<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599</id><updated>2011-11-28T00:58:06.610+01:00</updated><category term='15-M'/><category term='Ficciones'/><category term='extimidad'/><category term='Espectador'/><category term='Escritura automática'/><category term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Ego</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>126</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-1195128812589170546</id><published>2011-10-29T12:20:00.000+02:00</published><updated>2011-10-29T12:21:24.126+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>La Bolsa, los barcos y ella</title><content type='html'>Él procuraba regalarle el oído todos los días. A cualquier hora. En cualquier situación. Se lo pedía el cuerpo, se lo reclamaban las entrañas que se torcían y se contraían si no expulsaba palabras que desvelasen lo que ella despertaba en él. Necesitaba hacerlo. No era por cumplir, ni por subirle el ánimo, ni por seguir doctrinas de enamorado. O lo hacía o vomitaba, aún con el estómago vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba dos noches soñando con ella. Sabía que era ella la que invadía su sueño, aunque no fuera su cara la que rematara un cuerpo tan conocido y a la vez tan añorado. El sueño le jugaba una mala pasada mutando el rostro que tanto deseaba ver, tocar y besar, cambiándole los rasgos, suplantando su identidad por la de aquella otra mujer con la que convivió un tiempo, hace tantos años. Aquella otra mujer en la que ya no pensaba. ¿Qué quería decir eso? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reminiscencias de tu pasado, decía el psicólogo. Tus ganas de superar lo que fuiste, de imponer no sólo lo que eres, sino lo que quieres ser, sentenciaba el terapeuta. Pero sin olvidar que lo que buscas está ligado a lo que tuviste, remataba el profesional. Madurar implica aceptar y no soltar del todo amarras, alejarte de la orilla pero sin perder de vista lo que te llevó a subirte al barco. Algo así explicaba el tipo que sentado al otro lado de la mesa cobraba por arreglarle la biela de su cabeza aplicando la llave inglesa que desatasca el inconsciente, necesario en la mezcla para que carbure a su máxima potencia el consciente. Así que tu sueño te dice que sí, que es esta mujer y ninguna otra por la que quieres luchar, pero no por ello obvies lo que fuiste. Ahora sientes que perdiste el tiempo, pero no, nunca se pierde, se invierte de una u otra manera, como acciones en bolsa, el dinero no desaparece, aunque sea un dinero que no tocas. Yo que aborrezco los valores especulativos, resulta que tengo que aprender a especular con mis tiempos, mi pasado, mi presente, para que mi futuro tenga plusvalía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desarraigo del diván habiéndolo entendido, claro, pero sigue habiendo una idea que me martillea. Ella ya no responde igual. Yo le susurro y ella calla, desvía la mirada y la conversación. La mirada. La conversación. Sí, sonríe, tierna y adulada, pero no me devuelve la pelota. Ni siquiera la manda a la red. Deja quieta su raqueta, permite que la bola bote dos veces y pase de largo. Sí, me regala una expansión de sus labios, pero no los hace trabajar articulando sonidos que formen sílabas que construyan frases que me hagan pensar que estamos en la misma página de este libro que, me da la sensación, ya no escribimos tan a dos manos. Será que ella ha vivido más y quiere ser cauta. Será que yo deseo vivirlo todo y aquí no cabe la cautela. Sea lo que sea, ando por Madrid pensando en esto con menos dinero en el bolsillo y algo incómodo tras levantarme del diván, y temiendo que ella se me escape, ahora que todo empieza a encajar, que el coche empieza a correr como debe, que no hay tráfico y el destino está claro, sin necesidad de GPS más allá de mi voluntad y mis ganas. Será que en sueños entiendo que todo permanece pero que despierto quiero borrar lo que necesita seguir constando. No sé, la verdad es que no sé. Mis esfuerzos y mis logros no pueden depender de ella. Pero es como si de repente todo estuviera en sus manos de finos y hábiles dedos y yo fuera el títere que cuelga de esos hilos que ella maneja y me muevo feliz a su antojo. No puede ser. Pero es. Y no sé soltarme. El barco soy yo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-1195128812589170546?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/1195128812589170546/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=1195128812589170546' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/1195128812589170546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/1195128812589170546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/10/la-bolsa-los-barcos-y-ella.html' title='La Bolsa, los barcos y ella'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5296630747835453617</id><published>2011-10-14T21:30:00.001+02:00</published><updated>2011-10-14T21:32:18.443+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>La segunda parte</title><content type='html'>Sacó la navaja, miró a Héctor como si aquello fuera un duelo a bocajarro, guiñó un ojo mientras se le escapaba una sonrisa ladeada y hundió el acero oxidado en la piel. Pinchó el balón delante de sus narices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A tomar por culo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Héctor no podía cerrar la boca. No decía palabra, ni gemía ni gritaba improperios, sólo enseñaba su campanilla y miraba al balón, que se iba desinflando, silbando una estúpida despedida, hundiéndose sobre sí mismo, como las ganas de Héctor de terminar aquel partido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zeke guardó la navaja, negó con la cabeza burlándose de la inactividad de Héctor, se giró tranquilo y empezó a caminar hacia los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los otros chavales miraban la escena sin actuar. Alguno susurraba cosas a los que tenía cerca, otros se quejaban en silencio, el más osado apretaba los puños. Marcos, que estaba de portero y que además era mayor que todos los demás, se acercó corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y tú ¿qué coño quieres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se lo preguntó antes de que el guardameta estuviera siquiera cerca. Zeke ya estaba en guardia. No hizo ademán de sacar la navaja, ni falta que le hacía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué has hecho eso? ¿Estás tonto o qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zeke dio dos pasos largos, puso su nariz a diez centímetros del que preguntaba y se rió. Izó su mano, Marcos quiso dar un paso hacia atrás, pero se quedó congelado. Todos estaban mirando. Pero todo lo que hizo Zeke fue apoyar los dedos sobre el hombro del que se decía el mayor de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Primero, lo he hecho porque me ha salido de los cojones. Segundo, no, no estoy tonto. ¿O tú crees que sí? ¿Lo discutimos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El portero balbuceó algo. Miró a su alrededor. Se sintió solo en medio de aquel parque, un domingo como ese, todos esos que se decían amigos no hacían justicia al apelativo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zeke quitó la mano del hombro ajeno, escupió al suelo, como si fueran balas que hacen bailar al contrario, y reanudó su camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cenar había pescado. Dejó la navaja en el cajón de siempre, se enderezó el flequillo mal engominado y se sentó a la mesa, a la izquierda de su padre, que no se había quitado la corbata. Su madre surgió de la cocina con una ensalada de patatas y su hermana por fin se decidió a acudir emergiendo de las profundidades del tocador improvisado que había montado en su cuarto con un espejo roto rescatado del contenedor de la basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la cena, esta vez su padre no habló. Su madre no preguntó qué tal el día. Su hermana no se mandó mensajes por el móvil con sus amigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo habló él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hoy he estado jugando al fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Héctor le enseñó a su padre el balón. Su padre le acarició el pelo y le dijo que ya le compraría otro, que no se preocupase. Héctor le preguntó si no pensaba hacer nada, alzando tal vez demasiado la voz. El padre dejó de masticar el filete y quiso saber qué es eso que debía hacer, exactamente. ¿Tal vez plantarse en casa del chulo ese y darle un buen tirón de orejas? ¿Tal vez hablar con el bruto de su padre, que probablemente le escupiría cerveza mientras le mandaba a la mierda? ¿O mejor denunciar a la policía una chiquillada como esa? Héctor se levantó tirando la silla hacia atrás y se encerró en su cuarto. El padre se quedó mirando la foto de su mujer, la que había puesto en el único marco de la casa junto a la tele que era de todo menos plana. Suspiró, agachó la cabeza, y siguió masticando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos tiró los guantes sobre la barra del bar. Se puso un delantal, limpió de mal humor, que así no se limpia bien, y sirvió una caña a Genaro, que le preguntó qué le pasaba y dónde estaba su padre. El chico respondió que no le pasaba nada y que su padre estaría en casa cenando, que luego bajaría para cerrar. Que si se esperaba le podría ver. Que le dejara en paz que tenía mucho que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sacó la navaja del cajón, se metió en la cama y dibujó machetazos mortales en el aire. Tapó la luz del flexo con el filo, guiñó un ojo para ver la silueta de su arma y se dijo que mejor haberle dado una buena hostia al gilipollas ese que se le había encarado. Antes de dormir, su madre pegó un grito. Zeke apagó la luz, se tapó los oídos y se puso a cantar la única canción que se sabía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Héctor se tragó unas cuantas lágrimas, volvió a dejar la foto carné de su madre dentro de su cartera con un escudo del Madrid y pegó un par de puñetazos en el aire. Antes de dormirse creyó oír a su padre fregando los platos, uno se le cayó al suelo y se hizo añicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras su padre cerraba, Marcos se dedicó a poner las sillas encima de la mesa. La tele seguía encendida y en las noticias de la medianoche decían que en el barrio habían matado a un inmigrante en un ajuste de cuentas. Dejó una silla suspendida en el aire mientras intentaba prestar atención, pero su padre apagó la tele y le apremió a terminar, que quería descansar. Se quitó el delantal, recogió sus guantes y repitió una frase que su padre prefirió no escuchar. Ajustar cuentas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5296630747835453617?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5296630747835453617/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5296630747835453617' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5296630747835453617'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5296630747835453617'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/10/la-segunda-parte.html' title='La segunda parte'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-8562150236767954529</id><published>2011-10-10T22:21:00.001+02:00</published><updated>2011-10-10T22:27:32.892+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>El traje</title><content type='html'>No tenía nada que ofrecerle. Aún le quedaba mucho para poseer todo eso que no vale ningún dinero pero que es más valioso que cualquier montón de divisas. Quería hacerla sentir la puta reina del mundo, pero sabía que sólo era un paje en un reino que se difuminaba. Emperador de la nada, káiser del Reino de Nunca Jamás, ese que le tenía atrapado y del cual ya no divisaba fronteras. Reino que odiaba, ya por fin lo odiaba, después de años pensando que ese era el mejor lugar en el que se podía estar. Pero ahora, con 30 años, se daba cuenta de que para ser Peter Pan hay que ser muy hombre, y él no sabía cómo se llegaba a eso. Así que aparte de unas risas, sexo para los anales, caricias, besos, y demás componentes de lo etéreo del amor, no, no tenía nada que ofrecerle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el problema real no es que ella se lo dijera. Lo que de verdad le martilleaba los cojones es que él ya lo sabía. Hiroshima en sus entrañas y la Guerra de los Cien Años en sus sienes sólo estaban provocadas por el conocimiento que ya él tenía de lo poco hombre que era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, un día, vestido con un traje que nunca antes se habría atrevido a comprar, subió a un barco y puso rumbo a ella, que habitaba una isla a donde no le dejaba ir hasta que no fuera dueño, al menos, de sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar al puerto, nadie le esperaba, pues a nadie había avisado de la travesía. Busco un hostal barato, compartió planta con borrachos, putas y traficantes, colgó el traje en la única percha y fumó mirando por la ventana y repitiéndose "te ofrezco el mundo, ni más ni menos". Pero cada vez que terminaba de recitar la frase, lloraba, como un niño, como siempre, como un niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para enamorarme tienes primero que enamorarte de ti mismo, le había dicho la noche antes de la partida. Pero él ya no se quería más de lo que se quiere a un perro viejo que está en las últimas. Quieres despedirle, quieres incluso facilitarle el camino, pero te sigue dando pena. Quería ahogar al niño, pero en el último momento siempre dejaba que subiera de nuevo a la superficie a respirar. Y vuelta a la profundidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en esa pelea, ni el niño sobrevivía ni el hombre se hacía. El proceso iba a ser largo, doloroso, pero al fin y al cabo, eso es lo que hace a un hombre. El viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hizo de día, no había dormido nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se vistió, salió a la pestilencia de esa ciudad portuaria, buscó la calle donde ella trabajaba y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dio media vuelta y se montó en el primer barco que retornaba a su lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún había tiempo. No guardó el traje.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-8562150236767954529?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/8562150236767954529/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=8562150236767954529' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/8562150236767954529'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/8562150236767954529'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/10/el-traje.html' title='El traje'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-4532481869267708661</id><published>2011-08-15T15:02:00.003+02:00</published><updated>2011-08-15T15:10:57.752+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>Suspensos</title><content type='html'>Se levantó habiendo soñado con un calendario que corría a la inversa. Se preparó el café y dio de comer al gato repasando tareas y horarios, cuánto tiempo le llevaría cada cosa, qué hacer en caso de que alguna de sus obligaciones se dilatara de más, cómo reestructurar el día si le surgía alguno de esos imprevistos que jamás acontecían pero que seguía esperando. Sorbió el café negro mirando al gato masticar el pienso. Apoyado en la encimera decidió que lo primero que haría sería corregir los exámenes. Primero lo más tedioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las dos horas y sin casi tinta en el boli rojo, se quedó dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonó el timbre, pero no lo escuchó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El teléfono móvil vibró cerca de su oreja pero tampoco eso le despertó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando por fin entró la luz del sol por la ventana del despacho, eso sólo ocurría a partir del mediodía, se dio cuenta de que había babeado sobre un examen que merecía un suspenso. Los jóvenes cada vez sabían menos de Literatura, y lo demostraban año tras año. "Muchos dicen que un escritor no sirve para nada, que la Literatura no da de comer ni arregla el mundo. Yo prefiero pensar que sin Literatura no estaríamos aquí, no existiría este mundo. Sin música no sabríamos escuchar, sin cine no sabríamos mirar, sin pinturas no sabríamos ver, y sin Literatura, simplemente, no sabríamos nada", les solía decir a los bostezos y pelos de colores que se sentaban frente a él los primeros días de clase. Pero la diatriba caía siempre en saco roto. &lt;br /&gt;Limpió el examen, arrastrando la tinta y tachando un párrafo que no estaba del todo mal. Qué más daba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró el teléfono y vio que era su padre el que había marcado el número. Se fue al cuarto de baño a salpicarse con agua la cara y se tropezó con el gato que dormitaba en medio del pasillo, panza arriba y sin ningún pudor. Dejaría el resto de exámenes para más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como jefe de estudios le tocaba proponer horarios y tutorías. Se puso con ello, que era más sencillo que corregir los exámenes de septiembre. Menos frustrante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comió una lata de judías y un plátano ennegrecido. Recalentó lo que quedaba del café de la mañana y le cambió el agua al gato, que acudió como siempre al oír el cuenco chocando contra las baldosas de la cocina. El móvil, olvidado en el despacho, volvió a vibrar en un desierto de decibelios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apuró la comida precocinada atendiendo a los telediarios. Elecciones anticipadas, resultados de liga, hambre en el Cuerno de África, como si eso fuera nuevo, violencia de género y la prima de riesgo follándose a la cuñada del bienestar. Eructó y encendió un cigarrillo. La ceniza se le cayó sobre el albornoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguió con los exámenes. Los horarios estaban más o menos cuadrados y los mails podían contestarte más tarde. Tal vez debiera prestarle más atención al tema de las facturas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diez suspensos y un aprobado después, reparó en el teléfono. Suspiró, seguro que el viejo le quería para ir a comer mañana, o sólo para hacerle esa pregunta aburrida que sólo se merece un monosílabo: ¿qué tal, hijo? Bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró el reloj, las cuatro y treinta y tres. Se frotó los ojos, apretó el botón de llamada y se repantingó en el sofá. Con la lengua atrapó un trozo de judía escondido en los premolares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue que su madre hubiese muerto lo que más le desconcertó. Fueron los seis aprobados siguientes, sucesivos y merecidos, los que le sobresaltaron. Sólo cuando terminó de poner las notas en la lista se duchó, olvidándose de lavarse el pelo, se vistió después de revolver cajones en busca de su única corbata, volvió a dar de comer al gato, que esta vez no apareció como un rayo, y se marchó al tanatorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De camino, en el coche, escuchando a Julieta Venegas, tarareo el "qué lástima pero adiós" mientras cientos de cláxones le pitaban por ir tan despacio. El colegio empezaba en menos de un mes, no se había ido de vacaciones en todo el verano y ahora, sin motivo, pensaba en Portugal.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Abrazó a su padre, saludó a su tía, atusó el pelo de su sobrino pecoso y se plantó delante del ojo de buey. Al otro lado, encajada y tranquila, su madre se había ido. Mañana, lo primero, sería contestar los mails. Y luego, si no pasaba nada extraño, tal vez buscar ofertas en Portugal. Y a alguien que cuidara de su gato.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-4532481869267708661?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/4532481869267708661/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=4532481869267708661' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/4532481869267708661'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/4532481869267708661'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/08/suspensos.html' title='Suspensos'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-3988800191444080341</id><published>2011-07-26T11:44:00.001+02:00</published><updated>2011-07-26T11:45:42.031+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>Ida y vuelta</title><content type='html'>Estiré las piernas hasta tocar con las rodillas en el respaldo del asiento de delante. Las recogí, cargué mi peso contra otra nalga. Alcé la pierna izquierda intentando encajar el pie entre la ventana y la butaca que me limitaba por delante. Tampoco así. Di un pequeño respingo haciendo que mis posaderas cubrieran de manera diferente el fondo de mi sillón. Estiré los brazos hacia adelante, los doble por detrás de la nuca. Tampoco así. Apoyé la cabeza contra la ventana y cerré los ojos, pero no había manera. Doblé las piernas y clavé ambas rodillas juntas contra el desafortunado respaldo que hacía de muro, dejándolas a la altura de mi nariz y provocando que me hundiera un poco para sorpresa de mi acompañante. Tampoco así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté y grité que pararan el autobús. Murmullos de estupor, miradas somnolientas y suspiros acompañaron mi paseo por el pasillo central hasta el conductor. No, no llevaba maleta más allá de mi pequeña mochila, así que sólo serían un par de segundos. El siseo de las puertas al abrirse, un pequeño salto, el choque metálico tras de mí y el bramido del motor. Me encorvé hacia adelante en la oscuridad de la cuneta, toqué mis pies con las manos doblando la espalda y provocando que mi mochila se deslizara por encima de mi cabeza. Un crujido de alguna vertebra. Y vuelta hacia arriba, las manos estiradas hacia el cielo. Mucho mejor. No pasaban coches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anduve un par de horas y por fin di con una marquesina, una nueva parada. Me senté, me dormí, amaneció. Una mujer mayor ocupaba conmigo el asiento de plástico duro. Sonrió al verme despertar, agarró fuerte su bolso y continuó masticando su manzana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apareció un nuevo autobús. Ella trepó despacio a su interior, no respondí a la mirada del conductor. El autobús se alejó. Yo me levanté, abrí la mochila, saqué una camiseta limpia y arrugada. Me cambié allí mismo. Escribí un par de anotaciones en la ajada Moleskine. No tenía batería en el móvil. No sé qué hora sería ni dónde estaba. Adiviné que algo así como las ocho de la mañana y el lugar alguno cualquiera entre Granada y Jaén. Cerré la mochila, encapuché el bolígrafo barato y me aparté el pelo de la cara. Me masajeé los pies, me soné la nariz con el último pañuelo de papel y horadé mis ojos liberándolos de legañas grandes como cereales de arroz inflado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré hacia donde se perdía la carretera. Me giré para otear en dirección contraria, por donde había llegado hacia no mucho. Finalmente, volví a sentarme. No tenía hambre. Creo que volví a quedarme dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despertó un claxon grave como el mugido de una ballena. Parpadeé y allí estaba un autobús. Sin saber porqué y con toda la prisa del mundo, me deslicé al interior, pagué lo que tuviera que pagar, me tropecé en el pasillo con los pies de un anciano desdentado y me dejé caer en un asiento junto a una chica de pantalones tan cortos que da no sé qué llamarlos pantalones. Me sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Treinta kilómetros después, o lo que es lo mismo, después de treinta miradas furtivas al escote travieso, a los muslos exhibidos, a los ojos grises, al pelo en coleta y a la nariz respingona, estaba yo de nuevo incómodo, el culo plano como una bandeja, las piernas entumecidas como las de un náufrago y la espalda como un sacacorchos, así que aproveché la siguiente parada y me dejé caer del autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conmigo se bajó la chica.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Un tipo delgado y en camiseta de tirantes la esperaba con los labios juntos y las manos abiertas. Se besaron delante de mí, él con los ojos cerrados, ella clavando en mí la ceniza de su iris. Se fueron andando sin que él hiciera el más mínimo amago por agarrar la maleta de ella, con ruedas, rebotando en las piedras de un camino que se perdía monte arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a sacar mi Moleskine y le escribí un cuento. No sé qué ponía ni cómo lo titulé, pero lo dejé pegado con un chicle a la pared traslucida de la marquesina.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Empecé a andar. Los coches no aminoraban y escupían polvo, y yo tosía mientras retorcía mis lumbares intentando recolocar vertebras indómitas. En dirección contraria asomó, reluciendo el capó al sol, un autobús. Crucé la carretera arriesgándome a un absurdo atropello y penetré en las entrañas de aquella diligencia metálica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había asientos libres, así que fui de pie un buen rato. Al pasar a la altura de la parada a la que le regalé un relato, vi que ya no estaba mi cuento, el chicle seguía pegado. La chica, con los ojos llorosos y la maleta bien pegada a ella, leía lo que yo había escrito no haría ni una hora. Un coche se acercó, aminoró cerca de ella y se bajó el chico delgado. Ella le rechazaba, él insistía en algo, en recuperarla, supuse. Mi autobús arrancó antes de que se resolviera la disputa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque se fueron quedando sitios libres, opté por no sentarme. No me bajé hasta llegar a la playa. Allí me tumbé en la arena. Creo que estaba sonriendo. Creo que fue allí donde tiré la Moleskine al mar y me bañé desnudo. Dos semanas después puse a cargar por fin el móvil y sólo tenía una llamada perdida, de un número desconocido. Llamé y me contestaron unos ojos grises que me regañaron por no haber marcado aquel número antes, días antes. Yo me excusé diciendo que no sabía dónde estaba, a dónde iba, pero que si ella quería, podríamos ir juntos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-3988800191444080341?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/3988800191444080341/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=3988800191444080341' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3988800191444080341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3988800191444080341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/07/ida-y-vuelta.html' title='Ida y vuelta'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-7966295534170206550</id><published>2011-07-19T20:07:00.001+02:00</published><updated>2011-07-19T20:12:09.536+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Escritura automática'/><title type='text'>Sentidos</title><content type='html'>Si fuera por aburrimiento, haría ya tiempo que me habría ido. Si fuera porque no te aguanto, aún seguiría ahí, contigo. Si fuera porque me gustas y me empeño en quererte, ni te lo diría ni dejaría que lo pensaras. Así que ni estoy ni me he marchado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando quise buscarte, tú te esforzabas en esconderte, atrincherarte en tierra de nadie y esperar que amainaran las salvas que te lanzo. Cuando quise irme, cerraste la puerta y desgarraste mi camiseta, sin siquiera abrir la boca que besé unos minutos antes. Cuando por fin me fui, no te asomaste a la ventana ni rumiaste despedida allí sola en tu casa, mal acompañada por un silencio que no es mío y que no quieres tolerar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando te llamo no contestas. Y cuando cuelgas sigues contándome que no me quieres ver. Y cuando me escribes lo haces en idiomas que no conoces pronunciando palabras que no sabes pero cuyo significado dominas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si te miro fijo tú haces por cerrar los ojos. Y si te guiño pirata tú bombardeas mi línea de flotación sacándome la lengua como un garfio. Y si intentas abordarme yo alejo mi barco para que caigas al agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te susurré al oído cuando estabas a kilómetros y te grité estando los dos bajo las mismas sábanas. Enmudecías para decírmelo todo y chillabas cuando no podías callarte. Y jugando al idioma de los signos no conseguíamos comprendernos porque tus manos se quedaban quietas mientras yo cortaba aire con los dedos. Si eras tú la que atrapabas oxígeno entre los dedos era yo el que dejaba que fluyera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez quise acariciarte la espalda y tú tensaste músculos. Cuando tus yemas pasaban por mi pecho yo me vestí con chubasquero, y sólo cuando tus pies rozaban los míos quisiste ponerte esos zapatos de tacón tan caros que te regaló aquel hombre que no menciono pero cuyo nombre taladra mi hipotálamo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aspirándote por la nariz me embriagué en olores inclasificables. Cuando tú inhalabas al final sentías mareos que despertaban tu lujuria y te llevaban a cambiar de canal en la televisión que nunca has enchufado. Si me cocinas yo no como y cuando devoras yo no estoy para compartirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, sin encontrarnos en los sentidos y sin darle sentido a ninguno, nos separamos hace tanto tiempo que creo que fueron semanas y sólo son minutos, que cuento hacia atrás para ver si así volvemos a acercarnos y a sentirnos. Y así, yo aquí y tú no sé dónde, nos sabemos solos y no hacemos por acompañarnos porque para qué si no queremos renunciar a nosotros mismos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-7966295534170206550?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/7966295534170206550/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=7966295534170206550' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7966295534170206550'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7966295534170206550'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/07/sentidose.html' title='Sentidos'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5268338204639602621</id><published>2011-06-30T18:14:00.001+02:00</published><updated>2011-06-30T18:15:07.282+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>Los faros</title><content type='html'>¿Qué habrías hecho tú? ¿Negarte? Sabes tan bien como yo que no hubieras salido vivo de aquella, que hacerse el héroe no es lo tuyo, ni lo mío, claro. Que además no sirve de nada. Habrían parado a otro, todo seguiría pasando igual a cómo pasó, pero tú serías un muerto más. Así que no, ni salí corriendo ni me enfrenté a ellos. Obedecí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor es que, aun sabiendo que de nada habría servido poner por delante de mi supervivencia el honor y la moral, la dignidad, coño, la dignidad... porque tú y yo diferenciamos entre lo que está bien y lo que está mal, no como esos hijos de mala madre... aun sabiendo eso, decía, ya no soy el mismo. Dicen que estoy traumatizado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que algo ha cambiado en mí, que ya ni río ni lloro, que no miro a los ojos, que hablo en voz baja y que como poco. Y yo qué sé. Son sus caras las que veo cuando me miro al espejo después de otra noche sin dormir. Son sus bocas balbuceantes las que me hablan cuando la gente me dice algo que ya no entiendo. Son sus manos sucias y temblorosas las que me agarran el brazo cuando intento llevarme la comida a la garganta. ¿Cómo voy a tragar si todo me sabe a sangre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me los puedo quitar de la cabeza. Eran seis. Dos mujeres. Un niño. Todos me suplicaron a través de esos enormes ojos que no lo hiciera, que les salvara. Pero cómo, joder, cómo. No podía hacer nada. Tú lo sabes, dime que lo sabes. Qué vas a saber. No estabas allí. Estaba yo solo. Y yo solo no soy nadie. Ahora menos todavía. Ahora que estoy más solo y perseguido por seis sombras sin cuerpo. Porque no sé dónde están los cuerpos. Probablemente los dejaran allí, o los quemaran, o vete tú a saber. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora me doy cuenta de que lo último que vieron fue a mí. Claro. Cuando encendí las luces del camión para iluminarles, para facilitar el tiro de esos malditos ejecutores, tan borrachos y tan jóvenes que probablemente no se acuerden ya de nada, dejé en la sombra a los asesinos, pero dentro del camión, encima de los faros, frente a los que iban a morir y lo sabían, allí, en ese descampado, el que está junto a la tapia de la finca del Tuerto, dentro del camión, decía, bien visible, estaba yo. No sé qué cara estaría poniendo, creo que lloraba, no lo sé, pero esa cara es la última que vieron los fusilados aquellos. Qué habrían hecho, Señor. Nada que mereciera esa salvajada, seguro. Un niño. Y dos mujeres. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sí, ya sé lo que me vas a decir. Que olvide, que yo no tengo culpa de nada, que yo sólo pasaba por allí con el puto camión que ahora no me atrevo a coger. Me vas a aconsejar que me centre en mi mujer y en mi hija. Pero las estoy volviendo locas. Marta ya sólo habla de santos y mi niña, mi Carmen, no ha vuelto a abrir la boca desde que llegué a casa aquella noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace ya dos años. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un niño. Dos mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ellos se reían. Se tambaleaban después de haber disparado sus fusiles de hombre en manos de críos, porque eran unos críos, te lo juro. No tendrían más de diecisiete. Les mataron y se rieron, alguno incluso se meó en los cadáveres.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Sólo después me dijeron que me fuera, y que no contara a nadie.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5268338204639602621?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5268338204639602621/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5268338204639602621' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5268338204639602621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5268338204639602621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/06/los-faros.html' title='Los faros'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5349950211629242316</id><published>2011-06-05T12:43:00.000+02:00</published><updated>2011-06-05T12:45:34.843+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='15-M'/><title type='text'>Ilusión</title><content type='html'>Dicen que cuando Sol se desmantele, me dará un gran bajón, recuperaré esos vacíos con los que estoy aprendiendo a vivir, bajaré a la Tierra y a los quehaceres habituales, volveré a una vida que se ha quedado a la espera de cerrar estos paréntesis de revolución, solidaridad, conciencia y cambio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que el día que ya no tenga que ir a Sol porque allí no haya Biblioteca, ni una Comisión de Comunicación que necesite portavoces, ni varias asambleas diarias a las que acudir para hablar y sobre todo para escuchar y aprender, ni una escoba que coger para limpiar la plaza, ni un millar de caras que me sonríen cuando paso y que hace tres semanas no conocía, caeré en una depresión instantánea. Como cuando te desenamoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que siempre he sido de ilusiones transitorias. Que nunca he sabido extrapolar del terreno de la ilusión esos fines que persigo, y que por ello mismo abandono antes de tiempo, sabiendo que es imposible alcanzar lo que sólo es ilusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que me prepare.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo respondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondo que me da igual qué pase mañana, que hoy, ahora, me siento parte de algo que me llena, me entusiasma, me insufla de vida y conocimiento. Que es este momento que estoy viviendo lo que realmente me importa. Nos desalojarán, o nos iremos, con suerte, por nuestro propio pie, y seguiré pensando que el día en el que vivo es el único que merece mi atención, pues es el día en el que vivo el que puede cambiarse, y con él, un mañana nuevo, diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondo que hoy soy más rico que ayer. Sin un duro en el bolsillo, pero con la cabeza llena de ideas, de valores reforzados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondo que he convivido con compañeros y compañeras que me han demostrado que se pueden hacer grandes cosas sólo con esfuerzo y ganas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondo que durante tres semanas he sido testigo de cómo se materializa una ilusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que no estamos consiguiendo nada. Que no sabemos lo que queremos. Que somos un caos organizativo. Que cada vez somos menos. Que deberíamos dejarlo ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondo que hemos conseguido algo increíble, remover conciencias y hacernos visibles, atrapar el momento, hacerlo nuestro, reivindicar lo que muchos y muchas queríamos pero no sabíamos cómo gritar, o no nos atrevíamos, temerosos de no ser escuchados y terminar afónicos. Sentencio que sí, que nos falta organización en algunos aspectos, pero que avanzamos, despacio, hacia un lugar mucho más bonito que Sol. Que vamos a todas partes, a todas las gentes, a todas las mentes hastiadas y casi resignadas. Que la indignación ha dado paso, por fin, a la acción y en el mundo entero nos miran y se asombran y suelen decir "por fin". Que en EEUU, Francia, Grecia, Reino Unido, Alemania, Portugal, Venezuela, Nicaragua hablan de lo que ocurre en una céntrica plaza de España que es mucho más que una céntrica plaza de España, porque esa plaza está en Coruña, en Barcelona, en Granada, en Oviedo, en Sevilla, en Valencia o en Bilbao. Que los medios intentan menoscabar el Movimiento 15-M, y no lo harían si nos dieran por muertos. Que somos más, muchísimos más, de los que estamos en Sol. Que Sol sólo es parte, que el Movimiento 15-M se ha multiplicado a tal velocidad que casi nos asusta. Que no sabemos lo que estamos haciendo, porque estamos aprendiendo sobre la marcha, que sólo somos un bebé recién nacido del que deberían tener cuidado los que desconfían de nosotros y nosotras, porque cuando alcance la mayoría de edad tendrá tal fuerza que es entonces cuando deberían asustarse de lo que es capaz una ciudadanía con ganas de barrer la podredumbre de esta mierda de mundo hecho a la medida de unos pocos hijos de puta que siempre se libran. Hasta hoy. Hasta este momento, en el que nos hemos rebelado y hemos dicho basta, cueste lo que cueste, nos lleve lo que nos lleve.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Dicen que me desilusionaré cuando mi cabeza no esté sólo en Sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les digo que mi cabeza está en todas partes, ya no sólo en el fin de semana, ni en mi futuro único e individual, ni entre mis piernas. Mi cabeza es hoy más grande, más culta, más llena de imposibles y de objetivos colectivos. Y eso es lo que temen, que sepamos que algo no funciona y no nos quedemos ya en tertulias de café terminando las frases con un "no hay nada que hacer". Lo estamos haciendo, y lo estamos haciendo bien. Si no, nadie me diría nada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5349950211629242316?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5349950211629242316/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5349950211629242316' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5349950211629242316'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5349950211629242316'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/06/ilusion.html' title='Ilusión'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-7067717759635799945</id><published>2011-05-28T00:50:00.001+02:00</published><updated>2011-05-28T00:52:03.697+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='15-M'/><title type='text'>Seguimos ahí</title><content type='html'>Vergüenza y aguante. Eso es lo que se siente al ver las imágenes del desalojo de la acampada 15M en Barcelona. Vergüenza por las fuerzas de seguridad que tenemos. Aguante porque somos más, porque somos mejores, porque tenemos un arma que ellos no saben blandir: el más puro y radical pacifismo, aunado con ilusión y ganas de mejorar las cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veo como les arrastran, les empujan, les hieren con sus porras de semidioses, todos ataviados con grandes medidas protectoras, y siento vergüenza. Pero también contemplo como los compañeros indignados sólo se sentaban, les cantaban consignas, levantaban las manos o se agarraban los unos a los otros en un esfuerzo más por conseguir lo que nadie ha conseguido en estas dos semanas: no separarnos. Que no, coño, que seguimos ahí, más unidos que nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alucino viendo la desmedida brutalidad con la que intentaban desalojar a los que sólo son ciudadanos que buscan más representatividad y menos comercio caníbal en la política desfasada y demacrada de este país, pero me emociono con la respuesta que han obtenido esos que se llaman policías y sólo son robots engendrados para hablar con golpes. De acuerdo que hay que cumplir órdenes y que no todos son iguales, pero es ponerse un casco, un chaleco protector, un escudo transparente y creerse Atila. Y los otros, nosotros, sentados, aguantando, sólo aguantando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, les han desalojado. Pero han vuelto, más, muchos más. Eso es lo que han conseguido, que seamos más fuertes, que tengamos más motivos, que nos sobren los cojones y los ovarios para seguir ahí hasta que sea necesario, en Sol, en Plaza Catalunya, en los barrios, donde sea, indignados pero orgullosos de decir que lo estamos y que no nos vamos a quedar parados, como tanto tiempo hemos hecho. Toca reaccionar, enfrentarse al poder y sus medios con la palabra y los gestos de respeto y alianza que son pilar de  este movimiento llamado 15M y que no es otra cosa que la necesidad imperiosa de una ciudadanía de mostrar su hartazgo con políticos y mandamases que ni lo son ni nos los merecemos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras, en Madrid, aplaudíamos su aguante. Madrid y Barcelona, hermanados. ¿Cuánto tiempo hace que no podíamos decir eso, que las dos grandes ciudades de este país, en teoría rivales, se unían en un esfuerzo conjunto? Es maravilloso, como todo lo que rodea este movimiento ciudadano y espontáneo que está calando en todas partes del mundo. Somos ejemplo, señores, y eso no pasaba en España desde el Mundial de Fútbol. La diferencia: ahora el motivo es incomparablemente más grandioso, más épico. Histórico, precioso, cívico, intelectual, político.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se puso a llover en Sol, un aguacero primero, una tormenta después. Y resistimos, en Cataluña las inclemencias de una violencia que jamás caracterizará este movimiento, en Madrid las del clima que nos puso a prueba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde BiblioSol padecimos por los libros, no queríamos que eso fuera una suerte de Alejandría. Y apareció gente de todas partes, protegimos los libros con plásticos y cubos y salvamos eso tan necesario e importante que es la cultura y su libre difusión. Es axioma de nuestra idiosincrasia conservar, preservar, gestionar y difundir el saber guardado en libros y enciclopedias, en comics y periódicos, en publicaciones y folletos. Y lo hicimos. Primero temerosos, luego presa de un inexplicable jolgorio. Achicamos agua, terminamos todos empapados, secamos el tinglado como mejor pudimos, y salvamos los libros. Y reímos. Y cantamos. Y nos abrazamos y vitoreamos los unos a los otros, sin conocernos, pero siendo lo que somos: hermanos, vecinos, compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego, salió el Sol. Y los libros, de nuevo, pasaron de mano en mano, y nosotros seguimos allí, en Sol. Y en Barcelona.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-7067717759635799945?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/7067717759635799945/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=7067717759635799945' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7067717759635799945'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7067717759635799945'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/05/seguimos-ahi.html' title='Seguimos ahí'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-118836084175385365</id><published>2011-05-25T11:34:00.003+02:00</published><updated>2011-05-25T14:37:50.724+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='15-M'/><title type='text'>Biblioteca 15-M, Acampada Sol</title><content type='html'>No he faltado un día a Sol, a ese espacio multicolor, heterogéneo y entusiasta donde una horda de personas se niegan a creer que no hay alternativa, que lo que tenemos es lo que hay y que no se puede cambiar. Pero a excepción de un día en el que estuve en Arte ayudando a decorar esa pequeña República Independiente y Autogestionada, el resto del tiempo me he dedicado a curiosear, atender a Asambleas y a micrófonos libres, a emocionarme con lo que veía y escuchaba, a ser uno más de los que con su presencia querían animar y participar. Hasta el lunes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lunes decidí que yo podría echar una mano, o dos. Me pasé por la Biblioteca y pregunté si estarían dispuestos a hacer un Taller de Narrativa, que yo me ofrecía para lo que fuera menester. Y allí estaba Miriam, escuchándome con una sonrisa y proponiéndome que escribiera mis sugerencias en un buzón. Y así lo hice. Y luego se me ocurrió preguntarle si necesitaba una mano. Y, con otra sonrisa inmensa, me dijo "entra, estamos catalogando". Y ya no me fui.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevo dos días pasándome la jornada en la Biblioteca, ayudando a gestionarla, resolviendo dudas, informatizando el catálogo, poniendo mi granito de arena para que ese centro de difusión del conocimiento sea mejor, más habitable, más sostenible, más completo. No veo un duro como remuneración, pero creo que es el trabajo mejor pagado en el que he estado. Ayer martes eché 14 horas allí. No había nadie para representar a la Biblioteca en la Asamblea General ni en la Asamblea de Comisiones y me dijeron que fuera yo. Y fui. Y hablé a las personas allí reunidas sobre lo que hacemos y dónde estamos y lo que se puede esperar de nosotros. En la Asamblea General me acordé de mi profesor de Sociales del colegio y terminé mi presentación con un "El conocimiento nos hará libres". Y, por primera vez en tanto tiempo que no recordaba lo que era eso, me ovacionaron gentes sin nombre, pero con caras de ilusión. Así que ayer, con sólo un día de experiencia, se me tildó de portavoz y responsable de la Biblioteca. Gentes de otras Comisiones se acercaban a informarme de novedades, a preguntarme acerca de ese espacio. Y creo que engordé en esa jornada unos doscientos kilos de puro entusiasmo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miriam, Adrián, Mari Carmen, Laura, la otra Laura, Salamanca, Javi, Yolanda, Bárbara, Daiana, Sandra, César, Violeta, Antonio, que vino desde Granada para ver cómo lo habíamos montado para exportarlo a la protesta de su ciudad, Irene, Esther, Paula, Jesús, Carlos, otro Carlos, otro Carlos más, Manuel, que me dobla la edad, y muchos más nos hemos convertido en bibliotecarios revolucionarios y nos encantaría ponerlo en nuestro currículum porque es probablemente el trabajo del que estemos más orgullosos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Los que se pasan por allí ponen cara de asombro, tiran fotos y, sobre todo, entran a leer. Novela, poesía, ensayos de política, de sociología, teatro, cómics, compendios humorísticos... más de 700 libros, donados todos por gente altruista que entiende lo que significa que la revolución disponga de biblioteca. Y los que quedan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer hicimos un taller de poesía. Mañana lo hay de narrativa. El viernes presentan un libro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los de Infraestructuras nos construyen estanterías porque casi no damos abasto, pero sí lo hacemos porque con pasión y cojones no hay empresa quimérica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué sería de una Revolución sin el aporte cultural que desde Arte y Biblioteca añadimos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que no vamos a conseguir nada. Cuesta tanto creerlo que sólo respondo con un "bueno, hay dos opciones: resignarse, o pasarse a leer".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta tarde, más. Mañana, más. El fin de semana no podré estar, pero me encantaría. Y si nos vamos, si desalojamos, estaremos en cualquier otro sitio, haciendo lo mismo, con las mismas ganas, con la misma remuneración, que es ingente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los libros son de todos, para todos, y nosotros nos hemos alzado, casi sin querer, en sus protectores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el lunes siento que sí soy parte de esto, y no hay quien me convenza de que lo que estoy haciendo es inútil. Es imposible.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-118836084175385365?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/118836084175385365/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=118836084175385365' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/118836084175385365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/118836084175385365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/05/biblioteca-15-m-acampada-sol.html' title='Biblioteca 15-M, Acampada Sol'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-4054843743638219774</id><published>2011-05-22T11:29:00.004+02:00</published><updated>2011-05-25T11:37:44.903+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='15-M'/><title type='text'>El ruido del silencio</title><content type='html'>[MÁS DEL MOVIMIENTO 15-M, TOMA LA PLAZA. 