martes, 21 de julio de 2020

Deseo de verano

Hacía tanto tiempo que no venías que te convences de que venir se había convertido en una necesidad, ya no un deseo. La pandemia cortó tus planes, mató posibilidades, cerró fronteras y evitó reencuentros. Y como no hay nada más eficaz que un “no puedes” para querer hacer algo, en cuanto todos esos verbos de negación dejaron de conjugarse lo primero que hiciste fue reservar un billete de tren, avisar por Whatsapp, buscar refugio para tu gato y visualizar sonrisas en esas caras que llevabas más de un año sin mirar.

sábado, 18 de enero de 2020

El tercer cojín

El tercer cojín no es ni mío ni tuyo. La mitad invade tu parte de la cama, el otro cincuenta por ciento descansa al otro lado de una frontera que suponemos no existe. Se apoya sobre otros dos cojines, uno claramente a la izquierda, el otro solo conoce la derecha. Uno para cada uno, el otro para nadie, para los dos. Un tercer cojín sin dueño, sin función clara. Hay noches en que se hunde bajo mis omoplatos y otras en las que sucumbe bajo el peso de tus hombros. Huele a los dos. Es nuestro.

lunes, 30 de diciembre de 2019

La bestia

Podía montarse en un caballo blanco, de bridas doradas y silla roja. Por supuesto, lo hizo, movido por lo desconocido, por un trote que creía diferente. Se encaramó en el jamelgo, se agarró con fuerza y se dejó llevar. Al poco cambiaba de postura. Se levantaba. Agitaba las correas y golpeaba con el talón la panza del caballo, que sin refunfuñar proseguía su recorrido. Ya le sonaba. Es como si ya hubiera estado ahí. Así que se bajó y decidió elegir otra montura.

viernes, 2 de agosto de 2019

La peor buena suerte

Tsutomu Yamaguchi no tendría que haber cumplido los 30 años. Celebrar tres décadas de vida suponía un desafío a la física, a la medicina, a la meteorología y, sobre todo, a eso tan difícil de medir, de presagiar, de cultivar: la suerte. Eso él no podía saberlo en agosto de 1945, cuando solo era un ingeniero japonés y tenía que morir a primera hora de la mañana, con 29 años y padre reciente de Toshiko, que gateaba en su casa, en otra ciudad, esperando conocer a su padre, destinado todo el verano en otra ciudad para delinear tanques de petróleo para Mitsubishi. Tsutomu era, ese día y todos los días anteriores de su vida, un anónimo más. Uno de esos hombres pensativos que te cruzas por la calle y en los que no reparas, porque nada en él llama la atención.

lunes, 8 de julio de 2019

El tiempo de los evangelistas

Desde hace unos días, en mi calle se apostan varias personas con camisetas blancas y panfletos en la mano. A veces solo son dos, pero casi siempre son cinco, y suelen ser los mismos. Jóvenes, sudamericanos, sonrientes. Se sitúan a ambos extremos de la acera, de forma que no tienes escapatoria. Tienes que pasar entre ellos, como si hubieras ganado algún torneo y te estuvieran haciendo el pasillo. Hablan entre ellos, joviales. Cuando llegas a su altura, uno te aborda con una sonrisa que es como un glaciar corriendo entre montes pardos. Ya les he visto en acción, conozco sus intenciones, y ya sé que hoy no voy a pararme.

jueves, 20 de junio de 2019

Ya pasó

Antes dormías siempre en el lado derecho de la cama. Hecho una bolita, como si rememoraras tiempos fetales, cuando estabas solo y todo era silencio o sonido difuso, cuando flotabas en una oscuridad confortable. Cuando aún no te había encontrado. Ahora ya ni entras en el cuarto cuando apago la luz y busco dormirme para dejar de buscar.