martes, 7 de enero de 2014

Cuéntame algo bonito

- En esos momentos, lo que me da mucha paz mental es saber que la mayor parte de las personas son idiotas.

K. sentencia, muy seria, siendo consciente de lo impopular de su dogma, e importándole más bien poco.



Es lesbiana y no soporta que pongan en duda que se puede tener sexo sin penetración. Tolera que le pregunten cuando a la interrogación la mueve la ignorancia, las ganas de saber. Pero busca esa paz mental cuando el cuestionario viene motivado por la más absoluta incomprensión. Después de años de luchar contra ella, contra ellos, neandertales anacrónicos, ahora opta por coger aire, mirar al vacío y meditar, reconocer la estupidez humana y sentirse a gusto consigo misma, que al fin y al cabo, es lo único que importa, te gusten las pollas, los coños, las dos cosas, o ninguna.

Quien quiera, que pregunte. Pero quien juzgue en modo de pregunta, que busque las respuestas en el porno, y que le ondulen.

K. es de Ohio, pero es oriunda de todas partes. Ha vivido en ese lado del océano, en este, abajo donde aún hay indígenas, arriba donde los han convertido, no ha dejado que su culo se aposente en ningún sitio, antsy ella. Y nunca ha dudado de quién es, de su autenticidad, siendo esa una dificultad a la que a esa masa estúpida no sabe muy bien cómo enfrentarse.

Y cuando se sitúa por encima del mundo, cuando pone su intelecto sobrevolando al del resto, no pierde un ápice de personalidad, no es impostado, es lo que es. Y no se le puede pedir más, a nadie.

Sé quien eres, cueste lo que cueste, te juzgue quien te juzgue. Me mofo de mí mismo cuando doy clase, si yo no soy nadie, si yo lo soy todo.

Y así, escuchando a la pequeña yanki con los tímpanos excitados, acatando sus principios como dogmas, me reconozco en el proceso de construcción de mi propio personaje. Y quien juzgue, que sepa que me declaro en rebeldía.

Porque sí, porque estoy muy a gusto con A., porque me levanto con su nombre retumbando en mis entrañas y su imagen recorriéndome las venas, y me acuesto por la noche con ella, sobre ella, bajo ella, ella por todas partes. Y el día lo paso conmigo, sonriendo, y por no necesitar no necesito ni el oxígeno que reclaman mis pulmones porque me vale con lo que me late por la aorta.

Y sí, la comparto con otro hombre, y me la suda, porque cuando está conmigo, es ella, es cien por cien ella, y yo soy lo que nunca alcancé a ser, un hombre que me creo y del que me enorgullezco, habiendo sepultado a mi ego, dejándole respirar siempre, pero mirándole desde arriba y riéndome a carcajadas.

- Las relaciones a tres son muy complicadas. Yo sé reconocer mis errores en mis relaciones de pareja, sé evitarlos, corregirlos. Pero claro, eso no me pasa con relaciones a tres, porque ésta es la primera. Y no quiero que sea la primera, en la que se multipliquen los errores. No contigo. No con él.

A. explica, se explica.

Sí, son complicadas, pero, otra vez, son, joder, y yo ya no le puedo pedir más a la vida: que ocurra, con todo, con lo que traiga, con lo que se pierde por el camino. Nadie es propiedad de nadie, y sólo nos queda disfrutar de la gente en los momentos en los que somos de otro.

K. atiende a nuestra locura, viviendo como puede la suya propia.

La vida, al final, sólo es un truco, Jep Gambardella dixit, y yo ahora soy mago de diario, ilusionista de las horas que exprimo, y ni engaño ni cuento chistes para distraer, sólo hago magia, hacemos magia, 60 veces por minuto, y esa se la robo a Antonio Cillero. Porque si algo no lo sabes expresar, cita, porque genios son los menos, y al resto lo único que nos queda es copiar, e intentar hacerlo lo mejor que podamos.

Cuéntame algo bonito. Cuéntame la vida. Y a quién esto le rezume inocencia, cosa naif, ya sabe donde busco la paz.