20 Y 21 DE MAYO DE 2011]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éramos anónimos, éramos legión, y enmudecimos. Levantamos las manos, las agitamos con giros de muñeca, y el silencio acompañó las campanadas de la Puerta del Sol. Nos mirábamos, emocionados, pero emocionados de verdad, un nudo en la garganta, los ojos empañados, comprobando lo mucho que suena el silencio, cerciorándonos una vez más de lo que somos capaces. Lo increíble se hacía tangible, y todo gracias a una medida fórmula de civismo, indignación, conciencia y respeto, bien agitado en un recipiente de espontánea organización, caldeado a fuego lento durante mucho tiempo, demasiado, dando como resultado la mayor protesta cívica del siglo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego gritamos, entusiasmados, sonriendo, sabiéndonos un gigante de un millón de piernas, mucho más grande que cualquier político que ha pisado este país en las últimas décadas. Un grito que era algarabía, un estallido pacífico que debería derrumbar cualquier muro, una brutal demostración de lo que es capaz un pueblo hastiado, pero no vapuleado. No han podido con nosotros, y nosotros vemos que podemos con ellos, que somos mejores, infinitamente mejores que esos ególatras bastardos que dicen representar a la mayoría. La mayoría estaba en Sol, en las plazas del Ayuntamiento de Barcelona, Valencia, Coruña, Sevilla. Frente a las embajadas del mundo entero. Siendo protagonistas de los teleobjetivos de tantos países que la cobertura mediática por el Mundial de Fútbol queda en cosa de niños. No somos campeones del mundo, somos el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sábado llegué a Sol temprano, un día más, con una sonrisa tan grande que se me deformaba la cara. Pasé la mañana en Arte, inventando eslóganes, decorando pancartas, creando frases idealistas, reformulando el significado de utopía. Me manché de pintura, pedí cinta para colgar carteles, hablé con otros artistas improvisados, comentamos la próxima oración, corta, positiva, siempre positiva, y con tanto significado, reí con desconocidos que de repente no lo eran, todos allí éramos lo mismo, informé a curiosos que querían ser algo más, señalé disfraces y comenté anécdotas, participé y me enorgullecí de estar allí, de formar parte de la cosa más bonita que he visto en mucho tiempo. Sólo el amor y el 15-M pueden rivalizar en el sentimiento más lindo del planeta. Ellos se llaman políticos. Nosotros somos política. Dicen que somos antisistema. Si lo fuéramos, no estaríamos ahí, no nos tendrían tanto miedo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por megafonía anunciaron que el huerto estaba funcionando. Pidieron generadores, routers wifi, soldadores eléctricos, voluntarios para Acción o Respeto, anunciaron la próxima asamblea, recordaron la importancia de beber agua y zumos, porque el sol pegaba fuerte en Sol, y cada logro era aplaudido y vitoreado como si acabásemos de inventar el mundo. Y lo hemos reinventado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Periodistas de El País o de El Mundo terminan de trabajar en su redacción y se van a Sol, a Comunicación, a hacer lo que mejor saben, por amor al arte, por nosotros y por ellos mismos. Médicos que exprimen su jornada en el hospital y llegan a Sol para gestionar Enfermería y Botiquín. Abogados que prefieren cobrar cero y representarnos por lo que pueda pasar. Bomberos que hacen sonar su sirena cada vez que pasan por los aledaños de la plaza. Policías que están allí porque se lo ordenan pero nos miran con una extraña expresión de comprensión y simpatía. Pintores, músicos y escritores que ofrecen su arte al mejor postor, que es Sol, que paga cero. Chavales que recorren la plaza con carritos cargados con bidones de agua y la ofrecen en vasitos, con una sonrisa y tanta educación que dan ganas de hacer de ellos tu héroe personal. Jóvenes con bolsas de basura que se pasean gritando "Comisión de Limpieza... ¡Revolucionaria!" y se encargan de dejar la plaza que ya les gustaría a los del Selur, y en menos tiempo, con mucha más colaboración por parte de los que hacemos lo que sea por no ensuciar lo que es la Puerta al Sol, ya no del Sol. Porque queremos el Sol, y lo tocamos por fin. Gente que regala abrazos, que lleva a su hijo a hombros y éste, a su vez, porta una pancarta escrita por él mismo que dice "Estoy indignado" o "Quiero un futuro". Personas mayores que se para a hablar contigo, que se reconoce más emocionado que tú, que se aleja regalándote un "enhorabuena" que te deja patidifuso, confundido, hinchado como un globo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de estos días me encontraba con colegas, conocidos, amigos. Nos fundíamos en un abrazo, probablemente no por la ilusión de vernos, sino porque la felicidad sólo es tal si es compartida. Y en Sol, y en todas partes donde se ha propagado esta maravilla de protesta, todo es compartido, desde los pinceles hasta las sonrisas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribimos Historia. Redibujamos fronteras, "en nuestro imperio no se pone el Sol". Pero eso es otra historia. Yo sólo soy parte de esa gente que se levantó una mañana y dijo "hasta aquí". Y ahí seguimos, y lo que haga falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer estaba indignado. Hoy estoy orgulloso. Votemos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-4054843743638219774?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/4054843743638219774/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=4054843743638219774' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/4054843743638219774'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/4054843743638219774'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/05/el-ruido-del-silencio.html' title='El ruido del silencio'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-6445986000508055768</id><published>2011-05-20T11:38:00.005+02:00</published><updated>2011-05-25T11:37:56.058+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='15-M'/><title type='text'>Asamblea popular, soberanía popular</title><content type='html'>[MINI CRÓNICA DE LA ASAMBLEA DE 'TOMA LA PLAZA' DEL 19 DE MAYO DE 2011]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy he visto lucha sin gritos ni puños. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy he visto ansias sin ojos ensangrentados ni mandíbulas apretadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He visto gente apostando sin dinero, incluso sin querer ganar a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He visto voces haciéndose oír sin desgarrarse la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He oído a un chaval ronco hablando a cámara sin tapujos, sin experiencia, pero con la capacidad de un orador griego. Le he escuchado explicarle a una periodista que si se quiere informar, acudiese a la asamblea, pero en calidad de ciudadano, no de periodista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He atendido a una asamblea que de verdad lo era. "Buscamos el consenso, no los votos. Esto lo hace más difícil... pero mucho más rico", matizaba uno de los moderadores, pantalones de chándal caídos, sudadera bien cerrada, coleta rebelde y sonrisa perenne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Buscamos sólo una acumulación de ideas y propuestas, que no nos representan oficialmente. Esto sólo es un proceso para intentar entender quiénes somos y qué queremos", continuaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Hablemos sin negatividades, en positivo, sin abuchear a nadie, sin pedir el voto, no estamos aquí para eso. Queremos oírnos todos, tenernos en cuenta, y luego debatir lo expresado y así llegar a un manifiesto", argumentaba, y a mí se me antojaba lo más parecido al pueblo hablando, sin intermediarios, sin portavoces, sin grandes proclamas. Sólo el deseo de opinar y proponer. Casi se me saltan las lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aplaudíamos las propuestas que nos gustaban sin dar palmas, robándole al lenguaje de signos la forma de vitorear. Manos arribas y agitadas, un mar de dedos buscando el cielo, ilusión mezclada con indignación. El orgullo desbordado por entender que por fin hemos sido capaces de hacernos oír sin gritar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Esto no es un botellón". Y la gente gritaba "¡Botellón no". Para que luego digan los que se creen listos y sólo son oportunistas que aquí vamos al jaleo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deberían tenernos miedo, porque somos cualquier cosa menos necios y violentos. Su problema es que somos inteligentes, y eso asusta al que manda, que se ve pastor al que se le escapan las ovejas, que se quitan la lana y resultan ser personas, ellos Cíclope confundido, nosotros héroes sin honda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy he visto como The Washington Post nos sacaba en portada, foto a cuatro columnas y título de Spring of frustration in Spain. Yo no lo llamaría frustración, porque frustrado estaría en el salón de mi casa pensando que algo no anda bien. Ahora sólo me reconozco ilusionado, indignado pero contento porque hemos salido de casa, hemos tomado la plaza, hemos dicho "con nosotros no se juega así" y ellos no saben muy bien qué hacer, desconcertados por la sociedad civil que quiere ser soberana. Porque, en un recordatorio, el moderador que dice ser actor ha aclarado en un momento dado que "La única autorización nos la da el mundo entero, que nos mira y nos apoya". Y me temblaba el cuerpo porque formo parte, por fin formo parte.&lt;br /&gt;Hoy he visto como tomaba la palabra gente que me doblaba la edad y se mostraba aún más exaltada que nosotros, jóvenes. He oído argumentos que podrían salir de boca de catedráticos de Políticas o Economía, de gente con camisa y corbata y peinando canas que terminaba su soflama con un "el mundo es vuestro y nosotros, los mayores, os apoyamos". Escalofríos recorriéndome la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo espontáneo pero que se ha organizado tan bien que empiezo a comprobar que la autogestión es posible ha nacido en el centro de España, en el kilómetro cero, de dónde arrancan todos los caminos. Hoy he asistido a un "foro de discusión público, en la calle, que hacía tiempo no se veía en España" y he salido de allí con pecho palomo, riéndome de esos políticos que dicen representan a la gente y sólo se representan a sí mismos. Hoy, en la calle, he aprendido y me he concienciado más que en cualquier mitin, telediario, propaganda o discurso político de esos que creen hablan bien y dicen mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Esto es un proceso que no queremos terminar hoy".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-6445986000508055768?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/6445986000508055768/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=6445986000508055768' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6445986000508055768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6445986000508055768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/05/asamblea-popular-soberania-popular.html' title='Asamblea popular, soberanía popular'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-2942196982369732580</id><published>2011-05-20T00:08:00.002+02:00</published><updated>2011-05-20T00:14:51.366+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>No es fracaso</title><content type='html'>- No sé muy bien qué decirte, pero te diría tantas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Escríbelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo haré. Ya lo sabes. Es lo único que sé hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé, hoy no estoy bien. Y no es la primavera, eso ya no me vale. Hoy... no he podido abrir un bote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a responder, pero no tengo opción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No he sido capaz de colocar bien el edredón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo lo visualizo y entiendo que es una escena que dice tantas cosas que bien valdría para una película, esa que no termino de guionizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si es que hasta he hecho comida para dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te imagino mirando la cantidad de eso que hayas preparado y sintiéndote tonta, frustrada, inocente. La cacerola en la mano, de pie, ante la mesa puesta, la boca entreabierta, parpadeando rápido para darte cuenta de que no es un mal sueño, sino un recuerdo traicionero, tal vez un deseo travieso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Así que hoy no puedo hablar, no sé si mañana quiero quedar. A veces me apetece, otras veces creo que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No pasa nada. No te preocupes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No respondes, tal vez te tiemble el labio, puede que busques palabras, es posible que estés con los ojos cerrados, que esta conversación no te esté ayudando y que no sepas cómo terminarla antes de entender que, simplemente, mejor cortar por lo sano antes que reconocer más desgana. Y yo de repente noto como se me escapan palabras que no me paré a pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo, ya lo sabes, sí quiero quedar, quería haberlo hecho hoy, ayer, mañana, pasado. Porque soy un ansioso, soy un niño pequeño, estoy ilusionado e inspirado y te perseguiría descalzo. Pero me espero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sigues sin demostrarme que sigues ahí, y entonces soy consciente de que tal vez me haya excedido, que no es eso lo que quieres oír. Así que soy yo el que se frustra e incluso se arrepiente, porque lo único que no busco es presionarte. Busco todo lo demás. En realidad lo único cierto que persigo es arrancarte una sonrisa que yo pueda intuir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vete a la cama, Lucía. Descansa. Sueña si quieres. Levántate con música. Yo me espero, porque me place, porque me compensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Un beso, guapo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejo que te despidas con ese susurro, te me cuelas entre los dedos y yo me quedo mirándome la mano, pero me descubro sonriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrío porque se me había olvidado traducir una despedida como fracaso, hacía demasiado tiempo que no me dejaban mirando una silueta que se aleja y yo quedándome, como en las películas que no escribo, anhelando que se dé la vuelta. Ha sido una enfermiza eternidad desde que ansié de veras que alguien se quedara conmigo. Así que, qué incongruencia, estoy contento porque un siglo ha terminado, por fin, y compruebo de nuevo que sigo siendo capaz de desear sin dobleces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(PD: hay que joderse con los Google AdSense estos... intuyen que para este blog puede ser rentable meter un anuncio de una consulta psicológica. Cuánto saben, carajo)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-2942196982369732580?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/2942196982369732580/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=2942196982369732580' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2942196982369732580'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2942196982369732580'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/05/no-es-fracaso.html' title='No es fracaso'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-3081561873929910671</id><published>2011-05-11T14:07:00.001+02:00</published><updated>2011-05-14T12:03:39.725+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>Camino</title><content type='html'>Dependencias. Miedo a saberme dependiente. Volví de Nicaragua por reconocer mis dependencias. No continué relaciones por temor a depender de ellas. Dejé trabajos previendo fracasos que impedí que se materializaran con mi huida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La única dependencia que he tolerado ha sido el hachís.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Dejo la terapia escudándome en lo económico, pero sabiendo que me estaba haciendo tanto bien que habría dejado que se convirtiera en una dependencia. La dejo llorando, la dejo sin querer, la dejo con una excusa magnífica y vestida de dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puertas. He abierto tantas que tengo pomos y picaportes marcados en la mano. He ollado habitaciones en las que me he quedado el tiempo suficiente como para sorprender a los presentes con mi salida. He cruzado pasillos y antesalas con paso ligero, sin detenerme a mirar cuadros y tonos de pintura. Me he ido de allí sin darle una oportunidad al decorador, probablemente movido por la sospechosa de que podría echarle una mano y hacer valer mi opinión y con ella crear ambientes mejores pero para qué si lo que hay no me gusta y no me siento con fuerzas de cambiarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora, que no estoy en ninguna habitación, que he abierto una puerta barroca que me llama la atención por su policromía y sus tallados, miro hacia atrás y veo todas esas puertas pequeñas y lloro sabiendo que tal vez debía haberle dado una oportunidad a cada uno de esos cuartos, llámese Paula, llámese oficina, llámese un pueblo de Nicaragua. Pero me giro obstinado y me enfrento a esa gran puerta que cuesta abrir y siento en mi espalda el peso de lo que dejé a medias y tal vez, sólo tal vez, podría, de haber completado algunas de esas empresas, haber llenado este inmenso vacío que ni encuentro causa ni, por lo tanto, atisbo remedio para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay explicación para la tristeza, está y poco más. Y hay que saber vivir con ella, combatirla desde otros frentes, aceptar el vacío y llenarme de otras cosas que me distraigan frente al abismo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes justificaba mi frustración y desamparo en los porros.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Dos meses y pico sin fumar, sin querer hacerlo, soñando a veces con la droga y convencido de que no la quiero volver a tocar, me asusto e impaciento ante la apatía injustificada, ante la desidia que me envuelve y que no entiendo, ante el sentimiento de fracaso que me acompaña y que no espanto. Me pongo racional y busco entender causas, pero qué más darán ellas, digamos que es el proceso de desintoxicación, o digamos que soy así de serie, insatisfecho por naturaleza, ¿y qué? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abro la puerta y la sala es deslumbrante y es como si la hubiera decorado yo. Es el sitio en el que creo que quiero estar, pero hay un tipo enorme esperándome que me quiere cobrar entrada. Y los bolsillos vacíos y la esperanza sin significado. Intento convencer al tipo, pero no depende de mí, alguien le dice algo por el pinganillo y su figura tapa lo que me pareció maravilloso y lleno de luz. Y ahí me quedo, esperando mi turno o su distracción, y sin sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero depender, pero no de él.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-3081561873929910671?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/3081561873929910671/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=3081561873929910671' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3081561873929910671'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3081561873929910671'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/05/camino.html' title='Camino'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-2959034186930473027</id><published>2011-05-02T21:32:00.003+02:00</published><updated>2011-05-14T12:03:30.995+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>Palabrería</title><content type='html'>Le susurré mis mejores frases. Ella no respondía. Repetí mis más fructíferas galanterías. Al otro lado del teléfono, sólo una respiración, quizá más pausada. O quizá era yo que así lo quería imaginar. Jugué con dobles sentidos y dulcifiqué subordinadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un quejido en la línea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Osé pedir una cita y se me devolvieron puntos suspensivos. Pregunté, insistí, provoqué. Y al final ella contestó, suave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sólo háblame.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo me quedé mudo, Harpo sin bocina, lengua enrocada, amígdalas viendo mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quiero que me sigas hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que llegué a balbucear. Me froté los ojos, me repasé los pliegues de la frente, aplasté el flequillo contra el cráneo, cualquier cosa menos crear palabras. Era yo el último de los enanos de Blancanieves. Más pequeño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Háblame. Más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nervio y ansia en su imperativo, y yo desobedeciendo, no por gusto, sino por incapacidad. Pero me forcé, hice lo que no había hecho hasta ese segundo eterno, caprichoso que es el tiempo: pensar en qué iba a ser lo siguiente que iba yo a pronunciar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me figuro que se dio cuenta. Antes yo era un torrente imparable, cascada en deshielo, y ahora repasaba el diccionario. Preguntó mi nombre, quizá temiendo que ya no estuviera yo ahí, quizá no estando del todo equivocada, porque mi mano sujetaba el teléfono contra mi oreja, pero ni mi cuerpo respondía ni mi mente se centraba en ese lugar. Viajaba por los cables y las ondas, porque donde quería estar era a ese lado del teléfono, no al mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a interrogar mi nombre, y a mí me salió un sí ronco. Ella se calló, curiosidad saciada al confirmar mi presencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí los ojos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te hablaría tanto que te colapsaría los oídos. Te diría tantas cosas que no me creerías. Te murmuraría palabras que aún no existen. Renunciaría a todos mis sentidos y funciones para sólo hablarte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el auricular, de nuevo, sólo una respiración, satisfecha. Y otra orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sigue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me tumbé en el sofá. Me la imaginé del mismo modo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sigo. Claro que sigo. Sigo hasta donde me dejes, hasta donde pueda, hasta donde quieras. Sigo porque me lo pides y es mi deseo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un gemido y yo al borde del colapso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te imagino y eso ya me deleita. Te veo sin tenerte cerca y eso ya me nubla. Te suelto frases que empiezan por pronombre, tu pronombre, porque todo lo que sale de mi boca es tuyo. Te regalo mi voz. Te regalo el mundo que dibujo en el aire con el aliento de mi boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi un chillido, y yo sudando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sigo. Y tú no digas nada, sólo escúchame, sólo atiéndeme, sólo presta atención a lo que inventa mi lengua chocando contra el paladar y topando con mis dientes, esos que quieren morderte músculos que los médicos no han descubierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nombre susurrado, tan lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quiero hablarte por los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quiero verte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vacío, inconsolable vacío. Ahora era su nombre el que yo cuestionaba. Ella tardó en responder.&lt;br /&gt;- Yo sólo quiero llamarte y que me hables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y colgó. Y yo, tumbado, mirando la pantalla del teléfono, leyendo su nombre y la duración de la llamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si tuviera un espejo habría descubierto que no sonreía. Porque yo lo que busco es satisfacer lo visual y ella prefiere lo auditivo. Codicio mirarla y expresarle tanto, pero callado, con las pupilas de portavoz. Y al final sólo me queda esperar su llamada y conformarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me suena el móvil. Me resigno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-2959034186930473027?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/2959034186930473027/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=2959034186930473027' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2959034186930473027'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2959034186930473027'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/05/palabreria.html' title='Palabrería'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5618728629423155961</id><published>2011-04-26T14:02:00.003+02:00</published><updated>2011-05-14T12:03:20.913+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>Historias de pueblo</title><content type='html'>Al volver al pueblo de su infancia se propuso únicamente recuperar vivencias, recordar anécdotas con los amigos que siempre lo serán aunque llevara tanto sin verlos, beber sin mirar la hora, amanecer a mediodía, comer con la familia que le idolatra, porque la distancia entre el pueblo y la ciudad hace que los que se fueron a la urbe sean vistos como próceres, mirar goloso a las mujeres de su adolescencia, pero sólo mirarlas, hablarlas, no caer de nuevo en el sexo por el sexo con mujeres que no se merecen ser tratadas como las que esperan a que él llegue, pues él no es nadie para ser esperado, llamar por su nombre a todos los camareros y paisanos avejentados, reír al máximo de decibelios, desde el estómago hasta la mandíbula, escuchar vidas y penas y comprender de nuevo quién es, porque las raíces se empeñan en dejarle claro qué esencia le marca, por más que él se esfuerce en creerse de otra pasta. Él es de allí, de allí será y allí debería volver para examinarse, sólo ante sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cumplió con lo que se propuso, excepto en lo de las mujeres. Aunque en esto no se comportó como antaño, como el tipo de ciudad que arriba a lo rural creyéndose héroe sólo por no estar allí a diario, permitiéndose cansar a las vecinas que buscan algo ajeno a lo habitual. No, no fue así, así que él no considera, ahora de vuelta a la gran ciudad, que capitulase. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera noche, porque los de fuera llegan de noche, o se dejan ver con las estrellas, son así de chulos, poso en ella sus ojos y todos sus planes de mantenerse al margen de musas con falda y preciosos zapatos de tacón se fueron al carajo. Pero no olvidó el discurso que se dijo ante el espejo, y habló con ella. Podrían haberse encamado esa primera noche, pero él dejó claro (iluso, probablemente fuera ella la que tenía capacidad de decisión) que no era eso lo que buscaba. Que besar, hablar, reír y conocerse en otro terreno que no fueran sábanas era un fin mayor. Ella, sorprendida pero a la defensiva, porque le conoce desde época púber, porque sabe de lo que él es capaz cuando se cree más de lo que es, no atinaba a decir esta boca es mía. Él, verborreico por el ron y por realizarse verbalizando, no quiso convencerla, sólo la beso, le habló, provocó su risa y le dio pie a conocerse de veras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y pasó una semana, de besos y miradas y buscarse en la plaza y en los bares, de repasarse cuellos, tirarse del pelo y jugar al cíclope, de cafés solos o en compañía, de qué más da el qué dirán, con lo que eso importa en los pueblos, mala costumbre. Y lo pasó mejor de lo que se propuso, porque fue fiel a su ideario y fue, por fin, el que quería ser, en el pueblo y en todas partes. Y ahora, en la capital, recuerda la semana con una sonrisa y el orgullo del que se reconoce y se alegra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se quedó allí, como siempre. Pero, cree él, ella descubrió facetas de él que antes no imaginaba, así que sí, se quedó, pero no como siempre. Se quedó pensando que algo en él había cambiado y que sólo podía ser bueno, porque la trataron como se merecía, como reina que es. Él no quiere coronarse, rechaza papeles de monarca, sólo quiso no engañarse. Objetivo cumplido, semana pasada, sexo lleno de mucho más que sexo, y la vida sigue, pero ahora le gusta más, la vida y sus locuras, que ya no son tantas, porque las locuras no tienen sentido, y él ha puesto todo su ímpetu en darle sentido a esos siete días largos, con sus siete noches cortas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y volverá al pueblo, con más ganas que nunca, aunque sólo sea porque por fin ha hecho allí las cosas bien y no ha dejado heridos en el campo de batalla, no amigos despechados que luego le perdonarán sin coste alguno, porque son así de excelentes, ni mujeres enfadadas por desprecio mostrado, ni familia pensando que es un descastado, ni él en el coche, de regreso a su rutina de asfalto, pensando "otra vez, lo he vuelto a hacer", mirando por la ventanilla con el arrepentimiento en los ojos. Esta vez retornó sin que el recuerdo le doliera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5618728629423155961?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5618728629423155961/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5618728629423155961' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5618728629423155961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5618728629423155961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/04/historias-de-pueblo.html' title='Historias de pueblo'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-6998898333414980521</id><published>2011-04-13T14:37:00.004+02:00</published><updated>2011-05-14T12:03:12.259+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>El príncipe mediocre</title><content type='html'>Nació hijo de monarca, pero se dijo que no quería ser como él. Tal vez, y en todo caso, como su madre, plebeya que con la fuerza de la belleza y la virtud le descubrió al rey que casarse por reglas protocolarias, negándose el amor, sería quizá el error más grande que le quedaba por cometer. El soberano cambió la costumbre y la ley y contrajo matrimonio con aquella mujer poco digna del trono y tan digna de todo lo demás. Y así nació él, fruto del cariño y de la transgresión de normas establecidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rey, ocupado en labores de Estado y diplomacia, dejó a su reina el cuidado del retoño. Pronto nació otro, que sin ser primogénito recibió las mismas atenciones que el mayor. La diferencia de edad era tan minúscula que también la madre se decantó por obligaciones sociales, confiando en que los dos hermanos se entretendrían juntos, sin la necesidad de unos padres infantilizados por el nacimiento de la prole. La nana hizo su trabajo, que no consiste en jugar, sino en cuidar, educar y ver crecer. Así que los dos infantes descubrieron el mundo a la par, en juegos y bromas y pruebas que no necesitaban más que de dos participantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primogénito creyó que no quería ser como el padre. Se veía más en el rostro y las formas de su madre, se reconocía más sensible que cabal, con los años su discurso versaba más sobre el corazón que sobre la razón. Incluso rechazó la vestimenta propia de un príncipe heredero, decantándose más por ropas de lacayo. El hermano menor, en cambio, ni pensó en como quería ser ni se propuso alcanzar unas u otras cotas. Sin saberlo, aceptaba su condición, se engalanaba sin problemas, acudía a las fiestas en otros palacios y hablaba y se movía como se esperaba de alguien de su linaje. Y no se lo proponía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hijo mayor viajó, ocultando su cuna. Conoció mujeres, a las que contaba que él tenía talento para pintar, pero que no exponía, ni se lo planteaba, el éxito le daba igual, estaba por encima del reconocimiento. Entabló grandes charlas con gentes de toda edad y procedencia, se decía amante de la vida, perseguidor de amores ciertos y un absoluto despreocupado por la imagen y el protocolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El menor aprendió lo que de él se esperaba desde que sólo era feto. Asumió su papel sin plantearse otro, alcanzó las metas que le marcaba su destino, se casó con la mujer que entendió que amaba y le correspondía e hizo crecer la familia en una nueva generación. Decían que se parecía en todo, genotipo y fenotipo de la mano, a su padre. Él no le daba importancia, realizaba sus labores diplomáticas lo mejor que sabía y comprobando que era ducho en ello. Él, simplemente, era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mayor regresó de sus viajes, se mudó a barrios pobres, convivió con gentes que le atraían por ser tan diferentes a él y, a la vez, tan prósperos. Pintaba poco, pero aquellos que veían sus cuadros sabían reconocer su talento. Pero seguía sin exponer. Y seguía sin encontrar el amor y sin saber muy bien cómo vivir esa vida que él encontraba tan apasionante y llena de aventuras, de dichas y desdichas, de encontronazos y descubrimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el menor se disponía a heredar el trono, el mayor se encontraba en el Perú visitando chamanes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando uno le dijo "has de ser mediocre, has de dejar de formular lo bonito del amor y del talento. Lo único que tienes que hacer es amar y pintar, sin hablar de ello, sin vivir por ello, sin creerte bueno en ello. Porque tal vez no lo seas, tal vez seas uno más, y eso, mi buen amigo extranjero, debería darte igual. Debes ser como el profeta, que para serlo tuvo que encontrar a un sabio que le negase su condición de profeta. Sólo cuando creyó que no era el elegido, realizó las labores propias de un visionario".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a la corte, lleno de dudas, sumido en una depresión incomprensible, él que lo tenía todo y que siempre se había creído superior a lo material, él que despreciaba el intelectualismo puro y abogaba por el más romántico proceder, él no era feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Peleó sin saberlo con lo heredado de su padre y lo añorado de su madre, dos polos en una sola cabeza. Cuando dejó las armas y buscó la reconciliación de sus dos fuentes de genes, se conoció, se aceptó y olvidó el significado de la palabra frustración, que no había pronunciado en su vida porque se creía incapaz de serlo, con tantas dotes que tenía. Cuando se vio mediocre, sólo pudo escalar. Hoy, en la más alta de las cumbres, mira abajo y reconoce sus huellas en la trocha. Antes, miraba desde arriba sin saber cómo había subido hasta allí, porque en realidad no había ascendido, se había plantado sin más en una altura donde la falta de oxigeno le hacía irrespirable su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó a ponerse ropas que antes denigraba, cuando se creía ajeno a las modas y en realidad era representante de una. Pintó ocho horas al día, algunas obras eran buenas, otras no tanto, pero buscó y bregó con exhibidores. Quiso, y le costó tiempo, cumplir con sus funciones de hijo y hermano de monarca. Sólo cuando pudo comprobar que ni era el mejor pintor ni falta que le hacía, sólo cuando se dio de bruces contra la realidad y se vio reflejado en un espejo de mundanidad, descubrió que había sido toda la vida un insatisfecho, embobado como estaba en la consecución de altas cotas que sólo él se había propuesto en un intento de idealizarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, por supuesto, cuando dejó de imaginarse el amor como el mayor de los triunfos a los que un hombre puede aspirar, la encontró a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se encontró a un amigo de la infancia, éste no le reconoció. Quiso incluso burlarse de él por el cambio, pero se encontró con que el príncipe era el primero en mofarse de sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le salvó intentar ser mediocre, dejar de querer, y ponerse a hacer, sin temor al fracaso, obviando que, aunque no fuese el mejor pintor, ponerse a pintar con constancia era lo único que necesitaba para colmar sus deseos de ser. Y fue.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-6998898333414980521?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/6998898333414980521/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=6998898333414980521' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6998898333414980521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6998898333414980521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/04/el-principe-mediocre.html' title='El príncipe mediocre'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-7209148725827467059</id><published>2011-04-06T14:29:00.003+02:00</published><updated>2011-05-14T12:02:52.578+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>No es siglo para románticos</title><content type='html'>¿Se puede ser romántico y no tener objeto de deseo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se puede.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años de inconsciente experiencia me dicen que sí, que soy un romántico y que no, no tengo objeto de deseo. No hablo del deseo carnal, hablo del deseo más puro, del querer algo hasta la extenuación, de cristalizar (Stendhal, por siempre), de dormirme despierto pensando en ese objeto de deseo, llámese mujer, llámese pasión por el arte, llámese un coche de tropecientos caballos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ¿y cómo se puede?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo qué sé. Soy demasiado inocente y tengo poco bagaje empírico como para responder a semejante pregunta. Me enseñaron inglés siendo yo tan pequeño que soy incapaz de explicar reglas gramaticales, pero hablo en el idioma universal por los codos, y correctamente. Es decir, no sé porqué en inglés una expresión es de una manera y no de otra, pero sé que es así. Carezco de teoría, pero la práctica me dice que la aplico bien. Lo mismo me pasa en este caso del amor, en singular. Se puede ser un romántico sin objeto de deseo porque me pasa, pero no sé más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy me han preguntado, un psicólogo, claro, cuando fue la última vez que amé. Digo yo que de Paula estuve enamorado, pero si lo comparo con ese amor platónico que fue Eva en la adolescencia, simplemente no, no he amado a nadie más, no de esa manera (no hay dos amores iguales, todo sea dicho). A Eva la idolatré, cristalice su imagen (carajo, Stendhal, dónde has estado todos estos años), perfeccioné sus rasgos y aptitudes antes de acostarme y en el desayuno. Y me acostaba solo y el desayuno lo compartía con mi hermano, ella estaba a kilómetros pero yo la sentía tan dentro de mi cabeza y de mis entrañas que nunca estaba solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paula se trabajó nuestro amor, fue ella la que puso el empeño y la que me hizo admirarla, no fueron mis sienes ni mis genes rebelándose en soledad. Fue un amor maduro, supongo, si es que eso existe, y fue un amor correspondido. Eva fue un amor adolescente, como creo que lo son todos, tengamos la edad que tengamos, y nunca supe hacer para que me correspondiera, nunca pasé la fase de admiración y primera cristalización, en esa descripción sagaz que hace el francés al que descubro tan tarde, pero a tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que digamos que el amor platónico por Eva fue, por ser platónico, el amor que me hizo insomne y que no he vuelto a experimentar. Y de eso hace ya más de una década, qué mayor dice mi DNI que soy, qué infantil me siento. Entonces, una década sin amar como explican el verbo los románticos de hace dos siglos. ¿Es posible, aun así, reconocerse romántico? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, y frustrado, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y por qué sonríes si lo que escribes termina reconociendo frustración?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos en las mismas, hay cosas que sé, pero desconozco sus razones y reglas. &lt;br /&gt;Soy un romántico sin objeto de deseo. Y me carcajeo al teclearlo en este ordenador que parece cansado de recoger tantas locuras, insensateces, maravillas que me caracterizan y en las que me reconozco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero despojarme de esos amor-placer que he visto y tocado y zambullirme algún día en ese amor-pasión que casi ni el mismo Stendhal, categorizador del sentimiento, supo tener. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supo tener... y es que eso, de nuevo, no se sabe. Se tiene, se siente, se hunde uno en el amor-pasión sin que su voluntad pueda decir esta boca es mía. Por eso quiero embriagarme en él, como cuando tenía 15 años y Eva se me antojaba la excelencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;P.D.: no suelo recomendar libros, pero si algín día os dais de bruces contra 'Del Amor', de Stendhal y prologado por Ortega, y si además os reconocéis emocionales, agarradlo, devoradlo, dejaos llevar por su ironía.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-7209148725827467059?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/7209148725827467059/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=7209148725827467059' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7209148725827467059'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7209148725827467059'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/04/no-es-siglo-para-romanticos.html' title='No es siglo para románticos'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5565936506015785433</id><published>2011-04-03T23:55:00.002+02:00</published><updated>2011-05-14T12:02:42.770+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>Animal</title><content type='html'>No aprendes. Te ha pasado ya tres, diez, veinte veces (bueno, no conviene exagerar), y sigues cayendo, tentando, errando. Como un morlaco, te ponen el capote, y ahí que vas, titubeante, adivinando que el estoque no está de adorno, pero vas, bravucón, obstinado. Como un morlaco, sin cuernos, pero con la piel igual de negra por haberte rebozado en la misma brea demasiadas veces. Y, por seguir con la comparación, con el rabo espantando moscas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crees que sí, que la próxima vez será diferente, porqué no, la redundancia de tus actos debería haberte hecho prudente, pero es que eres de todo menos aritotélico. La prudencia no te definirá nunca, está visto. Porque volverás a las andadas, como un burro con orejeras atado a la noria, sacando siempre el mismo agua, de la que encima no bebe. Ojalá se desatase y por fin fuera para adelante y no en círculos. Pero entonces dejaría de ser un burro, perdería la esencia de lo que es, de aquello en lo que se ha convertido. Si pasara, si en un ataque de inapropiado raciocinio mandara al carajo sus ligaduras, vagaría sin rumbo. Es probable incluso que buscase un árbol, un poste, un monolito alrededor del cual seguir girando, y girando, y ya sin sacar agua. Es lo único que sabe hacer. Y dar coces al aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olisqueas como un perro, buscas trufas como un cerdo, husmeas en los rincones creyéndote ratón, y, manda huevos, vuelves a toparte con lo mismo. Cualquiera diría que eres un hombre, o quizá es por eso, porque eres un hombre y cuando estás en horas bajas te conviertes en el animal en el que prometiste no volverte a mutar.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;En casa, en tu guarida, en tu cochiquera, en esa cuadra que limpias sin que se note, te das de cabezazos contra la pared, como el buey provocado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso sí, en algo has cambiado, algo de mérito hay que reconocerte. Ahora ya no te flagelas con el látigo que le quitaste al pastor. Ahora al menos te sonríes con mueca de “macho, otra vez, tiene cojones la cosa”, al menos reconoces que si no hay remedio, no tiene porqué haber enfermedad. Ahora, al menos, te sientas y escribes esto sonriendo cabrón y sabiendo que, cuando te vuelva a pasar, sabrás reírte, qué te queda, como la hiena que huye achantada por el león que reina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún progreso haces, sí. En esta última ocasión parece que no sólo has sido sincero contigo, sino con ella, que no es que sea más importante, pero tal vez si te convierta en más elegante. Podrías haberte ido, excusa mala mediante, como antaño, pero preferiste mirarla a los ojos y decirla "realmente, quiero estar en otro sitio, no debería haberme dejado llevar, ni lo siento ni lo padezco, sólo te lo digo". Hoy, ni ella ni tú tenéis veinte años. Ella te mira socarrona y, dándote una lección que bien te viene, te dice "pues vale" y tú te miras en el espejo del ascensor y te das una buena ducha de humildad sabiendo que ni hieres ni marcas, ahora ya no. Las cicatrices siguen ahí, pero te las acaricias infantil y reconoces que bien está lo que bien acaba, que al menos acaba, no como quisieras, pero se va aproximando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quieres ser pingüino, monógamo y con ansias de volar, pero de momento sigues naufragando en tus genes lascivos, esos que no saben decir que no, que provocan el sí, y que cuando lo tienen, te recuerdan lo que no hace ni unas horas le dijiste a ella: "si yo no vine aquí para esto, pero aquí me tienes".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5565936506015785433?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5565936506015785433/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5565936506015785433' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5565936506015785433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5565936506015785433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/04/animal.html' title='Animal'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-3001447995463617573</id><published>2011-01-14T12:37:00.004+01:00</published><updated>2011-05-14T12:02:32.981+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>Casi me olvido</title><content type='html'>¿Qué haces? No, no me mires. ¿No te das cuenta? No puedes mirarme así. Y mucho menos volverte a los tres tremendos segundos, girando el cuello, regalándome pupila y encima sonriendo con indolencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te llamaría incauta, pero no doy ningún miedo ni me acompaña el atractivo del peligro, así que ni muerdo ni me relamo, me quedo ahí, primero sorprendido por ese primer cruce de miradas, dos que caminan en direcciones opuestas y se van mirando, y se van mirando, y sus caminos convergen y sus hombros parecen imanes, pero los cuatro pies siguen dando pasos, los ojos de uno se quedan sin la pareja cómplice del otro, y luego ya desbordado cuando a los tres pasos me digo qué coño y me doy la vuelta y miro como caminas, y cómo caminas, y tú te giras y me cazas y sonríes. Y yo debo poner esa cara de tonto, del que sufre un desengaño bonito, y tú vuelves la cabeza, reanudas tu marcha, y yo contemplo tu melena como telón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, no me muevo. Voy hablando por el móvil y el interlocutor no para de preguntar mi nombre. Me he quedado en silencio sin siquiera darme cuenta. Tú has secuestrado mis sentidos, que vuelven liberándose mientras te alejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tendría que haberme disculpado y colgar el maldito móvil, no hay artilugio con mayores posibilidades de convertirse en inoportuno, acercarme y exponerte que el hecho de sonreírme así se merece una explicación, con mucha zalamería y dispuesto a todo, tanto a la peor de las excusas como a la más rica de las cervezas.&lt;br /&gt;Pero recupero la conversación inalámbrica, suspiro cada paso que das, con tu culo diciéndome hasta nunca, te veo doblar una esquina y es en este momento cuando mi ego defiende que lo has vuelto a hacer, has dejado que tus ojos me buscasen, ya tan lejos, justo antes de desaparecer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despido en el móvil, cierro la tapa con probablemente poco estilo, recupero el camino a casa. Ronroneo con el ego acariciado, hacía tiempo que no alimentaba al bicho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-3001447995463617573?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/3001447995463617573/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=3001447995463617573' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3001447995463617573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3001447995463617573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/01/casi-me-olvido.html' title='Casi me olvido'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-8381007896623650456</id><published>2011-01-11T22:09:00.003+01:00</published><updated>2011-05-14T12:02:17.363+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>Folletines</title><content type='html'>Como cualquier otro día, tardó casi una hora en levantarse desde que se despertó. Se enfundó las babuchas, se preparó el café de rigor, que últimamente siempre le quedaba con posos, y repasó los correos electrónicos antes de ponerse a trabajar mientras fumaba el primero de muchos cigarrillos. Uno de esos correos le alcanzó bajo la línea de flotación de su ánimo, que era, hasta ese momento, como el de cualquier otra mañana, bueno, sin grandes expectativas y, por lo tanto, sin grandes decepciones. Pero esta vez la bandeja de entrada de Hotmail escondía una crisis. Su último escrito no iba a ser publicado en la revista, le pedían una serie de cambios para una posible inclusión en un número venidero de la revista, y la frase final del editor era "Tenemos que meterle mano para que no se quede en un simple folletín". Había estado trabajando en el relato durante dos meses y sólo había parido un maldito folletín. Se quemó los labios al beber de nuevo de la taza, se levantó y se paseó por la casa, apartó al gato de su camino con un toque con la puntera del pie y volvió a sentarse. Abrió el relato, lo releyó. Sí, era un folletín. Abrió un nuevo documento de Word, copió y pegó el título del relato y dejó el cursor parpadeando indolente en sus narices. Se quedó allí hasta que se fumó un nuevo cigarro. Decidió pegarse una ducha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la toalla por la cintura y el pelo húmedo, le llamaron al móvil. Se enteró por un tercero de que su mejor amigo finalmente se casaba, y que quería hacerlo en plan privado en Bilbao. Santi llamaba para ver si él tenía intención de ir a Bilbao. Respondió que no, que ahora mismo no estaba de humor, que no entendía nada y que si su amigo le quería tener en la más absoluta oscuridad en lo que respecta a su boda, así sea. Colgó, se secó el pelo, se sentó de nuevo al ordenador, borró el título, y esta vez no dejó que el cursor parpadeara tranquilo ni un segundo. Escribió durante cuatro horas seguidas, llenó un cenicero, preparó más café, olvidó dar de comer al gato. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez el escrito no tenía nada que ver con el folletín. Tampoco era un relato, la verdad. Era más un ensayo. "La rutina del cambio", se llamaba. Muy rimbombante, sí. Iba a cambiarlo cuando miró la hora. Llegaba tarde. Guardó el relato, o el ensayo, o lo que carajo fuera aquello, se metió en unos pantalones y en una camiseta que no olía a sucio, bajó las escaleras de dos en dos, saltó dentro del autobús y sólo entonces si dio cuenta de que se había olvidado el móvil en el lavabo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fue a comer a casa de sus padres, donde entró en pocas conversaciones y empleó pocas frases subordinadas. Su madre se extrañó, le notaba raro. Él contestaba que no le pasaba nada, que tenía muchas cosas en la cabeza y que tenía un encargo de la revista que le estaba dando mucho la lata, pero que todo iba bien. No mencionó la llamada de Santi, ni la frase del editor, ni la pena brutal que le subía desde sus zapatillas roídas hasta el pelo desmadejado. El padre quiso saber cuando volvían a publicarle en la revista (guardaba todo lo que su hijo había sacado al mercado) y él mintió diciendo que, para ese número, había pedido no salir puesto que estaba trabajando en un relato que le iba a ocupar mucho tiempo. Salió de nuevo a la calle con el postre aún en la garganta y decidió volver andando a casa. Ya no había prisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía cuatro llamadas perdidas, todas ella de ese supuesto amigo que se casaba. Se tiró en el sofá, marcó el número de su amigo. Le saltó el buzón de voz. El gato se le subió encima, pegándole la coronilla a la nariz, buscando caricias. Él apartó al animal de un manotazo, luego le pidió perdón tierno, le puso una de sus latas preferidas y volvió al ordenador. Releyó el ensayo. Se lo envió a su amigo, el que se quería casar en secreto, qué estupidez, y a su editor le mandó un mail pidiéndole explicaciones por decidir casarse así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto de la tarde miró por la ventana, se fumó el paquete entero de tabaco, vio una peli a la que no atendió ni cuando el giro final pedía a gritos un brinco en el sofá, y miró el móvil cada diez minutos esperando una vibración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo cuando se fue a la cama se dio cuenta del error al enviar los mails. Pero no movió un músculo, se quedó allí sepultado bajo el edredón fino y se durmió pensando en Santi borracho estropeando la boda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente el editor le contestó. Decía que esa idea le parecía genial, mucho mejor que la del folletín. "Lo epistolar ya no se lleva, y creo que lo has clavado. Mándame el resto cuando puedas, la respuesta del amigo, la réplica del despechado, todo eso".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De su amigo no volvió a saber nada hasta que un después se cruzó con la novia, ahora esposa. Ella hizo como que no le veía. Fue él el que llamó su atención. Antes de despedirse al minuto y medio, ella le dijo "No te perdona que no fueses a la boda, y menos que le mandases aquello que estaba tan bien escrito y que eran tan demoledor". A él se le pasó por la cabeza la idea de reconocer el error, de resolver el malentendido. Pero se calló, vio como se alejaba ella, pasando por un kiosko en el que, en un lugar destacado, estaba la revista, con su colaboración. Nunca ningún amigo suyo se había dignado a comprarla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-8381007896623650456?