domingo, 23 de febrero de 2014

Ya no me escribes, ya no me llamas


- ¿Qué pasó ayer? Creía que íbamos a quedar.
- ¿No te enteraste, tío? Se cayó el Whatsapp.
- Bueno, siempre se puede llamar.
- Ya, hombre, pero... yo qué sé, la costumbre, supongo.
- O simplemente que tampoco había tantas ganas de quedar.
- La verdad es que estaba un poco cansada.
- Entonces no me vengas con excusas.
- Pero, muy fuerte lo del Whastapp ¿no?
- Bueno.
- Fijo que eso es por lo de que lo ha comprado Facebook. Estarían cambiando servidores o algo.
- Supongo.
- ¡14.000 millones de euros! Muy fuerte.
- ¿El qué?
- Joder, es lo que les han pagado a los del Whatsapp. Con eso puedes comprar aerolíneas, construir puentes. Coño, con eso compras un país fijo... Venga, joe, no te enfades.
- No me enfado.
- Anda que no. Estás a malas.
- Que no. Estoy sólo un poco cansado de excusas.
- ¿Qué excusas?
- Que le eches la culpa al Whatsapp para no quedar ayer.
- Que ya te he dicho que estaba agotada.
- Ya. Pues eso.
- ¿Pues eso qué?
- Nada. Déjalo.
- Pero que no te rayes, tío, que no pasa nada.
- Vale.
- De verdad, que quería quedar pero...
- Que vale.
- Vale.
- Bueno, ya me contarás.
- ¿Te vas?
- Sí.
- ¿A dónde?
- Por ahí, a dar una vuelta.
- ¿Quieres que vaya?
- ¿Quieres tú?
- Joder, tío, no me vengas con esas. Yo pregunté primero.
- No es cuestión de quién pregunta primero. Es cuestión de hacer lo que uno quiere hacer y no poner excusas si no quiere hacerlo.
- Y dale, que no son excusas. Que se cayó el Whastapp y estaba cansada y me quedé en casa.
- Vale.
- ¿Vamos entonces?
- No.
- ¿Por qué?
- Porque no quiero.
- ¿Por qué?
- Pues porque no. Quédate en casa, que estás muy cansada.
- Ya no.
- Pues yo sí.
- Tú sí ¿qué?
- Que yo sí estoy cansado.
- Pero si te vas a dar una vuelta.
- Ya, ¿y qué?
- Pues que no estarás tan cansado.
- No. Estoy cansado de esto.
- ¿De qué?
- De ti.
- ¿Cómo? Pero... ¿a qué viene eso?
- A nada. ¿Por qué todo tiene que tener una explicación? Tú no querías quedar ayer, pues bien, no pasa nada, no me expliques chorradas. Yo no quiero estar contigo hoy. Pues lo mismo.
- Pero que ya te he dicho que ayer...
- Hasta luego.
- Pero, espera, joder.
- ¿A qué?
- A... coño, a que me dejes explicarte...
- Otra vez. Y dale con las explicaciones.
- Joder, tío, esto es un poco injusto ¿no?
- Pues lo mismo.
- ¿Entonces?
- Entonces ¿qué?
- ¿Te vas?
- Sí.
- Joder, tío... Bueno. ¿Quieres que quedemos luego?
- No lo sé. Llámame si te apetece. O me escribes.
- Vale. Te escribo. Pero no estés de malas.
- Vale.
- Te quiero.
- Vale.