viernes, 29 de mayo de 2015

Castillos de arena

Papá dice que no hay que mirar fijo a la gente, que es de mala educación. Yo a veces no lo puedo evitar y miro sin pestañear y sin acordarme de que estoy siendo maleducado. Y no lo hago para molestar ni nada. Miro lo que me llama la atención porque... eso, allá que va mi atención, respondiendo a la llamada, que digo yo que es normal. Llaman y tú, pues contestas. Así que miro. Pero es de mala educación.
Como el otro día yendo a la carnicería con mamá, que a veces me dice que le acompañe y aunque es un poco rollo, voy, que luego siempre me compra hamburguesas, y cuando estábamos a punto de llegar nos cruzamos con una señora muy mayor, muy mayor que andaba doblada, como un signo de interrogación, con la cabeza hacia el suelo, llegando mucho más adelante que sus pies. Llevaba bastón, digo yo que para no caerse de boca, y tenía muy poco pelo. Casi tan poquito como el abuelo, que sólo tiene pelo en las orejas. Y yo miraba a esa señora y luego buscaba lo que ella estuviera buscando en el suelo, porque sólo miras al suelo de esa manera cuando se te ha caído algo y no sabes muy bien dónde, así que buscas. Mamá se dio cuenta y me regañó tirándome del brazo y poniéndose delante de mí. Luego más tranquila, cuando esperábamos la vez en la carnicería, me explicó que hay gente que cuando es viejita, se encorva, ya no anda recto, por mucho que quiera. Que eso es por no haberse esforzado en cuidarse la espalda, y en sentarse recto, que por eso siempre me están diciendo que eche el culo para atrás en la silla y que me ponga muy recto muy recto, como si tuviera un palo atado a la espalda. También me dijo que llevar mucho peso a la espalda durante muchos años puede provocar que se te doble y así se queda. Qué miedo, con lo que a veces pesa la mochila del cole, yo no quiero andar así cuando sea mayor. Mamá dice que tendría que llevar menos cosas al cole, pero si no llevo los libros y el estuche y los cuadernos y el bocata y la ropa de deporte cuando hay gimnasia, luego los profes se enfadan. Y si llevo todo eso, la que se enfada es mamá, que mete las cosas en la mochila refunfuñando y diciendo que esto no puede ser, que así los niños de hoy van a ser todos jorobados y bajitos. Al final siempre alguien se enfada según lo que lleve yo en la mochila, que además soy yo el que la lleva y no me enfado. No hay quien se aclare. Pero ahora como es verano no hay cole, así que no pasa nada. Ahora como es verano vamos a la playa, y es papá el que lleva las cosas, porque mamá trabaja y no ha podido venir, y yo en mi bolsa sólo llevo una toalla y los manguitos y la pala y el cubo, y eso no pesa nada, mucho menos que la mochila del cole. Lo que no entiendo es porque papá, al que le gusta estar desnudo en la playa como yo, mira tan fijo a la chica que está tumbada al lado y que está en tetas. Y papá es muy educado y nunca pone los codos en la mesa ni habla con la boca llena ni se saca mocos ni se tira pedos en el sofá cuando estamos viendo la tele. Sin que me vea, no vaya a ser que me eche la bronca, miro yo también a la chica, pero no sé qué tiene de especial. No es jorobada, ni le falta una mano como al tío Andrés, porque al tío Andrés la verdad es que le miro mucho, porque es raro que alguien sólo tenga una mano, ni es bizca, como Martita, y tiene pelo, y dos tetas, como mamá, y sus dos brazos y sus dos piernas. No sé qué tiene para qué papá no deje de mirarla y de sonreírla. No lo entiendo. Y papá no me hace caso. Un rollo. Voy a hacerle un foso al castillo de arena. Luego cuando vayamos a casa a comer le preguntaré a mamá porque si papá es tan educado mira así a la chica esa, porque yo como soy pequeño no le puedo regañar y lo mismo es que hay gente a la que sí se puede mirar y no es de mala educación. Aunque lo mismo me responde que son cosas de mayores.