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/8381007896623650456/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=8381007896623650456' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/8381007896623650456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/8381007896623650456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/01/folletines.html' title='Folletines'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5971910236832394457</id><published>2011-01-07T21:22:00.004+01:00</published><updated>2011-05-14T12:02:06.065+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>Alberto, bufón</title><content type='html'>Alberto es el hijo menor de Juana y Mariano. Estudió filosofía, ha recorrido Oceanía, rompió con dos novias, se emancipó con una de ellas y luego, cuando volvió a estar solo, ya no volvió al nido, se buscó la vida. Trabajó de lo que le salía hasta que se colocó en un buen trabajo, buen sueldo, buena empresa. No le aportaba nada, mucha oficina y mucho cargo en la compañía, pero ser joven y conformista es algo que Alberto, iluso, se negaba a creer una combinación posible. Aguantó tres años. Este último año ha malvivido con el paro, con una sonrisa y sin responsabilidades, dispuesto a encontrarse a sí mismo. Pero eso es otra historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada fin de semana, como hacen muchas familias, se juntan todos, e incluso más, en casa de los padres. Hugo, el mayor, con la novia. Los primos. Los tíos. A veces un novio de una prima o un ligue de una tía. Y Alberto, claro.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Siempre que va a comer a casa de sus padres sabiendo que estará todo el círculo, Alberto se perjura antes para no abrir demasiado la boca, para mantenerse al margen en las discusiones en las que se arregla desde el cambio climático hasta la ley Sinde, para no teorizar sobre wikileaks ni sobre facebook. Es posible, alguna vez se ha dado, que el tema tratado sea más conocido para Alberto, por la teoría o por la práctica, pero da igual, su aportación será convertida en tierno momento de mofa para deleite familiar. Es el menor, el gracioso, el que hacía striptease canturreando Tina Turner cuando tenía ocho años y le grababan en vídeo, el que habla deprisa cuando le emociona el tema, el que no puede ser experto en nada porque aún tiene cara de niño. Que se especializase en filosofía del cine no hace, en ese contexto, más valiosas sus opiniones cinéfilas. A ojos de los que le doblan la edad, sólo es un friki amante de Stallone, qué otra cosa iba a ser el que se vestía de sheriff a los ocho años y detenía al abuelo. Su dominio de Internet, por sus trabajos y su propia afición, no le dan más legitimidad a sus comentarios sobre la red 2.0, el fenómeno facebook o la destrucción del anacrónico papel de los medios de comunicación como grandes creadores de opinión. No, lo que él aporte en las discusiones entre lonchitas de ibérico y una paella a la que el arroz puede que le haya quedado duro, no es lo habitual, nunca, nunca, será tenido en cuenta con la misma trascendencia que si viniera de otra boca, de otra infancia compartida, de otros errores antiguos demasiado conocidos. Si Hugo opina, es más que posible que tenga razón. Si el primo médico juzga, será porque tiene base para hacerlo. Si el padre abogado sentencia, no es por otra cosa que por su brutal saber adquirido a lo largo de los años. Pero Alberto... no ha llegado a los treinta, dice las cosas de esa manera tan divertida y lo vive tanto que cómo tomarle en serio. Que lo que diga en realidad sea cierto no es relevante, es más cómico para todos parodiar sus razonamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, cada vez que va a comer a la casa en la que se crió, se mira al espejo y se promete no entrar en conversaciones que no sean banales, responder monosilábicamente cuando menten su nombre, y hablar de la comida y del tiempo con el mismo entusiasmo que le pondría a resolver una integral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no funciona. Porque Alberto es así. Y si le preguntan por algo que le llena, aún sabiendo que a los dos minutos lo que diga será carcajeado en la mesa, entra al trapo. Opina sobre pelis. Conjetura sobre wikileaks. Hace de abogado del diablo con los controladores aéreos... Y cuando se va a su casa a las horas, siempre, sin excepción, se queda con la sensación de ser el jodido payaso triste, el bufón de una corte que terminará echando de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cualquier otro ambiente, habla y debate, sabiendo que su palabra vale tanto como la del de enfrente, aunque éste tenga más años y más estudios. Y aprenderá, cambiará posturas, madurará. Y tendrá más conocimientos. Y cuando los ponga en evidencia en las comidas familiares, serán tirados abajo con una sola técnica: infantilizar al orador, total, es sobrino, es hijo, es primo. Ninguno de esos títulos los ha creado él, los papeles en la obra ya se habían repartido y hay representación todos los fines de semana en casa de los padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada va a cambiar. Alberto lo sabe, se resigna, se enfunda en el gorro de cuatro puntas con cascabeles, se pinta la sonrisa y proclama su discurso dispuesto a la risa, ajena, claro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5971910236832394457?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5971910236832394457/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5971910236832394457' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5971910236832394457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5971910236832394457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2011/01/alberto-bufon.html' title='Alberto, bufón'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-6120172301736156406</id><published>2010-06-28T13:03:00.005+02:00</published><updated>2011-05-14T12:01:49.087+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Espectador'/><title type='text'>De paso por la estepa</title><content type='html'>- Que me caso, tío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Menos mal que no es una videoconferencia, menos mal que mi cara sólo la ve mi espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Coño!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a decir más, pero ella está lanzada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, tío. Nunca he tenido algo tan claro. ¿Sabes lo que digo? Que te está pasando algo y piensas "esto era, esto y sólo esto era lo que tenía que pasar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intento mentir con un sí pero ella es una avalancha de entusiasmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pensarás que estoy loca, pero estoy tan segura, estoy tan feliz. Sé que es él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se toma un respiro, ahogada por su propia ilusión. Es mi turno, turno de enhorabuenas y felicidad compartida y buenos deseos, aunque estoy demasiado consternado como para sentir todo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pues no pienso que estés loca, pienso en la suerte que tienes. Qué bien, tía, cuánto me alegro, qué envidia te tengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por esos derroteros sigue la conversación, y ella se ríe y yo imagino su cara y pienso que no me la voy a volver a follar y cuando ella me pregunta qué estoy haciendo para irnos de cañas, me invento que estoy con gente en casa. Quedamos para la semana que viene, claro, fijo, qué bien, eres la mejor, y colgar y cara del que ha visto diez fantasmas a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó el teléfono en la mesa, la pantalla se apaga y yo lo sigo mirando. Me recuesto en el sofá y se me escapa una sonrisa al pensar que una follamiga debería ser como el Papa, no debería poder casarse nunca. No son conscientes del desbarajuste que provocan. De acuerdo, me he ido en un viaje muy largo y muy silencioso, y suponía que a la vuelta habrían cambiado varias cosas, entre ellas que mi agenda contendría números que no iba a poder volver a marcar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero resultó que al volver muchos de esos números existían y sus dueños y dueñas seguían siendo los mismos, y no fue tan difícil recuperar hábitos que creí desterrados por los que se quedaron mientras yo me alejaba. Quedé y besé y follé de nuevo caras, cuerpos y mentes que intuí habrían rehecho su vida, sin resérvame plaza en ella. Qué bien, el tiempo no ha pasado. Qué inocente hay que ser para escribir esa frase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque la gallega de ojos oceánicos se casa con un chico que conoció siete meses atrás, más o menos cuando yo subía a un avión rumbo a todas partes. Porque siendo así, qué extraño sería mantener una relación con ella, de amistad digo, cuando bien sabido es que el que empezó siendo follamigo difícilmente será amigo de futuro. Su número sigue siendo su número, pero ya no es la misma llamada que habría hecho yo hace menos de un año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me burlo de mí mismo pensando en una hipotética crisis de los 30. Me burlo de mí mismo porque se casa una chica que conocí en un barco en el Adriático, que besé en una cervecería de Guzmán el Bueno, con la que desayuné cuando vivía por Puerta de Toledo y con la que volví a quedar y a dormir en el piso de Avenida de América. Pues claro que se casa, imbécil, porque el mundo sigue girando por mucho que tú corras en el otro sentido, por mucho que creas que no estás cerca de los 30 e igual de solo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque ya no son follamigas lo que quieres, ni ellas que tú sigas siendo el eterno follamigo. Quieres otras cosas y ni las atisbas, ni las buscas, para qué, y al final vuelves a tirar de móvil y pasa lo que pasa y la realidad es un muro de cemento y tú te has quedado sin frenos y entiendes por fin, con los sesos sobre la fachada de un edificio de cuarenta plantas, que prefieres subir una pendiente despacito que seguir en una recta que no necesita de esfuerzos del motor. Pero estoy en una estepa, maldita sea.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-6120172301736156406?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/6120172301736156406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=6120172301736156406' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6120172301736156406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6120172301736156406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/06/de-paso-por-la-estepa.html' title='De paso por la estepa'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-289435698883990607</id><published>2010-06-21T00:28:00.002+02:00</published><updated>2011-05-14T12:01:34.637+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Espectador'/><title type='text'>Leyendo(te)</title><content type='html'>Un vestido liviano, de colores grises, y debajo unas piernas de prometedora piel suave, con el tobillo fino, que siempre fui fetichista con los tobillos, y unas sandalias con cuña elevando una figura delgada pero me da a mí que carnosa. El pelo, recogido sobre la coronilla en un moño de adolescente rebelde, de color oscuro con mechas castañas, ondulado y seguro que difícil de dominar. Los ojos grandes y oscuros, parecen cansados, más bien aburridos. No van engalanados con maquillaje, unas leves ojeras subrayan esos círculos de brea que son ojos que muy abiertos no parecen mirar gran cosa. Los labios son gordos y no se alargan hacia los extremos, al menos no sin sonreír, seguro que tiene una sonrisa de esas que transforman caras y sacan arrugas tiernas. El hueco central del labio superior es pronunciado, marcando una frontera en esa carne rosa pálido, cumbre de una boca que debe ser besada de todas las maneras posibles, pero besada con constancia, no ha de olvidársele nunca a esa boca la codicia que despiertan en el que la besa, y en el que se imagina siendo el que la besa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vas en metro, porque en Madrid las musas viajan en metro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entras y no te sientas, te agarras a la barra y lees uno de esos posters que reproducen los primeros párrafos de un libro, apología a la lectura adornando el gusano metálico que devora las entrañas de Madrid. Lo lees pausada y al terminar buscas otro inicio de una historia en otra pared del vagón. Suele haber dos de esos cartelitos culturales por cada vagón, y éste en el que ella es reina no es excepción. Te desplazas ligera, como si flotaras en el traqueteo de tan poco oportuno escenario. Sueltas una barra y te ases a una nueva como si fueran lianas, tú amazona urbana. El vestido vuela lo justo, dándole más gracilidad al movimiento de tus tobillos, que giran sobre sí mismos, como si bailaras, desplazándote un par de metros, deteniéndote ante otro trozo de literatura regalada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Primero tus pies están a en simetría, y a medida que avanzas en el extracto de lectura, el píe izquierdo se va alejando. Combas el cuerpo a la derecha, todo el peso en esa pierna, la otra descansando, apartada y un poco curvada. El brazo derecho entrelazado con la barra vertical que sube a tu lado, y el izquierdo muerto y pegado al cuerpo. Es la parte derecha de tu cuerpo la que ahora te sostiene. Dirían los machistas de la antigüedad que ese es tu lado masculino, que lo siniestro es lo que tienes laxo en esa postura.  Yo sólo opino que es una pose maravillosa para ser contemplada, los gémelos mirándome, el culo a la altura de mis ojos, el hombro izquierdo desnudo, el cuello estirado hacia la derecha, acompañando al cuerpo y a la lectura. Supongo que sólo mueves los ojos, el resto se mantiene congelado para mi estudio. El espacio que existe entre el cuello de tu camisa y tu oreja izquierda, la que yo veo desde donde estoy sentado, es terreno por descubrir, es el sueño de un vampiro saciado, es lo que me empujaría a cometer una imprudencia como interrumpirte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminas y deshaces la escena y te sientas, a mis dos, con una puerta a tu derecha, la de enfrente la guardo yo también a mi derecha, y nadie en el espacio que nos divide, sólo aire, contaminado, invisible, concentrado. Te repaso empezando por los pies, recreándome, más como un biólogo que como un pervertido, tal vez con un poco de ambos. Las uñas pintadas de rojo y… de repente estiras las piernas, levantando las sandalias del suelo, los muslos tensionados. Busco tus ojos y ellos también están mirando tus pies. Vuelvo a los pies sin darme cuenta de que estoy sonriendo. Bajas de nuevo tus uñas y mis deseos y mi parada es la siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jugando a leer las cartas del contrario, yo diría que, obvio, te gusta leer, que estás aburrida o cansada un domingo y has quedado con alguien para entretenerte, lo primero me lo dicen tus ojos, lo segundo me lo dice la atención que le prestas a tus pies. O la cosa no va bien con tu chico o no lo tienes, adivino. También me da por intuir que tienes treinta y pocos y que si te propusiera una gilipollez tan grande como bajarnos a tomarnos un café en cualquier sitio te preguntarías porqué no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega Diego de León, agarro la bolsa de plástico que casi olvido debajo de mi asiento, recorro el espacio virgen y me planto a tu lado antes de que las puertas se abran. Sigues mirando nada, al frente. Las puertas desaparecen y yo doy un paso y ya no estoy en el teatro, tú teatro, se ha terminado tu obra, las puertas se cierran tras de mí, cae el telón y yo sigo los carteles que me guían a la salida y... escribo, qué otra cosa voy a hacer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-289435698883990607?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/289435698883990607/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=289435698883990607' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/289435698883990607'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/289435698883990607'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/06/leyendote.html' title='Leyendo(te)'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5600651914949609892</id><published>2010-06-07T11:13:00.003+02:00</published><updated>2011-05-14T12:01:23.366+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>Tortillas y huracanes</title><content type='html'>- No te voy a decir cuándo llego - sonrió él, que aunque es obvio que por teléfono no ves si el otro sonríe, muchas veces lo sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué cabrón. Va, dime si vuelves pronto, o... mira, más fácil ¿estarás para la boda de Carla? - disparó ella, armada de abrelatas y soplete, dispuesta a descifrar cualquier combinación para abrir la caja fuerte y dar con el premio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que no te lo voy a decir. Es una sorpresa. Es mi sorpresa. Es más, ahora mismo es a la única sorpresa a la que puedo aspirar: aparecer allá, sin avisar. Tú al menos has descubierto que vuelvo. No se lo digas a nadie. A nadie. Ni a Carmen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así quedó la charla, la revelación de un regreso ansiado, ahora anunciado, pero no desvelado. Ella quería verle, quería hablar con él, quería follárselo como antaño, y estaba segura de que a él le pasaba lo mismo. Cuando él se fue al otro lado del mundo sin un objetivo claro, o con todos ellos, se despidieron la noche antes follando y riendo, con la maleta a medio hacer, la cartilla de vacunación perdida entre el caos y unos orgasmos de despedida que retumbaron durante mucho tiempo después en las entrañas de ella, al menos un par de veces a la semana. Pero no tenían nada serio, afirmaban, sólo eran follamigos de esos, tan modernos y tan naif, así que cuando él se fue a Sudamérica no tuvo ni que explicárselo ni que preguntarle su opinión, aunque ella le hubiera dicho tantas cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente quedó con Carla, para ayudarla con no sé qué historias de la boda. No le dijo nada de la vuelta del viajero, ni siquiera cuando ella le preguntó por él, para incluirle o no en la lista de invitados. "No sé nada", mintió ella, sintiendo un extraño aire de importancia que le inflaba el pecho. Ella era la única que sabía. Él la había elegido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedó con Nacho para ir al cine, que estaban a punto de retirar de la cartelera la peli argentina de la que tan bien hablan todos. Oyendo los acentos no pudo impedir pensar en él, en si traería un acento impostado, en si vosearía, en si follaría de otra manera. Hablaron de la peli a la salida, a él le había gustado mucho, ella no sabía pero decía que también. Pagaron un par de cervezas caras en el irlandés vecino del cine, seguro que en Sudamérica son mucho más baratas, meditó ella, y terminaron en la casa de Nacho, entre las sabanas, pero ella prefirió irse a dormir a su apartamento, a su cama, sola, pensando, deseando, recordando, tal vez imaginando una relación seria, no, qué tontería, lo que te pasa es que sólo le echas de menos, boba. Se durmió después de una ducha con mucho jabón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madrugó a la mañana siguiente, aunque era sábado. Con el café en la mano y con una camiseta de él cubriéndole un tercio de los muslos, se conectó a Internet y revisó los vuelos procedentes de Argentina. Luego pensó que tampoco sabía si el volvería desde Argentina. La última vez que hablaron estaba en Buenos Aires, pero luego quién sabe dónde iría. Aun así, se creyó heroína de melodrama barato y llamó una a una a las aerolíneas que hacían el trayecto ese día. Preguntó en cada una, en inglés a veces, si él figuraba entre la lista de pasajeros. Todas se mostraron solícitas, pero ninguna le resolvió la duda. Se terminó el café, se vistió, pasó de maquillarse, y se fue a casa de sus padres. Allí se tomó un segundo café, charló con su madre sobre banalidades, sobre el trabajo y sobre Carla y su boda, quedaron para cenar al día siguiente y regresó andando a casa, cruzando por el Parque de Berlín. Se desplomó en el sillón, justo a tiempo para comprobar que se había quedado sin tabaco y que ya le daba pereza volver a salir. Se quedó dormida, no eran ni las dos de la tarde, y dos cafés no eran suficientes para activar a la mujer que desearía vivir una semana por delante. No soñó, después de hacerlo sin necesidad de dormir a lo largo de los últimos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El móvil le despertó a las seis de la tarde. Carmen quería salir de fiesta. Ella se excusó con que estaba cansada, que no había dormido bien por la noche, que si eso mañana se tomaban unas cañas. Carmen suspiró, prefirió no insistir, y terminó quedando con todas las demás, volviendo a casa a las tres de la tarde del domingo después de haber maldormido y bienfollado en casa ajena. En cambio su amiga somnolienta se armó de ganas para bajar a por tabaco, se tragó la primera peli que pilló, se calentó lo que quedaba de tortilla de patata, y volvió a mirar en Internet los vuelos. Se quedó dormida con el paquete de tabaco casi a medias y con la tele encendida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a amanecer temprano, sin querer. Si por ella fuera, dormiría hasta que él la despertara en forma de príncipe azul, aunque ella siempre decía que no estaba para cuentos. En el móvil sólo tenía un mensaje de Carmen, una foto con un chico, ella sonriendo y con el escote demasiado abierto, él mirándole las tetas. La foto la había hecho ella misma, con su móvil, así que las caras de ellos estaban juntas, y sólo Carmen miraba al móvil mientras ponía morritos. Bajo la imagen una frase de su amiga: Menudo polvo, maja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se había quedado sin café, así que se puso el chándal  y se bajó al bar. Le pidió a Jaime un café con leche y un croissant a la plancha. Agarró el periódico de la barra, le echó un vistazo a la tele, la retransmisión del Desfile de las Fuerzas Armadas, y se sentó en una mesa junto a la ventana. Hacía sol y algo de brisa, gente haciendo footing, perros que pasean a sus dueños, kiosqueros con más trabajo que nadie en domingo, menos cláxones charlando, cierres metálicos besando aceras y peatones obstaculizando terrazas de verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El croissant llegó cuando ella aún estaba en las páginas de Internacional. Un ciclón mantenía cerrado varios aeropuertos de Sudamérica, pero el de Buenos Aires no se había visto afectado. Había una foto que mostraba los efectos del cabreo de Zeus sobre la Guayana Francesa, y en una noticia relacionada hablaba de los españoles afectados. Sólo cifras, y al final del texto, un "Más información en la web". Dejó el croissant casi sin tocar, la cuenta en la mesa y al camarero con la sensación de que ella había estado allí desayunando, o no, qué raro. Las llaves volaron sobre la mesilla del recibidor, cayendo al suelo y quedando allí moribundas. Mientras el ordenador arrancaba, se quitó la chaqueta del chándal, se tomó un vaso de agua, se hizo una coleta y se encendió un cigarro. Encontró en la web del periódico la noticia, con el mismo texto que ya había leído. Pero había un vídeo. Sin querer, bendijo lo multimedia. En la grabación salían varias personas en el aeropuerto de Bogotá haciendo declaraciones sobre lo penoso de todo. De repente, él acaparaba la toma, su sonrisa se comía el micrófono, su camiseta de kukuxumusu, la que ella le regaló en un San Fermín, rompía la gravedad de la situación. "Pues de momento no nos han dicho nada, pero no parece que la cosa vaya a solucionarse rápido. Vamos, si no depende de la gente, sino del ciclón, sólo queda esperar". Luego un corte, con la periodista explicando que muchos de los que se habían quedado en tierra veían como sus planes desaparecían. La típica pareja que decide casarse en el aeropuerto, los abuelos que no llegan al nacimiento de la nieta, y luego él otra vez. "Pues yo volvía de sorpresa, después de un año viajando por aquí, ahora tendría que estar en España, apareciendo probablemente en casa de una chica. Me imagino su cara y... pero bueno, la sorpresa será más tarde, espero que no mucho más tarde, que sino lo mismo se termina enterando. ¡Espero que no vea este vídeo!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche olvidó la cena en casa de sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los tres días siguientes ella fue probablemente la persona mejor informada del país sobre la situación meteorológica en el Caribe Sudamericano. Al fin, un jueves, se anunció que los aeropuertos recuperaban la normalidad, que los daños en el Surinam se habían estimado en 25 millones de dólares, y que los españoles comenzaban su vuelta a casa. Con el telediario aún dando la noticia, ella llamó a las aerolíneas. Iberia le confirmó en qué vuelo iba él como pasajero, a qué hora llegaba. Quedaban siete horas y cuarenta minutos, acababan de salir los primeros vuelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las tres de la tarde, la comida quedó abandonada en la mesa, la tele quedó encendida, el ordenador siguió reflejando la web de Iberia, ella agarró algo de ropa del armario, se dejo mojar en la ducha, se secó más al aire que con la toalla, se embutió en la ropa y se tiró a por el coche. En El Corte Inglés compró una botella de Johnny Walker, etiqueta negra, claro, que seguro que después de tanto ron, caipirinhas y mojitos le hacía ilusión volver al regusto escocés. En el mercado de San Miguel se hizo con todo lo necesario para una tortilla de patatas, con mucha cebolla, volvió a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hizo posiblemente la mejor tortilla de su vida. Quedaban cuatro horas. Se fumó lo que le quedaba de tabaco, decidió por fin no ir a recogerle, pues sí él quería darle una sorpresa, ella no iba a ser quién le quitara el gusto. Disimularía y luego ya, con el whisky y la tortilla, le revelaría su espera. O tal vez no debería, tal vez entonces él se asustara y decidiera irse, tal vez él no le había echado tanto de menos a ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la tortilla se había quedado fría, la metió en la nevera y decidió hacer otra. Se le daba muy bien, y cada vez le salían mejor. Terminó, el reloj le decía que el vuelo ya había pisado tierra, que si el metro no hacía de las suyas, en media hora debería estar por aquí.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Dos horas después llamó a la aerolínea. El vuelo había llegado puntual. Mientras hablaba con la operadora, que aguantó impertérrita y amabilísima la desesperación de ella, recibió un mensaje. Colgó dejando una frase y miró el mensaje. Era de Carmen. "Tía, que Fran ya está aquí... ¡en mi casa! ¿Salimos a celebrar la vuelta del hijo pródigo? Venga, no seas coñazo como el finde pasado". Sorpresa, sollozó burlona mientras releía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5600651914949609892?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5600651914949609892/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5600651914949609892' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5600651914949609892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5600651914949609892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/06/tortillas-y-huracanes.html' title='Tortillas y huracanes'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-6465453221302195454</id><published>2010-04-19T13:45:00.003+02:00</published><updated>2011-05-14T12:01:13.682+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>La primera vez</title><content type='html'>La primera vez que follé, o que me follaron, más bien, me esforcé, mientras me follaban, en pensar en lo feo que me resultaba mi amigo Víctor, estrategia recomendada para no terminar demasiado pronto ("tú piensa en algo desagradable, porque como te centres en que estás follando, te corres en cero coma, fijo"). No funcionó, claro. A los siete segundos miraba a Marta con cara de lástima y ella me preguntaba "¿ya?", allá arriba, desnuda y silueteada en la oscuridad, con tono de voz aburrido.&lt;br /&gt;Hoy disfruto del sexo pensando en el que estoy teniendo y no me preocupo por cuando me corro, aunque eso tampoco funciona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que escribí fue en el colegio, en inglés, en clase de Historia. El profesor era un tipo recto y sin sonrisa, Mr. Anderson, y no se creía que aquel ejercicio fuera mío. Me interrogó buscando mis fuentes, pero debió de comulgar con la mirada incrédula de un niño de 11 años al que no le costó escribir aquello y no esperaba sorprender a nadie. El texto debía narrar una situación de desalojo en la Inglaterra medieval, un latifundista echando a un campesino de su casa. Yo lo hice en diálogo, con un lugareño taimado y vapuleado y con un burgués cruel y sin conciencia. Fue la primera y la única vez que vi a Mr. Anderson calificando con una A un ejercicio o un examen. Todo mi curso habló de ello aquel día. Yo no entendía nada. No era para tanto, y si lo era, no concebía porqué.&lt;br /&gt;Un profesor más inglés que la Union Jack fue el primero en acariciar el ego de mi escritura, que entonces era sólo un bebé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que besé a una chica fue en uno de los bancos de piedra que rodean las jardineras de los parques de Azca. Se llamaba Virginia, iba a un curso menos que yo en el colegio y compartíamos ruta de autobús, la ocho, donde también iban Ana y  Miguel, que esperaban ansiosos la crónica de aquella cita preadolescente. Recuerdo que la estaba haciendo un chupetón en el cuello y empecé a subir la cara, tensando el cuello, buscando su boca, con los ojos abiertos, descubriendo otros labios e improvisando.&lt;br /&gt;Ahora cuando beso no me excuso en marcar cuellos, y no suelo improvisar, ya sé besar rico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que viajé solo, sin siquiera mi hermano mayor, fue a Inglaterra, a los 18, a trabajar en lo que fuera. Terminé empleado en The Bell's Pub en Londres, poniendo pintas a hooligans con una cantidad de tatuajes inversamente proporcional al de sus neuronas, pero nos cogimos cariño y me creí el chaval más protegido del barrio de Hounslow Central. También fue la primera vez que trabajé. En realidad, Londres supuso muchas primeras veces. La primera vez que me detuvieron, la primera vez que vomité en un lavabo, la primera vez que me tiraron una botella, que esquivé, la primera vez que me hice amigo de alguien que me doblaba la edad, la primera vez que empecé a conocerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que me fumé un porro fue a la salida del instituto, un viernes de primavera. Me fui con algunos chavales experimentados a una esquina apartada en la Castellana, cerca de la glorieta de Rubén Darío. Terminé amarillo verdoso, como los gusanos, y balbuceándole a mi hermano al volver al instituto que aquello estaba malísimo, que no comprendía cómo a él le podía gustar el hachís, y que yo pasaba de aquella mierda. Me pasé al tabaco, y luego aprendí a fumar porros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que me enamoré, a saber qué es eso y si aquello se corresponde, pues de niño el amor es factible cada día y el tiempo colorea lo que ya ha perdido tono en la memoria, fue de Cristina. Llegué a regalarle rosas un San Valentín, con un par, yendo al colegio con el ramo y aguantando el chaparrón de mil alumnos pijos, como yo. Fue la primera chica a la que, mirándola a los ojos, sujetándola por los hombros contra la pared para que no huyera, le dije te quiero. Luego ella se fue corriendo y yo me quedé sonriendo, liberado, con mis amigos cerca espiando.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Hoy es la primera vez que pienso en lo que me ocurrió de nuevas y ya no tiene nada de misterioso, pero sigo haciendo o provocando, sigue pasando. Pero listando esos momentos que me anticiparon una rutina se me cuelan otros que no pueden repetirse, pues la esencia de su inmortalidad reside en que fueron la primera piedra de una casa sin plano, fueron el pistoletazo a una carrera sin meta. Tal vez sólo un niño sepa besar, follar o enamorar por primera vez. Tal vez haya una edad para eso, para hacerlo por primera vez y así poder recordarlo de esa manera, con nostalgia y sonrisa pícara. Tal vez en la inocencia radica la virtud, pues corruptos como estamos ya no podemos aspirar a protagonizar secuencias que son imborrables por su naturaleza virgen. Espero estar equivocado, no sería la primera vez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-6465453221302195454?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/6465453221302195454/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=6465453221302195454' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6465453221302195454'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6465453221302195454'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/04/la-primera-vez.html' title='La primera vez'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5686513600267768214</id><published>2010-04-10T14:13:00.003+02:00</published><updated>2011-05-14T12:00:58.886+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>La otra vida de Fran Lábala I</title><content type='html'>- Yo antes ligaba con chicas como tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero mira que eres, Fran... no era eso lo que te estaba preguntando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ah, no? Pues a mí me parece una respuesta muy buena a tu pregunta, que era '¿acaso ya no ligas?'.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero no me refería a mí, a ligar conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero yo sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, sobre todo con Eli, me rezumaba esa picaresca mía, esa labia seductora que me había abierto tantas piernas hasta hace no tanto. Sólo a veces, cuando estaba muy cómodo y con la mente en ebullición, me olvidaba de que iba en silla de ruedas. A veces, sólo a veces, volvía a caminar, incluso volaba. Pero al instante mi medio cuerpo me recordaba que todo había cambiado, que las cosas ya no funcionaban igual, que no volvería a flirtear como antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, y quién te dice a ti que ya no puedes ligar conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un tiempo esa frase habría activado todo tipo de sensores en mi cabeza, esos sensores dispuestos para captar señales de la libido ajena. Hace menos de un año, en esta misma situación, con esas palabras saliendo de la boca de una mujer guapa, me habría crecido y habría comenzado a lanzar una batería de misiles cargados con dobles sentidos y tentaciones tangibles. Pero el accidente no sólo me inutilizó las piernas, sino que trastocó la pericia de mi intuición. Ahora ya no capto zalamerías provenientes del deseo. Ahora sólo infiero compasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No es quién, sino qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me apunté a las rodillas mientras decía eso, intentando todavía sonreír. Era una respuesta cruel, ya no para mí, sino para ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Deberías saber ya que tu lesión en realidad sólo te inutiliza para lo que tú creas que te inutiliza. Lo que puedes y lo que no puedes hacer sólo está aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella señaló mi cabeza, adornando su lección con una sonrisa igual de falsa que la mía. Una vez más, ser parapléjico convertía una conversación en una charla incómoda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y tú deberías saber que esos discursos son fáciles de decir cuando caminas. Perdona... todavía me cuesta, ya lo sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo siempre supuse que ella estaba acostumbrada, que yo no era un paciente especial, que habría escuchado todo tipo de lamentos y cabreos y sabría manejarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Claro que lo sé, no te preocupes. Para eso estás aquí, para que te cueste menos. Además, no te olvides de que estás en mejor situación que muchos parapléjicos. Tú al menos puedes mear a tu voluntad y tener erecciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué difícil es sentirse afortunado, ser el tuerto en el país de los ciegos, ser rey de los inmóviles, ser libre para mear y para empalmarme pero no para correr detrás de algo, para dar un paseo de la mano de alguien, para nadar desnudo en una playa o follar de pie. Pero ya se lo estaba poniendo lo suficientemente difícil, otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Perdona, tienes razón. No mearse encima cada dos por tres es una suerte. En cuanto a lo otro... no quiero ni pensar qué sería de mí si no pudiera hacerme mis pajillas de rigor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eli se rió, como todos los días, porque Eli es de esas chicas que se ríen varias veces al día, aunque llueva y no se pueda salir de casa. Seguro que se ríe sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Calla, calla. No me quiero ni imaginar cómo serían nuestras charlas si no pudieras desfogarte de vez en cuando. Tendría que venir con armadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonreí con algo más de ganas, mirándole las tetas sin querer. No eran muy grandes, pero ella tampoco lo era. Una chica menuda necesita unas tetas discretas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ni la mejor de las armaduras te valdrían. Sería terrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eso está mucho mejor, aunque no te olvides de que no con todos puedes bromear sobre esto. Hay gente que sólo sabe llorar, y hay que respetarlo, no alimentarlo, pero tampoco negar ese derecho. La pena es un sentimiento lícito, no sano, pero lícito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de su cara de niña, de su culo turgente y su bata inmaculada, siempre sin abrochar, mostrando sus camisas de cuello abierto, lo que más me ponía de Eli era cómo hablaba. Era fácil imaginársela dando clase en la universidad o en una entrevista en un programa de la tele sobre problemas personales, de autoayuda o una mierda de esas.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;- ¿Qué hora es, Eli?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Las doce y treinta y cinco. ¿Por qué? ¿Vas a alguna parte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, vienen mis padres a la una, a comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué bien! ¿Dónde te llevarán a comer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé, probablemente al asador ese de las afueras. Si te quieres venir… estarán mis padres, estarás a salvo de mi lascivia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se río más fuerte, más largo, con su risa aguda, con los ojos cerrados y los dientes en perfecta exposición. Se reclinó en su silla, sacó un paquete de Marlboro Lights y me ofreció uno. Lo cogí, lo encendí con su mechero, ella hizo lo propio. Echó el humo con más elegancia que Gilda quitándose los guantes. Antes del accidente llevaba yo un tiempo queriendo enamorarme. Ahora que sé que no puedo, que no debo, que soy un impedido de mierda, sueño con Eli casi todas las noches, pero no me masturbo pensando en ella. Nunca he podido masturbarme imaginándome con la chica que de verdad persigo. Con el resto, con todas. Todavía necesito ayuda para auparme a la cama todas las noches y ya tengo el enfermizo deseo de meterme en la suya otras tantas noches. Se me escapó una mueca de resignación, estirando la comisura del labio. Arrugué la cara y negué con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué? ¿En qué piensas? Aún no te he dicho ni que sí ni que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que una chica te pregunte qué piensas es lo más aburrido que hay. Si piensas algo y no lo dices es porque no debe pronunciarse, porque el pensamiento es lo que nos queda para nosotros solos, lo que no compartes aposta, lo que te guardas para ti porque sólo a ti te vale. Que te lo pregunte la chica de la que te enamoras es como el fuego amigo en una guerra: reduce tus posibilidades de éxito. Si quiere desvelar el misterio es porque no quiere misterios contigo. Y como el amor es un misterio, el silogismo está claro: fíjate en otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, nada... Pensaba en que... no me apetece ver a mis padres.&lt;br /&gt;Tampoco estaba mintiendo, aunque sé que mis padres son estupendos, y al menos no estaban en el coche cuando me embistió el camión. Sólo les faltaba el sentimiento de culpabilidad para que lo inaguantable se convirtiera en asfixiante.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;- Bueno, es normal. Poco a poco. Todavía te cuesta mirarte en el espejo, con lo guapo que eres, así que es normal que te cueste estar con tu gente. Ellos tienen que acostumbrarse también, aceptarlo y tratarte como siempre. Eso es muy importante, y ellos ya lo saben. Están haciendo el esfuerzo, te lo aseguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quería decir eso que hablaban asiduamente? Sería la primera vez que la chica que me gusta habla más con mis padres que conmigo. Vaya, eso es incómodo. Hablan de ti, y tú no puedes defenderte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya... bueno... será mejor que me vaya a cambiar, no creo que a mi padre le guste verme en chándal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero espera, coño, Fran. No te he dicho ni que sí ni que no a tu invitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero me vas a decir que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Porque tendrás algo que hacer mejor que lidiar con mis padres y conmigo en público.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No me importaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya lo sé, es tu trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo digo porque sea mi trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya, perdona, supongo que estoy nervioso. ¿Te vienes a comer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pues... joder, no puedo. Tengo que estar a las dos en el salón de actos, toca revisar expedientes hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Toca el mío?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, el tuyo no. El tuyo lo vimos la semana pasada y hasta dentro de otro par de semanas no lo estudiaremos de nuevo. Tenemos que ver cómo progresas esos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Es que acaso progreso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo creo que sí. ¿Tú crees que no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé, no soy el profesional, sólo soy el paciente, y supongo que no puedo ser juez y parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, sí puedes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pues entonces yo diría que no progreso una mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pues yo diría que estás equivocado y que estás en plan pesimista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y cómo quieres que esté, Eli? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Contento de estar vivo, de...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esto no es estar vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vuelve a decir eso y no me vuelves a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Joder, Eli... entiéndeme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, no pienso hacer el esfuerzo por entenderte si estás con esa actitud. Hace cinco minutos estabas bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hace cinco minutos pensaba más en tus tetas que en mis padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estás muy salido, Fran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estoy vivo, ¿no?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5686513600267768214?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5686513600267768214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5686513600267768214' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5686513600267768214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5686513600267768214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/04/la-otra-vida-de-fran-labala-i.html' title='La otra vida de Fran Lábala I'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-6648284641142953908</id><published>2010-03-26T13:53:00.002+01:00</published><updated>2011-05-14T12:00:48.752+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Espectador'/><title type='text'>Five months later</title><content type='html'>Es raro volver, pero sigue siendo Madrid. Más extraño es comprobar que en 24 horas me he adaptado, que parece que ya soy perro viejo para esta ciudad, y ya no me va a sorprender. Ayer, sin haber cumplido un día en mi ciudad, cogí el coche para ir a llamar a algunas puertas y ver las caras de los sorprendidos, pues mi vuelta sólo la conocían dos. En el coche, en el semáforo, volvía a acelerar de los primeros, volvía a apuntarme a esa carrera absurda con los taxistas. Y de repente era consciente, y en mi cabeza retumbaba el &lt;span style="font-style:italic;"&gt;al suave, mae, al suave&lt;/span&gt;. Sin querer me estaba dejando engullir por esta que es mi ciudad pero que no me gusta tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He estado visitando amigos, que me abrían la puerta esperando un cartero comercial. He tenido charlas trascendentales con ellos, tomándonos unas cervezas con más cuerpo que las centroamericanas. El misterio de la vida y la felicidad son temas comunes ahora en mis conversaciones, la satisfacción, el descubrimiento, el modelo de vida... hablábamos como si estuviéramos en un ágora griega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me preguntan ¿qué tal te ha ido? y no sé qué responder, porque cómo se resumen cinco meses. Les digo que bien, que muy bien, que ha sido probablemente la experiencia de mi vida, pero no consigo hacerles entender lo que eso significa. Este viaje me ha respondido a muchas de mis preguntas, pero hay respuestas que no me gustan. Sigo siendo como Sara, que prefiere la promesa del futuro al presente que vivimos. Y esa probablemente sea la mayor de las diferencias que tenemos con los nicas a los que dejé atrás: ellos no tienen promesas en que creer, sólo les queda disfrutar lo que tienen delante, porque mañana queda lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé, es todo extraño, pero lo que más me perturba es que en realidad no lo es. Lo que más me descoloca es que veo tremendamente fácil volver a una rutina de capital, de gran ciudad, de corre para llegar, de pisa para que no te pisen, de taxis con taxímetro y buses con paradas programadas, de maquinitas que funcionan y funcionarios maquinitas, de vivir sin vivir demasiado. Me está resultando más fácil, y lo fácil no me gusta. Ya no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me preguntan si voy a volverme a ir, y la verdad es que creo que sí, pero &lt;span style="font-style:italic;"&gt;quién sabe, mae&lt;/span&gt;. Lo que me ofrece Madrid ya lo conozco. Lo que se me despliega ahí fuera, lejos de las fronteras, sólo lo conozco lo mínimo, y el desconocimiento es lo que me atrae. Tengo plata para seguir viajando, pero ahora sólo busco quedarme en donde dicen que están mis raíces y comprobar por fin si es aquí donde me quiero quedar o si es de aquí de donde quiero salir corriendo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy ya no me he despertado desubicado en esta cama mullida, de colchón caro y almohada dura. He abierto los ojos sabiendo dónde estaba, lo que iba a ver, qué paredes son esas y el desorden reinante, qué hacer, qué esperar. La mañana anterior me llevó unos segundos reconocer mi habitación, explicarme dónde amanecía esta vez. Hoy he ido al baño y he sabido qué hacer con el papel higiénico usado. Ayer me quedé buscando una papelera en el que botarlo, allí sentado en el inodoro, riéndome de mí mismo al acordarme de que en España las cañerías sí soportan el papel higiénico. Lo mismo cuando coja el primer taxi, tal vez esta noche borracho, intente pactar con el conductor el precio del viaje antes de iniciarlo. Pero seguro que al segundo viaje que haga ya sabré que aquí se funciona con taxímetro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo me está llevando unos minutos, un primer intento, el desenvolverme de nuevo en esta ciudad caníbal. Y me acuerdo de lo que dejé a 11.000 kilómetros, y sin querer estoy entrando en orbitz.com en busca de billetes baratos para después del verano. Me tengo que dar un tiempo aquí, que se me aposente lo que rumio, pero se me antoja complicado que me enamore de esta ciudad. Aunque sea mi ciudad, que no se dio cuenta de que me fui y a la que yo no eché de menos, y creo que empiezo a echar de más. Tengo que darme tiempo, lo sé, pero la concepción del tiempo varía dependiendo de tu posición en el globo. En otras latitudes, cinco meses, lo que estuve al otro lado del Atlántico, es mucho tiempo. En estas, cinco meses pasan volando, no es ni medio año, es una vuelta de liga, es un poco más que un cuatrimestre universitario, es un tiempo en el que no ha pasado nada. Y a mí me ha pasado de todo, tan lejos de aquí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-6648284641142953908?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/6648284641142953908/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=6648284641142953908' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6648284641142953908'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6648284641142953908'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/03/five-months-later.html' title='Five months later'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5998627475406863687</id><published>2010-03-23T11:19:00.001+01:00</published><updated>2011-05-14T12:00:22.924+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Charlando con Toto</title><content type='html'>I.&lt;br /&gt;- ¿Te vas a quedar un tiempo por aquí? - me preguntó Toto entre trago y trago de cerveza, los dos sentados en el muelle, con las piernas colgando y los ojos perdidos en el bosque de la otra orilla.&lt;br /&gt;- No, me voy pronto de vuelta para España.&lt;br /&gt;- Ah, te vas porque se acabaron las vacaciones y vuelves a enseñarle las fotos a los amigos y la familia, que los añoras - cruzó por mi cabeza que pudiera estar siendo cínico, pero no lo parecía. Sonreí y resumí.&lt;br /&gt;- No... me voy a España porque si no, me quedo para siempre.&lt;br /&gt;- Ah, hermano. Guatemala atrapa - cantó él, alargando la segunda 'a' de Guatemala y también la segunda del verbo.&lt;br /&gt;- No sólo Guatemala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II.&lt;br /&gt;Íbamos andando por el camino que separa las piscinas naturales de Semuc Champey, un paraíso en el que puedes estar un día entero pormenos de cuatro euros, de mi hostal. De vez en cuando Toto interrumpía sus frases para saludar a los que nos encontrábamos o a las familias de la vera.&lt;br /&gt;- Mira, eso es lo que más me gusta de mi pueblo... Buen provecho! – un hombre joven con mono azul de granjero, con un tirante desabrochado, acababa de partir con su machete una sandía, y tres niñas corrían a su alrededor, todas vestidas con sus trajecitos de telas de muchos colores. Todo ocurría en el patio de tierra, cerca de la leña apilada y bajo un techo de zinc. El hombre sonrió complacido y agradeció el deseo de Toto, que continuó hablando.– Con un solo melón haces feliz a una familia. Sí hermano, allá en Europa y en los Estados persiguen la vida, aquí vivimos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5998627475406863687?