jueves, 16 de febrero de 2017

No desnudes margaritas

Cuando mueras, irás al reino de las oportunidades perdidas. Como en una perfumería, las tendrás todas expuestas. Podrás elegir de nuevo, pero esta vez sabiendo, y solo por eso desaparecerán, como si hubiese entrado una banda de ladrones y en un visto y no visto no han dejado ni una colonia y la caja registradora tiritando. Ahí te quedarás tú, con tu cara de pánfilo, habiendo creído por un momento que se pueden perder oportunidades, si nunca fueron tuyas ni sabes cómo eran.

Cuando mueras, se parará el reloj en el que ahora marcas el tiempo desaprovechado. Un cúmulo de horas y días que te ha perseguido sin tregua dejará de correr cuando expires. Y se irá reduciendo hasta ser nada, como la arena cuando abres el puño.

Cuando mueras, las personas a las que no te atreviste a mirar a los ojos y decirles la verdad, irán a tu entierro y tal vez cuenten mentiras sobre ti, mentiras que se creen a pies juntillas. Solo al irse del cementerio serán consecuentes con tu existencia, dirán tu nombre por última vez.

Morirás de viejo, y antes de eso, te apuntarás a una guardería para mayores. Para desaprender. Porque todo el conocimiento albergado durante tantos amaneceres no te ha llevado a entender por fin de qué va esto de vivir. Así que, como un bebé, acudirás a un centro donde te enseñen, de nuevo, los fundamentos básicos. Un pie delante y otro detrás y esas cosas. Así, cuando mueras, tal vez entiendas más, aunque sepas menos.

Es cuando llegas a vieja cuando te planteas si mereció la pena, que no hay pregunta más falsa. Si no penaste hasta llegar a anciana, que no llegue ahora la pena para adoctrinar, para decidir si compensó o no. Qué más da, si estás a punto de morir y hacer balance nunca da buenos resultados, el peso siempre cae hacia el lado en el que tú no estás. No te das cuenta de que eso es porque tú sujetas la balanza, y ni eres ciega, ni eres marmórea, ni vistes con toga. Hacer balance es tan fútil como la vida de aquel que no sabes que está vivo.

Porque, claro, habrá quien lea tu esquela solo para ser consciente de que se ha muerto alguien del que no tenía ni puta idea que caminaba por la Tierra. No te echará de menos, ni de más, ni de nada. Sabrá que te has muerto, le dará otra calada al cigarro y volverá a pensar en su cláusula suelo.

Cuando mueras recordarás lo que escribiste y, en un estertor, querrás reírte, pero ya será tarde.

Mientras tanto, vives como quieres creyéndote que es lo que puedes. No te das cuenta de que no importa si el último pétalo de la margarita se llama No. Lo que de verdad importa es la puta margarita y tú la acabas de matar.