lunes, 3 de febrero de 2014

Teoría del espacio tiempo III

Haz tu vida, siempre, sin freno. Hazlo ahora para no reprocharte futuros que no llegan, pero que ansiaste, que desechaste por cuerpos ajenos. Ten proyectos y haz por ejecutarlos, el resto ya veremos si somos capaces de seguirte, si queremos seguirte. Si te vistes de exploradora y echas anclas lejos, tan lejos como elijas, los que nos encaprichamos de tenerte cerca deberemos aprender a disfrutar tus ilusiones, a dejarlas volar, a contemplarlas sonriendo y aplaudiendo. Y todo lo demás, lo que tenga que pasar, no depende de ninguno. Sólo podemos luchar por mantener, y es una lucha que merece la pena, aunque despierte miedos.


"Donde sea, pero contigo", rezaba una pintada callejera, y yo la parafraseé. Pero ahora que conduzco exprimiendo el motor de un coche que no está hecho para correr, me veo parafraseando mis propias inseguridades y dudando de ese "donde sea". Y es una duda estúpida, como casi todas las dudas que se basan en presunciones desconocidas, porque no conocemos lo que aún está por venir, si es que viene. Podría seguirte, quién sabe, incluso a esos destinos que despiertan tu curiosidad y que en mí, ahora, sólo despiertan bostezos y temblores musculares. Podría seguirte... o no. Así que, qué más da, si aún no has partido ni sabes cuándo, y yo conduzco de noche, contigo de copiloto, imaginando un futuro que me hace inseguro, como todos los futuros. Qué tontería, si es el presente al que agarro por las pelotas y las exprimo y el jugo me deleita. Si del pasado cada vez me acuerdo menos por la imperturbable presencia del presente, para qué darle cancha a futuros que nadie dibuja más que los diablos que pueblan mi hombro izquierdo, dejando al único ángel que queda habitando mi hombro derecho enmudecido y tembloroso, pues qué frío hace cuando nadie se aprieta contra ti mientras nieva en Madrid.

Donde sea, pero contigo. O tú donde sea, pero yo contigo, aunque no vaya. O incluso un donde sea que sea ningún sitio, si lo único que quiero es dormirme a tu lado, qué más da que por la ventana vea Madrid, un pueblo del norte, Londres o Sao Paulo. Qué más da lo que me enseñe la ventana si lo que veo bajo las sábanas y entre legañas es el destino que más me apetece hollar, conocer, hacer mío y enseñar como guía a turistas que no saben que el mundo no tiene siete maravillas, ni ocho, ni nueve, clasificaciones banales. El mundo tiene las maravillas que queramos, sólo depende de nosotros envestirlas de tal.

Vuela, cabalga, monta, corre, anda... y ya veremos a dónde llegas, y ya veremos a dónde llego yo. Tú, mientras, sigues aquí, perfumando presentes que nadie esperaba. Porque si hoy es el futuro de un ayer, cómo imaginarlo entonces. Para qué adelantarlo. Para qué correr por el carril izquierdo sin dejar distancias de seguridad, cuando el carril derecho va al mismo sitio pero permite mirar a los lados y disfrutar de lo que te rodea. Y el que nos adelanta no se da cuenta, el que aprieta acelerador tendrá que frenar luego, y nosotros lo que no queremos es frenarnos. Sólo seguir, a donde sea.