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5998627475406863687/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5998627475406863687' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5998627475406863687'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5998627475406863687'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/03/charlando-con-toto.html' title='Charlando con Toto'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-2467850675065716197</id><published>2010-03-22T22:36:00.002+01:00</published><updated>2011-05-14T11:59:58.116+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>En la selva, en la cama</title><content type='html'>He estado casi una semana en un lugar en el que te sientes nada, ni siquiera parte de algo. Tú no perteneces a la selva. Tu oído es nefasto, tu olfato está desentrenado y tu vista no reconoce detalles fundamentales para sobrevivir en la selva. No eres nadie acá, se pone en duda tu posición en la pirámide de los depredadores. Si no te has criado en la selva, en ella eres más presa que cazador, y darse cuenta de esta inversión de los papeles comunes, estando a 66 kilómetros de cualquier atisbo de civilización, causa una sensación cercana al alivio: por fin, sólo eres un hombre, un animal. Un brote de debilidad se despierta en tu humana omnipotencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando contemplaba cómo el sol moría o nacía un día más, allá arriba, en lo alto de una pirámide maya cubierta todavía de vegetación, aún casi virgen de las violaciones del curioso, comprobaba lo poca cosa que puede ser un hombre, sólo un hombre, en medio de la maldita e inhóspita jungla. Por encima de aquella alfombra inmensa, que desenrollada se estira más allá del horizonte, verde y mullida, te empequeñeces. Estás solo. Allá en lo alto de la pirámide de La Danta, más de setenta metros de altura, veinte o treinta metros por encima de los árboles, encaramado en piedras que llevan ahí 2300 años, estás solo. Oyes a los monos aulladores, con un mugido grave y poderoso que retumba y rebota por la selva, y otros que contestan, y no les puedes ubicar, no aciertas a adivinar a qué distancia están, y porque ya les has visto sabes que su tamaño no se corresponde con su aullido, que si no es fácil imaginarse a King Kong bien cerquita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éste no es tu sitio, tus sentidos están colapsados por la inmensidad y la vida de todo, todo, lo que te rodea. Nadie. Tú solo, por encima de lo que te engulle. Con la caída del sol las aves se unen a los monos, hasta tal punto que les hacen una seria competencia. Y como en la ciudad sólo hay palomas y gorriones - odias a las primeras por su imparable escatología y a los segundos ya no los miras dar saltitos - por supuesto no sabes reconocer qué pájaros son esos que despiden al sol y se ponen de acuerdo para dormir seguros, pero atentos. A tus pies se desarrolla el principio de la vida y tú no eres capaz de entenderlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el sol se va. Y te quedas allí, osado. Y los monos y los pájaros se calman, pero toda la selva se mueve. Y las estrellas coronan lo que ya era perfecto. Tal vez tú seas lo único que sobra. Las estrellas se multiplican, y entonces tú ya eres un escarabajo, un bicho cualquiera, diminuto, con mundos de luz por encima de ti y tu mundo por debajo, porque en ese momento no hay más mundo para ti que la selva, nada ocurre fuera de ella, todo se ha detenido, sólo en estos cientos de kilómetros que te rodean por todas partes hay vida. Ves el mundo entero. Y tú estás por encima de él, y comprendes al fin que es ahí donde el hombre que conoces se siente seguro. Dominando lo que le devoraría en un descuido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto lo escribo desde una habitación que invita a hacer el amor, de vuelta de la experiencia selvático arqueológica, esperando el fin de este viaje. Cuando conoces la fecha de vuelta, la definitiva, ahora ya sí, empieza la absurda contrarreloj. Llevo una semana con la mochila perfectamente colocada, casi sin deshacerla en cada hostal en el que me quedo, escarbando en ella para sacar algo, sin desmontar el encaje de bolillos que es un macuto de cinco meses de viaje. He adelantado el retorno sin cambiar el boleto: mi cabeza viaja ya hacia occidente, a mi cuerpo, como inerte, le quedan todavía días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descanso en una buhardilla, ocupo la habitación superior de un gran bungalow, mi techo es la caña sostenida sobre vigas de madera, que hace de rústico y acogedor tejado para este módulo del hotel. El suelo de mis efímeras y confortables posesiones lo conforman listones de madera envejecida, y allá donde hay ángulos de 90 grados, las paredes son de troncos cortados transversalmente. Tiene dos ventanas, una que da a un árbol de flor rosada, otra que da a un concierto de pájaros generosos. El hospedaje se conoce por La Paz y se esconde en un pueblo idílico a la vera del Lago Atitlán, San Marcos de la Laguna. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí estoy yo, de soñar en una hamaca atada a dos cedros a la sombra de una pirámide maya, a perderme en una cama grande, y hecha para hacer el amor hasta que se callen los grillos. Si solo en el corazón de la selva notas en tus huesos lo que eres y lo que puedes, es en una habitación como ésta, en unas sábanas que son estas, donde se te reitera lo que no tienes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-2467850675065716197?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/2467850675065716197/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=2467850675065716197' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2467850675065716197'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2467850675065716197'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/03/en-la-selva-en-la-cama.html' title='En la selva, en la cama'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-6649971558702697181</id><published>2010-03-11T14:42:00.003+01:00</published><updated>2011-05-14T11:59:48.411+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>De una masajista llamada Darlene a un lugar de la selva</title><content type='html'>Me despedí de James y Tom con rapidez, ellos con el sueño en la cara, yo excitado por el comienzo de mi viaje en solitario. Llevaba esperando el bus que me llevaría a Guatemala City, y de ahí a Flores, veinte minutos, sentado en el jardincito-comedor del hostal Dionisio, fumando por fumar, no pensando. En la historia de mis encuentros y citas, soy yo el que espera. Rara vez estoy tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un momento me fui a cagar al baño compartido, y estando en la taza liberándome, llegó el bus a por mí. Veinte minutos de absoluta espera y el cabrón tiene que llegar cuando estoy cagando, cuando relajo la obsesión horaria a la que me someto, porque soy así de suicida, y la tensión de mis esfínteres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrar en el dormitorio, ya con el macuto en el hombro y las tripas contentas, para despedirme de las caras que había visto a diario los dos últimos meses, James estaba en la cama, y se revolvió irguiéndose al salir Tom del baño del dormitorio. Sonriendo me dio un fuerte abrazo, y le siguió James, en calzones, con más legañas que pupila y los pelos en guerra con la gravedad. Un 'nos vemos en el futuro, ya sabéis que tenéis una casa en Madrid', un'un placer, amigo, lo mismo digo', y salir, dejarles allí con su desconcierto y su viaje a Xela, donde Tom verá a sus amigos chapines (mote de los guatemaltecos). Acomodé mis dos mochilas en el minibús, me acomodé yo, pues estaba todavía vacio de pasajeros, y ya está, viajo solo, sin nadie que reconozca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a recoger turistas por el centro de Antigua, con sus calles adoquinadas, todas ellas, sin excepción, no sólo una plaza o dos calles, no: todo el maldito centro, histórico, colonial y con tráfico de gente, taxis de esos de tres ruedas y techo de lona, pick ups y demás vehículos. Conducir por calles empedradas al estilo de hace cuatrocientos años hace que el trayecto urbano de la furgoneta sea como ir en carro tirado por caballos, como hace cuatrocientos años. Brincando en el asiento contemplé el entrar de más viajeros. A mi lado se sentaron dos españolas de pelo largo y cara fina y rosada, de unos treinta y pocos, diría yo, ambas vistiendo cazadoras de forro polar fino de The North Face y botas de invierno. Luego les tocó a una pareja de alemanes, jubilados y aventureros, él con un español con acento argentino y bigote tan gris como el pelo, asombrado porque un volcán que no es el Pacaya, allá a lo lejos y en este momento, tiene una columna de humo saliendo de su cráter, una torre de humo blanco. Se resistió a subir al minibús porque su cámara de fotos le obligaba a retratar el momento una y otra vez. Después de haber notado el calor de la lava del Pacaya ya no hay volcán humeante que me sorprenda. Tras ellos se encaramó un tipo de gafas de pasta y cabeza rapada para disimular una calvicie prematura. La última en subir fue canadiense, rubia de ojos verdes, rellenita y yo diría que en los 35, con un café en vaso de cartón en la mano y expresión de estupor y nerviosismo. No encontraba su boleto y creía que se lo había dejado en la cafetería donde había desayunado. Para allá que fuimos con el conductor recriminándole el despiste a la azorada turista. Entró en estampida a la cafetería y salió más descompuesta que antes, para revisar de repente su riñonera y descubrir por fin su boleto. De vuelta al minibús y con el conductor ya bromeando y sugiriéndola que se tomase dos cafés más, ella se disculpó y nos prometió el café a todos, y los presentes respondimos con una ronda de 'no problem', 'it's ok' y 'don't worry'.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera mitad del viaje en minibús me lo pasé hablando con las dos españolas. Amparo, 34 años, ha estado tres meses de cooperante en un orfanato pijo y católico en San Marcos, al norte del lago Atitlán,y ahora viaja con su amiga, que vino a verla hace un mes, quedándose un par de semanas ayudando a Amparo, y luego a hacer kilómetros por Guate antes de volver a España. Por eso van con esa ropa que de sólo verla me hace sudar: en España nieva sin parar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me cuentan que Guate les ha encantado, pero que la violencia les ha impresionado mucho, la machista, la extorsionista y la infantil. Un niño le dio una paliza a otro en el orfanato, enviando al derrotado al hospital, y el castigo fue decirle que no lo hiciera más y trasladarle de cuarto. Un niño y una niña de once años se besaron y casi les expulsan. Amparo y su amiga me reconocen que no comulgan con el catolicismo, que Amparo se esperaba otra cosa, pero que se quedó, imponiendo que no iría a misa ni a ningún acto religioso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También vieron como mataban a un hombre que no había querido pagar el impuesto revolucionario de la mafia local. Pasaban por allí y, tal como suena, vieron como lo mataban. Me quedo con el "¿cómo lo mataron?" amarrado a la punta de mi lengua, ahora me arrepiento de no haber liberado mi mórbida curiosidad. ¿Lo mataron a machetazos, un tiro en la nuca? Qué fallo el mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo les cuento que de todos los centroamericanos, los nicas son los más majos, claro que sí, haciendo patria. Que Nicaragua es estupendo, y más pobre que Guatemala. Que el voluntariado ha sido una experiencia tremendamente enriquecedora y que viajo solo por Guate. Me echan 20 años y se quedan bizcas cuando les revelo la verdad entre risas. Suma y sigue, el pacto que hice con el diablo sigue vigente. Si la cara es el espejo del alma, yo tengo la de un niño. No hay fallo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente se bajan todos en el aeropuerto, sólo la canadiense olvidadiza se queda en su asiento. También va para Flores, y también quiere ir a Tikal. Se llama Darlene y vive en Costa Rica desde hace tres años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cogemos el bus para Flores, de la compañía Línea Dorada, cómodo y con un reposacabezas perfecto, de esos con un poco de orejas para ladear la cabeza y dejarla ahí cómoda, sin rotura de cuello. A mí me habían dicho que llevaba ventana, pero el asiento 16 (primera vez que cojo un bus con asientos asignados desde que salí de España) es de pasillo. Darlene va un par de filas más atrás, en el lado contrario y con ventana. A mi lado se sienta un tipo con el que no entablo conversación en las ocho horas de viaje. Por sus conversaciones por teléfono descubro que es conductor de autobuses en Guatemala Ciudad, pero prefiere dormitar y escuchar su música que platicar conmigo, lo cual me place.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de una parada de treinta minutos para comer un menú extrañamente sabroso, de estar a punto de estamparnos contra una pick up que estaba maniobrando a la salida de una curva cerrada, y de un telefilm ñoño e infame y en su versión original inglesa, lo único reseñable es una niña de vestido rojo, cara totalmente maya, pelo recogido en dos moñitos con goma también roja, y zapatitos blancos con tacón. Muy mona, muy inaguantable. Se pasó las dos primeras horas del viaje, chillando. No sabía hablar, sólo sabía gritar. Números, canciones, reproches a su hermano, cualquier cosa que salía de su boca superaba cualquier nivel de decibelios permisible. Pero nadie dijo nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, cuando iba sentada y no de pie en el pasillo, lo hacía en el asiento justo detrás del mío. Patadas, la mano diminuta de repente en mi pelo, o en mi hombro, meneos del asiento. Imposible dormir, el odio saliéndoseme por todos los poros. Y los abuelos y sus padres sin remediarlo, incluso motivando su histrionismo con cuentos y sumas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de sacar la cabeza un par de veces y mirarla con toda mi furia muda, sólo me quedó hablar. Me giré y solté un hastiado “ya, por favor”. La niña me miró como si hubiera visto un fantasma. Se agarró al apoyabrazos del asiento de su abuela y metió los deditos de su mano izquierda en la boca, abierta tanto como sus ojos. A partir de entonces habló, sin chillar más. Contento y avergonzado, me di la vuelta y procuré alcanzar un sueño ya demasiado escurridizo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el viaje continuó y Darlene me confesó luego su estupefacción porque yo no lleve un reproductor MP3 para este tipo de viajes. Lo cierto es que sí es extraño, pero he desarrollado una buena capacidad para meditar y que no se me hagan tan pesados estos eternos trayectos centroamericanos. Y de repente Santa Elena nos engullió y aparecimos en la vecina Flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Flores está en medio del lago Petén Itza, en la provincia de Petén, la más septentrional de Guatemala, la que hace frontera, dibujada en línea recta y con un ángulo de noventa grados, con Belice y México. Es una ciudad turística, con un arco simple cruzando la carretera que, sobre el agua, une el pueblo de Santa Elena con este reclamo para gringos. Tiene calles estrechas y limpias, en cuesta pues la isleta es como un montículo grande, casas bajas, muchos hospedajes y restaurantes, cajeros automáticos, tiendas de artesanía, muchos negocios que montan tours para visitantes, un paseo marítimo como cualquiera de los paseos marítimos que existen en el mundo y que se autodenominan así, mucho policía e incluso militar, y un lago de nombre maya como contorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta que Darlene andaba algo revuelta y le daba apuro compartir baño, pues su primera idea era la mía, ir a Los Amigos, el único hostal para mochileros, de estos con dormitorios con varias literas. Así que optamos por preguntar en cada hotel cuánto cuestan las habitaciones dobles con baño. Al final conseguimos un buen precio (40 quetzales por cabeza, unos cinco dólares) en un hotelito que mira al lago. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cenamos por ahí y fue entonces cuando volví a verme en una de esas situaciones de las que desde hace un tiempo corto empiezo a ser consciente. No sé porqué, no sé qué impresión causo, pero me pasa mucho que gente a la que acabo de conocer, y sin borrachera de por medio, me cuenta de sopetón aspectos de su vida que son más propios de relaciones más estrechas. Y así, con un burrito contundente y un par de cervezas Gallo de por medio, me enteré de qué...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Darlene tiene 35 años y vive en la costa Pacífico de Costa Rica desde hace tres, trabajando de masajista, principalmente para surferos, y siendo propietaria, junto con una amiga y dos canadienses más, de un par de inmuebles en el país tico. Se ha hecho famosa en su zona por los masajes que da, vive bastante bien, y va reformando con poquita cosa su casa para hacerla más hogareña. Prefiere gastarse el dinero en viajes. Ahora resulta que su amiga, con la que se fue a vivir a la tropical Costa Rica desde la fría e inhóspita Canada y con la que compró las dos propiedades, se ha casado con un tico y tiene un hijo. Ahora viven los cuatro en la casa. No saben qué hacer con la casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está liada con un tico llamado King que vive en la costa Caribe, a 12 horas de viaje de donde está ellá, y que tiene 23 años. Dice Darlene que la vida le ha curtido y es más maduro que los veintegenarios habituales, que trabaja alquilando chocitas para surferos en la playa, que folla muy bien y que fuma mota como ella. Que habla el inglés suficiente "but his english is not as good as yours", me dice Darlene, y con el que va a romper cuando vuelva de este viaje. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No aguanta que él le diga que va a hacer algo y que luego no lo haga. Como llamarla, y luego se excusa por la falta de contacto en que no tiene tiempo para llamar, aunque su vida sea hacer surf, trabajar un rato, salir a pescar, fumarse un porro, sobrevivir un poco. No soporta Darlene que cuando tienen una discusión, “I don’t argue, you know, I just discuss”, me desvela, King no diga ni haga nada para al final, después de acumular toda la mierda, explote como un niño. No se ve con este chico, porque no le ve cambiar ni intentarlo, aunque él insiste en que lo hará.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Luego se enternece y me dice que no puede sentir lástima de él, que le puede ayudar, pero no para siempre, que necesita que él haga algo. Me relata que cuando le conoció, hace cuatro años (él 19, ella 31), él acababa de perder a su mejor amigo, al que le consiguió el trabajo y le dio algunas opciones después de que el padre de King dejara de querer ser el padre de nadie cuando éste tenía 10 años. El amigo le acogió entonces, y le guió un poco. Este buen samaritano empezó tejiendo hamacas y vendiéndolas, le fue bien y montó lo de las chozas donde trabajaba King, y tenía incluso lanchas para hacer tours para turistas. Había progresado, había hecho dinero, y había despertando envidias en su entorno, entre ellas la de su hermano, que un día de desesperación le disparó por la espalda. El herido consiguió llegar hasta su casa, y allí murió con su mujer y sus hijos. Como no estaba formalmente casados, el negocio de las chozas no quedaba para ella, y King temía perder el empleo. "He is in a bad moment", suspira Darlene. Yo pienso que el desdichado King lleva en un mal momento desde hace diez años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También se chulea con clientes potenciales que va a tener, tipo Gissele Bundchen, Mel Gibson o Matthew Mcconaughey, que tienen casas allá, aprovechándose de que no les conocen tanto y de que pueden llegar a sus terrenos en helicópteros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Darlene está dudando de si volverse a Canadá. Se ha dado cuenta de que en realidad no tiene gran cosa en Costa Rica. Sus amigas de allá se han casado, sino con un hombre, con la cocaína, y ella no quiere ni lo uno ni lo otro, por lo que no anda con mucha gente. Que sabe que echa de menos a su familia y a sus amigos de Canadá, y que ahora que se sabe buena masajista, puede comenzar el negocio en cualquier parte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no le digo mucho de mí, en parte apabullado por la verborrea de esta simpática y vivida mujer, en parte porque me importa tanto como a ella, prefiero que me cuente ella, es más divertido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de pagar me confiesa que tiene marihuana, que si yo fumo. Le digo que sí que me apetece, aquí en medio de un lago, en la terraza-ático de nuestro hotelito, donde encima hay tumbonas. Así que allí nos hacemos fuertes, con un lago delante y estrellas encima, un porro de mano en mano, silencio y meditación, risas sin sentido y bromas que se apagan en otro silencio que nunca es incómodo, y de repente me suelta, con el peta ya consumido: "would you like a massage? You know, I love doing massage in this kind of moments, I mean, with this sky, in an island in a lake, the frogs doing that weird noise, nothing but me...". Mi respuesta es obvia: "fucking hell, yes!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué más podia yo pedir, quién me lo iba a decir, en mi primera noche de supuesto viaje en solitario: una canadiense, experta masajista, dándolo todo en mis cargados hombros y cuello, con un peta de por medio de una hierba de estas introspectivas, de mucho pensar en quién soy y a dónde voy, con un cielo precioso y estrellas fugaces de regalo, y un lago en silencio envolviéndolo todo, como ese croar de las ranas al que se refería Darlene, una especie de gorgoteo que empezaba a la izquierda y que alguna rana, si son ranas, más a la derecha le contestaba. Qué suerte la mía, niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormí como un bendito, quedando con Darlene en que mañana íbamos a ver las cuevas, para luego ella tirar para Tikal por la tarde, que si te sacas el ticket de entrada al parque a partir de las 15.30, entras al día siguiente también. Así ve el amanecer, que es lo que más recomiendan y que sólo se puede hacer si pernoctas en Tikal, en uno de los tres carísimos hoteles que viven de eso. Ese era mi plan cuando llegué, pero creo que voy a hacer una locura mayor: un viaje de tres días ida, tres días vuelta, por el medio de la selva, a pie, con mulas de carga para la tienda de campaña, las hamacas, la comida y el agua, con un nica como guía, rumbo al norte, hacia las ruinas de El Mirador. Por una trocha abierta en la selva, en la puta selva, hacia unas ruinas que no están del todo desenterradas. Pasando por otras más pequeñas, viendo amanecer todos los días desde las diferentes pirámides que nos vamos a encontrar, y volviendo por otro camino para ver otras ruinas más. Para ver más selva. Para sentirme más Indiana. Tal vez el nica huya al amanecer con las mulas y nuestros hígados para venderlos al mejor postor, o tal vez un jaguar devore nuestras tiendas, o puede que indios en taparrabos salgan de entre la maleza disparándonos con sus cerbatanas. O puede que andemos por el medio de la selva, flipando con los tucanes y algún venado, maravillándonos con la pirámide más alta de Guatemala, deletiándonos con amaneceres en la selva, con el despertar de la jungla, con los monos, y volvamos sin percance. Me dejo doscientos dólares en la experiencia, pero tengo que hacerlo. Y al volver, hago Tikal, como lo quiere hacer Darlene, que queda en que me escribe por Facebook cómo le ha ido y qué tengo que hacer si también quiero ver el amanecer desde la gran torre de Tikal, que dicen que es otro amanecer, porque ocurre justo por encima de la pirámide que queda enfrente del templo más alto de las ruinas más visitadas de Guatemala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que Darlene se fue después de desayunar y de haber dormido en camas separadas sin nada peculiar ocurriendo en la noche, y de que me haya contado su vida en verso y la de su novio y la del hermano del amigo del alma del novio. Yo me he quedado todo el día en Flores, cambiándome a Los Amigos, con pocas ganas de relacionarme dado que mañana miércoles me voy a la selva y estoy tan ilusionado que todo lo demás me da igual. Me retraigo andando por la isla, cruzando a Santa Elena para ver un pueblo guatemalteco de verdad y echarle un vistazo a los buses que van a Tikal para cuando vuelva del corazón de la jungla, y ultimo el viaje con los del touroperador. Voy con un grupo de otros cuatro, volveremos el lunes y... quién sabe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a estar solo. La selva me espera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-6649971558702697181?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/6649971558702697181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=6649971558702697181' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6649971558702697181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6649971558702697181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/03/de-una-masajista-llamada-darlene-un.html' title='De una masajista llamada Darlene a un lugar de la selva'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-1107616154201692034</id><published>2010-03-09T21:00:00.005+01:00</published><updated>2011-05-14T11:59:38.525+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Andando por ríos de lava</title><content type='html'>Antigua es, para empezar, Patrimonio Cultural de la Humanidad, toma castaña. Es decir, es colonial, está limpia, está llena de turistas, cuenta con edificios con mucha historia (por ahí está la casa donde vivió Bernal Díaz del Castillo, el que escribió la más creíble versión de la conquista), con un parque central que ya quisieran ciudades de Europa, y con calles empedradas donde cada adoquín sobresale lo mismo que el resto. En 1776 fue devastada por el último cabreo monumental del volcán que hoy se conoce como De Aguas, imponente sobre la ciudad. Fue su erupción final para luego morir, pero decidió llevarse por delante la que entonces era capital de Guatemala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5aty3oWnYI/AAAAAAAAAJg/ot2Dhiintd0/s1600-h/SDC11530.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5aty3oWnYI/AAAAAAAAAJg/ot2Dhiintd0/s400/SDC11530.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446731888789462402" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue hasta la década de los '60 del siglo pasado cuando se decidió reformar la ciudad y dejarla como la vemos hoy día, bautizándola, claro, como Antigua Guatemala. Desde entonces, pasear por Antigua es, por un lado, asombrarse con sus edificios medio en ruinas, medio restaurados, de la época de la colonización (Casa de Gobernación, iglesias, casas de nobles…), y por otro lado, olvidarse de que estás en un país de los llamados pobres. Miles de comercios, pero miles, y la mayor parte enfocados al turista. La competencia entre las agencias que organizan tours por los alrededores es infinita. Hay tantos hoteles, albergues, hostales y casas de huéspedes que parece increíble que queden sitios para las casas comunes de los lugareños. Hay cafeterías, restaurantes, pizzerías, discotecas, un Burger King, un Pizza Hut, comida china, y, en algún rincón, comedores típicos guatemaltecos, donde los lugareños comen y los turistas no entran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las primeras cosas que me llamaron la atención en Antigua fue un local con un gran anuncio que decía "Thinking about running your own business in Antigua? Ask here for locals to rent". Cada blanco es un símbolo de dólar andante, pero no sólo para los guatemaltecos, sino también para otros gringos ávidos de hacer dinero en un lugar en el que éste no existe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de todo eso está el mercado, el normal y el de artesanía. El normal, el auténtico, es de lo mejorcito. Entrar en él y acordarse del de Granada supone entender que Granada es lo más falso que existe. Esto sí es un mercado. La mayor parte de los puestos están atendidos por mujeres que tienen al español como segundo idioma. El suyo natal, el que ellas mismas llaman "lengua", es incomprensible, es puro nativo, es un regalo para los oídos. No entender nada, por fin, de nuevo (tras mi experiencia en el Caribe, todo, en inglés y en español, es comprensible) es muy gratificante. Es volver a sentirse tonto en tierra de nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres en Guatemala, las que son de este precioso país, visten a la forma tradicional, no para ser reclamo de turistas encadenados a una cámara de fotos, sino porque es su tradición y cultura. Faldas largas de hilo y camisas a juego, todas con bordados, y probablemente un niño metido en una tela que atan en sus hombros para que el mozalbete sueñe en la espalda de su madre. El pelo, negro y lacio y recogido en coleta o en un moño, o en una trenza que enmarca su cabeza al estilo princesa Leia, y la cara tostada y resquebrajada por el sol, con ojos grandes y de obsidiana. Ahora entiendo que en Nicaragua, sin contar el Caribe, que eso era otro país, no hay un solo indígena o descendiente de. Aquí, en cambio, ves a la legua quien tiene sangre de mayas y quién no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5axJSpBNBI/AAAAAAAAAJo/rQw3SIG1LXM/s1600-h/SDC11515.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5axJSpBNBI/AAAAAAAAAJo/rQw3SIG1LXM/s400/SDC11515.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446735572532016146" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercado es un enjambre de puestos, con todo tipo de frutas, verduras, ropas, golosinas y artesanías. La artesanía guatemalteca es de la mejor que he visto, muy trabajada, muy valorada, muy barata. Irse del mercado sin comprar nada es harto difícil. Acarrear luego todo lo que has comprado es peor todavía. Acongojado porque todavía no tenía hamacas para colgar aunque sea en el pasillo de casa (¿cómo he podido vivir tanto tiempo sin hamaca, por Dios?), decidí comprarme dos allá. El chavo empezó diciéndome que una eran 180 quetzales. Le saqué las dos por 200, y fue más fácil de lo que parecía. Creo que, por mucho que regateé, por mucho que crea que he cerrado un buen negocio, me están dando el palo. Seguro. También me compré un ajedrez pequeño, hecho de pura roca, de fichas evocando runas mayas, uno de esos ajedreces que luego entiendes que sólo son decorativos porque resulta complicado acordarse de quién es el alfil y quién la reina. Souvenirs.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como somos así de intrépidos (es decir, unos gringos flipados), comimos en el mercado, en un lugar donde sólo había guatemaltecos comiendo y voceando en su idioma incomprensible. Nos sentamos a una mesa con una mujer y su hija de unos diez años, provenientes de Ciudad de Guatemala. Nos cuenta la mujer que viene al mercado tres días a la semana a vender libros y cuadernos escolares infantiles, y que su hija le ayuda. Nos pregunta de dónde somos, qué hacemos acá, lo típico. Le contestamos eso, lo típico, mientras nos zampamos un caldo de res con maíz, zanahoria, yuca y un vegetal verde desconocido, todo por supuesto acompañado por muchas tortillas de maíz. El precio es tan ridículo que ni me acuerdo. El sabor es tan rico que no sé describirlo, sólo se salivar cuando hablo de aquello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera noche nos juntamos con Rachel, una amiga de Tom, que había estado tres meses en Guatemala antes de su experiencia en La Prusia. Fuimos a unos cuantos locales de fiesta en Antigua. Odié el primero, me encantó el segundo. El primero era el típico garito que puedes encontrar en cualquier parte, con sus porteros con cara de gorila y seso de lombriz, cacheándote y sin dejarte entrar fumando. En la barra, alguna chica mirando mucho, muchos bebedores solitarios, y algún bailongo dándolo todo. Es el típico sitio en el mascas los problemas. Nos tomamos un par de cubalibres, muy rebajados, vimos como Tom y Rachel bailaban salsa, y salimos de allí, despotricando contra un antro como ese. El segundo era un patio interior, con un grupo tocando salsa, buen ambiente y rollito relajado. Algo más turístico, pero mucho más apetecible y acogedor. Y fue aquí donde Rachel me explicó que en Guatemala existe ley antitabaco y son muy estrictos con ella. Atontado, sigo sin entenderlo muy bien: no hay reductor de humos en los coches, no tienen energías renovables, las ciudades típicas (Antigua no lo es, recordemos que lleva el escudo de la UNESCO para protegerse de la penuria del país) están sucias, la basura se quema sin separar, los plásticos arden en pueblos pequeños, pero no se puede fumar en el interior de ningún local de Guatemala. Me cago en todo me cago. Y yo con mi tabaco Payasos (cómo no comprar un tabaco con ese nombre), sin poder fumar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los domingos en Antigua hay procesiones, los fieles se visten con túnicas como las de Semana Santa y desfilan por varios rincones de la ciudad. Nosotros nos lo perdimos. Creo que antes de volver a España haré una nueva parada en esta próspera ciudad. Porque lo que decidimos hacer al día siguiente fue... escalar un volcán que está en constante erupción. Con dos cojones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El volcán Pacaya tiene algo más de 2.000 metros de altitud y la última vez que explotó de verdad fue en el 2000. En 2005 la fuerza de la naturaleza se dejó ver de nuevo, pero no fue para tanto. Hoy día puede verse el río de lava solidificado que quedó como recuerdo de aquella última combustión. Pero todos los días, y con esto quiero decir, a todas putas horas, hay lava saliendo a chorros de diferentes cráteres. Nuestro guía, un risueño y fornido personaje llamado Nelson y que me llamó España todo el camino, vive en San Francisco de Sales, un pueblecito alejado unos cuatro kilómetros del volcán. Le pregunté si es seguro vivir en un lugar como ese, tan cerca de Mordor (porque eso es Mordor, Frodo y sus colegas no tenían ni puta idea), y su única respuesta fue un encogimiento de hombros y un "bueno, estamos acostumbrados". Supongo que es difícil hacerse a la idea de lo que estoy diciendo, pero tened presente que en el rato que estuvimos por ahí, unas cinco horas, oímos unas diez explosiones, con su lluvia de rocas correspondiente. Al principio sentías un escalofrío, pero veías a los caballos tranquilos y al guía como quien oye llover y al final cada explosión era simplemente motivo de mofa. Cuando la erupción del 2.000, la lava bajó la ladera durante tres días. "Quince días más, y Nelson no vive", comentó el guía. Lo más jodido es que lo dice de verdad, porque no me imagino al pueblo siendo evacuado, sino siendo presa de una resignación brutal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la subida, Nelson nos iba explicando cositas, hablando español muy despacito, pues no sabía inglés. Nos señaló una planta geotérmica de la que sacaban energía, robándosela al volcán. Mediante dos turbinas de kilómetro y medio de profundidad extraían vapor para transformarlo en 25 megavatios de energía por hora. También nos señaló una laguna de agua caliente, potable, que servía para hidratar a 18 pueblos del entorno. Además, nos explicó que por ser el suelo rico en potasio y sin nada de fósforo, se pueden plantar muchas frutas allá, además de café. Es decir, de este volcán sacan beneficio de tres formas: turismo, energía, comida y agua pura. En Masaya, el volcán activo que visité en Nicaragua, sólo explotan el lado del turismo. Les queda tanto por hacer a los nicas. James apuntó que tal vez sea por falta de inversión extranjera en Nicaragua. Sea lo que sea, el caso es que de la energía que puede proporcionar un volcán, los nicas no la aprovechan de ninguna manera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También pasamos por delante de unos cuantos árboles de Hormigos, de los que sacan la madera para hacer la marimba, ese instrumento típico y ancestral, como un xilógono gigante, tocado por unos cinco tipos a la vez y con los que hacen ritmos de cumbia, salsa y algo parecido al blues. Está en peligro de extinción, supongo que por las hormigas, pues ya nadie toca marimba, ahora se lleva bachata, merengue y reggaeton. Qué desgracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestro grupo íbamos el escocés James y yo (Tom ya había estado en Pacaya y se quedó en Antigua, a juntarse de nuevo con Rachel, que está bastante buena, la cabrona, y yo con este hambre), además de una inglesa de cara de niña, unas suecas demasiado suecas y un australiano con ganas de ser aborigen. Iba éste tocando una flauta, bajo su sombrero de ala corta y sus rizos a lo Bisbal, andando por entre las piedras volcánicas haciendo sonar su flauta. Nuestro grupo, bautizado por Nelson como Águilas, era el más molón, qué duda cabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por ahí andamos, por una montaña negra, con un atardecer espectacular poniéndose detrás del volcán de Aguas, mucho más grande que el Pacaya, pero dormido, aburrido, y con nuestros palos que nos vendieron en San Francisco de Sales unos niños pesados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5atyCF6PII/AAAAAAAAAJQ/0T7-PyRAVCY/s1600-h/DSC00682.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5atyCF6PII/AAAAAAAAAJQ/0T7-PyRAVCY/s400/DSC00682.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446731874417917058" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los palos es más fácil subir, pero no son necesarios. Los niños, viendo que era el único que hablaba español entre tanto gringo, me acosaron un rato. Al principio era un bastón por cinco quetzales, pero conseguí dos por cuatro. Al que más insistía le pregunté si cuando el subía al volcán lo hacía con palo, y su respuesta fue una risa traviesa, y después de eso fue fácil regatearle el jodido palito. No era tan necesario al final, pero siempre es divertido meter el palo en la roca y ver como arde en cuestión de milisegundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5atxRi6iyI/AAAAAAAAAJA/exlQXn9Hh0o/s1600-h/DSC00666.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5atxRi6iyI/AAAAAAAAAJA/exlQXn9Hh0o/s400/DSC00666.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446731861386234658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He estado tan cerca de lava que mis botas se derretían, mi palo ardía, y mi mano podría haber tocado la lava si eso no hubiera supuesto perder los dedos. Ver la lava es como ver el mar por primera vez. Es conocer lo que hay bajo el suelo que pisamos, es asumir que nuestro planeta está vivo y que como se enoje de verdad, vamos a flipar. Borbotones de fuego líquido, la tierra rompiéndose por la furia del volcán, las rocas en vuelo vertical, el calor a más de 2 kilómetros de altura, y yo allí para olerlo, verlo, recordarlo por siempre, encenderme un cigarro con un trozo de lava agarrado con el palo, como Cocodrilo Dundee, o algo así. No podré fumar en vuestros bares de mierda, pero lo haré en el techo del mundo, un techo caliente y que se derrite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5atx6wnw0I/AAAAAAAAAJI/h7igTh07vFk/s1600-h/DSC00663.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5atx6wnw0I/AAAAAAAAAJI/h7igTh07vFk/s400/DSC00663.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446731872449577794" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5atyYBAidI/AAAAAAAAAJY/Df-tJj0cJB4/s1600-h/DSC00671.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5atyYBAidI/AAAAAAAAAJY/Df-tJj0cJB4/s400/DSC00671.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446731880302938578" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la bajada, una de las suecas, fotógrafa, claro, se cayó al pisar mal entre las rocas intentando tirar una foto. Más preocupado por el objetivo de su Nikon que por su crisma, se levantó con unos pocos rasguños. Podría haberse abierto su rubia cabezota contra las escarpadas rocas, o tal vez haberse caído por una grieta y arder hasta morir. Pero no, sólo fue una caída aburrida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vuelta a Antigua, a pasar mi última noche en compañía de un yanki simpático y gracioso y de un escocés callado y despistado. Ahora tocar viajar solo, primer destino Flores, y de ahí a las ruinas de Tikal. Ahora que veo la soledad como un yugo que me martiriza, he decidido viajar solo. No querías sopa, pues toma tres tazas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-1107616154201692034?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/1107616154201692034/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=1107616154201692034' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/1107616154201692034'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/1107616154201692034'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/03/andando-por-rios-de-lava.html' title='Andando por ríos de lava'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5aty3oWnYI/AAAAAAAAAJg/ot2Dhiintd0/s72-c/SDC11530.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-2056346593140229734</id><published>2010-03-08T22:06:00.005+01:00</published><updated>2011-05-14T11:59:27.922+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>En casa de la dinastía Yax Kuk Mo</title><content type='html'>Amanecemos con calma, que no hay prisa, tenemos todo el día para dedicárselo a las ruinas, y con nuestros cuerpos intactos, que nuestra imaginación está más corrupta que esta gente. Al final la oferta que nos hicieron era sólo eso, una buena oferta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buscamos un sitio para desayunar, nos ponemos hasta el culo, e iniciamos el paseo hasta las ruinas, ubicadas a kilómetro y medio del pueblo. Por el camino nos encontramos ya con estelas mayas, bordeando la carretera. Miden dos metros y sólo son un anticipo de lo que nos espera. Tom, que ya ha visto las ruinas de Tikal, espera que éstas de Copán le decepcionen. A mí las estelas ya me han puesto las pilas. El espíritu de Indiana al principio de El arca perdida está en mí. Sólo necesito tipos en taparrabos disparándome con sus cerbatanas, pues las esculturas mayas ya se me han aparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidimos visitar primero el museo, al que se accede por un túnel cuya entrada está presidida por la mandíbula de una serpiente tremenda, como si estuvieras entrando en sus fauces. Los mayas consideraban que por sus túneles se accedía al inframundo, y que éste estaba custodiado por animales mitológicos. Sólo los grandes guerreros volvían de su interior con vida y ganas de contarlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el museo guardan una reproducción de Rosalila, un templo que se conservó en el interior de una de las pirámides y que no se puede visitar en estos días. Nos tendremos que conformar con la reproducción, a tamaño real, majestuosa, impresionante, gigantesca, dedicada al dios sol y al cultivo del maíz. El original conserva su color rojo, y lo que tenemos delante está muy logrado. Aunque sabemos que es de cartón piedra, nos quedamos estupefactos. Estos mayas sabían lo que hacían, sin conocer el hierro para picar la roca y esculpirla. Genios del pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5LvQLSTC_I/AAAAAAAAAIY/5rTy7MCXdpE/s1600-h/SDC11430.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5LvQLSTC_I/AAAAAAAAAIY/5rTy7MCXdpE/s400/SDC11430.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5445677960630832114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El museo tiene fundamentalmente dos partes, el inframundo y la dedicada a la fertilidad. En la del inframundo hay muchas estelas de los reyes de la dinastía Yax Kuk Mo, que reinó hasta el S.IX de nuestra era. Luego fue desapareciendo por luchas tribales, y cuando llegaron los conquistadores ya sólo quedaban las ruinas. No fue hasta el S.XVII que se empezó a documentar bien este lugar que ahora hollamos nosotros con nuestras deportivas y nuestros vaqueros. Un murciélago con unos cojones tremendos (qué capacidad para esculpir tenían estos tipos) y muchísimos glifos abundan en el museo. Copán tiene la mayor cantidad de jeroglíficos descubiertos en ruinas mayas, sobre todo en la escalinata de la pirámide principal, que nos espera en un ratito. Vemos la entrada a la casa del escribano, parte de un calendario maya, bancos esculpidos y parte de un arca con los perfiles de los catorce monarcas esculpidos. Esto es sólo el aperitivo, y a Tom se le empieza a quitar de la cabeza una posible decepción. Salimos del museo y nos encaminamos hacia las ruinas por un sendero que serpentea por el medio de un trozo de selva con lianas y guacamayas, de las que en España vemos en jaulas o en reproducciones de peluche. Pueblan las ramas encima nuestro y pasan olímpicamente de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a las ruinas, primero a una explanada rodeada por gradas de piedra, con varias estelas protegidas por techos de zinc y que aún conservan restos de policromía. Los reyes representados van ataviados con plumas, agarran serpientes, en sus calzones tienen representados el disco solar en sus diferentes fases, y en su base se cuentan algunas de sus hazañas. Vamos sin guía, que era muy caro, y en algún momento nos arrepentimos, pero la verdad es que este lugar habla mucho por sí solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un extremo de las ruinas está conservado magníficamente un lugar donde los mayas jugaban al juego de pelota. Tres pirámides, una escalinata alucinante, varias moradas de nobles, cabezas de ancianos talladas en piedras gigantes (los mayas creían que los ancianos sostenían el mundo, que era como un gran cocodrilo), rocas redondeadas imitando al sol y con canalones por los que circulaba la sangre de los sacrificados… cualquier cosa que intente escribir serían relatitos de niño chico alucinado por el poder de esta gente que dejó de existir pero dejó un legado para la posteridad. Ninguna de nuestras construcciones de ingeniería durará ni la mitad de lo que han durado estas pirámides. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5Lwx0sjCRI/AAAAAAAAAIo/MzXGjWs3rkc/s1600-h/SDC11457.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5Lwx0sjCRI/AAAAAAAAAIo/MzXGjWs3rkc/s400/SDC11457.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5445679638194096402" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5Lwxa1DrdI/AAAAAAAAAIg/9g8xnsEJxcE/s1600-h/SDC11453.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5Lwxa1DrdI/AAAAAAAAAIg/9g8xnsEJxcE/s400/SDC11453.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5445679631250468306" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subiendo a una de ellas nos encontramos una serpiente de unos dos metros. Nos unimos a unos hondureños entusiastas que quieren que se mueva y la tiran piedras. Finalmente termina deslizándose hastiada a ocultarse bajo unas piedras, y su contorneo reptante nos embelesa a todos. No muerde, pero estrangula, aunque no es una boa. Dicen los lugareños que por las noches mata ciervos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5LzN5mhVlI/AAAAAAAAAIw/Wl33tQftB7M/s1600-h/SDC11470.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5LzN5mhVlI/AAAAAAAAAIw/Wl33tQftB7M/s400/SDC11470.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5445682319570589266" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de sentirnos mayas un rato, después de que Tom reconozca que este lugar le ha impresionado tanto como Tikal, nos alejamos de un mundo en ruinas y cogemos un taxi de esos de tres ruedas de vuelta a una civilización que tiene mucho que envidiar a aquellos tipos que vestían con plumas y comían corazones humanos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos escalado pirámides que se construyeron hace más de mil años. Hemos visto jeroglíficos que cuentan historias que no nos creeríamos si las entendiéramos. Nos hemos tumbado en las camas de los nobles, dura piedra pulida sobre la que seguramente pondrían pieles o paja. Nos hemos topado con serpientes, guacamayas y tucanes que han tenido el detalle de dejarse ver. Hemos contemplado el inframundo y vuelto para contarlo. Hemos pisado piedras que originariamente no estaban aquí pero los afanados mayas transportaron para levantar un lugar majestuoso. He visto mis primeras ruinas mayas y ahora sé que quiero verlas todas, no en este viaje, pero volveré, al Yucatán, a donde sea, al medio de la selva para comprobar cómo unos hombres que fueron considerados salvajes distaban mucho de serlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy me he sentido viajero de nuevo, aunque por la noche he reservado el vuelo para España, porque sigo pensando que tengo que volver, es una sensación, algo me dice que tengo que regresar. Estoy cansado, ilusionado por hollar tierras mayas, pero cansado. No puedes ver un mundo antiguo con agotamiento. No diré cuando vuelvo porque, como los mayas, quiero ser un misterio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-2056346593140229734?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/2056346593140229734/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=2056346593140229734' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2056346593140229734'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2056346593140229734'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/03/en-casa-de-la-dinastia-yax-kuk-mo.html' title='En casa de la dinastía Yax Kuk Mo'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5LvQLSTC_I/AAAAAAAAAIY/5rTy7MCXdpE/s72-c/SDC11430.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-7101188779088855921</id><published>2010-03-07T00:07:00.004+01:00</published><updated>2011-05-14T11:59:17.716+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>En busca de los mayas</title><content type='html'>De Tegu a las ruinas de Copán, que es parada obligatoria para cualquiera que deambule por Honduras. Nos perderemos la provincia de Lempira, con la ciudad de Gracias y con las comunidades indígenas como principal reclamo, y no pasaremos por el Caribe, donde Tela y Ceiba son ciudades de postal, pero Copán estaba marcado en nuestra ruta y la vamos a cumplir, al menos de momento. Así que nos armamos de valor y paciencia y nos vamos a por el bus que nos llevará a Copán, al norte de Honduras, a 12 kilómetros escasos de la frontera con Guate. Son unos 150 kilómetros, distancia que en España se recorre en menos de dos horas, pero que aquí se dilata hasta las ocho horas, haciendo escala en La Entrada. Hay que estar muy motivado para este tipo de trayectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las 8 estábamos en la terminal de la Sultana de Occidente, compañía que hace el recorrido hasta La Entrada, lugar famoso por ser centro neurálgico del tráfico de cocaína. Compramos el boleto, desayunamos unas baleadas, plato típico guatemalteco (tortillas de maíz con mantequilla, puré de frijoles, huevos y un trozo de queso) y nos encaminamos al bus. De camino me intentan vender un taburete, qué cosa más absurda. Le digo al tipo que no, que llevarlo hasta España sería una odisea, a falta de una excusa mejor. Pero él se empeña en demostrarme que es ligero. Mientras, otro me pide un dólar, y le digo que no. Insiste diciendo que es para beber, y yo le respondo que justo por eso no se lo doy. Entonces cambia su versión diciendo que lo usará para comer. Me río con ganas y le dejo con la mano abierta delante de mí. Nos encaramamos al autobús, que no es de los escolares yankis, es un autobús de ruta de los que vemos cada día en España. Ocupo un asiento junto a la ventana y compruebo que va a ser difícil dormirme. El respaldo no se reclina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a mí se sienta un tipo &lt;span style="font-style:italic;"&gt;chele&lt;/span&gt;, es decir, blanco, con gorra de marca, pelo teñido y bolsito a juego con los pantalones. Se duerme a los dos minutos de arrancar y se espatarra de tal manera que su rodilla derecha invade mi espacio. Mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La carretera está en obras, toda ella, es decir, todo el trayecto vemos obreros asfaltando, arreglando o poniendo quitamiedos de hormigón, dándole a la pala o al martillo neumático, con sombreros o gorras, siempre con la cabeza cubierta, como casi todos los hondureños que he visto hasta ahora. La primera montaña que ascendemos tiene dos fallas tremendas, media carretera se ha desmoronado por la ladera. En el periódico La Tribuna que se ha comprado James leo que la falla de la carretera de Danli a Tegu (por la que vinimos hace tres días) está en tan penosas condiciones - también tiene una falla demencial que la convierte en una carretera de un solo carril, aunque conserva los dos sentidos - por culpa de la constructora que se encargó del proyecto, y que es española. El pie de foto dice "La nefasta actuación de la empresa española X ha dejado la carretera de Danli casi inservible". No siempre compensa facilitar la inversión extranjera. El caso es que en esta carretera, para sortear una de esas fallas (no quiero imaginar cómo debe ser ir conduciendo y que se hunda la carretera bajo tus neumáticos) hay que invadir el carril contrario, por lo que los obreros van deteniendo el tráfico en cada sentido en intervalos de quince minutos. Cuando llegamos a esa falla nos toca a nosotros esperar, así que allí estamos, en medio de ningún sitio, rodeados de un paisaje de pinos, esperando a que nos den el visto bueno para avanzar nosotros y que esperen los que bajan por la ladera. Detenidos en nuestro ascenso, nos vemos asaltados por vendedores ambulantes, con todo tipo de comidas y bebidas. A saber cómo se han enterado de que es en este punto donde se detiene el tráfico, y hasta aquí trasladan sus viandas para venderlas a los desesperados conductores y pasajeros. Toda esta escena, con un mercado ambulante improvisado en la nada, me recuerda a ese pasaje de Ebano, de Kapucinski, donde los africanos hacen lo mismo aprovechándose de un boquete en la carretera, llegando a crear un pueblo en torno a él, porque nunca lo reparan, y los conductores tienen que aminorar la marcha hasta detenerse, y se convierten en clientes. No soy Kapucinski, no estoy en África, pero el mundo es demasiado pequeño para no acordarme del polaco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esperamos pienso de nuevo en las diferencias entre Honduras y Nicaragua. En Nicaragua no vi obras públicas efectuándose en ningún lugar, ni tantos obreros con chalecos reflectantes (¡con chalecos reflectantes!) trabajando juntos. Camiones hormigonera, grúas, martillos automáticos, cables tendidos entre las ramas de los árboles para llevarles electricidad a los obreros, excavadoras... nada de eso vi en Nicaragua. Incluso hay obreros que miran como trabajan sus compañeros, vagueando, como en España, donde uno trabaja y miran diez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reanudamos la marcha y se despierta mi vecino, al que he conseguido doblegar a base de ligeros empujones en la rodilla para que no termine yo formando parte de la ventana. Decide que es momento de hablar conmigo, aunque yo estaba esforzándome para dormir. De la conversación destaco tres cosas: que es músico, cantante del grupo de merengue La Gran Banda; que ha hecho giras por Europa y que no le gustan las pizzas italianas, prefiere las del Pizza Hut; y que los españoles les hicimos un gran favor cuando les colonizamos. Atónito ante esta última declaración le doy coba para que se explique. Me dice que en Santa Bárbara, una zona del Pacífico hondureño, tiene las mujeres más bonitas del país. Me explica que la razón de su belleza es que allá se mezclaron mucho los españoles con las indígenas, dando a luz a una nueva raza de gente, con mujeres bellísimas. "Si no fuera por ustedes los españoles, seguiríamos teniendo esos rangos indígenas tan feos. Gracias a ustedes, ahora somos más guapos". Es decir, lo mejor de la conquista salvaje que hicieron Alvarado y sus colegas se limita a las mujeres guapas que vemos hoy día. Estupefacción, pues al principio pienso que me está vacilando, pero habla en serio. Nunca pensé que la conquista tuviera nada de bueno para esta gente, pero mira tú por dónde que me acaban de descubrir una bondad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así continuamos el trayecto, dejando atrás muchas industrias, de esas que escasean en Nicaragua, y conversando con Carlos, que así se llama el cantante, al que no le gustan los mejicanos pero sí los europeos, que tienen sus ciudades muy limpias. Yo le digo que a mí me gusta más la cultura de estos lares, que en Europa vivimos subyugados por el tiempo, por el reloj. Le importa poco lo que le digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente llegamos a La Entrada, y al poner un pie en el asfalto y muriéndome por un cigarro, aparece un tipo gritando "Copán Ruinas, el último bus". Enciendo el cigarro, le doy tres caladas, espero a que Tom y James se suban, le doy otras tres caladas, lo tiro al suelo, lo piso maldiciendo, y de nuevo en camino. Otras dos horas, esta vez en un bus escolar de esos que me encantan, para hacer los 60 kilómetros que nos separan de las primeras ruinas mayas que veré en mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El paisaje es hermosísimo. Montañas y bosques, bosques y montañas, y la carretera por la que circulamos uno atisbo de desarrollo. Los pueblos por los que pasamos viven de esa carretera, con muchas pulperías, y todos los varones, o casi todos, llevando sombreros blancos de ala ancha, sentados a la vera de la carretera o a caballo, mirando pasar la vida o trabajando del campo. Y nosotros les vemos y les dejamos de mirar en unos segundos, porque sólo estamos de paso, y ellos no experimentarán nunca lo que es eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5L0RkL8DaI/AAAAAAAAAI4/PedNurhsRtc/s1600-h/SDC11429.