno no sabe dónde ir y las manos se apoyan en tus muslos a cada paso hacia arriba. Entiendes que, por muchas montañas que subieras hace años, de nada sirve, eso no es experiencia, es solo recuerdo, distorsionado porque ya no eres el de entonces, ni esa montaña es como cualquiera de las que subiste cuando creías que podías, y podías. De qué sirven las películas sobre alpinismo, de qué sirve temblar leyendo Mal de altura, de qué sirve no perderte ninguna noticia sobre himalayistas heróicos. De qué sirve, si solo estás en una montaña de tu comunidad, a 30 kilómetros de casa, y te sientes más perdido que cuando tenías que elegir carrera. De qué sirve si tienes atrofiados los músculos de no ejercirtarlos. El corazón es un músculo, imbécil.

viernes, 2 de febrero de 2018

KNISLINGE

Nunca fuiste de revisar libros de instrucciones. Como mucho, un vistazo, lo justo para concluir que sabrías hacerlo sin explicaciones. ‘No puede ser tan difícil’ como mantra. Tuercas, tornillos, llaves Allen… nada cuyo montaje requiera de solo ese tipo de útiles puede ser complejo de armar. Eso pensabas.

Con el mueble aun desmembrado esparcido por el salón, una cerveza en una mano y el cenicero humeando… la calma que precede a la tempestad. Un mueble cuyo nombre contiene demasiadas consonantes para tan pocas vocales, diéresis y signos ortográficos que nunca manejarías, haciendo que decirlo en voz alta suene a un esputo de abuelo fumador recién despertado. Cajas de cartón violadas de cualquier manera desparramadas por todas partes. Una foto que promete un resultado, un ‘do it yourself’ que es moda pero asusta. Y así pasan los minutos mientras te decides a ponerte manos a la obra. Porque será una obra. Pero de momento sigues conjugando en futuro, porque todo está por hacer. Aplastas colilla, agarras una pieza de un futuro sofá, te apartas el flequillo. Empiezas. Todo tiene un principio.