Se va acabando. Ya casi no queda. Se derrama. Desperdiciado. Se pierde entre las juntas del parqué, no deja rastro, o si lo deja, es pegajoso, nauseabundo. Cuando creías que ya no quedaba más, vuelves a verter y sigue saliendo. Pero se va acabando.
lunes, 4 de julio de 2016
sábado, 4 de junio de 2016
El triunfo de lo inútil
No escribo por placer.
No escribo por dinero.
No escribo por reconocimiento.
No escribo por dinero.
No escribo por reconocimiento.
lunes, 2 de mayo de 2016
El orgullo de los pobres
- Y ¿te vio?
- Yo creo que sí. Seguro que sí. Estábamos al lado en la barra.
- Y ¿se quedaron, o se fueron después de que ella te viera?
- Se fueron.
Blanco y en botella... mierda.
- Yo creo que sí. Seguro que sí. Estábamos al lado en la barra.
- Y ¿se quedaron, o se fueron después de que ella te viera?
- Se fueron.
Blanco y en botella... mierda.
lunes, 15 de febrero de 2016
El premio
No estás orgulloso. Recoges el premio por decoro, porque odias los desiertos y los ex aqueo. Tu discurso dura poco, lo que duran tres agradecimientos y ninguna explicación. El diploma irá pronto a cualquier basura, y el cheque a la cartera, esperando a ser cobrado el lunes, cuando te despereces a alguna hora de dos dígitos y vayas a visitar el banco, que no pisas desde hace años porque pisar cada vez conduce a menos fines, el medio es el teléfono móvil y sus aplicaciones que sustituyen la sociabilidad.
martes, 19 de enero de 2016
Colores
No hay lunes triste. Ni viernes apasionante. Los sábados exagerados no existen. El descanso de los domingos es una falacia. Soy yo el que vive cada uno de esos días y el que lo pinta de un color u otro. Y como para gustos, los colores, si la paleta es casi infinita, la forma de experimentar los días, también. Escojo la pena un martes, me mezo en ella, puede incluso que tenga motivos, pero casi que es lo de menos. Yo elijo. Lloro en un arranque que no quiero frenar. Pego puñetazos en las paredes hasta que se me marque el gotelé en los nudillos, y evito sorber mocos y quitarme a manotazos las lágrimas, para que unos fluidos se mezclen con otros y así la tristeza sea plena. Me dejo llevar por ella. Porque así quiero que sea. Porque necesito que sea así. Cuando estamos contentos no nos detenemos en los porqués. Así que tampoco busco explicar el disgusto. Dejo que fluya. Con ganas. El único error es la desgana. El que desgana, pierde, por pura etimología, porque es la negación de la victoria, la desgana, es el prefijo el que mata al verbo, el que muta su significado para convertirlo en lo contrario. Así que, con todas las ganas del mundo, en pos de la victoria, lloro.
miércoles, 13 de enero de 2016
Díselo
Puedo decírselo.
No quiero decírselo.
¿Debo decírselo?
No se lo digo.
Ya se lo diré, cuando encuentre el momento.
Los momentos no se encuentran como si fueran monedas de euro a los pies de la barra de un bar. Los momentos se crean, igual que se tejen cortinas para poder cerrarlas y que nos tapen el sol de media tarde. Las gafas de sol son útiles para uno. Para nadie más.
No quiero decírselo.
¿Debo decírselo?
No se lo digo.
Ya se lo diré, cuando encuentre el momento.
Los momentos no se encuentran como si fueran monedas de euro a los pies de la barra de un bar. Los momentos se crean, igual que se tejen cortinas para poder cerrarlas y que nos tapen el sol de media tarde. Las gafas de sol son útiles para uno. Para nadie más.
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