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5L0RkL8DaI/AAAAAAAAAI4/PedNurhsRtc/s400/SDC11429.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5445683482053053858" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Copán, poniéndome la mochila sobre los hombros y a punto de encenderme un cigarro, joder, que quiero fumar, maldita sea, me vuelven a asaltar, esta vez de dos en dos. Que si este hotel es mejor, que vénganse conmigo, que se lo dejo a cuatro dólares por cabeza, que les ofrezco paseos a caballo, que bienvenidos a Copán, que no le hagan caso a ese que yo llegué primero y mi hotel tiene Internet gratis, que además os vendo maría, que soy el contacto para todo en esta ciudad, que síganme que yo los acomodo. Termino espantándolos con un "acabo de llegar, déjenme sentarme con mis amigos y nosotros decidiremos donde vamos, por favor". Me hacen caso, pero sólo en lo que respecta a alejarse dos pasos, escrutándonos con la mirada, esperando a que les hagamos una seña. Finalmente optamos por hacernos los duros y les decimos que nos vamos a dar una vuelta, que queremos ver hostales por nuestra cuenta, que ya les diremos algo, que no se enojen porque no les prometimos nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Copán es un pueblecito de muchas cuestas, parecido a Chinchilla. Todas las calles son empedradas y hay mucho turismo. Hay taxis de tres ruedas por doquier, sufriendo para subir las cuestas cargando turistas, y muchas pick ups poderosas de los lugareños. Hay muchos hoteles, muchos hostaluchos, demasiadas tiendas de regalos e incluso varias agencias de viajes. Es un lugar próspero, con las calles limpias y plantas en los balcones. El parque central esta encementado, tiene unas jardineras pulcras y hombres que se esconden bajo sus sombreros blancos sentados en bancos de piedra, como en cualquier pueblo de España al atardecer. Algunos jóvenes nos miran sin interés, otros nos ofrecen más maría y los guardias armados de los bancos ni siquiera nos ven pasar. Sólo somos otros mochileros con ganas de ver ruinas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras mucho preguntar concluimos que la primera oferta que nos hicieron es la mejor, tal vez incluso demasiado buena. Cuatro dólares por persona para una habitación triple, con tele por cable, baño privado e Internet gratis. Somos desconfiados porque el mundo así nos ha enseñado, aunque muchas veces nos equivoquemos, porque la gente buena existe, y el interés comercial también. Seguimos al primer joven que nos importunó y que insiste en venderme maría aunque yo le digo que no, que yo sólo quiero ver ruinas y tomarme unas cervezas. Se llama Freddy Jose y me responde que le da igual cómo le llame, si Freddy o Jose, mientras le invite a un fresco. Nos conduce al hostal Mar Jenny, donde todas las mesas del comedor están llenas de sombreros blancos devorando una cena. Subimos a ver la habitación, que es lo prometido, y encima hay agua caliente. Pasamos por delante de una pequeña terraza con tres hamacas, el lugar de esparcimiento del hotel y comprobamos como la mayor parte de las habitaciones están libres. James comenta que toda esta situación le recuerda a la película Hostel, la de Eli Roth, esa aberración gore en la que unos ricos muy ricos de Europa del Este se dedican a torturar a mochileros que caen en sus redes atraídos por precios demasiado buenos y hoteles demasiado encantadores. Luego se despiertan amarrados y con una pierna de menos. Pero decidimos que correremos el riesgo, que la mujer que estaba en recepción no tiene pinta de asesina y que el tal Freddy habla demasiado para ser el eslabón de una mafia. No insiste en venderme maría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos vamos a cenar por ahí, más baleadas por favor, aunque yo no toco el puré de frijoles, que estoy hasta los cojones de ellos, de todo lo que se parezca a una judía pinta. Guiados por la Lonely Planet nos dejamos caer en el Vía Vía, un hostal lleno de gringos y en el que sirven cervezas belgas porque los dueños son de allá. Pero nosotros queremos Imperial, que Marlon nos introdujo al producto nacional y nos ha gustado. Nos tomamos tres, vemos como dos orientales intentan ligar con dos rubias sin éxito ninguno, planeamos el día de mañana, ruinas por fin, y nos vamos al hotel, a descansar, que ocho horas en autobús dejan baldado a cualquier gringo. En la tele echan Goodfellas y oigo por primera vez a Joe Pesci en su lengua natal. Me arrepiento tanto de haber visto tantas buenas películas dobladas. Nos dormimos descojonados por los pedos que Tom y yo somos incapaces de retener y por la teoría de James de que nos despertaremos en pelotas y atados a un poste con dos gordos psicópatas decidiendo qué miembro cortarnos primero. No hemos vuelto a ver a Freddy, o a Jose, y no le he invitado al fresco. Tal vez mañana en vez de ver ruinas mayas protagonicemos un sacrificio maya.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-7101188779088855921?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/7101188779088855921/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=7101188779088855921' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7101188779088855921'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7101188779088855921'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/03/en-busca-de-los-mayas.html' title='En busca de los mayas'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/S5L0RkL8DaI/AAAAAAAAAI4/PedNurhsRtc/s72-c/SDC11429.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-249228604691618417</id><published>2010-03-05T23:19:00.004+01:00</published><updated>2011-05-14T11:59:06.784+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Cristo está cerrado</title><content type='html'>El segundo día en Tegu comenzó al estilo yanki. Desayuno en Dunkin Donuts, que tienen wifi, y que está situado enfrente del Hospital Escuela, por lo que la mayor parte de los clientes son estudiantes de medicina. Batas, libros, tarjetas de acreditación y tres gringos, todos rodeados de donuts multicolores y cafés en vasos de plástico. Por un momento nos da la sensación de que estamos al otro lado del Atlántico, o en cualquier lugar de los inmensos Estados Unidos. Leemos correos, le echo un vistazo a El País y volvemos a las calles de la capital de Honduras, que resulta que ya tiene un presidente reconocido por todos, Nicaragua incluida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvemos a casa de Marlon justo antes de que llegue Silvia, ataviada con la camiseta del equipo de Honduras, que la quiero, la camiseta, digo. Nos montamos en su coche, automático, como todos, y vamos en busca de algún lugar en el que ver este partido que se presupone aburridísimo. Veo a mucha gente con la camiseta albiceleste del combinado nacional, incluso algunos coches llevan la bandera asomando por la ventanilla. Es sólo un partido amistoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un lugar donde hacen pupusas y que queda cerca de la Casa Presidencial nos acomodamos para ver el partido. Honduras termina perdiendo 2-0 contra los turcos, que no irán al mundial, pero que son mucho mejores que los catrachos, que es como se conoce a los hondureños (y así me entero de que a los nicas, fuera de Nicaragua, les llaman mucos). Decepción en la cara de Silvia, total aburrimiento en la de Marlon. Volvemos a casa de nuestro anfitrión, habiendo comido ya y sin saber qué hacer por la tarde. Marlon nos dice que él tiene que irse a la universidad a arreglar unos papeles, tarea titánica pues están en huelga. Decidimos encontrar la manera de subir al Cristo que domina la ciudad. Marlon nos da unas explicaciones confusas, pero nos creemos auténticos viajeros y nos ponemos en marcha. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Tegu hay unos taxis que hacen un recorrido fijo, los colectivos. Por 12 lempiras nos llevan al centro, y allí nos toca buscar el autobús que nos suba a El Picacho. Deambulamos un rato, pasamos por el Teatro Nacional en el Parque Herrera y tras preguntar un par de veces encontramos el autobús en cuestión. Está al lado de un mercado cochambroso con mucha zapatería y de un río en el que sorprendéntemente unos cuantos críos buscan oro. Creo que los españoles les despojamos de toda opción de encontrar siquiera una pepita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El autobús es un minibús hecho a la medida de los centroamericanos, es decir, con el techo muy bajito. Corriendo el riesgo de sufrir una tortícolis, nos metemos en el barullo del tráfico de Tegu. El que más pita es el que más mola. Sorteamos coches, arañamos aceras, esquivamos peatones, frenamos en seco, aceleramos haciendo chirriar las ruedas, y algunos asientos se van quedando libres y conseguimos aposentar nuestros culos en ellos. El chavalo que recoge la plata (8.50 lempiras el trayecto, baratísimo) me promete avisarme en la parada que está más cerca del Cristo. En comparación con Nicaragua, el chavalo va gritando paradas que puedan interesar, por lo que no hay que estar tan atento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ascendemos por una carretera sinuosa, pasamos cerca de embajadas y casas de auténtico lujo, todas ellas con todo tipo de medidas de seguridad, y las chabolas se desperdigan por doquier. Finalmente el chavalo grita El Picacho, le miro, me asiente con la cabeza, y nos bajamos en una curva donde hay una venta y un camino de tierra que se mete hacia un parque. El Cristo está en un parque natural enorme, con un zoo, con unas vistas increíbles y con nadie en los alrededores pues son las 16.00 y cierran a las 17. Al llegar a la puerta de entrada nos informan de que el Cristo está cerrado, lo que supone un motivo de mofa para nosotros: y yo que creía que Cristo estaba en nosotros, en todos nosotros, y aquí está cerrado. Tom improvisa las primeras estrofas de una canción: "we went to see the Jesus, and the Jesus was closed". Y así vamos andando por un parque que tiene toda la pinta de ser reclamo para domingueros, con bancos y mucho espacio para hacer el cabra, barbacoas y columpios y miradores. Ascendemos hasta ellos, con el Cristo destacándose a nuestra izquierda. No podemos entrar hasta él, pero podemos verlo, porque sólo los elegidos pueden tocar a Cristo. No tiene los brazos abiertos como el del Corcovado de Río, sino que tiene los brazos un poco separados de las caderas, con las palmas mirando al frente. James dice que está en posición de decir "what the fuck?". Tiene una nariz prominente y debe medir todo él 32 metros, contando el pedestal. Es impresionante, pero no lo es tanto como las vistas. Todo Tegu a nuestros pies. Vemos el estadios nacional, el aeropuerto, las varias catedrales dispersas por la ciudad, los barrios chabolistas, los seis edificos altos que hay, los campos de fútbol de tierra en los que no juega nadie, el río, los mercados, la pobreza y algo de riqueza. Me meo sobre Tegu, literalmente, y Tom se descojona de mí. Perdemos un rato el tiempo allá arriba, entre los zopilotes y los árboles, atisbando una ciudad inmensa que sólo acoge a 1.2 millones de personas, y el sol empieza a descender, dorando una ciudad que no tiene nada de dorado, pero que nos gusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vuelta en Tegu paramos en una cafetería a tomar un café e intercambiar impresiones. A Tom, con sus ojos azules, le miran muchas chicas. Aquí hay muchos blancos, muchísimos, creo que yo podría pasar por un hondureño, pero ninguno tiene los ojos azules, así que Tom es reclamo para las niñas. Hablamos sobre las diferencias entre Nicaragua y Honduras. La segunda parece algo más prospera, desde luego tiene muchos más establecimientos de cadenas extranjeras, como si la inversión de fuera estuviera mejor vista que en Nicaragua, donde sólo encuentras un McDonalds, a las afueras de Managua, y donde no ves una maldita fábrica. Como me dijo Miguel, el nica que conocí en Laguna de Perlas, a Nicaragua le falta industria para poder salir de la pobreza. Tiene un sector primario muy rico, pero el secundario directamente no existe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvemos a casa de Marlon, hablando ahora sobre los EEUU. Tom se queja de que muchos voluntarios menosprecian su país sin conocerlo. Yo le informo de que está de moda ser antiamericano, que Bush nunca fue un buen publicista y que es muy fácil demonizar al país más poderoso del planeta. Pero que, como todo, seguro que tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, que me encantaría conocerlo, que pase de quién diga tonterías fruto de la ignorancia y del no querer llevar la contraria. Que sí, que abogan demasiado por la educación universitaria privada, que se las ven y se las desean con la sanidad, pero que tienen la mejor carta de derechos del ciudadano hecha nunca, que hasta los franceses se fijaron en ella, que dan muchas más facilidades a los emprendedores, que la educación primaria tiene fama de ser buena (al menos la que no es de los guettos), y que no conozco a nadie que haya ido que venga hablando pestes sobre los EEUU. Nueva York, San Francisco, Seattle, Portland, Yoshemite, el gran cañón, hasta las jodidas Vegas, todo el mundo vuelve a España alucinado. Tom parece agradecer mi comprensión y me reitera que soy bienvenido a su casa si decido seguir mi viaje hacia el norte. Aún no sé que haré, si bajar de nuevo hacia Nicaragua, esta vez por el lado caribe de Honduras, o si hacerle caso, subir por el Yucatán y llegar a los EEUU, a Nueva Jersey, a un paso de Nueva York, una ciudad que sueño conocer, aunque sólo sea porque es escenario de Scorsese y Woody Allen. Pero me pierdo, que seguimos en Tegu...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marlon se sorprende por lo bien que nos ha ido y lo barato que nos ha salido todo, se ríe por lo del Cristo fuera de horario y nos pregunta qué queremos hacer. Le decimos que no sabemos, cenar algo tal vez. Él dice que tiene un descuento en el Kentucky Fried Chicken y como nosotros no tenemos opinión en este momento, estamos demasiado cansados, le seguimos la corriente. Empezamos el día en un Dunkin Donuts, lo terminaremos en un KFC. Nos vamos en el coche de Keren, su hermana, a un centro comercial, pues resulta que ahí está el KFC. Es un centro comercial al más puro estilo estadounidense. Galerías anchas, fuentes, tiendas de ropa de marca, y todos los restaurantes de comida rápida apiñados en un mismo lugar diáfano, una sala enorme y circular, con mesas en el centro y todos los establecimientos de marcas rivales siendo vecinos, pared con pared. Keren y Marlon se van a comprar un bidón de agua y nosotros nos encargamos de ir pidiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardan mucho en volver y Tom empieza a especular con el hecho de que nunca vuelvan, de que Marlon en realidad no se llame Marlon y la casa donde hemos dormido no sea suya. Tira de humor negro para imaginarnos en una situación en la que nos roban todo y nosotros mientras nos ponemos hasta el culo de pollo frito. Como me pasó en Rama Cay, me imagino un relato estilo Stephen King. En la tele, mientras, repiten el partido Honduras - Turquía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los clientes de estos restaurantes son familias enteras, bien vestidas, y parejas de jovenes que pasan la tarde de martes, o miércoles, no sé que en qué día vivimos, no me importa, en un centro comercial. Como los mallrats yankis. "Esa película se rodó en mi barrio", me dice Tom. Kevin Smith es de Nueva Jersey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegan los hermanos, comemos, hablamos sobre Sin senos no hay paraíso, que lo están echando ahora en la tele y que resulta que es original de Colombia, comentamos tonterías sobre cine y nos vamos a tomar unas cervezas y a jugar al billar a un local cercano a casa de Marlon. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay tres mesas de billar y dos están ocupadas, una por el dueño del establecimiento y dos amigos, la otra por compañeros de trabajo encorbatados. En las dos juegan a un estilo de billar raro: todas las bolas se ponen en los laterales, en los puntos marcados, tres en los lados pequeños, seis en los largos, y la uno, la amarilla, queda en el centro. El juego consiste en ir metiendo las bolas secuencialmente: primero la número uno, y luego se va a por la dos, que hay que despegarla de los lados, y así sucesivamente. Es un juego divertido si eres un buen jugador, pero nosotros nos terminamos aburriendo y retornamos al clásico ralladas contra enteras. Antes de irnos, y habiendo trabado amistad con los lugareños que nos han explicado las reglas del juego, uno de ellos, enfundado en la camiseta de Honduras y algo borracho, se empeña en enseñarnos algunos trucos de billar. Termina con "el tiro del tonto" y nos reímos a gusto (en un extremo se ponen dos bolas juntas suspendiendo una tercera, y el truco consiste en dar con la blanca a la que no está tocando el tapete sin tocar las otras dos... al golpear el taco, la rodilla da contra la mesa, las bolas se desplazan y la que estaba en alto cae justo en el centro, que es a donde va la blanca, muy gracioso). Tres cervezas después, volvemos a la casa, a dormir pronto, que mañana queremos coger el bus hacia Copán Ruinas lo más temprano posible. Son unas ocho horas de autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duermo de nuevo demasiado apretado con Tom, con una leve lucha de codos, pero con menos fresco entrando por la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días en Tegu bastante bien aprovechados, paseando mucho por el centro, viendo mucho policía armado, pero sin ningún niño pidiéndonos dinero como en Granada y sin ningún atisbo de peligrosidad, llegando hasta los pies de un Cristo que no está disponible para nosotros y jugando al billar al estilo Honduras. Y, además, visitando un centro comercial que nos vuelve a transportar al mal llamado Primer Mundo y que nos choca un poco. Un escocés, un yanki y un español estuvieron en Tegu y no les pasó nada, vieron mucho y disfrutaron más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-249228604691618417?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/249228604691618417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=249228604691618417' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/249228604691618417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/249228604691618417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/03/cristo-esta-cerrado.html' title='Cristo está cerrado'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-1929069809552699559</id><published>2010-03-03T18:08:00.004+01:00</published><updated>2011-05-14T11:58:56.670+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>En la ciudad que escala montañas</title><content type='html'>Por las noches refresca en Tegucigalpa, nada que ver con las noches de Granada, León o Estelí, donde el calor sofoca a cualquier hora. Aunque en realidad en poco se parece Tegu a lo que hemos visto de Nicaragua, no tiene similitud con la fea y cochambrosa Managua. El centro de Tegu, para empezar, existe, con su plaza, sus calles peatonales, sus comercios a ambos lados de esas calles. La gente pasea, no va o viene, se respira ambiente capitalino, joven, político, incluso cultural. No es cosmopolita, porque en Honduras apenas hay turismo, pero tampoco Managua lo es, no por falta de turistas en Nicaragua, sino porque no hay nada que ver en Managua y la gente no lo visita. Tegucigalpa, hundida en un valle, rodeada de montañas por las que se extiende la ciudad como una plaga de hormigas en escalada, no es como me imaginaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrar por la autopista se despliega un mosaico de casas en las laderas de la montaña, al estilo de las favelas que he visto en fotos y películas. La montaña muere colapsada por un enjambre de casas puestas sin orden ni concierto. Pero eso es al entrar. Luego empiezas a descender en el autobús y vas a dar a una avenida ancha y repleta de coches, donde los cláxones son la banda sonora de una vida que parece ajetreada, donde parece que el tráfico se rige por la ley del más fuerte, no hay orden y mucho menos control. Pick ups, taxis, autobuses, camiones, berlinas y utilitarios se dan codazos para avanzar en el asfalto desgastado. No hay pasos de cebra en esas calles anchas, sólo puentes peatonales por los que andas sin oír lo que te cuenta  el de al lado, porque el ruido de los motores y las bocinas te envuelve y marea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay edificios altos, pocos, pero los hay, irguiéndose por encima de las construcciones de dos o tres pisos como los árboles que sobreviven a un incendio, solitarios entre las cenizas. El taxista nos lleva a donde hemos quedado con ese buen samaritano que es Marlon, el contacto que hizo Tom a través de coachsurfing.com y que nos acoge en su casa... sin pedir nada a cambio, sin esperar que le convidemos a nada. Hablo con el gordo taxista sobre el golpe de Estado que el Consejo Judicial ordenó a los militares llevar a cabo por las negativas del presidente electo Zelaya a acogerse a la ley. Me cuenta que fue horrible vivirlo, pero sólo por lo amoral de todo, que él no dejó de hacer su vida. Me confiesa que él cree en el respeto, que es motor de todo lo bueno. Y empezamos a hablar de fútbol, deporte nacional en Honduras, que no sabe nada de béisbol, al contrario que el país vecino. Que si España es el mejor equipo del mundo, que ama al Barcelona, que su sueño sería verlo jugar en directo, y que poco tiene que hacer Honduras contra La Roja en el próximo mundial. Pasamos al lado del estadio nacional, que mi primer interlocutor hondureño me muestra con orgullo y que a mí me recuerda al del Rayo Vallecano, tal vez un poco más grande. Y finalmente llegamos al barrio de Miraflores, custodiado por un edificio de unas veinte plantas que es conocido como el Continental. Allí nos despedimos del taxista, que me da la mano a la voz de "hermanísimo", aunque no nos volveremos a ver, nunca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marlon nos ofrece un par de colchones sólo por un motivo: porque él también ha sido viajero y nos da el trato que a él le gustaría recibir en ciudad extraña. Es un tipo de 25 años, recién licenciado en odontología, una carrera que sólo termina, dice, el 2% de los que la empiezan, y donde la mayoría son mujeres. Pelo lacio y negro, labios gruesos, ojos grandes y achinados, tez pálida, andares gráciles, inglés perfecto, consciencia política, fosas nasales en las que entrarían balas de revólver y una fila de dientes que son ejemplo para sus pacientes. Es generoso, es culto y está a nuestra disposición, porque sí, porque la gente buena existe en el mundo, incluso en Tegucigalpa, a donde nadie nos recomendó venir. Hasta Hernán Cortés salió corriendo de este país cuando intentó conquistarlo antes que sus rivales colonizadores, todos vasallos de una misma corona, pero todos esclavos del dinero que querían ganar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vive en un apartamento de un barrio acomodado, pero no pijo, de Tegu. Su hermana comparte piso con él, y nosotros invadimos sus pocos metros cuadrados, con nuestra suciedad, nuestros macutos, nuestro cansancio y nuestras ganas de no hacer nada después de un viaje calamitoso por las montañas de la frontera, donde el autobús dijo basta a medio camino y nos vimos en medio de ninguna parte, fumando a la vera de la carretera esperando a que el conductor averiguara qué carajo le pasaba a ese supuesto autobús expreso que hace el recorrido desde la frontera a la capital en tan sólo dos horas (122 kilómetros de trayecto). Al final tardamos unas tres horas y media.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Tegucigalpa la mayor parte de las casas tienen alambre de espino y las ventanas enrejadas. Los policías van armados hasta los dientes y, cuando paseamos cerca del Congreso, vemos a tres hombres trajeados con cara de políticos, o politicuchos, y por delante de ellos un comando, con la mano en la culata de la pistola, un M16 colgándole del hombro, boina negra, cara de estar en guerra y buscar al enemigo y botas apretadas. Detrás del trío de ejecutivos, otro policía especial con la misma pinta que su compañero. Pero los jóvenes que vemos por el centro, por el downtown de Tegu, tienen pinta de ser tan peligrosos como yo, o como Tom, o como James, o como Marlon. Visten bien, llevan bolsos colgados del hombro, hablan bajito y gesticulan poco. Los trabajadores van y vienen, algunos encorbatados, los limpiabotas están por todas partes y un predicador vocea los privilegios de ser cristiano. Marlon no cree en sus políticos, está harto de ellos, y vivió el golpe de estado de 18 horas con una mezcla de parsimonia y asco. Su apartamento está cerca de la casa presidencial y veía los aviones pasando en vuelo rasante, atronando a la población con sus motores. El toque de queda lo experimentó con estupefacción. No podían salir a comprar nada, y los vecinos hacían trueque con sus existencias: una cerveza por un rollo de papel higiénico. El toque de queda despertó en esta gente un espíritu de comunidad, más que de miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos cuenta que todo estudiante de medicina, odontología o farmacia debe dedicar el primer año de su vida laboral al gobierno, cobrando unos míseros 20 dólares al mes por eso que llaman servicio público, o prácticas, y que él prefiere denominar esclavitud. Como en la Rusia comunista, el Estado le designará un destino en el que cumplir ese servicio público, que empieza en mayo. Aún no sabe dónde trabajará, y por lo tanto donde vivirá, el próximo año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha viajado por todo Centroamérica y tiene familia en Houston, Texas, por lo que viaja con bastante asiduidad al país más poderoso. Ama a su país, su cultura, es consciente del daño que hicimos los españoles y del que sigue haciendo EEUU y las multinacionales extranjeras. No se fía de ningún mandatario, lee mucho, La Carretera de Cormac McCarthy descansa en su librería, en inglés, y dice cosas como "What happens in Las Vegas, stay in Las Vegas". Hemos tenido mucha suerte con este chaval.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos lleva al museo de Identidad Nacional, donde por medio de murales y presentaciones audiovisuales conocemos un poco más sobre los indígenas de Honduras, sobre el cacique que da nombre a la moneda nacional, Lempira, que fue el que más guerra le dio a los colonizadores. Nos enteramos de que los restos más antiguos de Mesoamérica se encontraron en Honduras, que hay indígenas alejados del Caribe que siguen viviendo como hace 500 años, y que las ruinas mayas de Copán son de obligada visita. Marlon habrá estado en este museo docenas de veces, y nunca se cansa de visitarlo, en esta ocasión acompañando a este raro trío que acoge en su pequeño apartamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos en busca de un café, desandamos el recorrido anterior, volviendo a pasar por el parque central, donde la estatua ecuestre de Francisco Morazán domina todo lo que está a la vista y donde la catedral se ha repintado con sus colores originales, y donde un nuevo predicador sigue arengando a las masas y revitalizando su fe. En una de las lomas un Cristo domina la ciudad, y bajo él un letrero gigante de Coca Cola, como el de Hollywood en Los Ángeles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para entrar a la cafetería Paradiso hay que llamar al timbre. Es un lugar acogedor, con un jardincito interior, los cafés tienen nombre de literatos (yo me tomo un Kafka, que es un granizado de café), las comidas de pintores y escultores, y los combinados de cineastas (el único vivo es González Iñarritu, no creo que se haya merecido ya estar ahí, pero ahí está, que al fin y al cabo es de aquí cerquita). Se respira un ambiente cultural que ralla con lo revolucionario, y en el balcón que queda encima del jardincito un loro suelta unos grititos que parecen los de una mujer rozando el orgasmo. Con su expreso entre las manos, Marlon nos cuenta que para él todo el golpe de Estado en realidad responde sólo a una cosa: petróleo. Por lo visto se ha descubierto una buena fuente de oro negro en la cosa de los miskitos, en el Caribe, y Zelaya firmaba acuerdos bajo la mesa para explotarlos. Si se llevaran a cabo, el llamado segundo pulmón del planeta (esa costa se une con la reserva Bosawás en Nicaragua formando una selva virgen) se iría al traste y quedaría como el pulmón de un fumador occidental, negro y corrompido. Zelaya se fue a golpe de pistola, Micheletti también, y el nuevo presidente Porfirio Lobo aún no ha tomado cartas en el asunto, motivo por el cual, dice Marlon, no es reconocido por muchos gobiernos. Aquel que no me dé concesiones de explotación de un petróleo que no es mío, no es mi amigo. Y a los miskitos nadie les ha preguntado, ni falta que hace, sólo son unos salvajes que no sabrían que hacer con el petróleo, que están fuera del mal llamado progreso, que bien se pueden ir a vivir a otro sitio y a la selva que le den mucho por el culo, que es más importante que muchos coches corran mucho, antes que podamos seguir respirando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de despotricar contra el desarrollo, después de hablar de Guatemala y sus mujeres, de soñar con vivir mejor en un mundo que se va al traste y nosotros lo veremos, decidimos que sólo unas cervezas tienen algo de solución. Probamos las tres marcas más conocidas del país, donde la Imperial es la más fuerte y de más sabor, y nos retiramos a casa de Marlon a cenar algo. Allí conocemos a Silvia, una amiga de nuestro anfitrión, de piernas perfectas, mofletes hinchados, labios que son de negra a pesar de que es blanca, ojos negros y grandes y cejas tupidas. Tiene 23 años y una hija de 3, aunque vive con su madre, nada quiere saber del que la dejó embarazada. Terminó de estudiar farmacia, como la hermana de Marlon, y se divierte enseñándome palabras y expresiones hondureñas, algunas muy diferentes de las nicas, otras exactamente iguales. Si por mí fuera, que me enseñe otras habilidades de las mujeres de Tegu...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y nos repartimos como podemos entre las pocas camas que hay, Silvia se va quedando con nosotros para mañana para ver el partido Honduras - Turquia (si Honduras gana un partido de fútbol, al día siguiente se decreta festivo, las resacas son demasiado poderosas) y yo me peleo con Tom en un colchón estrecho intentando dormir. Nos íbamos a marchar mañana hacia Copán, pero Tegu nos ha gustado y al menos habitaremos aquí una jornada más. Silvia dice que el Caribe, la costa occidental justo debajo de Copán, el pueblo de Gracias y otras tantas cosas más son muy dignas de verse, que el suyo es un país precioso aunque ningún gringo lo sepa. Si me lo enseñara ella, aquí me quedaba a conocerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a Tegu pensando en que me tenía que ir pronto para España, que estoy como agotado de viajar, pero ahora tengo fuerzas renovadas, Tegu me gusta, sus mujeres también, mucho más que las nicas, Copán tiene una pinta estupenda, y tal vez me decida a ver el Caribe hondureño… tal vez cuando baje de nuevo, tal vez subiendo hacia Guate, quién sabe. No tengo ruta marcada, no tengo día para volver, no tengo una guía que me marque el camino, y empiezo a recuperar las ganas de viajar por este pequeño lugar llamado Centroamérica y que tiene tanto que ofrecer, por tan poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé La Prusia llorando, visité León, capital de la revolución y cuna del gran Rubén Dario, con pocas ganas, aunque me enamoré del barrio indígena de Suitaba, paseé por Estelí pensando en llegar a Madrid temprano, nadé por el cañón de Somoto, donde también salté al agua desde algo más de diez metros, y me dormí cerca de la frontera con Honduras pensando qué coño estoy haciendo, no tengo porqué forzarme para viajar si ya no quiero viajar, no tengo nada que demostrar, tal vez necesite volver para descansar de verdad. Pero ahora, con un nuevo día desplegándose en la curiosa y atractiva ciudad de Tegu, grande y alargada, me dan ganas de coger el macuto y seguir caminando, y ya regresaré cuando considere que he visto lo que tengo que ver. Guate está en el punto de mira, pero Honduras se me está descubriendo como un país que conocer, algo que no ha hecho casi nadie de los voluntarios que he conocido, que pasaban de largo porque aquí no hay nada que ver, y qué equivocados estaban. Cortés se fue corriendo porque sólo buscaba oro y no le dejaron llegar, yo no busco oro y me están dejando llegar a donde yo quiera. ¿Quiero llegar? Cambio de opinión más que una menopáusica, pero ahora mismo sí quiero, sí y mil veces sí. Honduras merece la pena, y hoy juega contra Turquía, un país al que no llegué cuando hice el Interrail y siempre me arrepentiré de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un escocés, un yanki y un español en un lugar extraño, de nombre extraño, y sin una agenda de viaje marcada. ¿Qué puede salir mal? Todo... nada...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-1929069809552699559?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/1929069809552699559/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=1929069809552699559' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/1929069809552699559'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/1929069809552699559'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/03/en-la-ciudad-que-escala-montanas.html' title='En la ciudad que escala montañas'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-1955682140437285036</id><published>2010-02-28T00:43:00.001+01:00</published><updated>2011-05-14T11:58:44.001+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Tres días de penosa despedida</title><content type='html'>(Nunca sé despedirme, por eso supongo que no sé escribirlo con sentido, por eso este texto intenta recoger lo mejor y más significativo de mis últimos días, y voy dando saltos en el texto, y por eso pido perdón, porque no lo voy a reescribir... releerlo ya es suficientemente doloroso).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidido. Me voy, me alejo, me hago un lado. Después de algo más de cuatro meses tengo la sensación de que tengo que salir de aquí. Tengo demasiadas dudas, me he desmotivado sin saber porqué, desubicado es el participio que más me acompaña en los últimos días. No estoy satisfecho, me levanto sin ganas, como he estado amaneciendo en Madrid en los cuatro años pasados en los que era la mitad de lo que puedo ser. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que si siguiera aquí sería únicamente porque estoy aquí. Necesito un motivo real para quedarme. No puedo permanecer en un sitio como éste sin confiar, sin saber qué preguntas hacerme y por lo tanto sin llegar a atisbar una respuesta. No quiero ayudar a levantar unas casas en las que cada vez creo menos, porque una comunidad no se forma sólo con cemento y bloques. No quiero involucrarme en algo en lo que estoy dejando de creer. Por eso, me voy. Con unos cientos de kilómetros de separación tal vez la perspectiva me ayude, tal vez vuelva a ver el bosque ahora que los árboles agitan sus ramas, violentadas por el torbellino que nace en mi cabeza, sólo en mi cabeza, haciendo que las espinas se me metan en los ojos. Cuanto antes me vaya, mejor, porque cuanto más tiempo me quede en estas condiciones, más tortura, más decepción, más inútil me voy a sentir en un lugar en el que eso no puede ser, porque aquí nadie es inútil. Una semana levantándome con dolor de cabeza, porque duermo mal y poco, porque sueño de nuevo sin colores y sin imaginación, porque apago el despertador esperando que cuando por fin me levante la sonrisa sea lo primero que me saque de la cama. Pero no sonrío. Sólo por las noches encuentro motivos para quedarme, pero por el día me dan ganas de hacer el macuto mal y pronto y salir corriendo. Unos dicen que es una huida, otros que sólo es un descanso que necesito ahora que estoy agotado y consumido. Yo creo que es una terapia para despejarme la mente, esa que truena en una tormenta sin lluvia. Sea lo que sea, me hará bien, y siempre tendré tiempo para concluir que estaba equivocado y volver, aunque no creo que ocurra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer se lo dije a los niños del fútbol, esos que ahora mismo son los únicos con el poder para hacerme dejar de pensar y sacarme carcajadas. Niños, tengo que deciros una cosa... el viernes me voy, hacia Honduras, hacia Guatemala, hacia ningún sitio, hacia mí mismo. Sorpresa y tristeza en esas caras que muchos podrían pensar que son inmutables, porque estos niños dan siempre la impresión de que pasan de todo. Dayson me miró con los ojos caídos, la gorra calada y los colmillos luchando por salir de sus rosadas encías: "Pero Julio, tú tienes que hacer como Pato, como Óscar, como Arantxa... quedarte aquí, para siempre". Mudo, le miré y le sonreí, le atusé el pelo, quise llorar y me reprimí. Kevin, que es el mayor, que es el que no duda en burlarse de todo y de todos, me respondió "y yo también, Julio, claro" cuando le confesé que les iba a echar mucho de menos. Antony parecía enfadado, y Franklin se quejó diciendo que yo era el mejor entrenador que podían tener. Todos tienen ahora unas botas nuevas que conseguimos con empeño, todos ahora saben que en la práctica el que se porta mal hace flexiones. Y eso es lo que les recordará siempre que yo pasé por aquí y quise hacer de los Alcones y los Tiburones dos equipos de fútbol de verdad, pero no en el sentido de campeones, sino en el sentido de espíritu de equipo, donde unos se apoyan en los otros. Seis niños de 7 a 13 años me decían sin hablarlo que no querían que me fuera. Yo les había comprado CocaCola para aquel entrenamiento que no lo iba a ser, porque sólo quería hablar con ellos, sólo quería que me prometieran que iban a seguir jugando. Parece ser que lo que marca la diferencia entre unos voluntarios y otros es el grado de implicación, o al menos la sensación que tienen los nicas de que te has implicado. Y estos niños cabrones tienen la certeza de que, si les entrenaba y si era capaz de aguantar una misa los domingos por la mañana para luego estar ahí a pie de campo dándoles voces, sería porque me estaba implicando. Mierda, y ahora me voy, y ellos se quedan, siempre se quedan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en eso pasó Pato por ahí y Dayson se alejó en silencio para interceptarla: "Pato, que quería pedirte perdón por lo de antes". Pato le miró tierna, le acarició el collar y le dijo que vale, que no pasaba nada. Yo, sin saber qué es lo que había hecho este niño travieso pero consciente, esperé a que volviera. "Muy bien, Dayson, muy bien. Lo que has hecho, lo que le has dicho a Pato, es maravilloso. Estoy muy orgulloso de vos". Su pecho se infló, una media sonrisa se le escapó, y me estrechó la mano como no me la han estrechado nunca, con tantas dosis de fuerza como de satisfacción, pues yo le estaba reconociendo una proeza, porque pedirle perdón a un adulto sin que nadie te empuje a hacerlo es algo tan difícil como elogiable. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando empecé a entrenar a estos chavales tenía que ir casa por casa a recordarles que había práctica, que se dieran prisa. Ayer, que yo no quería hacer práctica porque ya no quiero hacer nada, ellos me estaban esperando, enfadados porque no llegaba. Todos con sus zapatillas nuevas, todos insistiendo en que fuera a por un balón o que me pusiera yo a hacer flexiones. Ni Lenin confiaba en que fueran a venir todos los martes y los jueves a la práctica. Y ahora yo me voy y ellos quieren seguir aprendiendo, ejercitando su pequeño físico, sintiéndose equipo, importante y vencedor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Pico se lo dije antes, amigo mío, me voy el viernes, necesito alejarme de aquí. Y Pico se me quedó mirando, que es un gran orador pero sólo a través de los ojos. En silencio me demostraba pena, con sus ojos negros detenidos en los míos, fijos, fumando pausado, sin pestañear, sin hablar, ni falta que hace. Le invité a un café, le expliqué porqué me iba, le pregunté qué le parecía. "Creo que tienes que irte para aclararte la mente, Julio". Atontado por su facilidad para leerme, porque mis explicaciones resultaban inconexas, como las de ese niño que no sabe justificar una travesura, quise saber si él era feliz, y sonriendo me dijo que no, y yo ahondé inquiriendo qué le falta para serlo, y me dio una respuesta del Primer Mundo: "No lo sé, pero sé que no soy feliz". Aprovechando una conversación que me estaba encantando tener, porque nunca es demasiado tarde para conocer a un amigo, metí más el dedo en la llaga: "¿Qué quieres hacer tú, Pico, con tu vida?". Sólo una palabra, un verbo en infinitivo, me recordó que cuando colonizamos los estúpidos y prepotentes españoles este lugar les robamos lo que eran: "Trabajar, trabajar y trabajar". Les estamos convirtiendo al modelo de vida del que yo he salido corriendo, allá en Europa, la que no es metrópolis ya pero ya es demasiado tarde para arreglarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin dejar escapar la oportunidad, empecé a meterme en las entrañas de este hombre con el que comparto edad y con el que tengo una relación especial, de respeto ganado a base de compartir tiempo en la obra, de no cuestionarle nunca, de hablarle cada vez con más acento nica, de quererle a mi manera. "¿No quieres tener más hijos, Pico?". Me miró sin ver nada y respondió "No, ahorita mismo no, no tengo plata suficiente, y Chepe es lo suficientemente animal como para querer tener más", rió. Es el único nica al que he conocido que piensa como nosotros, los gilipollas europeos. No confía tampoco en estudiar, que conoce a muchos que estudiaron y están como él de albañil. Y me confesó que para él la única diferencia que existe entre ellos y nosotros - qué mierda que haya que hacer la distinción - es que nosotros podemos viajar, que él, sin pasaporte, sólo con la cédula, sólo podría llegar hasta Honduras. Yo le dije que algo es algo, que vaya a ver cómo es el país vecino. Él me dijo que para ello tendría que estar trabajando siete meses sin gastar un peso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los dos días, al terminar la jornada en la obra, Pico se acomodó en la hamaca, a mi lado. Yo, en plan de coña, le pregunté si me iba a echar de menos. Él, respondiendo sin un atisbo de broma, dejó escapar un lacónico "sí". Me quedé helado, había otros voluntarios alrededor y no le importó que vieran lo que algún imbécil tomaría como una señal de debilidad, y en realidad es todo lo contrario, porque exponerse como se expuso él sólo es muestra de fortaleza y de indiferencia hacia lo que piensen los cortos de mente. Yo me repuse pronto y le di la razón, "y yo a vos, cabrón, y yo a vos", y chocamos la mano y el puño y el abrazo quedó para otro día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última noche, en la que acabamos todos borrachos como cubas, hablé con él sobre su infancia y sobre la de Chepe. Me contó, y creo que no se lo ha contado a muchos voluntarios, que su padre le pegaba, y que les abandonó pronto. Quería saber qué hacer, si, aun así, ir a visitar a su padre para mostrarle sus respetos, o no. Le martirizaba pensar que un día su padre se moriría sin que él hubiera sido capaz de hablar con él, y que luego si se arrepintiera ya sería demasiado tarde. Yo, que de esto, como de tantas cosas, nada sé, le reconocí que si fuera a hablar con él, sería mucho más hombre de lo que ese padre que nunca lo fue ha sido nunca. Pero que en realidad sólo depende de él. Pico me miraba con ojos vidriosos y enrojecidos por el ron, fumando compulsivo, realmente pensando en lo que yo le decía desde mi brutal inexperiencia, porque yo tengo la suerte de tener unos padres que siempre están ahí, siempre, incondicionalmente, que es como deben estar los padres si se consideran tal. Finalmente le aconsejé que, haga lo que haga con respecto a su padre, que no permita que eso le pase a Chepe. Pico soltó humo y musitó que eso nunca, que Chepe siempre tendrá lo que necesite, aunque a él le cueste romperse la espalda. Que por eso no quiere tener más hijos, para no caer en la tentación de huir abrumado por la responsabilidad y la falta de recursos. Pico quiere ser un buen padre, pero no sabe cómo se hace. Ningún padre sabe, pero al final lo es o no lo es, es así de sencillo, así de complicado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos días antes de esa borrachera tierna, le comenté también a Mula que me iba de La Prusia, y él me contestó con sus comentarios infantiles y homófobos habituales, no podría esperar yo otra cosa. Alex recibió la noticia a la vez, pero él estaba a lomos de un caballo que dominaba con una sola mano, sin silla y con una brida hecha de cuerda. Sin decirme nada, dio la vuelta a su montura y se alejó al medio galope. La noche siguiente, cuando despedíamos a Eider, fue él el que le explicó a Cruz y a Yader, al que llaman Pelón, porqué me iba. "Que no lo entienden, caballos. Julio se tiene que ir porque necesita pensar, y aquí no va a poder hacerlo. Lo mismo después de pensar y despejarse entiende que quiere volver aquí, o lo mismo no, por eso se tiene que ir, para ver qué quiere hacer". Me quedé tan sorprendido como satisfecho, le pregunté en un aparte quién le había contado, porque yo no había sido, y encogiéndose de hombros y dando una calada al cigarro me dijo "No necesito que me digan, creo que le conozco para saber porqué se va de repente". Le di un toque en el bíceps, queriendo en realidad abrazarle, y le di las gracias por entenderlo. Él no entendió esas gracias y se río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo más duro iba a ser decírselo a Alemán, que es mi amigo, de verdad, un amigo hecho en cuatro meses, un tipo que me confiesa cómo se está enamorando de Sandra, que me cuenta su sueño de ser beisbolista profesional, cosa que está a punto de conseguir, que me agradece siempre que haya peleado yo para darle el trabajo de basurero de los voluntarios, que se ríe conmigo en cuánto tiene ocasión y que se pone serio cuando la situación lo requiere, sin temor a que sus congéneres le vacilen y le llamen amigo de los gringos, y que me dio un abrazo en cuanto apareció ayer noche, después de un día entero trabajando en el camión. "¿Es cierto eso que me han dicho de que te vas el viernes?". Sí, amigo mío, lo es, quería hablar con vos, pero no te miré en todo el día. Y me dio otro abrazo, y no sabía mirarme a la cara, y creo que no quería entender mis motivos. Le dije que le iba a echar de menos, que decírselo a él era lo que más me costaba. Él me atravesó con la mirada, con esos ojos enormes que tiene, y me dijo que él sí que me iba a echar de menos, que ya sólo le quedaba Mitch como amigo entre los voluntarios, pero que él sabía que yo tal vez volvería. Yo le frené en seco: "no sé si volveré Alemán, quién sabe, pero no lo quiero decir para no decepcionarte". "Ya, ya lo sé", me interrumpió él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que me voy es cuando me doy cuenta de lo mucho que pueden comprendernos esta gente que tanto se nos escapa a nosotros, los leídos del primer mundo, los que en realidad no tenemos ni puta idea del mundo, ese que catalogamos en tres categorías sin saber que éstas solo existen en nuestra cabeza y en la del FMI, que no tiene. Y decidimos volver a hablar como cualquier otra noche, de todo y de nada. Llevaba una gorra con una S, por su equipo de beisbol, y me dijo en broma "Es la S de Sandra", y yo le contesté que a mí la gorra que me gusta es esa naranja que lleva muchas veces y que me hace reconocerlo a kilómetros de distancia, con una P de La Prusia en la frente. Sin darme tiempo a coger aire de nuevo, soltó "Pues esa te la regalo, para que tengas un recuerdo mío". Yo, imbécil, creo que no puedo aceptarlo, y le espetó que no se lo decía esperando que me la regalará, que sólo le estaba diciendo que es una gorra &lt;span style="font-style:italic;"&gt;tuani&lt;/span&gt;, que cómo me la va a regalar. Poniendo cara de enfadado me hizo callar con un "no, esa gorra es para ti". Y me dio otro abrazo, y conseguí no llorar, y cuando sea que me ponga esa gorra pensaré en ese loco que se llama Luís Fernando Corea y al que todos llaman Alemán, sin saber nadie porqué. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la voz se ha ido corriendo por La Prusia, y gente como Cruz, como Yader, como Isaías, como Chilo la de la venta, como Ernesto el taxista, como Álvaro el artesano de Granada, como el tocayo que me llama Yulio Baptista me paran y me preguntan si es cierto y les digo que sí, y ponen cara rara y me dicen cosas como que no se lo esperaban o que "mañana será la última paliza que te demos al fútbol". Y yo tengo ganas de contestarles que mañana será el último día de la mejor parte de mi vida, esa que se desmorona sin motivo y en la que ellos son los únicos que siguen creándome dudas. Porque estando con ellos pienso que sólo por ellos me quedaría, pero no son el motivo por el que vine, aunque son el motivo que me empuja a llorar ahora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentando consolar a Alex, que no necesita que le consuelen, le adelanté que estaba a punto de llegar un nuevo voluntario. "Pues que venga... esto ya no va a ser lo mismo", respondió él, sin saber en realidad lo que suponía que me confesara eso. Nunca me sentí imprescindible, ni quiero serlo, nadie lo es, nunca, en ningún sitio, pero con esa frase Alex me confirmo algo en lo que no quiero pensar: voy a dejar amigos aquí, y probablemente no vuelva a verlos, porque ellos no viajarán a España, y algo en mi fuero interno me dice que yo no volveré a Nicaragua. Quién sabe, tal vez un día lo haga, y ande por el camino de La Prusia, y cuando me vean llegar soltarán el aullido de La Prusia, darán palmas, reirán, y me sentiré de nuevo Julio Flaco, o Julio Boltio, o "Juliana, qué mala eres", cualquiera de los motes con los que me han bautizado y que me diferencian del resto de voluntarios, porque después de algo más de cuatro meses, ya no soy uno más, soy yo, y ellos lo saben. Porque ellos saben más de lo que yo puedo saber. Porque ellos son yo, pero yo no soy ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y escribiendo esto, queriendo poner punto y final por fin porque si no me voy a deshidratar de tanto llorar, me llama Chalé y me dice "ven y ve", y yo voy, sorbiendo mocos y limpiándome la cara. Están sentados él y Tom, encaramados a una pila de bloques, esperando material, queriendo trabajar pero sin poder. Tom es de esos que no necesitan cuatro meses para ganarse la confianza de esta gente, es uno más desde que llegó. Hablando les digo que me voy el viernes con ese mismo Tom, y Jimmy y Chalé se quedan sorprendidos y me preguntan por qué, y les intento contar pero se me traban las palabras, les digo que no sé como contarlo. Chalé me suelta desde lo alto, desde su trono de bloques de cemento "Contámelo como querás, pero contámelo, que seguro que sabés". Creo que me está vacilando, y le miro, pero está serio, realmente le interesa. Me arranco con un "tengo dudas", que ya no confío en mí, que me he acostumbrado demasiado al ir y venir de voluntarios y yo siempre sigo aquí, que aquí si se está es al cien por cien, que no se puede estar como estoy yo, sin confianza y sin motivos. Y Chalé termina mi explicación. "A muchos voluntarios les ha pasado, pierden la ilusión, viven anomalías. Y si además te gusta este país, como creo que le gusta a vos, entonces es más difícil, porque aquí somos libres. Y va a dejar amigos, y eso es muy duro". Y me enternece la capacidad que tiene esta gente a la que sin querer infravaloramos. Y por fin suspira y me dice "Siempre pasa lo mismo, siempre os vais los mejores, los que más trabajáis", y yo quiero que esté bromeando pero no es así, lo está diciendo de verdad, y el mundo se abre a mis pies. Gente que nunca pensé que fueran a sentir nada porque yo me fuera me está contando cómo va a cambiar esto sólo porque mis mierderos 65 kilos vayan a desaparecer en tan solo dos días. Dentro de dos días no estaré, ellos seguirán, llegarán más voluntarios, pero empiezo a darme cuenta de que hablarán de mí un rato más. Y yo hablaré de ellos el resto de mi vida. Pero tengo que irme, aunque cada vez me cuesta más. Ésta es la experiencia de mi vida, y se acaba, y me acabo, y me agoto, y me muero tranquilo en la vida de esta gente que se sabe libre, que me aprecia y que ya no hace por ocultarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no puedo quedarme porque tenga amigos, ni porque añore la felicidad vivida, porque crea que sólo aquí pueda aprender tanto como he aprendido en los últimos meses. No puedo obviar el hecho de que esto es una ONG, y de que o estas al cien por cien y a gusto, o simplemente no estás. Podría aceptar el curro que me ofreció Óscar, ganando dinerito y consiguiendo trabajo para los nicas de La Prusia, con el camión y con las maquinas para la obra, haciendo de comercial en cualquier sitio, comiendo, bebiendo, cenando, jugando al fútbol, paseando, consiguiendo clientes en cualquiera de esas banales y divertidas actividades. Es un trabajo cómodo, una vida sencilla y relajada, ya no sería voluntario, sería diferente, podría seguir viendo a mis amigos, vivir aquí... pero ni siquiera sé si quiero eso. Que me lo haya ofrecido es increíble, a ningún voluntario le han mentado siquiera la opción de ser parte de esa empresilla que es motor de la ONG, y me siento honrado y orgulloso, pero no puedo decir que sí para luego irme dentro de un mes. Si le digo que sí es con todas las consecuencias, y ya no sé si me compensan esas consecuencias. De borrachera, Óscar - que nunca ha estado en ninguna fiesta de despedida desde que yo ando por aquí, pero sí estuvo en la mía, hasta el final, eso quiere decir algo, coño - me deseó buen viaje y me tranquilizó diciendo que, volviera cuando volviera, el trabajo seguiría estando ahí, esperándome. De verdad que sigo sin saber qué he hecho para merecer ese trato. Me deshice en gratitud y Óscar me estrechó la mano con fuerza, tal vez queriendo retenerme, o tal vez sabiendo que esa sería la última vez que lo iba a hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede que me vaya y a las dos semanas concluya que este es un sitio estupendo en el que pasar un año, trabajando, haciendo una labor mucho más efectiva que la del mero voluntario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez me aleje y me dé cuenta de que me tendría que haber ido hace tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién sabe si llegaré a algo viajando hacia el norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién sabe si pararé por aquí si al final decido ir a Colombia a ver a Moni, a juntarme con el loco Celta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién sabe...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque al final no sé nada, y para saber, creo que tengo que poner pies en polvorosa, recorrer el norte de este país, cruzar una frontera, dudar sobre dónde dormir la siguiente noche, pasar miedo, ver mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesito mirarme al espejo y no tener el deseo de apartar la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesito gustarme como me he gustado estos meses, en los que yo solo, yo solo, yo, me, mi, conmigo, me he deleitado con mi propia manera de ser. Ahora mismo aborrezco mis putas dudas existenciales que me empujan a mover el culo hacia quién sabe qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribo compulsivo intentando aclararme, y no me entiendo ni yo. Soy complicado porque no sé ser de otra manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo fácil sería quedarme, dejarme llevar por la inercia, pagar 120 dólares de mierda al mes para vivir como me salga de los cojones en la casa roja, que al fin y al cabo por eso pago y no hago como el resto de los voluntarios, que deben justificar una cama y una comida. Yo ya no tengo que justificar nada, y aun así siento que tengo que demostrarme algo. Que tengo que estar satisfecho. Y no lo estoy, y no sé porqué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me voy en busca de respuestas a preguntas que no sé formularme. Una vez Juan, el Canario, me dijo que las respuestas sólo se encuentran haciéndose las preguntas correctas. Yo ya no sé siquiera dónde empezar a poner el signo de interrogación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que ser egoísta en el reino de la solidaridad, mirarme el ombligo, despejarlo de roña y adivinar en su limpieza qué carajo quiero. España me queda lejos, pero yo sigo estando cerca. Mi lobo me acompañará allá a donde vaya, pero tal vez andando lo amaestre. Quedándome me da la sensación de que el cabrón se alimenta de mi miedo, que es el mejor combustible que va a encontrar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-1955682140437285036?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/1955682140437285036/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=1955682140437285036' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/1955682140437285036'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/1955682140437285036'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/02/tres-dias-de-penosa-despedida.html' title='Tres días de penosa despedida'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-866329184169036684</id><published>2010-02-17T18:12:00.001+01:00</published><updated>2011-05-14T11:58:33.365+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Celta, dos países después</title><content type='html'>Celta insiste en cambiar su destino, hace malabares con él, qué bola será ahora la que caiga en su mano derecha, la que rija su futuro próximo, la que marque el aeropuerto en el que aterrizar y el cielo que cruzar. Resulta que Celta reconoce que la mejor razón para mover el culo de repente, sin antelación, sin avisos ni excusas ni tiempo ni ganas de tenerlo, es una mujer. El sitio en el que quieres quedarte es una mujer. El lugar en el que quieres que la peonza se tumbe en el suelo, asfixiada y mareada de tanto girar por el impulso que le has dado a la cuerda, que es la misma cuerda en la que tú te tambaleas mientras intentas vivir, es una mujer. Y una mujer, esa mujer, ha aparecido de la nada y lo ha provocado todo en Celta: un nuevo motivo para desviarse de lo previsto, no hay cosa más emocionante que dejar de lado lo previsto, el ansia de cruzar dos países o los que hagan falta, el atractivo de querer jugar esta mano sin haber visto todas las cartas, el misterio de sentirse conectados habiendo hablado sólo una vez, de noche, con más gente pero todos ellos menguados porque sólo existía ella, y él, y soñaban que se habían encontrado, quién sabe, puede ser, por fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aquella noche de miradas furtivas, conversaciones en las que el que escuchaba negaba todo sonido que no saliera de la boca que tenía delante y que tanto le hipnotizaba, después de coincidencias impregnadas de sentido, tragos compartidos y experiencias relatadas, después de esas horas que fueron demasiado cortas, cada uno siguió su camino, ese que ahora se empeñan en reconducir hacia quién sabe. &lt;br /&gt;Celta había encontrado con qué ocupar su excitado cerebro, algo más allá de Elia, qué difícil parecía. Sólo otra mujer tiene el poder de desdibujarnos al resto, de aniquilar el recuerdo de aquella a la que no olvidarás nunca, de hacer que Elia, sí, Elia, pueda flotar en la memoria de Celta sin que ya le duela. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras aquel encuentro, se escribieron y se desnudaron el alma, teclearon lo que les atormentaba, dejar pasar ese tren del que tanto se habla y en el que tan pocos viajan. Revelaron a través del milagro de Internet la locura de querer verse en cualquier parte, cuanto antes, que el deseo nos vuelve caprichosos. Descubrieron que ambos estaban en la misma página de un libro que no eran conscientes de estar leyendo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Celta se abrirá paso hasta Colombia, con su macuto colgado al hombro y cara de despistado encontrará en el aeropuerto a esa chica que lleva ahora tatuada en el hipotálamo, y ambos satisfarán la tentación que les ha llevado a buscarse. Pueden decepcionarse, pueden amarse el resto de sus vidas, pueden sólo compartir un mes de locura juvenil en país extraño. Y eso es lo mejor de todo, el no saberlo, el no estar seguro, el notar que tienen que hacerlo o desaprovecharán el regalo que es hallar lo que habías casi negado que existiera, porque el amor es como el diablo, su mayor poder reside en que se deja de creer en él. Y de repente, porqué no, coño, porqué no, la vida se burla y te enseña que todo es posible, que en el portal de una calle prostituida por el reguero de turistas tal vez bebas cerveza con la mujer que vino al mundo para ti, sólo para ti. Y esto le ocurre a Celta en Nicaragua, a donde nunca pensó en ir pero marcó como punto de partida para su fuga de España. En un escenario improvisado, Celta la ha encontrado, y ella le ha encontrado a él, y ninguno lo podía siquiera intuir, y sin pedirlo los dioses se tornan bondadosos y les han concedido la oportunidad de morir juntos tras una vida de despertares con besos. O tal vez no. Quién sabe, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo me quedaré aquí, envidiando a Celta, ansiando cariño, sabiendo que soy como él y que en esta búsqueda de Mi Lugar sólo me daré por satisfecho cuando ocurra algo parecido, algo que no puedo esperar ni provocar, algo que llega sin explicación, o que simplemente no aparece nunca, porque todo es posible, pero misma verdad es que no todo llega, y esa es la diferencia que hay entre los conformistas con suerte y los ambiciosos mediocres, a unos les cae del cielo sin buscarlo, los otros rastrean en lugares equivocados. Celta no es conformista ni ambicioso, Celta diría que él sólo es Celta. Celta es inquieto y osado, y se las apañaría para hacer que el mundo girase al revés si la mujer de su vida se lo pidiera. Así que se va a lanzar a una aventura peligrosa, y yo le despediré y lloraré, porque se me va un hermano que nunca me dijeron que tenía y porque me desespero viendo lo que sucede a mi alrededor pero no a mí. Porque la envidia sana sólo es la que le tienes a un amigo al que le deseas lo mejor, por supuesto, pero esa misma envidia es el tipificado como pecado capital, y lo es, pero sólo para ti, pues no te despierta sentimientos negativos hacia tu amigo, pero sí hacia ti mismo: frustración. Me alegro por Celta, pero me carcome creer en el amor y que el hijo puta se me esconda, como los niños que quieren jugar. Pero el niño soy yo, el juego no es tal y ella está en algún sitio, seguro, lo difícil es coincidir. Lo difícil es que una persona que no conoces sea capaz de hacerte pronunciar su nombre tantas veces al día que la noche echa de menos que la mentes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te vas a Colombia, Celta, sólo porque el estómago te ejerce de brújula, y ella es el norte, y tú no eres dueño ni de lo que te ordenan tus tripas: ve, arriésgate, juega esta mano sin mirar las cartas, apuesta duro, gana, pierde, revienta la mesa, arruina al Casino, quédate sin blanca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te vas a Colombia, te vas, sigues, evolucionas, te pierdes, te encuentras, llegas. Colombia es el destino ahora, ella te dirá cuál es el siguiente paso, esa cuyo nombre no escribo, hermano, porque a ti te dejo la suerte de repetírtelo en silencio. Nos vemos en el futuro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-866329184169036684?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/866329184169036684/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=866329184169036684' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/866329184169036684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/866329184169036684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/02/celta-dos-paises-despues.html' title='Celta, dos países después'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-8574764662287906675</id><published>2010-02-16T18:08:00.004+01:00</published><updated>2011-05-14T11:58:07.026+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>Guerra en el país de Quién Sabe</title><content type='html'>Enojarte cuando te insulto, y darme un puñetazo suave en el hombro cuando te explico que lo decía con cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Interesarte por lo que hago y por lo que escribo, por cómo lo escribo. Creerte que sé muchas cosas, escucharme atenta, como si aprendieras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acompañarme a realizar dos tareas que nadie quería asumir. Pasar un día juntos y solos y hablar de follar, de nuestras relaciones terminadas e idolatradas, o no tan terminadas, del amor y de los sueños, de los encuentros y los desencuentros, de otras parejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando tengo que hablar en voz alta para ser escuchado por todos, allá en las reuniones de la ONG, últimamente te noto cerca, apoyándome y haciéndome valer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirarte y que me estés mirando, echarnos una siesta compartiendo un colchón estrecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver una peli con más gente y, tumbado a tu lado, acariciarte el brazo, masajearte la piel que cubre el bíceps con la yema de los dedos, con las uñas, con tanto cariño como intención, y que tú no te muevas, que el brazo se quede allí, recibiendo mis infantiles mimos, mi introducción al mundo de ya no somos niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que no hagas todo eso con nadie más, o yo no lo he visto, o no me he querido fijar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esa enumeración de eternos momentos, y sabiendo que la realidad se me deforma un tanto porque ahora mismo resulta que me gustas, concluyo que yo también te atraigo. Pero si repaso todas esas pistas, todas esas pruebas de esta yincana divertida, resulta que ninguna tiene porqué significar nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si cuando te acariciaba no moviste el brazo porque te habías quedado dormida, o porque al fin y al cabo sólo era una muestra de cariño, o porque te daba apuro apartarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy probable que te ofrecieras para venir conmigo a esas dos misiones poco populares simplemente porque eres buena gente y porque no las veías tan insulsas. Tal vez sólo reacciones así cuando te llamo "gilipollas" porque soy el único gilipollas que te lo llama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así mismo es cierto que no tengo 15 años, pero eso da igual, es lo bonito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede ser. Tal vez. Es probable. No sé. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son esas fórmulas, ese moverme en tierra de nadie, entre el Sí y el No, justo en el centro del cauce del Río Grande que separa México de EEUU, lo que me empuja a buscarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es en el país de la duda donde soy rey, porque las respuestas que me doy me benefician. Es en ese país de fronteras confusas donde no hay nada mejor que un quién sabe, el sí es demasiado fácil y corto, el no es aburrido y castrante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero resulta que en ese país que es mío, tú juegas con ventaja, porque me lees, porque me leíste ya cuando &lt;a href="http://ego1981.blogspot.com/2010/01/de-una-suerte-de-asfixia.html"&gt;escribí por y para ti por primera vez&lt;/a&gt;. No estabas siendo espectadora de otro de mis cuentos con final extraño, u oyente en una digresión más sobre la existencia de las cosas, no. Contaba yo entre líneas, pero en un interlineado hecho por un ingeniero de caminos y puentes, así de grande y obvio, que te haría de todo para que terminaras dormida y desnuda a mi lado, soltándote al amanecer sólo porque tenemos obligaciones. Yo quiero que seas una de ellas esta tarde, al anochecer, cuando todos duerman, mañana tal vez. Ahora. Porque soy caprichoso, rasgo innato del deseo, que nos hace niños, porque el deseo no es otra cosa que las ganas de cumplir con la mayor prontitud posible aquello que se nos aparece sin control en ese terreno del cerebro donde impera la anarquía, por mucho que queramos ser dictadores. 'La única manera de librarse de una tentación es ceder a ella', nos enseñó a muchos Óscar Wilde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú leías aquello de lo que eras protagonista, yo te espiaba desde la hamaca, intentando entender el idioma de tus ojos en busca de reacciones a alguna frase mía, de esas con efectos secundarios. Terminaste y soltaste un oh muy largo y sonreíste, y luego exclamaste, cómo olvidarlo: "Qué chulooo, qué bieeen, me ha gustado mucho. Ven que te dé un besooo, que es lo primero que me han escrito nunca". ¿Cómo que qué chulo, qué bien? ¿Cómo que un beso, justificándolo además? ¿Cómo pedirme un beso si el que yo te daría, el primero, sería contra esos labios carnosos con los que adornas tu hablar? Un beso largo como los que se dan los adolescentes, que son los que más viven la pasión, aunque tengan 50 años. Un beso para el que tendría que enmarcarte la cabeza con mis manos, las palmas contra tus mejillas, acariciándolas y sosteniéndolas allá, para que no te vayas, para besarte más, un ratito más, que me lo pide el cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decepcionado con el efecto que mi confesión narrada había causado en ti, para qué negarlo, disimulé y te agradecí tu halago tan sincero como siempre... como siempre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibí tu beso en mi perfil tragándome las ganas de decirte que quería más, y fin, te apartaste arrastrando una crítica positiva al relato. Había iniciado el bombardeo y había hecho agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo incido, que desde aquello, desde que leíste que te despeinaría sin tirones, me da la sensación de que estás más cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay guerra civil en el reino de Quién sabe, sigo disparando, sigo calculando las mejores coordenadas, sigo buscando tus barcos. Me importa poco revelar mi posición, mi armada se llama Impulso y me encanta que me lean, que me leas, así que en este punto del conflicto bélico, con tus ojos en estas mismas palabras, yo, queriendo que la guerra pase a una segunda fase, aguardo dos reacciones: o que digas lo mismo, qué bonito, qué bien, qué halagada me siento y con un besito que sólo es un besito me conformo, o que me mires y no digas nada, ya convencida de que a mí no tienes que preguntarme nada, sino dejar los ojos en mí y la boca cerrada, diciéndonos en silencio lo que nadie más podría oír. Pero eso es sólo lo que yo quiero que pase, es lo que definitivamente ocurre en mi reino de lo impreciso, donde hoy dormirías reina, donde por supuesto yo habría ganado la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si no corro el riesgo de escribirlo, de embarcarme en esta misión suicida, no me quedo a gusto. Ya lo has leído, mi ejercito ya ha lanzado los mísiles y el rey de Quién sabe aguarda noticias sobre la batalla naval.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te lo habría dicho, pero algunos dicen que tengo talento para escribir. Dicen. Dices.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-8574764662287906675?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/8574764662287906675/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=8574764662287906675' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/8574764662287906675'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/8574764662287906675'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/02/guerra-en-el-pais-de-quien-sabe.html' title='Guerra en el país de Quién Sabe'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-7055890562695887683</id><published>2010-02-06T19:03:00.003+01:00</published><updated>2011-05-14T11:57:36.608+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>El canciller que soñaba con un cerdo</title><content type='html'>A los 14 años Bismark se ganó el apodo que le acompañaría el resto de su vida. Empezó a dedicarse a la venta de pan dulce, llamados picos. Ir por el camino de La Prusia voceando "¡Picos!" hizo que a partir de entonces fueran más los que le llamaban Pico que los que respetaban su nombre bautismal. Cargó con esos panes triangulares y rellenos de almendra y miel durante tres años, pues a los 17 cambió de profesión y se puso a ayudar a un albañil que hoy día ya no vive para ver los progresos de aquel alumno suyo. Antes de cumplir la mayoría de edad, pero siendo ya muy mayor para un país como Nicaragua, donde a los 17 puedes ser padre sin que nadie se sorprenda, se metió en el mundo del cemento, vigas y mortero. Tres años después paso de ayudante a primer albañil, y cuenta que le llevó tanto tiempo porque trabajaba dos meses y lo dejaba uno, luego volvía otros tres, y luego lo volvía a dejar. Si hubiera mantenido una constancia que en un país como Nicaragua casi no existe, habría ascendido de categoría mucho antes. A los 20 años ya era lo que es ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pico me contaba esto apoyado en el alfeizar de la ventana de la casa que estamos a punto de terminar de construir. Mientras el resto de voluntarios hacía mezcla para rellenar la parrilla del suelo, diez centímetros de mezcla en vertical, a lo largo de ocho por siete metros, yo me acomodaba y buscaba sacarle palabras al hombre de lengua vaga y mente rápida. Después de tres meses y medio aquí, más de 100 días, más de lo que he estado nunca fuera de España, me carcomía la cabeza la impresión de que todavía no conozco a la gente nica con la que convivo. Me he emborrachado con ellos y compartido carcajadas duraderas; he trabajado codo con codo con ellos levantando edificios de una planta, yo que rara vez había levantado el culo de una silla y apartado la vista del ordenador; he jugado a las cartas con ellos, picándoles al ganar, defendiéndome al perder; me he ido a una isleta del Lago Cocibolca con ellos, a vivir durante un día como los piratas, a base de pescado y ron; me he fijado en ellos cuando bailaban para intentar aprender... pero nunca hasta esa mañana, los dos relajados y cobijados del sol entre los cimientos de aquella casa, había conseguido meterle en una conversación seria, alejada de vergas, resacas, bromas homosexuales, el mero trabajo y mujeres, temas propios de la vida del obrero, parece ser. Hasta hace poco creía que lo estaba haciendo mal yo, que no estaba profundizando en estas vidas tan diferentes a la mía. Ahora me doy cuenta de que tal vez gente como Pico necesita un tanteo de más de un trimestre para poder tener una charla no banal. O tal vez yo soy de fácil adaptación a entornos radicalmente opuestos al mío urbanita, pero me cuesta ganarme la confianza de estos trabajadores manuales, que supongo me verían como un bicho raro, igual que yo a ellos. Pico ha visto pasar a más de cien voluntarios, y debe estar cansado ya de verles irse, verles flaquear en la obra, verles abandonarla, dejar de verles, olvidarles, y llega uno nuevo, y pasa lo mismo, y ya no hace esfuerzos por conocerles. Y conmigo puede que ocurriera eso, puede que no diera un peso por mí, puede que pensara que iba a ser un caballo más. O quién sabe. El caso es que un cuarto de año después de haberle estrechado la mano estoy empezando a enterarme de quién es este hombre de ojos pequeños, perilla poco poblada, piel tostada, manos hábiles y cálculo veloz. Así que, por fin, sin hacer nada pero enterándome de tanto mientras el resto trabajaba y se interesaba tan poco en nosotros, Pico me contaba quién era, que creo que es el trabajo que yo he venido a hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fumando de mi tabaco, Pico me explicaba que para ser maestro de obra, el siguiente escalafón, hay que estudiar, que eso le llevaría mucho tiempo, que lo ha descartado. Di por buena esa excusa, y cuando fui a hacerle una nueva pregunta vestido de periodista pero en realidad sólo hundiéndome en un mar de curiosidad, él mató mi signo de interrogación, contándome que empezó a estudiar pero que no es bueno para eso, que es torpe con los estudios. Con sorpresa sincera le insté a que no se menospreciara, que él, sin esos estudios que dice que tanto le cuestan, es capaz de levantar una casa de cincuenta metros cuadrados fijándose en un plano hecho por arquitectos solidarios de Harvard, que en donde más filantropía se encuentra parece ser que es en las universidades donde sólo estudian los más inteligentes, los más ricos o los más prometedores jugadores de fútbol americano, qué paradoja. A Pico, que no sabe lo que es ser rico, desconoce las reglas del fútbol americano y no se considera inteligente, le dan el plano de la casa, se lo lleva a su chabola donde su mujer habla poco y su hijo juega con cualquier cosa y con los pies descalzos a la vera del camino, y al día siguiente, en su cabeza, sólo en su cabeza, sabe lo que tiene que hacer para que el resultado final coincida a la perfección con lo que dibujaron en un papel tirando de calculadora, reglas, escuadras y seis años de aprendizaje universitario. Eso debería demostrarle a cualquiera que este hombre de nombre de canciller y apodo de panadero podría ser protagonista de una novela de Pío Baroja, o ser uno de los encuentros del Lazarillo, o simplemente un tipo listo. Cuando le recriminé esa lesión a su autoestima con la que él mismo se incapacita, Pico dio una calada larga al cigarro, se asomó a esa ventana que habría que pintar y cerrar para que por fin sea una ventana, miró lo que ha visto tantas veces que con los ojos cerrados reconocería el campo que se extiende delante, y suspiró. Repitió que él es muy caballo, que le demoraría mucho tiempo, que no tiene más que la primaria y que necesitaría hacer secundaria y luego estudiar para maestro de obra, que además el maestro de obra lo que hace es pasarse por el lugar de construcción, echar un vistazo y dar un par de órdenes, y hasta luego, y que a él lo que le gusta es estar ahí, construir él, sentirse útil. Más a mi favor, le dije yo, que en este proyecto de construir casas no tenemos maestro de obra y él, sin darse cuenta, está ejerciendo como tal. Que los albañiles normales tienen un ayudante, pero no la potestad de cambiar cosas, porque en los planos todo es muy bonito y en la realidad no tanto. Porque los despachos de Harvard quedan muy lejos y el que dibujó concienzudamente aquellos planos no tiene ni idea de para qué terreno son, para dónde está en este lugar el norte, para qué habitantes va a ser, cuáles son las costumbres de esta gente... pero Pico sí lo sabe y, basándose en el conocimiento que le da la experiencia y el interés, modifica los planos ajustándolos a lo tangible, respetándolos, pero dándoles sentido completo. Aun así, él cree que no es listo, que no tiene capacidad de estudiar, que sería perder el tiempo intentar ser algo más en su profesión. Ocho años después de haber alcanzado el rango de albañil, sigue siendo lo mismo, sin aspiraciones a superarse en el campo que tan intuitivamente domina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me descubrió, en el interior de una casa que no será suya, que uno de sus ocho hermanos, menor que él, está estudiando Arquitectura en la universidad de Granada, que está en cuarto curso y que cuando termine sería muy lindo que trabajaran juntos, el hermano universitario consiguiendo obras, Pico haciéndolas, pero que su problema es que, por esas dificultades que sólo existen en su dura cabeza y que le convencen de que no puede estudiar más allá de primaria, no puede construir casas de dos pisos o más, que levantar una construcción de una planta se le hace fácil, pero de más no. La altura es el límite de su conocimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de esos minutos encontró tiempo para despotricar contra su ayudante de obra, Danny, al que llaman La Mula por ser de complexión bajita pero fuerte y resistente, que cuenta con 21 años y un espíritu tan infantil como sus bromas. Pico criticaba que, después de tres años como su ayudante de obra, no haya hecho La Mula el menor esfuerzo por aprender lo que sabe Pico para ser albañil, para estar a su mismo nivel. Mascullaba Pico que por mucho que le aconseja que se fije en cómo toma medidas, en cómo sabe hasta dónde levantar la pared y dónde hacer la viga de soporte, La Mula pasa de todo. "Podríamos construir todas estas casas entre él y yo, con dos cuadrillas, él con su ayudante, yo con el mío, pero siempre que se lo digo me dice que le vale verga, al necio". Bismark, Pico, el que dice que estudiar es mucho para él, sí sabe reconocer en sus congéneres la falta de iniciativa y orgullo para superarse. Será por eso que cuando me hace partícipe de esas pocas dotes para el estudio que sólo él cree lo hace con los ojos, negros y enanos como escarabajos, puestos en ningún sitio, con melancolía en la mirada y con las palabras resbalándosele de la boca y asfixiándole al dejarlas ir: con vergüenza. Nunca será maestro de obra, ha tirado la toalla, pero quiere que La Mula, su amigo, sea algo más, que es aún joven y puede hacerlo, si quiere. Pero en cambio Pico no quiere ni plantearse que podría sacarse secundaria por las tardes tras el trabajo. Es cierto que tiene una familia, pero no lo es menos que tiene más cosas que hacer que beber &lt;span style="font-style:italic;"&gt;guaro&lt;/span&gt; por las tardes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro día, el primero que decidí colarme en sus entrañas armado de utilería de explorador, empecé con una pregunta fácil: "Pico, ¿vas a optar a una de estas casas que estamos construyendo?". Que un nica te conteste con concreción es esperar a que se abra el cielo y llueva dinero, o flores, o jabón, cualquier cosa imposible. Así que tras algún suspiro y tras varios inicios quebrados de oraciones subordinadas, se arrancó con el ya mítico quién sabe, yo no sé, no lo tengo claro. Me pusé los guantes y el salacot, saqué el machete y empecé a despejar la maleza que me impedía el paso hacia su verdad, repitiendo la pregunta, insistiendo. Le pregunté pues si las dudas le vienen por lo que cuestan las casas o por su ubicación, que son los dos motivos principales por los que algunas familias rechazan entrar en el sorteo. Pero me respondió que no, que lo que le tira para atrás es que no se podrán tener animales de granja en esas casas que son de cemento y no de restos de tabla, cartón y bolsa de basura. Esas casas con agua potable, baño en el interior, suelo embaldosado, techo de zinc, un buen trozo de jardín y un porche donde colgar la hamaca. Con la perplejidad aupándome las cejas hice memoria, visualicé su casuta y su trozo de parcela y no vi ningún animal más allá de su único hijo. Pero por si acaso pregunté al aire si tiene animales, y él me confirmó que no, pero, adelantándose a mi siguiente pregunta, porque tiene un máster en intuición, musitó que "quién sabe si algún día podré tener un chancho". Y así, sin querer, que es como mejor se descubren las cosas, me enteré de que una de las aspiraciones del albañil con mote de niño repartidor de pan dulce es tener un cerdo. El albañil que soñaba con cerdos. Algo que no tiene es lo que le impide afirmar que sí, que quiere una de esas casas baratas, sólidas, humildes y dignas que estamos construyendo aquí; algo que quiere tener, algo que, entiendo, le hará más feliz, le hará ganar en tranquilidad y seguridad, que al fin y al cabo es lo que queremos la mayoría, vengamos de donde vengamos, cuando rozamos la treintena: un cerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho que empezó como panadero ambulante tuvo un hijo a los 22 al que todo el mundo llama Chepe. Ahora, con 28 y siendo un albañil respetado en su comunidad, un manitas capaz de arreglar cualquier cosa tirando de imaginación y energía, no tiene más hijos, cosa rara en este país donde las mujeres se deforman de tanto parir. Me aventuro a que puede ser debido a que dejó embarazada sin querer a esa mujer a la que no hace mucho caso, pero que fue responsable y se hizo cargo de ella, sin amarla, sin querer ese hijo, pero resignándose a él. Será por eso que seis años después sigue siendo padre de un solo chaval y amante de cuanta mujer se deje llevar por el atractivo de su caminar, de su silencio pensativo y de su madurez forzada por un hijo que no esperaba crear cuando empujó dentro de aquella mujer con tan solo 22 años y un trabajo que sería ya el de toda su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pico tiene mi misma edad y no nos parecemos en nada, pero nos respetamos y un lazo de cariño invisible se está empezando a desmadejar entre nosotros. Yo estudié para ser algo que todavía no sé qué quiere decir; Pico decidió hace tiempo, tal vez cuando cogió a Chepe en brazos por primera vez, que moriría siendo albañil, algo que sabe demasiado bien lo que quiere decir. Pico sabe quién soy sin preguntármelo, y yo estoy por fin interrogándole para aprender ya no sólo de él sino de mí, viéndome reflejado en otro chaval que nació en el 81, pero a 11.000 kilómetros de distancia, robándole el nombre a los inmigrantes alemanes y sabiendo que la vida no le depararía mucho más de lo que vio al nacer y ya no recuerda, pero qué más da si es lo mismo que ve cuando se levanta cada mañana, cuando bebe en soledad las tardes de domingo o cuando se decide a llevar a Chepe a dar una vuelta por Granada, los dos en la bici de Pico, los dos pareciéndose tanto, tan callados y tan feos así de primeras, los dos siendo tan iguales que si vuelvo dentro de quince años será a Chepe al que tenga que buscar en las obras que haya en torno al camino de La Prusia, ese camino largo que tiene tantas cosas que contar que no sé ni por dónde empezar. Tal vez por Pico...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-7055890562695887683?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/7055890562695887683/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=7055890562695887683' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7055890562695887683'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7055890562695887683'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/02/el-canciller-que-sonaba-con-un-cerdo.html' title='El canciller que soñaba con un cerdo'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-5095119120954491548</id><published>2010-01-29T00:36:00.003+01:00</published><updated>2011-05-14T11:57:23.929+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='extimidad'/><title type='text'>De una suerte de asfixia</title><content type='html'>¿Sabes cuándo estás con alguien, con una chica, digo, y, siendo la situación de lo más inocente y trivial, ocurre algo, algo que tal vez sólo tú ves, sólo tú quieres ver? Algo absurdo, nada fuera del más aburrido normal, pero que te inquieta; algo que te despierta, que te hace pensar en si esa chica te ha sugerido de más, en si podrías con un poco de labia y de descaro mecer el curso de los acontecimientos previsibles hacia el terreno del juego de la seducción, de los dobles sentidos. ¿Sabes de lo que te estoy hablando? Claro que sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es como en Los puentes de Madison, cuando Meryl Streep sólo está fregando los platos, qué cosa más habitual, sin colores. Pero de repente ya no está sólo fregando los platos porque Clint Eastwood se le ha acercado más de lo normal, sin cambiar el tema de conversación monótono, sin hacer nada más que acercarse a donde ella friega, consiguiendo que ella ya no esté sólo fregando, allá con las manos enguantadas y hundidas en el agua jabonosa. El pistolero que envejeció romántico le roba el espacio vital a ella, provocando que la escena se llene de colores que no se ven pero se palpan, y ella quiere seguir fregando pero, preguntándose por qué, se ha puesto nerviosa. Han invadido su aire y Eastwood está ya por todas partes, tan cerca, su respiración se nota, la de ella se detiene. Sus cuerpos se rozan cuando él se cruza sobre el fregadero para alcanzarle algo a una madre que no esperaba volver a sentirse tentada por un hombre. Hay una explosión silenciosa en cada vena, músculo y hueso de los dos maduros que no esperaban encontrarse y que, sin más, se estaban buscando después de todo. Él monopoliza el oxígeno y ella boquea, como en un incendio, él es el viento y ella el árbol que se deja quemar, vencida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues algo así me ha pasado hoy, siendo yo mucho más joven que Eastwood y ella sin querer ser Meryl Streep, y con el símil con la película revelándose en mi mente, rebelándola. Ella me repasaba las rastas, haciéndome un favor con el que le gusta entretenerse, los dos solos en mi casa, sin música, sin más conversación que la que propiciaba mi pelo y el país en el que estamos. Ella sólo enredaba mi pelo y en un momento que no sabría recordar he empezado a elucubrar en cambiar de tercio, en enredar yo con el suyo, no para cambiarle el peinado... para despeinarla. Pero un pensamiento tan suculento como ese se ha adormecido por la lógica de lo que es visible: sólo me está haciendo las rastas, llevamos dos meses conviviendo en grupo y ella quiere aprender a tejer así el pelo y yo soy el cobaya. Nada ha hecho ella para activar mi perversión y mi deseo, pero su cuerpo estaba tan cerca del mío que podríamos haber pasado por siameses. Yo sentado en un taburete bajo, ella en una silla, en un plano superior, con mi nuca a la altura de su pecho. Sus piernas quedaban cruzadas a mi izquierda, su muslo derecho marcando mi cadera a través de unos pantalones de tela fina, de la finura exacta para revolucionarme las neuronas, su pie desnudo apoyado en la mesa, quemándose por el láser de mi mirada, oculta para ella, que haya atrás sólo me colocaba la cabeza, me la ladeaba o me la erguía o me la hundía, tiraba del pelo y frotaba mechones, ella sólo hacía algo intrascendente, pero yo quería ser Meryl Streep, que al fin y al cabo sólo estaba fregando y al final mira como acabaron, despejando de cacharros la mesa de la cocina para revolcarse como adolescentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo se ha venido abajo con grandilocuencia, como el frente del Pacífico con Hiroshima y Nagasaki devastadas, como las demoliciones mal planeadas, como los peores matrimonios. Todo se ha frustrado con una tercera pisoteando mi imaginación, irrumpiendo allí donde dos, sólo dos, luchábamos sin armas por un aire que sobra pero que de repente faltaba. La batalla que sólo se libraba en mi retorcida cabeza, tan cerca de donde sus dedos bailoteaban, ha durado unos minutos que se le han escapado al tiempo, que han volado de la esfera de su reloj, porque hace mucho que yo ya no quiero saber la hora. Ha sido uno de esos ratos en los que podría haber pasado lo inconcebible, pero hemos dejado que todo siguiera su curso, manso, sin olas a por las que lanzarse. Puede que ella no se haya percatado de nada, que sólo los rescoldos de mi niñez justifiquen lo que he dibujado en el más rico de los silencios, pero me da igual, porque sin espacio me he puesto algo nervioso, y eso ha hecho que el día de hoy haya merecido la pena. Y mañana será otro día y me acordaré de esto y me sonreiré y responderé nada si alguien pregunta por esa expresión estúpida que se me ha escapado, porque no pasó nada, ni iba a pasar, supongo, pero podría haber pasado, y ese podría, ese condicional que conjuga mi ego, sólo mi ego, me ha sentado a escribir, porque el deseo es ese privilegio humano tan poderoso que puede convertir el momento más prosaico en un relato como éste.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-5095119120954491548?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/5095119120954491548/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=5095119120954491548' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5095119120954491548'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/5095119120954491548'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/de-una-suerte-de-asfixia.html' title='De una suerte de asfixia'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-2885198511397585042</id><published>2010-01-27T00:23:00.004+01:00</published><updated>2011-05-14T11:56:58.414+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Paso a paso, haciendo camino</title><content type='html'>En  la última semana me han ocurrido dos cosas que me han dado que pensar sobre mi nivel de integración en este lugar. Las dos acontecieron andando, que estando parado te pasan menos cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sábado, once de la mañana, la peor hora que existe para bajar por el camino a Granada, con el sol riéndose cruel allá arriba y nuestras nucas implorando perdón acá abajo. Con un escocés, dos yankis y una canadiense, con la camiseta guardada en la mochila y las rastas apartadas de mi frente por un pañuelo enrollado en la sien, andamos hacia la civilización. Cinco blancos en país de mestizos. Cinco signos de dólar hollando un camino de chabolas, perros tísicos, niños sonrientes, mujeres ocupadas, y vagos que saludan desde su silla o hamaca. De repente, el ruido de un motor a nuestra espalda. Tenemos suerte, una pick up va en la misma dirección que nosotros y, como tantas otras veces, la paro y pregunto si nos llevan a Granada. Aparte del conductor, dos nicas van en la parte trasera de la pick up, gritándonos Granada, Granada, Granada como hacen los voceros de los autobuses que anuncian su destino a cada grupo de gente que, parada a la vera de la carretera, bien puede estar esperando ese grito para trepar al bus. Les respondo con el mismo grito, nos reímos y nos encaramamos a la pick up. Tras la cabina del conductor hay una tabla de madera cruzada que sirve como banco. La canadiense y un americano la ocupan, mientras que el escocés y el que es de New Jersey preferimos ir de pie. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy el único que habla español de entre los gringos que hemos sido recogidos a tan calurosa hora en tan polvoriento camino. Entablo conversación con los dos hombres, hablamos de los toros que hubo en Nandaime, sacándoles de dudas aclarándoles que no venimos de la Laguna, que vivimos en La Prusia, en la casa de voluntarios que queda una milla más arriba de donde nos han recogido. Les pregunto que a dónde se dirigen, van al mercado, un destino perfecto para nosotros. Todo es como siempre que he cogido raid (hacer autostop) en el camino de La Prusia, aunque esta pick up Toyota, como casi todas, roja y cochambrosa no la había visto nunca. Cuando llegamos y el motor se alivia con el giro de la llave, parados frente a la gasolinera que está pasado el mercado de Granada, me apeo de un salto. Tras de mí y con la ayuda de los dos nicas, bajan mis compañeros. Los dos nicas se quedan en la pick up, apoyados en la cabina del conductor con los brazos cruzados y mirándonos divertidos. Me despido de ellos y del conductor, que sale justo cuando paso a su lado. Le doy las gracias y hasta la próxima, justo a la vez que Tom, el de New Jersey, pregunta con acento '¿Cuánto?'. Me río y le digo que no es nada, hombre, que nos han traído a raid, que eso no se paga. Pero el conductor entonces me mira raro y extiende la mano con la palma, callosa y con dedos gordos como penes flácidos, hacia arriba. Mis cejas suben hasta límites insospechados, le sonrío cuando me pregunta quién paga y, creyendo que está de broma, porque qué otra cosa vas a creer sino, le digo que nada, hombre, que el raid no se paga. En ese momento un borracho que tengo el disgusto de conocer se mete en la conversación anunciando solemne, con la poca solemnidad que dan sus ojos perdidos y su mandíbula bailonga, que en Nicaragua los raids sí se pagan. Deduzco pues que no están de guasa, que de verdad pretenden que les paguemos. Contesto, porque soy el único que puedo hacerlo, es como si estuviera viajando con cuatro gatos en tierra de perros, que no, mae, que he cogido muchos raids ya en Nicaragua y nunca he pagado ninguno, nunca siquiera habían hecho el amago de cobrarme. Sigo escondiéndome detrás de una sonrisa que me niego a borrar porque sigo esperando que estén intentando tomarnos el pelo, porque siempre pensaré que la gente no se aprovecha de la gente, aunque la vida me haya demostrado tantas veces lo contrario. El borracho decide seguir llevando la palabra, con los dos nicas del pick up asomados y riéndose y con el conductor serio y con la misma pose de un taquillero en un espectáculo circense de tres al cuarto. Me dice el tipo sucio y ebrio que entonces ésta será la primera vez que pagaré por un raid en Nicaragua. Me carcajeo a gusto de semejante imbecilidad y le digo que no, que los raids no se pagan, que ya llevo rato acá, en su país, y jamás se pagó un raid, mae, dejemos la guasa ya. El conductor decide bajar de los cinco pesos iniciales por cabeza a un total de 20. Entonces es cuando ya borro la sonrisa, las cejas bajan y me achinan los ojos, arrugo la frente, cambio el tono, y sigo en mis trece. Si tengo que estar discutiendo hasta el atardecer, así sea, pero a mí no me la dais que he cagado tantas veces ya en este país que bien podría tener que pagar un impuesto para la limpieza de alcantarillas, tengamos la fiesta en paz. Respondo de nuevo lo mismo que ya he dicho, que no pago, que a cuento de qué. El conductor balbucea y encuentra una excusa. La gasolina es cara, mae, me dice, en un tono menos áspero que el del borracho que se ha metido donde no le llaman, pero que se está ganando a pulso que bordeé la camioneta y le estampe sus inútiles sesos en la acera de la que ha levantado su estúpido culo. Vuelvo a carcajearme mientras doy un paso al frente, poniéndome más cerca del conductor, pues puede que sea sordo y no me haya oído, o puede que sea ciego y crea que ha llevado a raid a niños de cinco años. Suelto la obviedad más grande que se ha dicho en este país desde que Sandino mandó a la mierda a los yankis. El viaje lo ibais a hacer igual, con nosotros o sin nosotros, nos habéis recogido porque habéis querido, que si no hubiéramos caminado y simplemente sudado un poco más, la gasolina que habéis empleado es exactamente la misma que gastaríais si hubierais venido sin cinco gringos en vuestra pick up de mierda que como me ponga chulo os la malcompro, tontos del culo. El conductor se calla, supongo que porque para qué hablar si lo único que va a salir de tu boca son sandeces, una detrás de otra. Pero no el borracho, que ha decidido que esta guerra también es suya, y sin otra cosa mejor que hacer, decide seguir inflándome los cojones, porque los cuatro que me acompañan lo único que hacen es adivinar alguna palabra y mirarme ora a mí, ora al borracho, como si estuvieran en un partido de ping pong. Así que el alcohólico que podría ser anónimo pero que a partir de ese momento tiene cara y voz para mí y siempre que le vea tendré ganas de meterle semejante ostia que no iba a tener garganta para tragar el guaro que desayuna, incide una vez más en que en Nicaragua se paga el raid, que si la gasolina es cara y que así funcionan las cosas acá, mae. Cuando voy a repetirle por enésima vez, porque no me importa, porque no tengo prisa, porque no te voy a pagar, que somos gringos pero no gilipollas, Tom saca un billete de 20 córdobas y se los da al conductor. Miro lo que ha hecho, veo que el conductor se da la vuelta con el billete desaparecido en su bolsillo, y me arranco diciendo que eso está muy feo, que el raid no se paga y que no me vengan con tonterías. El borracho intenta tomar la palabra de nuevo pero le interrumpo, porque se merece no sólo que le interrumpa sino que le arranque la lengua a mordiscos, y le digo algo que no había dicho en mi vida, y mucho menos usando el acento nica: Vos sos loco, que bien sé yo que el raid no se paga, ni acá ni en ningún sitio, mae, así que callate de una vez y vete a la verga, vos! (voseando, cambiando el acento de las esdrújulas y arrastrando las eses, como si hubiera nacido en Managua, por ejemplo). Me giro y empiezo a andar calmo, meneando los hombros, para escuchar como el borracho me devuelve el improperio: A la verga se va vos, perro! Decido que es suficiente y me alejo, sorprendido por el hecho de que he insultado en nica a un nica. Los cuatro perritos falderos me siguen, vistiendo incomprensión en sus caras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por primera vez en tres meses he mandado a alguien a la verga de tal modo que lo único que ha podido hacer el interpelado es devolverme el insulto repetido, con el mismo acento que le he robado. Me he sentido tan nica que miraría mal al próximo español que se me presente, colonizadores de mierda. Tom se me acerca y me pregunta si he dicho lo que he dicho, le digo que sí riéndome y él se queda rumiando la frase, como intentando guardársela, pero sabiendo que nunca, porque no habla castellano y nunca podrá desprenderse de sus pecas y sus ojos claros y su acento de yanki, podrá imitar el hablar de esta gente. Yo sí puedo, y lo he hecho casi sin darme cuenta, y estoy orgulloso, tanto de eso como del hecho de que, aun sabiendo que 20 pesos no son ni un euro, me escocía pagárselos a estos ladrones, no por avaricia, sino porque ya pienso en pesos y sé lo que se pueden hacer con 20. Comerte dos enchiladas, comprar un paquete de tabaco, pagar un taxi para dos, media hora de Internet, una cerveza, una docena de donuts, un paquete de pan de molde en la panadería. No me suponen nada 20 míseros córdobas, pero estoy cada vez más cansado de que crean que por ser español soy, no sólo rico, sino tonto. Pues mira, no sólo no lo soy, sino que te insulto como me insultarías tú luego. Porque el avaro en realidad fue el conductor, porque malicioso fue el borracho, porque los cuatro con los que yo iba, de haber ido solos, no habrían dudado en pagar como si aquello fuera normal, y no lo es. Nadie paga por un raid, gringo o no gringo, tonto o listo, niño o viejo, mujer u hombre. Y no me las doy de extranjero experimentado en las triquiñuelas de este país, que sólo llevo tres meses y eso es menos de lo que tarda un niño en destetarse, no quiero parecer el listo de turno, pero lo que no pienso aparentar es que soy ciego. He visto y aprendido, que es a lo que vine, y lo que es mejor, he dicho, por fin, como ellos, sólo como ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra cosa que me pasó no tiene nada que ver con malos tragos, con acentos, con insultos nacionales, es más, en realidad no me pasó nada, fue sólo una sensación que tuve y que no había experimentado en los tres meses largos que llevo en este país que nunca antes habría pensado que visitaría. ¿Quién carajo cruza el Atlántico para ir a Nicaragua? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo por el camino de La Prusia, de nuevo hacia la colonial y falsa Granada, de nuevo paseando por este hermoso lugar que no tiene nada digno de ver pero a tanta gente que conocer y que ya conozco, de nuevo con dos voluntarios que cuentan por días su estancia aquí cuando yo ya he tenido que ir a renovar el visado, esta vez los dos españoles, de Madrid, como yo, o cada vez menos como yo, eso es lo que quiero pensar, andamos. Ellos van hablando sobre Argentina, que los dos estuvieron visitándola. El perito Moreno, Iguazú, la carne a la parrilla de los domingos, la hospitalidad, el vino de Mendoza, lo avispados que son los bonaerenses, los viajes de 20 horas en autobús, el acento, las mujeres, Argentina. Departen sobre la nieve que ha caído en Madrid y que los nicas sólo ven la tele, sobre lo peligroso que es Managua, o eso dicen, sobre la impresión que les dio el camino cuando lo cruzaron la primera noche que llegaron, montados en un taxi o en la camioneta de Hugo, sensación que casi no recuerdo. Ríen sobre cómo es hacer escala en Estados Unidos, se asombran de la fuerza de los enjutos nicas y de lo pronto que las mujeres empiezan a tener hijos que terminarán contando por docenas y teniendo que inventarse sus nombres. Discuten sobre el valor del euro en estos países, analizan forzados el precio de la gasolina y comentan en chascarrillo los parásitos que han leído pueden colársete por entre los dedos de los pies y anidar dentro de tu piel, tan blanca y poco preparada. Y mientras ellos entrenan la fuerza de su lengua, yo saludo a izquierdas, luego a derechas; me detengo con el pequeño Erik a decirle que mañana tenemos práctica de fútbol, que no me falte y que entrene con su balón mientras; respondo al vacile de Junior que me sigue llamando Shakira por las rastas y que sigue queriendo enseñarme a jugar al beisbol, incitándome a apostarnos 10 dólares en un partido nicas contra voluntarios, 10 dólares que no ha visto en su vida y yo aconsejándole que, ya puestos, mejor 100; le grito qué paso, cochón, a un chavalo cuyo nombre no termino de retener y que me llama Julio Voltio, tengo que averiguar qué es eso; le sonrío a Julia que nos adelanta en su bici y sonriendo ella con una fila de dientes blancos y apetecibles si no fuera porque sólo tiene 17 años; respondiendo todo bien a la pregunta de qué pasó, Julio, que me lanza Lenin cuando pasa con su moto hacia casa de su cuñada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue hasta que me senté en el cibercafé de Granada cuando me di cuenta de lo poco que me interesaba la charla de los que nacieron en la misma ciudad que yo, prefiriendo diez mil veces más todo lo que me pasó en el camino, que no fue nada, porque ya no es nada, porque he andado por ese camino tantas veces haciendo exactamente lo mismo que ya no es nada, cuando en realidad lo es todo en este viaje. Soy alguien cuando bajo por el camino de La Prusia, los gringos son los que iban hablando sin darse cuenta de por dónde andaban y de quién les miraba. Todo es cosa de tiempo, supongo, y yo he necesitado tres meses para que el camino La Prusia-Granada se convierta en un racimo de conversaciones entrecortadas con quien me cruzo por el trayecto. Cuando llegué, bajaba igual que mis dos compañeros madrileños, tardaba cuarenta minutos en alcanzar al cementerio. Ahora, si quisiera, no llegaría nunca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas dos cosas tan nimias me pasaron, y en la poca importancia que tienen me he quedado nadando, sin ahogarme, respirando tranquilo y haciéndome el muerto, sopesándolas hasta concluir que son los pequeños detalles los que te demuestran las más grandes de las cosas. Un insulto y un paseo para darme cuenta de que sí, por fin, tengo nombre en este lugar, ya no soy un bicho raro, o al menos ya no lo soy tanto. Tres meses, un visado, la vida de un ratón sin suerte, mi tiempo, el de ellos, noventa días para ser Willie Fog sin moverme del sitio, sin cogerme un globo, sólo andando, siempre andando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-2885198511397585042?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/2885198511397585042/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=2885198511397585042' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2885198511397585042'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/2885198511397585042'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/paso-paso-haciendo-camino.html' title='Paso a paso, haciendo camino'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-7276073035375510859</id><published>2010-01-25T22:50:00.003+01:00</published><updated>2011-05-14T11:56:45.689+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Diez días queriendo ser Caribe VII - Let's go, fisherman!</title><content type='html'>A las 7 estamos camino de Awas de nuevo. De nuevo a la altura de Raitipura nos asalta un nuevo personaje, rapado y de sonrisa forzada. Nos suelta el mismo discurso que ya nos dijo Mr. Orlando, que nos hace de guía, que bla bla bla. Le decimos que se le han adelantado y pone cara de resignación. Mientras le damos largas, una horda de niños nos asalta y uno de ellos, haciendo gala de un total desconocimiento de la discreción, me pregunta qué le pasa a mi pelo. Respondo que es que estoy a ver si me hacen rastas, que lo de las trenzas es temporal. El niño sonríe y canta "hey you rastaman" y sale corriendo. Seguimos nuestro camino, yo pensando que el primero que me ha llamado rastaman es un niño descalzo que me ha vacilado en mis narices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al pasar el portón enrejado, que no hace ninguna función pues tiene toda la pinta de llevar sin cerrarse desde que se erigió, nos cruzamos con un negro alto y desgarbado, con rastas finas bailándole entre los omoplatos y una perilla malamente recortada subrayándole una cara guapa. Va descalzo, con una camiseta blanca de tirantes y pantalones pirata vaquero. En una mano lleva dos pez gato y en la otra una botella de Toña. Le saludo al pasar con un cantarín Hello y él responde con un susurrante Yeah man que nos enamora a Lau y a mí. Yeah man, para qué decir más si tu cuerpo, tu porte y tu rollito completan el significado de tan escueta frase. Reaccionamos tarde como para tirarle una foto, porque lo cierto es que se merece quince.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mr. Orlando ya nos está esperando, listo para prepararnos un desayuno a base de café soluble y pescado frito, que nos ventilamos entre gemidos orgásmicos mientras él ultima la panga que nos llevará selva adentro. La mujer, callada, invisible, nos sirve el inusual desayuno y continúa con las brasas. Shem, el hijo mayor de Orlando, entra y sale de la choza obedeciendo sin piar las órdenes de su padre. Cuando salimos de nuevo, con el café y un cigarro, vemos que hay alboroto en la playa. Vuelven los pescadores de marisco, con buenas dosis de cangrejo pero pocas de camarones. Niños desnudos y con ronchas en las piernas, algunas en carne viva, que no parece ni que las noten, revolotean alrededor de las pangas de los sufridos pescadores. Una mujer a la que hemos dado un cigarro nada más llegar aparece royendo una raspa de pescado, y a los dos segundos un par de niños se la piden. Ella se la pasa, ellos la roen aún más y cuando me doy cuenta la están mordiendo y la raspa ha desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al segundo aparece Mr. Orlando con una vela enrollada bajo el brazo. Nos hace señas para que nos subamos a la panga mientras Shem nos tiende unas botas de agua. Nos quitamos las chanclas, embutimos nuestros pies en las botas y nos metemos en ese tronco vaciado que se menea más de lo que ningún blanco sin Biodramina desearía. Yo voy al frente, Lau detrás, la vela enrollada a nuestros pies, Shem delante de mí, y su padre en la parte trasera, todos sentados menos Orlando, que con un palo largo va impulsando la panga para alejarla de la orilla. Me pregunto qué hacemos con las botas de agua puestas. Una vez que el palo no toca el fondo del mar, desenrollamos la vela, Orlando la encasqueta en un agujero del banco que tengo delante y dejamos que el viento impulse nuestro viaje hacia el norte, hacia la selva. Hace un día estupendo, con sólo un poco de viento ligero que no mueve las nubes que hoyan un cielo demasiado azul para describirlo, y el viaje es una oda al placer de navegar. En la orilla, un grito sale de entre los árboles. Orlando mira y responde con otro grito. Es un cazador de venados, nos dice. Sale de entre los árboles y le veo andando por la orilla, sin ningún arma entre las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos por fin a nuestro destino y entiendo porqué los españoles desistieron de hacer tierra aquí. Los árboles y la maleza tiran sus raíces al agua, no dando lugar a una mísera playita más allá de donde amarramos la panga. Orlando clava su palo en la arena y ata en él la panga. A su vera hay otra panga que se mece en el agua. Ahora es cuando él y Shem se ponen sus botas de agua, y yo es cuando me las quito para vaciarlas del agua recogida en la ida. Tengo los dedos arrugados como orugas viejas. Vierto el agua y me vuelvo a poner esos trozos de caucho agujereados y sigo a Shem, Lau y Clev al interior de la selva, por una senda de esas por las que sólo se puede ir en fila india. Es selva tupida, con el camino a veces embarrado y otras directamente cortado por un arroyo que salvamos haciendo equilibrio por un tronco mal puesto. No vemos monos, como mucho oímos algún pájaro y hacemos un alto en una de las tierras que es propiedad de la familia, donde lo que habían plantado fue arrasado por el último huracán. Orlando hace grandes esfuerzos por explicarnos lo poco que vemos más allá de lianas, palmeras, copas de árboles altos como gigantes y delgados como jugadores africanos de baloncesto, pero lo cierto es que sus explicaciones duran menos de cinco minutos, pues no hay mucho que contar. Llegamos a un claro donde dos hombres se desloman con el machete en mano. Son el suegro de Orlando y un joven de Awas, que están despejando el fértil suelo para iniciar una plantación de judías. En medio de la selva, un cultivo. Suena raro y absurdo, pero a tenor por la vegetación, la tierra aquí sólo podría ser más rica si en ella se encontrara oro. Pero a falta de metales preciosos que sacar, buena cosecha para vivir, que el oro no se come. Orlando no lo duda y saca su machete y echa una mano a los dos afanados compañeros. Cada golpe de machete de cada uno de estos hombres, sea del joven o sea del suegro que pasa de los cincuenta, arranca más hierbajos y cañas y raíces que los que diez españoles podrían arrasar con una hoz. Al rato, con algo más de terreno ganado a la selva, les dejamos con su tarea, sudando como pollos al horno. Un poco más adentro de esta selva en la que si de repente me dejaran probablemente moriría a la semana, más de desesperación que otra cosa, encontramos una cabaña derruida. Es la del suegro, que el huracán no respetó y que en algún momento tendrán que volver a erigir. Los rescoldos de un fuego reciente y algo de fruta recopilada son las únicas señales de supervivencia entre la devastación y la jungla. Tras la cabaña venida a menos está la plantación de yuca, banano y piña. Shem y Orlando se dedican a arrancar los arbolitos de la yuca y con el machete cortan el tubérculo, que echan al saco. Sólo los matojos grandes indican que la yuca ya está lista, y van tirando los tronquitos siempre al mismo lado del huerto, con lo que están formando una valla natural que delimita el campo sembrado de la selva salvaje. Miramos mientras trabajan, qué otra cosa podemos hacer dos blancos en terreno indígena. Lau tira alguna foto y yo me dedico a sonreírle a Shem, que va recogiendo la yuca que su padre va arrancando. Cuando llenan el saco, nos llevan a ver la piña. Nunca había visto una piña plantada, que nace en el suelo, como las lechugas. Son pequeñitas y su cresta verde asoma de entre el suelo en rebeldía, dura y puntiaguda, prometiendo dulzura bien protegida por la coraza de la fruta. Y los bananos están justo detrás, levantándose orgullosos por encima de los árboles frondosos de la selva. Están repletos de bananos, completa ebullición, así que arrancan un buen manojo, de unos treinta frutos alargados. Y con eso nos damos por satisfechos, un saco lleno de yuca que Orlando se pone a la cabeza con la facilidad con la que yo me pongo los gayumbos por la mañana, y el par de docenas de plátanos que Shem lleva incómodamente al hombro. Desandamos el camino estrecho, yo detrás de Shem cerrando la fila, que si esto fuera una película de Hollywood, sería pues yo el primero en morir a manos de una fiera asesina o de una tribu en taparrabos, lanzas y escudos pintarrajeados, sin que el resto de la fila se percatase, cayendo uno a uno… pero qué peliculero soy. Y en esas estoy cuando veo a Shem pararse y mirar al suelo. Deja los plátanos a su lado y agarra con suavidad una liana que repta por el camino, delgadita. No acierto a saber qué está haciendo, primero pienso que jugando, y sigo andando. Llego a donde está la panga, que está a punto de inundarse, porque hace aguas por una pequeña grieta que a la ida iba Shem tapando con paños y hojas, y al rato llega Shem agarrando la liana que ha arrancado de un extremo, y del otro cuelgan los plátanos, por detrás de su hombro. Se ha fabricado una cuerda en lo que yo tecleo esta frase. Pienso que si yo necesitara ayuda en una situación parecida en mi mundo, llamaría un taxi o a un amigo con coche. Cargamos las cosas en la parte delantera, donde a la ida venía Shem remendando la grieta de la panga, y nos situamos en las mismas posiciones de antes, ahora ya sin las botas puestas, ingenuos que somos. Orlando empuja la panga con el palo hasta alejarla de la orilla y me pasa un remo. Él detrás remando a la izquierda, yo delante haciendo lo propio a la derecha. Cuando veníamos, con el viento dándonos a la espalda, navegamos. Ahora, con el viento en contra, toca avanzar a golpe de remo. No se me había ocurrido que esto iba a ser así, y se me ocurre que sí, que es una excursión a la selva lo que hemos hecho, pero que en realidad no es más que acompañar al padre y al hijo a por su siembra y a ayudarles en la dura tarea de volver remando. Y encima pagamos por ello. Qué cosas. La travesía dura unos cuarenta minutos, y yo a los cinco estoy derrengado. Viendo que flaqueo, Orlando se ríe y grita a mi espalda "Let's go, fisherman!" Qué pescador ni que ocho cuartos, si yo sólo soy periodista, y ni siquiera de los que salen a la calle en busca de la noticia, sino de los que están frente al ordenador edulcorando textos. Le respondo que es que yo no estoy acostumbrado a esto, que ellos son duros. Él me responde con un "we do this everyday", pero sin querer sonar chulo, con el mismo tono de obviedad que empleó Danly en Rama Cay cuando me dijo que se hacía 18 kilómetros a remo en mar abierto en menos de cinco horas. Razono para mis adentros que al igual que yo no estoy acostumbrado a hacer lo que esta gente hace a diario, ellos no lo están a mi rutina, a trabajar con ordenadores o desenvolverse en una ciudad como Madrid. Concluyo mustio que lo que yo sé hacer no me salvaría nunca la vida, mientras que lo que Shem o su padre ejercen con soltura les da de comer cada día, aunque no haya nada a la vista para llevarse a la boca. Yo moriría aquí en diez días si me dejaran solo. Ellos en Madrid encontrarían la manera de sobrevivir. Termino pasándole el remo a Shem, que a un ritmo más pausado pero constante que el mío, aguanta el resto de la travesía sin siquiera hacer una mueca de agotamiento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo en la playa de Awas nos tiramos en la hamaca mientras la mujer de Orlando cocina el rondón que nos espera, a saber: sopa de pescado, yuca y banano. Lau y yo comentamos con satisfacción el hecho de que no nos hayan pedido un peso más allá del presupuesto acordado por el día de excursión. Comer lo que acabamos de extraer de la tierra es un placer al alcance sólo de los que tienen dónde sembrar. Está exquisito y desaparece de nuestro plato en menos tiempo de lo que Shem ha tardado en fabricarse una cuerda con una liana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvemos a la hamaca, donde intentando dormitar nos interrumpe un tipo que apesta a alcohol. Balbucea cosas incomprensibles, acierto a entender que despotrica contra Orlando, que si volvemos mañana es mucho mejor que lo hagamos con él que con nuestro esforzado anfitrión. Noto como la sangre me hierve, pero en la hamaca se está demasiado a gusto como para buscar la confrontación con nadie, así que lo único que hacerle es empujarle con suavidad cada vez que se inclina demasiado cerca de mi oreja para susurrarme sus necedades hediondas. Es realmente repugnante. Le respondo que a mí esta gente no me resulta tan mala como él me anuncia, que me deje tranquilo que quiero descansar, pero no se da por vencido y continua creando cizaña, algo que no va a conseguir ni aunque el mismísimo Zeus se acomodara en su hombro para darle la razón. Aparecen dos chavales que se ríen de él y sin hacerle caso me invitan a jugar al fútbol con ellos, pero entrar en la hamaca es fácil e imposible salir de ella con tanta facilidad, y el rondón está todavía surcando mi estómago. Terminan casi encarándose al tipo, mofándose de él y alejándole de nosotros, respetando nuestro sosiego. Me da la impresión de que Orlando, su familia y sus amigos nos protegen. Cuando por fin se aleja, se acerca Shem, que le ha tirado un par de piedras mientras el borracho intentaba convencerme de lo imposible, y me dice que no le haga caso, que es el borracho del pueblo, porque en toda sociedad alguien tiene que hacer el papel de tonto del pueblo y este se esfuerza en representarlo. &lt;br /&gt;Al rato Orlando se acomoda a mi vera buscando conversación y la abre con una pregunta que me deja estupefacto: "What's the name of the president of Spain?" Zapatero, le digo, y quiere saber qué tal es. De verdad que no sé cuántas veces he flipado ya en este viaje, me río yo de los profetas del LSD. Le cuento mi impresión sobre un presidente que nunca conocerá y le dejo que me hable él de sus ideas políticas, mucho más interesantes que las mías. Volvemos a hablar de la contra, y ahora reproduzco este párrafo suyo, que por elocuente me resultó encantador: "The sandinistas wanted to take our lands and change our traditions, brother. They wanted to put us on the swamp so they could came to the coast and t olive. We said: 'if you want to do that, you will have to kill us all'. So we fighted, and they gave up". Todo ello dicho con ese acento y esa forma de comerse consonantes que simplemente termina convirtiendo el inglés en un idioma diferente, con poco entusiasmo pero demasiada convicción, quitándose la gorra a veces para limpiarse el sudor de su tremenda cabeza, y siempre sonriéndome. Embobado una vez más busco la grabadora que traje y que no encuentro, pero sabiendo que esto no se me olvida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rumio que esta gente son una tribu auténtica, y ahora yo apostillaría "salvando las diferencias", pero cuando las diferencias son tan vagas como la ropa y la cancha de baloncesto, para qué salvarlas. En este día que compartimos con ellos, si nos borramos a Lau y a mí de la escena, únicos blancos entre miskitos, y también a las canastas, las camisetas y las gorras, este día de diciembre de 2009 se encontraría con total similitud en el diciembre de 1400, por ejemplo. Pangas prehistóricas, pesca, reuniones tribales y chozas de madera y techo de palma, el progreso se ha olvidado de esta gente, y ni falta que les hace. Si acaso la luz eléctrica, que les llegó hace cuatro años y aparece en la población de cuatro de la tarde a seis de la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nos vamos a ir, Orlando nos cuenta que su madre necesita unas medicinas, que sino nos importa que venga con nosotros a Lacoon y que le ayudemos con el tema. Claro que sí, amigo mío. La gran diferencia en lo que a dinero respecta entre esta gente y los McRea es que éstos nos pedían plata para lo que fuera mientras que Orlando nos dice, con absoluta sinceridad y sin esconderse, lo que necesita y nos pide que se lo compremos, él no quiere más dinero que el acordado por hacernos de guía. Así pues nos ponemos en camino con el sol cayendo. Hacemos una parada en Raitipura, a que Orlando hable con un amigo que teje una red de pesca y yo aprovecho para comprar pan de coco en la misma casa. Cuando continuamos el regreso le decimos a Orlando que nos gustaría volver mañana, esta vez para pescar con él. Pone cara de asombro, como si nadie jamás hubiera ido dos días seguidos, pero obviamente accede, a las siete de nuevo, esta vez en busca de ese pescado tan escurridizo que antes encontraban con los ojos cerrados. &lt;br /&gt;Le pregunto mientras andamos a buen ritmo, él con la visera de la gorra ladeada de tal manera que le cubra de dónde nos golpea el sol de la tarde, que cómo se dice flaco en miskito, que así es como me llaman en La Prusia y que en rama se dice &lt;span style="font-style:italic;"&gt;suinyi&lt;/span&gt;. Me dice que es &lt;span style="font-style:italic;"&gt;biánwa&lt;/span&gt; y se ríe por mi absurda duda idiomática. Ya tengo mote en tres idiomas, dos de los cuales nadie de mi entorno en España sabe siquiera que existen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Lacoon probamos en dos farmacias y en ninguna de las dos tienen una de las medicinas que requiere la madre de Orlando, que tiene una infección bucal. De la que sí tienen son cuatro córdobas el comprimido, un precio escandaloso para un nica. La sanidad aquí es pública, pero los medicamentos son inalcanzables para su economía. Me cago en las farmacéuticas una vez más. El ibuprofeno se lo regalo yo, y otros dos medicamentos los encontramos. Paramos también en una ferretería para comprar anzuelos y sedal para nuestra aventura de mar de mañana y nos despedimos de Orlando, hasta mañana a las siete, brother.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el hotel nos sentamos al lado de una pareja formada por una blanca y un nica, ella española por el acento. Terminamos uniendo mesas y compartiendo cafetera. Ella, Cuti, llegó a España con las brigadas de paz, en plena guerra, y allí conoció a Miguel, natural de Ocotal, un pueblo de campesinos al norte del Pacífico. Miguel vendría a ser un maki pero al estilo al nica, pues huyendo de la represión somocista en los primeros coletazos de la revolución tuvo que esconderse en las montañas durante un año, sin bajar nunca al pueblo a ver a sus padres. Nos explica que era tal la represión que si una patrulla de somocistas te veía calzando botas embarradas, ya daba por hecho que eras un rebelde y, sin más, te disparaban si tenías suerte, te apresaban si el azar no te sonreía. Para él, claro, como para casi todos, Somoza no era sino un clan de hermanos déspotas, caprichosos, sanguinarios, proyankis, esquilmadores, corruptos e hijos de puta. Él tiene ahora mismo cincuenta años exactos, o sea que en la guerra contaba veinte. Dice que el primer FSLN en el poder, el de Ortega y Sergio Ramírez, era un buen gobierno, el único que ha tenido Nicaragua. Que ahora es un insulto que se sigan llamando sandinistas, que es más o menos la idea que nos estábamos ya forjando Lau y yo. Si Sandino levantara la cabeza lo primero que haría es patearle el culo a Ortega, tal y como hizo con los yankis en los treinta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuti nos cuenta como, con las brigadas de paz en el 84, cenaban con una banda sonora de tiros de metralleta, como los sandinistas que les protegían cenaban con ellos con el fusil apoyado entre las piernas, como Julia, una niña de quince años, sacaba tiempo para por la mañana ir a la escuela y por la tarde dar clases de alfabetización de adultos y por las noches sacaba fuerzas para hablar con los brigadistas y seguir cultivándose. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablamos del carácter de los nicas, que, cuentan, son famosos en Centroamérica por su hospitalidad y afabilidad, que son bondadosos al máximo cuando no tienen nada. Nos cuentan que el secreto de la pobreza de este país de suelo extremadamente rico está en la falta de industria, que desapareció cuando echaron a los Somoza. Miguel se queja de que todo material de construcción en este país es carísimo, zinc, madera, pintura, y que así es normal que la gente opte por vivir en chabolas, como en La Prusia, pues nosotros también les contamos nuestra escueta historia nicaragüense. Miguel confiesa que los nicas son los moros en España para los ticos, que son la mano de obra barata y anulada de Centroamérica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preguntamos por este viaje que están haciendo, pues toca pasar la navidad con la familia de Miguel, él se mofa de ello pues siempre las pasan con la familia de Cuti y ahora el que se lleva el gato al agua es él, por fin. Que su madre, siempre que la llamaban en navidad, decía que sí, que estaba bien con los hermanos de Miguel en casa, pero que sin Miguel es como si en estas épocas de nostalgia le faltara un brazo. Es el hijo predilecto y lo sabe, así que esta vez complace a su madre anciana, que quién sabe si éstas serán sus últimas navidades. Son una pareja graciosa, bien avenida, que se conocieron aquí en plena guerra y se fueron a vivir a España, donde a Miguel le siguen parando por la calle los policías para pedirle los papeles y él ya directamente les enseña el abono transporte mientras musita "joder, que llevo aquí más años de los que tiene tu hijo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos despedimos, que ellos mañana han contratado un viaje con el hotel por las poblaciones garífunas de Orinoco y alrededores y nosotros hemos quedado con un hombre que no tiene nada pero no se lamenta de ello.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-7276073035375510859?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/7276073035375510859/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=7276073035375510859' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7276073035375510859'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7276073035375510859'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/diez-dias-queriendo-ser-caribe-vii-lets.html' title='Diez días queriendo ser Caribe VII - Let&apos;s go, fisherman!'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-7112524489439570250</id><published>2010-01-22T23:19:00.001+01:00</published><updated>2011-05-14T11:56:33.692+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Teseo no usaba látigo</title><content type='html'>La quiero tanto que la entenderé siempre, la entiendo incluso cuando dice que no me quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de semejante frase, cómo anular el impulso de escribirla, de robársela al autor, que la dijo sin pensar, de carrerilla, como chillan los niños que se insultan. Y yo, anonadado por la brutalidad de la declaración, por lo preciso de su amor, por el valor de la sentencia, me quedo rumiando las palabras que se escaparon de sus tripas confusas. La quiero tanto que la entiendo hasta cuando no me quiere. Con el látigo volando sobre su cabeza y aterrizando sin freno en su espalda, Celta se flagela sentado, fumando un cigarro que se consume despacio, con la lengua desatada y el corazón en llamas, con el alma herida como los perros de La Prusia, que sin alimento se dejan caer en cualquier lugar del camino esperando nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, como casi siempre, no sé qué decir cuando me hablan de amor, porque creo que cada vez sé menos sobre el tema, será por eso por lo que de un tiempo a esta parte, demasiado quizá, escribo tanto sobre él. Así que en mi inoperancia sólo alcanzo a quitarle el látigo al compañero de casa y de masoquismo, espetándole con tanta rectitud como cariño que no puede obviar el valor de lo que está haciendo, que no es otra cosa que acoplarse sin chistar a las decisiones de ella (incluso si decide no amarle más), reprimiendo las que él quiere tomar: irse, buscarla, traerla, demostrarle, amarla, hacerla madre de los niños más guapos que se han visto en este continente, donde abundan los retoños hermosos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Celta, joder, que tienes los cojones cuadrados, como se suele decir en una hipérbole que desafía a la anatomía. Te has venido solo al culo del mundo, porque si el mundo en su redondez perfecta tiene un culo, ese es Nicaragua, que busca limpiarse pero lo hace con el papel manchado que le proporcionan sus dirigentes, demasiado inmaculados ellos. Y es que Celta se vino acá sin su perra de raza rara, sin esa furgoneta suya que cuenta más kilómetros de los que hace un peregrino motivado, sin droga que esconder, sin Elia que acariciar… cuando lo único que declara no saber hacer este hombre es lidiar con la soledad y con la melancolía. Como yo, maldita sea, como yo. Sé estar solo, él también, pero no tenemos ni idea de cómo dormir a gusto sin entrelazar las piernas con las de una mujer por la que no dormimos, nunca aprenderemos a dejar de buscar a alguien con la que compartirlo todo, la taza del váter, la cafetera, la marca de tabaco, las baldas de la nevera, la limpieza de una casa que una vez fue de los dos y ahora no es de nadie, porque al que se la alquilen después no es nadie comparado con los que una vez habitaron aquellas paredes. Qué difícil es cocinar para uno solo, qué odisea es llenar el frigo cuando el cocinero es el que ocupará la mesa servida para uno, mesa flanqueada por varias sillas por si viene visita, pero sillas vacías los días de diario, de rutina. Y Celta y yo somos de los que queremos una rutina en pareja, que entonces deja de ser rutina para convertirse en vida, en aventura, en riesgo de ser abandonado y volver a cenar solo, mirando al frente sin ver nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras leía El retrato de Dorian Gray en inglés, Celta llamaba al pasado con un móvil que en Nicaragua es del futuro. Volvía él de una llamada demasiado rápida con la cara del que no ha oído lo que quiere oír pero sí lo que le tenían que decir, y lo sabías antes de marcar su número, iluso. No me llames más, no te quiero, Celta, déjame, olvídame un tiempo, por favor. El siempre bello Mr. Gray quedaba en suspenso, porque al que le sangraba el alma en tiempo real suspiraba en voz alta conclusiones que tendría que sacar por sí mismo, pero, una vez más y para subrayarlo, por sí mismo Celta no se cree capaz de gran cosa, cuando es sabido por todos los que hemos tenido oportunidad de conocerle un poco que sí él hubiera sido Teseo, el Minotauro no habría tenido lugar dónde esconderse en su propio laberinto, y Ariadna podría haber esperado tranquila, cosiendo quizá las velas del barco que debía llevarles de vuelta, a que llegara el héroe con la cabeza del animal sangrando en su mano izquierda, pues con la derecha porta la espada mágica. Pero Celta cree que sin Elia todo Minotauro es inmortal, imposible de cazar. Por eso, en un intento de aconsejar desde mi completa inocencia, le recomiendo que empiece a pensar en sí mismo, que aparte a Elia de ese torbellino que tiene por cabeza, que se meta de lleno en el laberinto pero esta vez no para buscar a nadie, sólo para aniquilar al Minotauro, por el mero placer de matar, de vivir él. Pero los consejos de poco valen cuando el que los da no cree demasiado en ellos, porque yo también creo que es imposible dejar de pensar en quien realmente te activa las neuronas por las mañanas y te las adormece por las noches. Despertarse sin cuerpo ajeno pero con la mente acompañada por quien no está, eso le pasa a Celta, eso me ha pasado a mí, eso creo que me sigue pasando, aunque la que no tengo a mi lado ahora mismo no tiene ni cara ni nombre, o si la tiene no la quiero ver y el nombre no lo quiero escribir, no me sale escribirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que él se va a entretenerse con cualquier cosa, a practicar el arte de lo difuso, y yo me quedo entreteniéndome como mejor sé, robándole el látigo y usándolo para escribir. Cuando Celta vuelva de buscar cualquier objeto baladí, le leeré esto en voz alta y entonando, para que sonriamos los dos al final y nos volvamos a agradecer sin pudor el habernos encontrado entre tanta gente, huyendo los dos de mierdas que queremos dejar atrás pero que a veces parece que tienen alas, mierdas voladoras que no nos dejan tranquilos. Porque qué difícil es reconocer la empatía y aún más lo es ponerle buena cara a un tiempo que se nos antoja jodido cuando en realidad es estupendo, que la mierda no vuela, coño, y sólo nos persigue si se lo permitimos. Por fin no sólo hacemos lo que queremos, sino que nos place hacerlo sabiendo que nos hace bien. No te olvides de ella, amigo, nunca, aunque quieras no podrías, ya lo sabes, pero enterremos el puto látigo que de nada sirve sobre el lomo propio cuando cualquiera nos diría que estamos haciendo lo que tenemos que hacer, que es buscarnos a nosotros mismos sin nadie que interfiera, para bien o para mal. Y si ella dice que no la llames más, la próxima vez marca el número de tu móvil desde ese mismo móvil, para que, por la aburrida lógica de la tecnología, te dé comunicando y así entiendas que es símil de que estás ocupado, contigo mismo y con el mundo, pero tú solo y con él a tus pies, sin hundirte ya en el fango sino chapoteando en agua que se va aclarando según pasan los días, porque al final los días pasan aunque aquí en el Trópico a veces las horas duren mucho más que sesenta minutos. Y al Minotauro nos lo comemos con patatas y a Ariadna que le den por culo, que se quedó gritando en una isla perdida. Y volveremos a buen puerto, aunque sea como él, con las velas negras que debían servir sólo para anunciar su muerte, pero si la tormenta destroza las blancas, mejor usar esas que quedarnos a la deriva buscando la isla donde abandonamos a la desagradecida Ariadna. Y ni Elia es Ariadna, ni tú eres Teseo, ni el Minotauro es nuestro miedo a la soledad, pero qué bien queda la metáfora. Sonriamos, de nuevo, así.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-7112524489439570250?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/7112524489439570250/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=7112524489439570250' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7112524489439570250'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7112524489439570250'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/teseo-no-usaba-latigo.html' title='Teseo no usaba látigo'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-4793747903742891160</id><published>2010-01-21T23:08:00.003+01:00</published><updated>2011-05-14T11:56:02.144+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>Por hacer algo</title><content type='html'>Pues a ver por dónde empiezo. Supongo que por cuando me jubilé, sí, yo creo que ahí es cuando todo empezó a irse al garete, al menos aún más que habitualmente. Pues eso, resulta que cuando me jubilé lo único que pasó es que no pasó nada, ya sabe. En ningún momento eché de menos el ayuntamiento, pero vamos, ni de broma, porque además yo no era ni de lejos imprescindible en el ayuntamiento, ni siquiera el alcalde, Hernán Cedilla en aquél entonces, lo era, ya sabe, estaba siempre demasiado ocupado comprando por Internet cualquier estupidez carísima y probablemente tan inútil como él, como se comprobó después cuando investigaron las cuentas municipales, usted lo recordará bien. Pero bueno, a lo que iba. Después de jubilarte la gente dice que es entonces cuando puedes dedicarte de verdad a la familia, y es lo que hice, ¿no? Sí, ya sé, es una broma pesada, pero qué le voy a hacer si desde hace dos días estoy como chispeante. Pues eso, que la gente dice que después de retirarte puedes entregarte a la familia otra vez, que con el trabajo la dejas de lado y todo eso, pero como dice Larry Weicester en la serie esa de abogados, "la gente no sabe nada, las personas son las que aportan información válida", eso seguro que usted lo sabe bien. Además, en mi caso, mi único hijo, ese vago de Marco, no requería de una atención desmesurada que nunca le di, siempre fue Conchi la que le preparó la comida y la merienda y le planchó y le lavó cuando era demasiado pequeño para entender que el jabón no se come, pero mira que era tonto ese hijo mío. Y mi marido, que asimismo nunca fue un lumbreras, tampoco reclamaba mojigato ese caso que parece que rompe tantos matrimonios, la falta de comunicación y esas tonterías que está claro que no son fundamentales pero que muchos creen que son pilar de algo tan ficticio como una pareja bien avenida. Sólo el silencio y las visitas a las respectivas suegras consolidan durante años un matrimonio, sabe usted, apúntese esa que lo mismo le sirve. Además, él tuvo suerte con la suya, con su suegra, digo, mi madre, que murió cuando Jonás y yo aún éramos novios, allá por el Pleistoceno, si me permite la broma. Y ya que me deja hablar, pues no paro, ya ve, tanto tiempo sin decir ni mu y ahora parece que no puedo parar. Pues eso, que Jonás, que era seis años menor que yo, nunca llegó a casa antes de las ocho, que la zapatería la cerraba a las siete y media, como un clavo, con clientes o sin ellos, nunca tuvo vista para los negocios, y Marco tenía ya, cuando me jubilaron, digo, edad suficiente como para independizarse con Jimena, con la que no se casaba porque la amaba demasiado, decía, el muy gracioso, recitando a ese engreído de Oscar Wilde. No se lea esa oda a la vaguería que es El retrato de Dorian Gray, menuda pérdida de tiempo, en el siglo diecinueve parece que publicaban cualquier cosa. Pues eso, me decía Marco "Para qué me voy a ir de casa, mamá, con lo bien que se está aquí, y así encima te hago compañía", mentiroso. Dejé de preguntarle por qué no se iba a su propia casa cuando su novia, la Jimena, se instaló en el cuarto que Marco había ocupado desde que nació y en donde sustituyó los pósters esos feos de videojuegos y películas que no conozco por cuadros aún más feos de un tipo llamado Murado, y también pusieron puzles de catedrales que nunca visitaré, puzles que habían hecho a dúo, hasta ese punto se querían, fíjese qué cosas. Jimena era enfermera en el hospital de mi amiga Ruth, y ya sé que lo sabe, pero ya le digo, no puedo dejar de hablar, será que estoy nerviosa. Yo le preguntaba por Ruth, claro, por cortesía, ya sabe, pero sólo me respondía, qué aburrida era la Jimena, "nada" cuando yo le preguntaba lo típico, "qué se cuenta Ruth", y eso. ¿Sabe usted que Ruth se murió de repente de un colapso nervioso en la cola del super? Esa sí que es buena, menudo epitafio, ¿se imagina? "Se fue a por uvas", esa es mía, mi padre decía que yo tenía sentido del humor, pero yo creo que mi padre nunca me conoció muy bien. Pues eso le pasó a Ruth. Y poco que contar del resto de mis amigas, si es que alguna lo era, que cuando te haces vieja parece que ya no hay nada que contar, no hay confidencias ni chismes que hagan valer una amistad, ya sabe, y si no lo sabe, lo sabrá, ya verá, la vejez es una mierda pero es clarividente. Ya, ya voy, deme un segundo que recapitule. Ah, sí, que mi hijo no se iba, mi nuera se nos metió en casa y mi marido respiraba por obligación más que por necesidad. No me mire así, que usted no le conoció, a no ser que se comprase alguna vez unos mocasines en la tienda de la calle Alcázar, ¿no? Pues no le conoció, y mejor para usted, habría sentido lástima de él, y no hay nada peor en el mundo que dar lástima con las mujeres o con el trabajo, como decía mi padre cuando decía algo con sentido.  Pues eso, y encima mis amigas, o lo que fueran, ya le digo, seguían trabajando. No es que yo fuera la más vieja de todas, o puede que sí, ahora que lo pienso, pero bueno, el caso es que seguían yendo al mercado la Puri, a la oficina la Mari, al bufet la Inma, al hospital... ah, no, el hospital no, que la única amiga médico que tenía expiró sin que hubiese ningún médico más en aquél Eroski… pues eso, que ellas seguían yendo al trabajo a resolver algún asuntillo que el novato que las sustituía - porque estoy segura de que alguna se había jubilado también - no atisbaba a resolver, o directamente no quería sabiendo que aquella vieja que se aburría en su casa podía hacerlo más rápido y encima la haría sentirse importante. Y sin pagarla, claro, que en la economía del trabajo se tiene en cuenta todo, ya ve usted. Pues eso, que desde que me jubilaron las conversaciones telefónicas con ellas fueron reduciéndose hasta que sólo una secretaria del banco o una teleoperadora aburrida y de nombre extranjero, ya sabe, Wendi, o Mariela, o Yoselín, o alguna horterada por el estilo, marcaba el número de casa para preguntar por mí. Al final no contestaba al teléfono y le decía a Conchi que dijera que no estaba, fíjese. Y así me tiré tres años, que se dice pronto, divagando sobre qué hacer, allá sentada en el sillón ocre del salón. Hice todos los sudokus del mundo, por mucho que haya evolucionado el dichoso jueguecito, y todas las sopas de letras las resolvía en menos de cinco minutos. Ya sé qué esto no le importará, pero me da bastante igual, la grabadora esa parece que no se cansa, pues yo tampoco. A todo esto, ¿usted sabe por qué han sido siempre tan simples esas sopas que son cualquier cosa menos sopas? Yo tampoco, es como si estuvieran hechas para tontos, será que están hechas para tontos, aunque yo me considero más lista de lo que usted se piensa, que me mira, sí, usted, como si fuera un mono en el zoo, y no me diga que no, no me contradiga que aquí puedo decir lo que me venga en gana, faltaría más. Pues eso, sopas de letras de capitales, comidas italianas, útiles de cocina, nombres de presidentes, nombres de mujeres de presidentes, apellidos de famosos, montañas, ríos nacionales, todo cosas absurdas y olvidables, todas las hice, porque Conchi seguía haciendo la comida y lavando la ropa y limpiando los cristales y pasando el aspirador por cada rincón de la única casa en la que he vivido, pues la heredé de unos padres que decidieron morirse demasiado pronto y mi marido nunca fue lo suficientemente ambicioso, el muy conformista, o lo mismo es que fue lo listo que hay que ser para no hipotecarse nunca, valiéndole con una casa en las afueras y unos vecinos con los que nunca hablamos más allá del ascensor sobre temas tan tontos como un clima que no interesa ni al hombre del tiempo. ¿Puede creerse que ni siquiera siendo los vecinos de más antigüedad llegamos a entrar nunca en las rotaciones para presidente de la comunidad? Qué cosa más rara, ¿verdad? Voy, hombre, voy, no se impaciente que aún es pronto, no es ni la hora de comer, por muy funcionario que sea, que yo también lo era y era de las pocas que cumplía mi horario. Pues eso, que después de tres años aburrida como una col decidí apuntarme a clases de yoga cuando, después de tres años de engordar y resolver enigmas de periódico, las varices de las piernas eran como los túneles que hace un topo cabreado, mire, estoy inspirada. Dejé de ir a la tercera clase, por mucho que la maestra, una niña pija llamada Cecilia, llamara a casa incitándome a volver y convenciendo a Conchi para que me pasara el teléfono, que invento más odioso. "Que le va a hacer muy bien, mujer, ya verá, confíe en mí", y qué iba a confiar yo en semejante criaja, que iba todos los días en mallas como una cualquiera, como la mujer de un gitano, o peor, como las que van al gimnasio buscando musculitos que le alegren el coño, perdóneme, es que ya ve, estoy lanzada, y hablando del tema, ya me vendría bien a mí bien uno de esos cachitas, ya sabe, que Jonás hacía tiempo que dejó que la Viagra cogiera telarañas en su neceser, retando a la fecha de caducidad, porque que la Viagra tenga fecha de caducidad es como marcarle la muerte al hombre que la compra, así de mórbida me he vuelto, porque el que compra Viagra suele ser ya viejo cuando acude a la farmacia, con la misma vergüenza con la que de adolescente compró sus primeros condones, como usted, seguro, pues eso, son ya demasiado viejos e inoperantes como para andarse con "consumir preferentemente antes de". Con "consumir preferentemente" valdría. Esa también es buena ¿eh?, está a punto de reírse, que se le nota en como arruga los labios, hombre, que seré lo que usted quiera pero a observadora no me gana nadie, ya ve, después de años en un sillón aprendes a vivir de mirar. ¿Por dónde iba? Ah, sí, por cuando dejé lo del yoga, qué sopor. Pues después de eso probé con siestas de cuatro horas y esas series de argumento rebuscado. Sólo cuando en el centro comercial no había serie que no me hubiera tragado en dos idiomas diferentes me dediqué a los coleccionables, a todos ellos, pero ya sabe que sólo salen en septiembre, y para octubre ya dejaba de bajar al kiosco, que empezaba a correr la rasca y prefería quedarme en casa, sí, en el sillón ocre que le comenté, es que era muy feo, qué quiere que le diga, pero para qué tirarlo, decía Jonás, si aún sirve y debe tener tus posaderas marcadas, me decía, queriendo ser gracioso y resultando sólo impertinente, es que tenía pocas luces, el pobre. Y después de todo ese tiempo, de las amigas que se desvanecieron, del yoga, de sudokus, de crucigramas, de series infumables, de más sillón ocre, de siestas interminables y que me levantaban un dolor de cabeza terrible, todo eso durante cinco años o por ahí, sí, cinco años y algo, llegó un día Jonás anunciando muy pomposo él que iba a dejar la zapatería, que la vendería y que así podría pasar más tiempo conmigo, y de repente ya no pude más y tomé la iniciativa, sí, sí, la tomé, después de un lustro de no hacer nada, que mira que es difícil no hacer nada, pero se puede, le digo yo que se puede. Al día siguiente, a eso de las seis, aprovechando que Marco estaba en su cuarto con la Jimena y que aún faltaban un par de horas para que llegara ese majadero con el que me casé, dejé el gas abierto y las ventanas cerradas, busqué el mismo super donde Ruth murió portando hortalizas para un gazpacho y esperé a que el puro de Jonás, que llegó puntual como siempre, derrumbara aquella maldita casa, con él dentro, con Marco y su novia follando en el cuarto, perdone la expresión, pero para qué decir hacer el amor si eso no existe, aquí ya sólo se folla, y ellos lo hacían en mi casa, sin respetar nada. Y los jodidos vecinos estaban reunidos en el piso de abajo, claro que lo sabía, estaban debatiendo sobre el presupuesto del año siguiente. Cuando volví al edificio humeante me entró la risa, ya ve, se me había olvidado reírme y todo, y fue entonces cuando me acerqué a Conchi, que lloraba en la acera de enfrente, tras el cordón amarillo, y le dije "ya hice algo, Conchi". Y poco más tengo que contar al respecto, espero que le haya gustado la historia. ¿Puedo irme ya? No es que tenga nada que hacer, es que si por mí fuera me echaba una buena siesta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-4793747903742891160?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/4793747903742891160/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=4793747903742891160' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/4793747903742891160'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/4793747903742891160'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/por-hacer-algo.html' title='Por hacer algo'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-7748898968355727311</id><published>2010-01-18T18:01:00.002+01:00</published><updated>2011-05-14T11:55:43.496+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Empezar con Anna y terminar conmigo</title><content type='html'>Anna vivió en Lleida con Judio, y follaron. Judio y Anna compartieron piso en Tapachula, y follaron. Judio vino a visitar a Anna a Granada, a la Gran Sultana de Nicaragua, no la de España, y follaron. Y cuando Judio se fue, Anna lloró, porque no sólo habían follado, ni en Lleida, ni en Tapachula, ni en Granada. Cuando le pregunté qué tal llevaba la marcha de ese chico vasco de apodo semita al que se follaba, ella lloró, al principio intentando retener lágrimas rebeldes, luego dejándose llevar, por fin, que llorar en público no es muestra de debilidad sino todo lo contrario. Yo no sabía, en mi cruel ignorancia creía que eran amigos y que, de vez en cuando, follaban, y mi pregunta era más una broma, tipo "te quedaste sin polvo, jódete y únete al club". Pero no. Follaban porque eran mucho más que amigos, porque follar por follar está muy bien, pero cuando hay algo más se llora cuando te separan. Compañeros que sin querer se habían habituado a quererse. Y al irse él, siguiendo su ruta, cogiendo su vuelo, ella comprobó lo pesada que puede ser la carga de la ausencia, porque cuando te falta algo que en realidad es alguien, todo parece pesar más, aunque debiera ser al revés, que quitar es aliviar, pero no en el terreno humano, donde quitar es símil de arrancar, de privar, de borrar y anular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anna dice que nunca dejaría de hacer nada por un tío, pero  yo pienso que yo sólo lo dejaría todo por una mujer, sólo con una mujer me creo capaz de merendarme el mundo, sin sal. Ni por dinero, ni por trabajo, ni siquiera por amistad. El amor que todo lo puede, dicen, el amor que todo lo pervierte y deforma, el amor del que tanto se ha escrito y del que parece que cada vez sabemos menos. Porque en juventud creemos que el amor no puede limitarnos, y en vejez nos convencemos de que lo único que merece la pena es el amor, y la salud, pero el amor nos puede quitar la salud. Hay gente que muere por amor, aunque ningún médico sea capaz de diagnosticarlo, porque hay cosas que no se estudian en la facultad ni en escuelas ni en libros ni en materias regladas. Hay cosas, como el dichoso amor, que no se aprenden nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conozco poco a Anna, dos meses de convivencia como voluntarios en una ONG de la que nadie ha oído hablar, una noche de perversión borracha pero consciente, y poco más. Ni siquiera charlas profundas y duraderas, de esas que hacen que todo cobre otro color, porque debatir durante horas es uno de esos placeres que no reconocemos como tal hasta que, pasado un tiempo, recordamos la conversación y lo que aprendimos de ella, porque no hay debate sano si no se aprende algo de él. Pero de esos minutos compartidos con Anna he podido sacar cosas en claro. Que es fuerte o se lo cree, que quiere vivir y no quiere que nadie le dirija un camino todavía no marcado, que le queda mucho por hacer como para seguir sendas que otros le indican. Que sin plan se viaja mejor, porque el viaje es lo que cuenta. Que se puede reír de nada, que es el mejor motivo para romper en carcajadas. Que es capaz de renunciar a un hombre por el que llora sin querer para que su vida en solitaria paz no se resquebraje. Escribir esto es dármelas de listo, pues no conozco en profundidad a esta Anna que es tantas cosas que su nombre repite la n. Esto es sólo lo que percibo, que soy de naturaleza observadora y reflexiva, pero qué carajo, escribo lo que quiero porque quiero y que no me chiste ni Anna ni Dios porque esta hoja en blanco es mía y la mancho como quiero. Tenía que escribirlo, Anna, porque me llamó poderosamente la atención verte oculta entre tus delgados brazos, llorando en silencio, como sólo lloran los que no saben que quieren llorar. Luego reconociste que lo necesitabas, claro, mujer, llorar es como correr, que sólo cuando terminas te das cuenta de lo bien que te ha venido. Andar está bien, pero correr de vez en cuando libera, y no hay nada como liberarse de congojas imprevistas, si es que éstas existen, porque seguro que antes de que Judio se fuera sabías que llorarías, sin motivo, pensabas, pero con todos ellos. Lo bueno de escribir es que el que pulsa las teclas es amo y señor del nuevo documento de Word, así que no me recrimines las faltas osadas que cometa intentando narrarte, entiende las licencias de escritor, que no son otra cosa que dárselas de deidad ante la hoja terrenal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez un día, Anna, un día querrás un hombre a tu lado que te acompañe en tu camino, pero si ese día todavía no ha llegado, si ese día no amanece hasta el 2020 y bien entrado, que le den por culo al mundo que solita te lo comes bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te debía un relato y en vez de eso escribo lo que pensé cuando te vi llorar allí sentada, con tus ojos pequeños, de colores imposibles, acuosos por primera vez para los que somos novatos en ti. Perdóneme usted por la libertad tomada por el que firma, o no, qué coño, no me perdone, que al fin y al cabo eso da igual, el perdón en este caso no vale de nada porque, de nuevo, escribo lo que me sale escopetado de la punta de los dedos, que estaban con el mono de apretar teclas, aunque en este caso sea para ti. Y para el autor, claro, que el escritor vomita primero para él y luego para el resto, hasta la bilis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con 22 te sabes joven como para que nadie te envejezca, pero a mi entender, una de las virtudes del amor es que nos hace niños. Sólo cuando estás enamorado eres capaz de hacer las tonterías más grandes, como hablar con voz de niño impostada y con un acento que no es tuyo, como soñar mucho más despierto que dormido, como proponerte metas antes inalcanzables, ahora factibles, porque el que está a tu lado te hace medir diez metros, y tan alto, tan alto, todo queda al alcance de la mano, una casa, una aventura, un viaje, niños, cuadros, novelas, un terreno, una vida a dúo, que los mejores solistas siempre acaban buscando otra voz para rematar un tema inolvidable. Despertarte por la mañana y hacer cosquillas, llamaros por motes sin sentido pero con todo el del mundo para vosotros, irte a dormir besando en la frente, ver series absurdas o pasear a la perra sin hablar porque para qué verbalizar lo que os decís por los ojos, o comer bocatas simples en parques donde los hay que se besan por primera vez, y donde correréis el uno detrás del otro y ella te llevará a caballito a ti y luego a la inversa y os caeréis al suelo y reiréis sabiéndoos observados por lo que no tienen nada mejor que hacer que criticar el placer ajeno. Escribir notas llenas de ternura cuando te vas de casa tú primero para que ella, al despertar y quitarse las legañas, mientras se toma el café que le has dejado humeando, la lea y sonría sabiéndose la mujer con más suerte del mundo, pero sólo porque tú eres el hombre más afortunado de un planeta en el que escasea la fortuna, porque es obvio que no hablo de dinero, mancilla de todo lo puro. Y harás todo eso sin pensarlo, harás todo eso y luego vendrá alguien, mayor que tú, y te recriminará, porque se le habrá olvidado que el que está enamorado olvida reglas sociales, porque el que está enamorado vive en otro nivel, ni por encima ni por debajo del resto, en un nivel en el que no existe nada más que lo que tienes delante y lo que podréis hacer juntos. Porque juntos, sólo juntos, se hacen cosas imposibles, como amar. Y por supuesto hace tiempo que estoy hablando de mí, ya no de ti, y ahora soy yo el que con los ojos humedecidos por el recuerdo no puede por más que sentir envidia de ti, porque prefiero tener a alguien por el que llorar que no llorar por nadie, que no tener a nadie más allá del recuerdo, de donde es difícil rescatar nada, porque lo pasado allá se queda y el futuro toca montárselo con alguien que no ha aparecido, o si lo ha hecho no me he dado cuenta, o si lo he hecho la he dejado escapar como tantas veces antes y ahora no sé cómo recuperar un tesoro como aquél, aunque tenga el mapa en la mano con la X marcada, pero me quedé sin carabela y, sobre todo, sin capitana. Sigo siendo grumete, y lo que me queda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-7748898968355727311?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/7748898968355727311/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=7748898968355727311' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7748898968355727311'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7748898968355727311'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/empezar-con-anna-y-terminar-conmigo.html' title='Empezar con Anna y terminar conmigo'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-3327824697115385386</id><published>2010-01-17T17:50:00.003+01:00</published><updated>2011-05-14T11:55:29.697+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Con bola extra no hay game over</title><content type='html'>Celta dice que quiere dejar de llamarse yonki, sobre todo porque ya no lo es. Después de 14 años encadenado a la heroína, rompió las amarras hace tres, pero los coletazos de tanto tiempo con viento en contra le han roto demasiadas velas como para llegar fácil a buen puerto. Ahora remienda cada día, y va navegando cada vez más rápido, pero sabiendo que en cualquier momento puede llegar una tormenta inesperada. Como antes de venirse para acá, cuando fue abandonado por Elia y se refugió en una trinchera hecha de jaco, recayendo en el infierno. Estuvo tres días desenterrando el pasado y su hermano tuvo que ir a auparle de nuevo en el presente y en un futuro por el que va a tener que pelear duro, porque la droga te borra las ganas de luchar. Así que se vino para acá, a este lugar olvidado de un país desconocido, dejando atrás una novia con la que creía dormiría muchos años más y un polvo marrón claro que le hacía dormirse despierto. 11.000 kilómetros de distancia, un océano de por medio, decidido en siete horas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elia cuenta diez años menos que Celta, pero su cabeza tiene más rodaje de lo que pone en su DNI. Vivió con él y le sanó la perturbación de demasiados años inhalando y pinchándose la peor de las drogas existentes. Vivió con él y ambos aprendieron tanto el uno del otro que no sabían leerse a sí mismos sin fijarse ella en Celta y él en Elia. Pero ahora se acabó y Celta, que supo dejar de pensar en la heroína, no consigue quitarse a Elia de la cabeza, porque la mujer a la que amas puede ser el veneno más difícil de extraer, veneno rico y nunca mortal, pero veneno cuando se va. Estoy en mi bola extra, me confesaba Celta, y yo, que nunca jugué al pinball, sabía a qué se refería. Demasiadas partidas echadas a la vida, demasiadas bolas colándose entre las dos palancas, demasiadas oportunidades desperdiciadas por la codicia del placer inmediato. Pero ahora Celta, que se sabe aprovechando sus últimos veinte duros en una partida que se resiste a dar por terminada, ha dejado de jugar por jugar y se dispone a vivir como hacía tiempo. Pero Elia se dio por vencida en el juego, ya no quiere echar partidas a dobles con él, y cuando te has acostumbrado a tener una compañera con la que ganar, qué fácil es dejar laxos los brazos y dejarse perder. Porque ella se fue y él se vino a Nicaragua, a donde yo estaba solo y dispuesto a hacer de la Nochevieja algo de todo menos social, algo personal y reflexivo. Pero él llegó y yo le conté la existencia de esa laguna que le roba el nombre al volcán y Celta se entusiasmó con la idea de despedir el año bañándonos allá donde siglos ha bailoteaba la lava rabiosa. Y así, sin conocernos pero pensando que nos sabíamos, urdimos un plan perfecto con el que exprimir su bola extra, con el que agotarla y no dejarla nunca colarse por el agujero en el que Celta había caído tantas veces que ya era un hoyo grande como el cráter que un día fue éste. Con ese plan improvisado pero definitivo, nos pusimos en marcha, siempre sin perder de vista la bola, que un error de concentración puede llevar al desastre. Pero mientras la bola extra aún baile en la mesa, no hay game over posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pues, dos amigos de 24 horas pasamos juntos la Nochevieja, nadando los dos desnudos en el cráter de un volcán que nadie sabe cómo se llenó de agua. Armados con hamacas y una parrilla donde cocinar pollo y cerdo vivimos una Nochevieja que por única será inolvidable. El cráter del volcán está rodeado por selva, tupida selva reino de los monocongos que con sus gruñidos nos hacían saber que no estábamos solos allá, donde las únicas voces comprensibles eran las nuestras. Allá, entre dos árboles nudosos, atamos nuestras hamacas, demasiado tensas para ser cómodas, pero en el suelo es terreno vedado porque te devoran hormigas, tan pequeñas como cabronas. Y allá, en el agua cristalina y tibia porque el volcán no tiene fondo y en lo más profundo hierve lava que se resiste a morir, la luna llena, porque esta Nochevieja fue tan perfecta que hasta la luna buscó la exactitud de su redondez, iluminó nuestras brasas, nuestro baño, nuestros sueños para el año nuevo, nuestros deseos de cerrar el 2009, que no fue ni bueno ni malo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las costillas de cerdo nos supieron tan ricas que los cerdos deberían ser dioses. Los muslos enteros de pollo y la docena de alitas nos hicieron pensar que la gallina fue antes que el huevo, porque lo que fue primero es más noble y puro y no había esa Nochevieja nada más exquisito que esos muslos y esas alitas, aderezados sólo con una pizca de sal y abrasados sobre carbón. Celta soltaba gemidos orgásmicos cada vez que sus dientes arrancaban piel y masticaban carne que podía ser el relleno de la cornucopia. Yo reía viéndole gozar y rumiaba que son los pequeños placeres los que le dan significado a esta rara existencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los baños en el agua negra con una lengua blanca que era la luna desparramada en un reflejo fueron lo que para Cleopatra eran baños en leche de burra. Fuimos los amos de la selva durante unas horas que empezaron en año impar y continuaron en par. Tarzán fue durante ese tiempo un lacayo más de nuestra inmortalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dormimos mucho antes de que el reloj marcase el fin de año, pero en realidad el último día del 2009 termina cuando te vas a la cama, a la hamaca. Así que a las nueve, tres horas después de que la luna se impusiera al sol con su magnificencia blanca, decidimos dar un salto y dejar que el 2010 nos atrapase en sueños primitivos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanecimos antes que el sol, dándole tiempo a la selva a desperezarse. Y mientras Celta hacia sadhana para conseguir un propósito que cree que no sabe pero en realidad tiene claro, yo me desperezaba con la red de la hamaca tatuada en la espalda. Y al rato los cuervos y las cigüeñas y el guardabarranco piaban en éxtasis sobre las ramas de los guanacastes, los cedros y otros árboles desconocidos, adelantándose a los gritos de los monocongos, excitados por la luna llena que se escondía ya, dando paso al fuego que iluminaba nuestro trozo de selva, porque ese trozo, a partir de entonces y para todo el 2010, es nuestro, y ya sin manejar las palancas del pinball, misteriosamente, la bola extra parece que no se colará nunca, rebotará ella sola contra un salvavidas hecho de sueños y grandes propósitos, pero no por grandes imposibles, porque quien no persigue un sueño sólo mutila su talento y acorta su esperanza. Pero en este 2010 todo irá bien, todo será redondo como el año, porque cómo no serlo si lo primero que hicimos en el año estrenado fue bañarnos desnudos en un volcán, mirándonos y riéndonos, sabiéndonos afortunados. Porque lo fuimos esa Nochevieja, porque lo seremos todo el año y hasta que queramos. Y Elia, esté donde esté, nunca podrá soñar con un fin de año como ese, porque no está aquí, no está con Celta, no se está bañando desnuda porque sólo desnudos somos conscientes de nuestras limitaciones, y ella no quiere verlas en su cuerpo pero sí en el desgarbado de Celta. Fuimos enormes una noche, la última del año, y seguiremos siéndolo el resto de las 364 lunas que quedan, si queremos, sólo si queremos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-3327824697115385386?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/3327824697115385386/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=3327824697115385386' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3327824697115385386'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3327824697115385386'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/con-bola-extra-no-hay-game-over.html' title='Con bola extra no hay game over'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-3605006438731987336</id><published>2010-01-10T22:51:00.004+01:00</published><updated>2011-05-14T11:55:02.883+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficciones'/><title type='text'>La presa</title><content type='html'>Llegué a la oficina con la misma ropa del día anterior, y por lo tanto con una expresión que aún no conocían mis compañeros y que yo había estado a punto de olvidar. Mis órdenes no escritas rezaban que ni una chispa en los ojos podía delatarme, pero el control sobre mi cuerpo aquella mañana se me antojaba un imposible. Mis ojos llevaban tiempo con las luces de emergencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana empezó con una ducha rápida en un cuarto de baño de mujer que vive sola, con tantos botes, frascos y tarrinas que no adiviné cuál era el champú; los mismos calzoncillos porque allá no había ropa de hombre, y si la había no la vi, cegado por el triunfo; y la misma camisa que por suerte no había manchado de lujuria ni cerveza envolvían mi cuerpo renovado al fin. Sólo unas ojeras que me hacían parecer un oso panda revelaban que aquella noche no había sido una noche más de martes, después de tanto tiempo sin ser capaz de diferenciar un martes de otro, viviendo en una continua repetición. Es seguro que aparte de las marcas del insomnio yo portaba más pruebas físicas que harían adivinar a más de uno qué había ocurrido entre la una y las cinco de la mañana, pero eso ya dependía de la suspicacia del personal, no de mi competencia para ocultar el resultado de una sabrosa batalla sin armas ni improperios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que aquel martes arrancó inusual, porque no había dormido en mi casa, porque no había deshecho mi cama, porque a mi lado, en un colchón de látex que no había silueteado mi delgado cuerpo, se despertó Amalia, la jefa de Recursos Humanos que nadie había osado seducir debido al poder que ostentaba en la jerarquía empresarial y a lo mucho que imponía su iris verde, separado de la pupila por una misteriosa línea amarilla que remarcaba lo gata que podía ser, sin uñas ni orejas en punta, pero gata de raza cotizada. Si aquellos ojos te miraban, tú menguabas, ella Gulliver, tú un mísero liliputiense armado con cuerdas de nudos que para ella no eran sino finos hilos, fáciles de romper por mucho que tú y tu ejército de enanos quisieran amarrarla para tenerla siempre, porque quién no querría tenerla siempre en aquella cama, en aquella postura, desnuda por fin de sus trajes de marca, y mordiéndote el labio manchando mi cara con su lujoso pintalabios. Aquella noche los dioses fueron generosos y me hicieron inmortal, al menos durante el tiempo que estuve empujando dentro de ella, Atenea del siglo veintiuno, oh, proeza, indigna de mí, mero oficinista en una multinacional en crisis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí de su cuarto y de sus dominios, Olimpo en Madrid, con el orgullo hinchado como un zepelín y el ego desbordado, haciendo más irrespirable si cabe el trayecto en metro, que aquella mañana fue de quince minutos en vez de los habituales cuarenta y cinco, porque la fortaleza de Amalia se erige algo más cerca del trabajo que mi pequeña chabola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanecí pues midiendo dos metros más, viajé flotando en olores que sólo se dan en bollerías, atravesé la puerta acristalada sin saludar a nadie porque nadie existía aquella mañana, subí en el ascensor tarareando una canción que no sonaba porque nunca hubo hilo musical, me deslicé hasta mi cubículo que aquél martes alguien había pintado de azul cielo, me dejé caer en mi silla giratoria, que dio un par de vueltas y un respingo ante el peso que había ganado en unas horas, y encendí el ordenador que nunca apagaba al irme por las tardes, siempre a las seis en punto, todo ello creyéndome Aquiles, sin lanza ni sandalias, pero siendo héroe por un día, al menos ante mis ojos cuando me escabullí al lavabo para quitarme legañas chivatas y me miré en el espejo por segunda vez en aquella mañana. La primera había sido en su casa tras la ducha, con la alarma del despertador repitiéndose y matando el sueño cumplido, con ella revoloteando aún entre las sábanas, su cabeza bajo la almohada y los tobillos asomando, los dedos de los pies encogidos y un muslo pidiendo combate. Me fui yo en metro, como cada día, y ella en su Audi A4 negro metalizado, para así evitar llegar a la maldita oficina los dos juntos, para no causar revuelo, ni envidia, ni celos, ni ovaciones ni miradas impregnadas de rencor, y sobre todo para no hacer tambalear las diferencias salariales que marcan quien es alguien y quien no es nadie en Hachtinson &amp; Menkes. Ella quería mantener la noche del lunes al martes en un secreto compartido, cuando yo lo escribiría en los periódicos en las páginas de Internacional, a cinco columnas. Así que cuando Carmen, otra que como yo sólo es un número para el CEO, quiso saber porqué no había mantenido yo la sana costumbre de mudar mi ropa cada día, mentí diciendo que me había corrido una buena juerga con unos amigos que me vinieron a visitar desde tierras lejanas. La cotilla Carmen sabía que no soy amigo de la noche entre semana, pero no preguntó más, tal vez porque hay mujeres que no necesitan de respuestas para confirmar sospechas. Ella sabía que cada vez que Amalia Matas pasaba cerca de mi mesa, mi rutina caía en el olvido, pero el caso es que eso nos pasaba a casi todos los heterosexuales de la oficina, así que yo no era especial y nada debía hacerle pensar que yo había colmado los deseos de tantos en una noche que tendría que haber sido una noche más en una semana más pero que había sido La Noche, así, con mayúsculas desafiando leyes gramaticales. Porque las leyes, y la gramática, no comprenderán nunca que la sangre puede hervir aunque haga frío ahí fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin hablar pero relamiéndome ocupé la mañana con nada productivo para la empresa y sólo levanté la vista para mirar más allá del recuerdo cuando una voz que me había gemido al oído hacía sólo unas horas dijo mi nombre. Me giré y la vi, con ropa limpia y el pelo tirante atado en coleta, los ojos maquillados remarcando lo felina que era, falda de tubo mostrando tobillos que había yo mordido, zapatos de tacón más caros que mi sueldo, y blusa con escote provocando a la imaginación del resto e invitándome a mí a cerrar los ojos y recordar, recordar, recordar. Nada en ella daba pistas sobre lo poco que había dormido aquella noche. Pregunté casi sin aliento - hay veces que se me olvida respirar, como a Gurb, yo ese martes también era extraterrestre novato - qué quería de mí la jefa de Recursos Humanos y ella me invitó a una sala de reuniones vistiendo de apatía su voz. Por supuesto, mientras yo, lacayo, seguía aquél cuerpo que durante unas horas fue mío, elucubraba que bien podría estar llevándome Amalia a algún lugar oscuro para repetir lo acontecido por la noche, que el morbo del sexo en el trabajo, encima con una superior, es en mi mente algo a materializar para contar a los colegas a la luz de unas cervezas, porque para qué negar que soy un niño que aún busca ligar en verano sólo para tener algo que contar cuando empiece el colegio en septiembre. Pero brusca vuelta a la realidad, porque la sala de reuniones estaba abierta de par en par y allí esperaba Carlos Jarque con papeles ordenados y la cara del que es jefe y actúa como tal. Si es así en su casa, el orden alfabético debe reinar hasta cuando hace el amor con su mujer. Mi jefe me invitó a sentarme con la suavidad del médico que va a dar malas noticias a los familiares del enfermo, por el que no se pudo hacer nada. Amalia, sin que nadie se lo pidiera, ocupó la silla a su lado, los dos frente a mí con la mesa ovalada separándonos, sin posibilidad de que mis pies buscasen los suyos por las dimensiones de una mesa pensada para muchos más ejecutivos y para cualquier cosa menos sexo, carajo. Los últimos que habían estado en esa sala con sólo esos dos acompañantes de mayor rango habían firmado su finiquito. Incluso alguno se había atrevido a vociferar. Yo no abrí la boca ni para bostezar cuando Carlos empezó anunciándome que era una mala época y que había que tomar decisiones desagradables, que había intentado que no me afectara pero que no había más remedio que incluirme en la reestructuración de la empresa. Nunca había oído tantos eufemismos en menos tiempo. Pero yo miraba a Amalia, ella miraba a Carlos y Carlos me miraba a mí y a los papeles. Firmé sin darme cuenta, le estreché la mano sin saber que la había estirado y me despedí de Amalia creo que con la misma ternura en la voz que cuando salí de su casa esa mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que sigo desparramado en mi sofá una semana después de aquello, vistiendo la misma ropa de ayer, esta vez por desidia, no por sexo sucio e inflamado, deduzco que la gata que resultó ser pantera me permitió habitar su cama sólo porque me iba a despedir a las horas. Dicen que los buenos matarifes acarician a los corderos antes de degollarles porque así la carne no sale dura, el cordero confiado no se tensa antes de recibir el tajo mortal. Por supuesto intento odiarla, busco avivar su mala fama, pero no le hago vudú, en realidad sigo teniendo el orgullo en estado de gracia aunque no lo acompañe un sueldo mensual. Tal vez me vaya de putas de lujo (nunca se me dio bien ligar y lo cierto es que soy algo feo) gracias a un cuantioso finiquito que se engrosó para silenciarme, pero lo cierto es que Amalia Matas fue mía, o yo suyo, que la presa fui yo, y me da igual que todo respondiera a lo mórbida y asesina que es ella, mantis vestida de Gucci, porque aunque para ella yo fui sólo una muesca más en la culata de su revólver, Amalia Matas fue para mí un diploma enmarcado con madera noble que no quiero quitar de la pared porque para qué renunciar al pasado si lo mejor que me pasó en aquella multinacional que se hunde, y que se jodan, se dio fuera del horario de trabajo. Sí, sigo siendo el niño que llegaba a la escuela inventándose ligues de verano, pero ahora, por primera vez en mucho tiempo, cuando me llaman los amigos, cuando Carmen busca consolarme, les cuento sin fantasear que estoy tranquilo y satisfecho, viviendo en mi sofá y alimentándome con comida a domicilio. La carnicera Amalia Matas seguirá, supongo, nunca fui excepción a nada, despidiendo y follándose empleados, pero yo aún no he lavado ni aquella camisa ni aquellos calzoncillos que ella me arrancó una noche de lunes que fue la última en un trabajo que no me gustaba y que sólo ella endulzaba cuando pasaba a mi lado sin mirarme. Y ahora, con el salón hecho unos zorros, como el de un policía borracho en cualquier película yanki, miro el diploma y me sonrío, sabiendo que una noche de martes fui eterno en un país de mediocres del que yo soy rey. Mi psicólogo, que es mi tío Pedro, dice que al sexo no hay que darle más importancia que la que tiene, pero es que él no conoce a Amalia Matas. Si la conociera, dejaría la consulta para pedirle trabajo. Tal vez hoy me decida a limpiar mi cochiquera. O tal vez siga dejándome llevar por el recuerdo mientras la tele que no apago vomita cualquier estupidez. He desenchufado el teléfono para que nadie más se apiade, cosa que no entiendo, con lo feliz que soy en el paro, follado por una musa y haciendo nada desde entonces.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-3605006438731987336?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/3605006438731987336/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=3605006438731987336' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3605006438731987336'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/3605006438731987336'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/la-presa.html' title='La presa'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-7702559106390860409</id><published>2010-01-03T18:51:00.003+01:00</published><updated>2011-05-14T11:54:46.075+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Diez días queriendo ser Caribe VI - De Lacoon a Awas</title><content type='html'>Nos levantamos cuando queremos, preguntamos por un sitio de desayunos, nos metemos unos huevos revueltos entre pecho y espalda, nos conectamos a Internet para ver qué pasa en el mundo y en nuestro correo electrónico, Lau hace unas llamadas a España, donde la mayor parte de los currelas tienen que estar en el descanso de la comida, y nos acercamos al muelle a apuntarnos en la panga a Laguna de Perlas, o Pearl Lagoon en inglés, o Lacoon en miskito. Un hombre delgado, con camisa florida, gorra y gafas sobre ojos sepultados por arrugas se encarga de la lista de pasajeros que van al paraíso de perlas. Hacemos tiempo por el jolgorio del muelle esperando a que se llene la lista y cuando un panguero empieza a gritar Pearl Lagoon subimos de un salto a su embarcación, siempre en los asientos de adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El trayecto de Bluefields a Laguna de Perlas se demora una hora y media y se hace a través de un canal que va paralelo al mar. El canal natural debe tener diez metros de ancho y a un lado hay selva y al otro, más selva. De vez en cuando se ve alguna casa en medio de ningún sitio, con su panga amarrada, su plantación acotada y las gallinas y los perros merodeando. También somos testigos de la destrucción causada por el huracán Ida de noviembre. Palmeras derrumbadas y lo que alguna vez fue una choza, completamente desparramada por el suelo. Los habitantes de esas casas aisladas miran nuestra panga al pasar del mismo modo que nos miran los pájaros, con aburrimiento. Pero nosotros les miramos a ellos asombrados de que puedan sobrevivir así, con una panga a remo como única conexión con las poblaciones cercanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos el embarcadero de Kukra Hill y de Halover y finalmente llegamos a una bahía extensa presidida por el pueblo que le da nombre, Laguna de Perlas. Nos apeamos todos los pasajeros, alguno con más dificultad que otro y siempre con alguien en el muelle ayudando a los torpes o a los ancianos. Nada más pisar tierra, un hombre nos intenta convencer de que él tiene los mejores tours por la bahía. Nos puede llevar a los paradisíacos y coralinos Cayos Perlas, y también nos puede meter por el río Wawasanga y perdernos en la selva más importante de la zona, parte de una reserva natural y en la que nos prometen cocodrilos, monos y aves exóticas. ¡Incluso tal vez podamos atisbar al escurridizo jaguar! Pero no nos dejamos llevar por el entusiasmo del guía y le decimos que ya veremos, que queremos ir a darnos una vuelta por Laguna a ver si encontramos un hotelito. Que nos han recomendado el Casa Blanca. ¡Todos al hotel Casa Blanca!, que gritaba Chico Marx en Los Hermanos Marx en Casablanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laguna de Perlas es una pequeña población que corre a lo largo de la bahía. No tiene calles asfaltadas y habrá un total de diez coches circulando por ahí o parados frente a una casa. Hace cinco años sólo había un coche, un todoterreno que hacía de taxi. Hay hoteles y bares cerca del muelle todos con el aire marinero que se puede esperar de un pueblo de pescadores, y todos con nombres que no desentonan. Está el hotelito Sweet Pearly o el bar Queen Lobster, levantado sobre la orilla de la bahía, una construcción de madera y bambú, de planta circular, techo de palma y con una terraza que te permite ver la bahía entera. Pero nosotros somos carne de recomendaciones y buscamos el Casa Blanca. Nos adentramos en el pueblo, saliendo de la calle principal y perdiéndonos por caminos estrangulados por casas y ventas ocupadas por negros y negras que se nos quedan mirando y nos sonríen y saludan, mostrando una afabilidad que no nos habían adelantado. Clev nos dijo que Laguna es un lugar peligroso. Pasamos por una cancha de baloncesto donde unos cuerpos esculturales saltan a canasta. Y así, andando y mirando e intentando mantener la mandíbula cerrada ante el ambiente que se despliega a los ojos, llegamos a una casona de cemento pintada de blanco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Hotelito-Restaurante Casa Blanca lo gestionan una curiosa pareja formada por el danés Svend Friberg y la garifona Dell López. Él rondará los sesenta y ella estará en los inicios de sus cuarenta. Esta zona ha recibido mucha ayuda de voluntarios daneses que, entre otras cosas, construyeron un camino asfaltado que une Pearl Lagoon con las comunidades de Awas y Raitipura y que llega, cruzando manglares, hasta Kukra Hill. Svend vino con ellos y se quedó, plasmando un sueño que a todo occidental se nos ocurre alguna vez: casarte con una mujer que te robe el corazón en un lugar alejado y que te lo transforme en cercano, en tu hogar. Y así se estableció en este lugar, levantó un hotel y encontró una forma de vivir los últimos treinta años de su existencia. Nos acomodamos en una de las habitaciones, comemos lo que se nos ofrece, algo de pasta con carne, y rápidamente, serán las dos, nos vamos hacia Awas, una comunidad miskito que se encuentra a un par de kilómetros por el camino asfaltado. Nos cuesta más de lo previsto llegar, no porque nos perdamos, sino porque niños tan guapos como los de los cuentos hindúes nos asaltan al grito de "Take me a picture", con un acento que hace que suene a "Tek mi a pikcha". Las madres nos saludan desde la puerta de la casa y los niños nos rodean, posan y nos gritan y se ríen por cosas que no entendemos pero no nos hace falta, porque la alegría de un niño que anda descalzo no necesita de explicación. Las casas están pintadas todas de colores, ninguna es sobria y blanca y muchas son de cemento. Cuando conseguimos huir de los niños que quieren ser modelos de fotografía de viaje llegamos a Raitipura, un pueblo que fue devastado por entero por el huracán Juana en 1988. Y los daneses solidarios levantaron un nuevo Raitipura justo al lado de donde se erigía ese pequeño pueblo. Por eso, Raitipura es una composición de casas perfectamente alineadas a la orilla de la bahía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estamos frente a Raitipura y pensando en seguir hacia Awas, un hombre de gorra calada y fosas nasales grandes como túneles se aproxima a nosotros con la mano tendida desde una distancia de diez pasos. Le saludamos, se presenta como Mr. Orlando y nos dice que es guía para turistas, que si quiere nos lleva hasta Awas y nos lo enseña. Perfecto, pues. Por el camino, mientras Laura habla con la mujer de Mr. Orlando, yo atiendo a las explicaciones de éste. Me dice que por 500 córdobas nos hace el tour de los pobres, que dice él divertido (los tours que organiza el Hotel Casa Blanca van de los 200 dólares para arriba). Que por 500 córdobas nos da de desayunar, nos lleva en panga a la selva, a ver sus plantaciones, y luego de vuelta, a comer lo que ellos comen, el rondón (sopa de pescado con arroz, yuca y un buen trozo de róbalo), y para terminar la jornada, "hamaca, relax" hasta que nos queramos volver. No le decimos ni que sí, ni que no, primero queremos ver Awas, que después de nuestras experiencias basadas en dejarnos llevar sin mucho recapacitar, ahora somos más precavidos. Y así seguimos andando por el camino hasta que cruzamos un portón metálico que marca el inicio de la comunidad de Awas, separándola de la vecina Raitipura. Lo primero que ves es una cancha de baloncesto que nadie usa, y tras ella, cabañas de madera y techo de palma, extendíendose hacia el oeste, recorriendo la orilla de un mar que ahora sí es limpio y cristalino, tan diferente a la bahía de Bluefields, explotada y putrefacta. Orlando nos acomoda en uno de los cobertizos construidos para turistas, pues en semana santa éste es destino reclamado por sus bailes tradicionales del Palo de Mayo y se llena de gentes de todas partes de Nicaragua y de gringos que leyeron el capítulo correspondiente en la Lonely Planet. Los hijos de Mr. Orlando nos invitan a cocos que ellos mismos abren, y mientras sorbemos su agua y luego nos comemos su carne, decidimos que mañana hacemos el tour de los pobres. Le pregunto que si los 500 córdobas es lo que vale el tour o es por cabeza. Orlando se ríe y dice "Mr. Orlando will never do that. Just 500 córdobas for both of you", porque habla de él en tercera persona y titulándose como señor. Orlando, a diferencia de Clev, nos deja claro la pasta que nos va a costar estar con él, sin subterfugios absurdos. Así que quedamos con él para las siete de la mañana del día siguiente, para ir a la selva en su panga, con su hijo de 12 años Shem, que tiene la cara cubierta de pecas y una sonrisa que le alarga la cara entera y le achina los ojos. Como Juan Jose Ballesta, es el típico crío que sonríe con toda la cara. Es tímido y reservado, pero coge mi cámara y hace fotos a todo lo que se mueve, a los pelicanos que planean en la orilla, a sus amigos que se agolpan frente al objetivo, al pescador que carga con una cesta de cangrejos y se oculta bajo unas gafas de sol ahora que el sol se está poniendo quemando el horizonte. Nos tomamos el coco, hablamos con Mr. Orlando sobre la comunidad, contándonos él que aquí todo se rige por el Consejo de Ancianos, que, por ejemplo, la plata que él se gane con nosotros la anunciará en el próximo consejo, poniéndola a disposición de la comunidad para hacer una navidad en condiciones. No es anarquismo, pero poco le falta para hacer realidad lo que en Europa consideramos una utopía. Es parte de las concesiones de autogestión que lograron con los acuerdos posteriores a la &lt;span style="font-style:italic;"&gt;contra&lt;/span&gt;. La Región Autónoma del Atlántico Norte y la del Sur son las únicas autonomías de Nicaragua, el resto son departamentos. Así pues, RAAN y RAAS (divididas por el río Grande de Matagalpa) tienen parlamento propio y cierta independencia en cuanto a toma de decisiones locales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la comunidad miskito de Awas viven 1216 personas, me precisa Mr. Orlando recordando la última reunión del Comité de Ancianos en la que se contabilizó a la población. Viven de la pesca y ahora un poco de la agricultura en las tierras heredadas familiarmente y que tienen en plena selva, donde el suelo es más fértil, pues ya hay poca pesca tras el expolio realizado por los españoles, que es como siguen llamando a los nicas del Pacífico (por lo que Lau y yo somos españoles al cuadrado), que con sus redes de 400 yardas a la entrada de la bahía están dejando sin su forma de subsistencia a esta gente que siempre vivió del mar y ahora tienen que aprender a explotar las tierras. La reforma agraria de los sandinistas hubiera desposeído de esa tradicional forma de transmitir las tierras a estos amerindios, que se levantaron en armas para conservarla. El propio Mr. Orlando luchó en la &lt;span style="font-style:italic;"&gt;contra&lt;/span&gt;, en una guerra de guerrillas que se desarrolló en la selva y que supuso la matanza de hermanos. Me muestra con nostalgia una herida de bala en la pierna y me dice que sólo cuando estaba convaleciente del disparo se dio cuenta de que no podía seguir martirizando a su madre, pues todos sus hijos combatían, así que volvió con ella. Se queja, como mucha gente aquí, como Mabel, del pasotismo que han mostrado todos los gobiernos, sandinistas o conservadores, hacia las poblaciones del Caribe. "They do nothing for us", sentencia, pronunciando nothing como notin. Me cuenta que con el huracán Ida varias de sus tierras se perdieron y ni una mísera indemnización recibieron del supuesto gobierno de los pobres (los veteranos de la &lt;span style="font-style:italic;"&gt;contra&lt;/span&gt; son gente non grata para Ortega, aunque sean más pobres que los del Pacífico). Tanto es así que las únicas construcciones de ingeniería, como la carretera o la reubicación de Raitipura, se llevaron a cabo gracias a ONGs o grupos de trabajo extranjeros. Algo no funciona cuando tu propio gobierno no hace nada y tienes que esperar que la gratitud de los que no te conocen te ayuden a salir del apuro que no has provocado, que sólo es fruto de un clima y de un viento que es de todo menos apacible. El Atlántico caribeño es rudo para vivir de él. Entiendo pues que el gobierno actual se comporta como los ingleses que les colonizaron hace cuatrocientos años. Los ingleses, comerciantes natos, no hicieron lo que los españoles, esgrimiendo la cruz como método de conquista. No, los ingleses les dejaron autonomía, les dejaron vivir como querían, pero les esquilmaron y explotaron hasta la extenuación. Luego los alemanes hicieron lo mismo, luego los Somoza, luego los sandinistas, siempre los yankis, y ahora Ortega. No son nadie, nadie les mira nunca y ellos no pueden dejar de esperar, porque qué otra cosa les queda más que salir a pescar a buscarse un sustento que siempre estuvo ahí, siempre fue suyo. Ahora pescan lo justo para susbsistir, pero ya no hay negocio que hacer con la pesca, aunque sigan saliendo todas las mañanas, esperando que haya viento del norte, que es cuando los peces entran en la bahía sin saber que allá les esperan los ansiosos miskitos. Pero sólo con viento del norte. Me pregunto cómo tiene que ser aguantar un huracán en esas casas débiles que tienen pero que ahí siguen, recompuestas y levantadas con orgullo. Me imagino a la familia dentro, abrazada, rezando ante el terrible ulular del viento y la fuerza de un huracán que parece que no se irá nunca. Los veo en la oscuridad, preocupados por sus tierras y demasiado habituados a que una vez cada dos o tres años el viento volverá a levantar techos y devastar cultivos, matar a hermanos e hijos y vuelta a empezar, hasta que llegue otro huracán de nombre masculino o femenino porque aquí ya han perdido la cuenta. Le invito a un cigarro y me coge dos, riéndose y explicándome que los pescadores fuman mucho, que en la noche, en la soledad de la panga, sólo les queda fumar. Y mientras hablamos, una chica canta sentada en las escaleras de su casa, una tonada triste y religiosa con la voz más bonita imaginable. No sé qué le puede faltar a este cuadro para hacerlo una obra de arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nos queremos dar cuenta está anocheciendo velozmente. Quedamos con Orlando para el día siguiente y nos ponemos en marcha. Se nos hace de noche a la mitad del camino y un chaval nos orienta pues estamos a punto de perdernos en nuestra vuelta a Lacoon. Vamos andando tranquilos, comentando lo que hemos aprendido hoy y lo contentos que estamos en este lugar. Se pone a chispear y al pasar al lado de una venta sale su dueño, un chaval de melena y café en la mano que nos invita a refugiarnos en su porche. Aceptamos, claro, y nos recrimina nuestra insensatez por ir de noche por el camino, que hay gente mala que nos puede robar. Cobijados bajo su porche de la lluvia y de los ladrones, hablamos de una película que vio hace poco en la que la protagonista se llamaba Laura, y de repente deja de llover, él mira al cielo y nos dice que tenemos 20 minutos hasta que vuelva la lluvia. Así que nos deshacemos en gratitud y seguimos nuestro camino, ahora algo más nerviosos por la advertencia del paisano. La ignorancia es la felicidad, y conocer los peligros del lugar sólo nos pone más alerta, aunque no nos pasa nada en los diez minutos de paseo que nos quedan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos al hotel y cenamos pescado exquisito, sentados a la vera de un grupo de nicas adinerados que visten polos blancos con la inscripción Energía Noble bordada. Nos habían dicho que había un encuentro de gentes dedicadas a poner en marcha las energías renovables en el Caribe, y estos deben ser. Damos las buenas noches y nos ventilamos un pescado con arroz cocinado con cariño por Dell, que habla inglés garifona y no deja de reírse mostrando una dentadura blanca con un par de fundas de oro. Es gorda y los brazos descomunales son cúmulos flácidos de grasa que bailan cada vez que pone o recoge platos. Se balancea al andar y no pierde la sonrisa entre los fogones. Todo nos lo apuntan a la cuenta y Laura y yo nos subimos a la habitación, todavía sorprendidos por la amabilidad de la gente, por la preocupación del hombre de la venta, por el encanto de Mr. Orlando y de su familia y por la suerte que de momento parece que estamos teniendo en este lugar en el que no hay perlas. Y mañana, en panga, a remo, a la selva.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-7702559106390860409?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/7702559106390860409/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=7702559106390860409' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7702559106390860409'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/7702559106390860409'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/diez-dias-queriendo-ser-caribe-vi-de.html' title='Diez días queriendo ser Caribe VI - De Lacoon a Awas'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-6287163952683588201</id><published>2010-01-02T19:55:00.003+01:00</published><updated>2011-05-14T11:54:31.982+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Diez días queriendo ser Caribe V - Titanic sin Di Caprio y descubriendo El Bluff</title><content type='html'>A las 6.30 Clev y yo volvemos somnolientos a casa de Andrés, a cerciorarnos de la hora de partida. El panguero está preparando la panga y nos grita que a las 7.30 sale con los músicos. A las 7.30 seremos liberados de nuestro Alcatraz particular. Volvemos a la casa, donde Lau ya está despierta y preparamos las mochilas, de las que esta vez no falta nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos despedimos del grueso de la familia McRea, agradeciéndoles una hospitalidad que no ha sido tal y una amabilidad que quedó frustrada cuando alguien nos robó. Lau ha hecho buenas migas con las hijas  y se lleva el email de alguna, porque los indios ramas que viven en una isla perdida de la bahía de Bluefields tienen correo electrónico. Pescan como los amerindios de hace siglos, viven como ellos, pero tienen teles planas y en Bluefields se conectan a Internet. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volvemos a donde está amarrada la panga, que es más delgada que la de Gerry, es un tronco vaciado e impulsado por un motor, ésta ya está casi al completo, con los músicos y sus instrumentos y Danly oculto bajo unas gafas de sol. Se ve que prefirió quedarse de farra que batir un nuevo récord olímpico de remo de madrugada. Cuando estamos embarcando Laura tiene un momento de lucidez: se ha dejado los carretes en la casa de huéspedes. Sale escopetada a por su material de trabajo. Estaría bueno huir de esta isla maldita pero dejando parte de nuestra misión olvidada en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La panga en teoría es más rápida que la de Gerry, por ser más pequeña y aerodinámica, pero también es más endeble, se menea más y el mar sigue rizado. Danly va sentado a proa, dándole la espalda al curso de nuestra navegación. Tras él, algunos músicos, con el bombo, las trompetas y los trombones. Entre ellos se ha acomodado Laura. Clev y yo vamos en el medio, y al final, justo a la vera de Andrés que va de pie manejando el motor, quedan otros tres músicos. Resulta que llevan todos una resaca descomunal y no se me ocurre nada peor que estrenarla en una panga que hace aguas y que, de tanto menearse, provoca lluvias de agua salada sobre nuestras cabezas. Los músicos de delante y Laura disponen de un toldo de plástico negro que algo les protege, pero Clev y yo a los diez minutos estamos calados de pies a cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que iba a ser un viaje de menos de dos horas termina siendo una odisea de tres horas y media. El motor se declaró en huelga al kilómetro de Rama Cay y Andrés se las vio y se las deseo para arrancarlo de nuevo. Estando allá, a la deriva en medio del mar, un músico de pelo rizado al que llaman Bisbal declara que no sabe nadar, con la consecuente serie de bromas y vaciles por parte de sus compañeros, que se inclinan sobre babor o estribor haciendo que la panga se menee más para desesperación del pobre Bisbal. El mayor de los músicos no debe pasar de los 22. Clev les da la receta para preparar chicha, que les ha encantado, y así están con esa resaca en plena furia de Neptuno. Ni los conquistadores españoles se atrevieron a hacer tierra por aquí, y allá vamos nosotros, con más borrachos que marineros, con una panga de seis metros de largo y con un motor que se ríe de nosotros con un ahogado lamento cada vez que Andrés tira de la correa. Y de repente, el trompeta principal intenta tocar la canción de Titanic. Nos descojonamos a gusto, sabiendo que ninguno somos Di Caprio y que desde luego no hay una Kate Winslet a la que salvar. “Sálvate tú, mi amor”, grita uno de los músicos mientras la tonada se repite una y otra vez en un momento cómico que pasará a mi pequeña historia vital. Vacilan a Bisbal, que se deja y se ríe, sufren una goma indecible que a algunos les hace acurrucarse entre las rodillas buscando que el mundo no se mueva más de lo justo, posan divertidos ante la intrépida cámara de Laura, averiguan como preparar el elixir fruto de la fermentación del maíz, tocan la canción de la peli de James Cameron ahora con trombón y trompetas, se gastan bromas típicas de autobús escolar de Europa (uno de proa grita "yo soy melo" y otro en popa contesta "yo me llamo tiro", y el que ha iniciado el grito termina con un "somos el dúo me lo tiro"), y hacen planes para comer ostiones cuando lleguen a Bluefields, si es que llegamos alguna vez. Pero Andrés no ha desesperado y tras una larga media hora consigue que el motor vuelva a bufar y a impulsar nuestra pequeña embarcación rumbo a tierra firme, a donde llegamos algunos empapados, otros queriendo vomitar donde sea y Bisbal más relajado a poner un pie a tierra. Danly, erguido todo el viaje en la proa, con gafas de sol y bien vestido para sus traites en la ciudad, se ha mojado, increíblemente, el que menos. El que sabe, sabe. Nos despedimos de todo, pagamos 150 córdobas a Ándres y nos adentramos en la ciudad portuaria y sucia que dejamos dos días atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comemos algo calentito y rápido y vamos a La Isleña, donde nos dan la bienvenida y nos agradecen haber vuelto. Tiendo el dinero, empapado pero útil cuando esté seco, nos duchamos, quedamos con Clev en un par de horas para ir al Bluff, el puerto de mercancías que está al otro lado de la bahía y que en algún momento debió tener algo de encanto, pero ya no, y dormitamos un rato. En la panga se me ha ocurrido comentarle a Clev que me encantan los negros con rastas que tanto se ven por aquí, y que tal vez estaría cachondo hacerme rastas yo, que el Caribe me ha entrado hasta el tuétano. Dicho y hecho. Clev me dice que en la cárcel él se ganaba algo de plata también haciendo rastas y que él me las hace, que no hay más que hablar. Lo mío no era más que una divagación y él lo ha convertido en una promesa, así que me dice que comprará gomas de pelo y gomina y me las hace cuando volvamos del Bluff. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las doce, como un clavo, está Clev en la puerta del hotel. Todos los nicas, por genética o costumbre, llegan un mínimo de media hora tarde a todos los sitios (lo que se conoce como quedar a "hora nica"), pero nuestro anfitrión no. Nuestro hombre es puntual hasta el aburrimiento, sabiendo que aún tiene mucho dinero que sacarnos y nada mejor que hacer en la ciudad hasta que llegue el momento de irse a Managua a esa entrevista de trabajo que consiguió, otra vez, porque "demostré mi talento", aunque talento no sea saber idiomas, ni hacer rastas, ni montar un laboratorio clandestino de cocaína en una isla cercana a Rama Cay, a donde nos quería llevar porque hay unas playas alucinantes. Cuando escribo esto me topo en &lt;a href="http://www.elpais.com/articulo/internacional/Narcoaldeas/Caribe/elpepiint/20091223elpepiint_8/Tes"&gt;El País&lt;/a&gt; con un reportaje de Carlos Salinas Maldonado describiendo las narcoaldeas que abundan en el Caribe nica, poblaciones perdidas en islas que, en connivencia con traficantes colombianos, sirven de base para operaciones clandestinas. Vuelvo a sentirme algo periodista sabiendo que he estado ahí, que de primera mano sé lo que es el tráfico de cocaína entre las islas y que no trabajo para El País que todo me lo paga y publica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para llegar al embarcadero que lleva a El Bluff, diferente al muelle principal desde donde salen las pangas a todos los demás destinos habituales, hay que meterse en un laberinto de callejuelas imposibles para terminar cruzando un callejón oscuro que desemboca en el mismo muelle. Nunca llegarías a él si no fueras acompañado por un paisano. En ese mismo callejón, recuerda Clev, mataron a tiros a un amigo suyo. Qué bonito y vivificante, hombre.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Preguntamos por la panga a El Bluff y nos dicen que somos los primeros viajeros. Aunque hay horarios, estos son sólo estimativos, pues en realidad la panga no zarpa hasta que no hay viajeros suficientes que hagan rentable el trayecto. Así que ser los primeros es una mala noticia, porque nos va a tocar esperar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la hora reunimos a los suficientes viajeros para emprender la marcha. Hasta El Bluff son unos veinte minutos, porque los servicios públicos de pangas emplean unas que en realidad son lanchas rápidas, con capacidad para veinte personas, anchas y con bancos más o menos cómodos y con motores potentes. Antes de salir, el panguero ordena a algún viajero que cambie de lugar para nivelar la embarcación. Surcamos el mar casi en posición vertical, con la proa levantada y saltando sobre el mar. Sólo los que van en las últimas filas se mojan un poco, porque los que vamos en las primeras nos salvamos de las salpicaduras provocadas por los aterrizajes de la panga tras un salto sobre una ola. Porque sabemos que esto es así y saben manejarlas, pero los saltos podrían partir la panga en dos y los chalecos salvavidas que distribuyen antes de partir no te hacen rebosar de confianza precisamente. Pero el viaje es tan arriesgado como divertido, y en menos de media hora llegamos a El Bluff.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay tantos barcos viejos y oxidados amarrados en hilera en el Bluff que no sabrías cuáles están para el desguace y cuáles se siguen usando como barcos mercantes. El muelle es pequeño y con poco tránsito de pasajeros, tal vez alguna mujer cargada con mucha compra para su pequeña venta en El Bluff. No tiene ningún atractivo a primera vista. Nos adentramos en la población, donde Clev conoce también a la mayor parte (su padre también tenía bajo su mando esta congregación) y nos va presentando a negros parlanchines con la cabeza cubierta de rastas. Nustro guía lleva como cuatro años sin venir y dice que no ha cambiado mucho, cosa que varía cuando llegamos al otro lado del delgado cabo sobre el que asienta El Bluff. Allí, donde, dice, antes había una playa extensa ahora hay un rompeolas que la divide en dos. Está sucia y anegada por las lluvias, y desestimamos la posibilidad de andar sobre el ancho y poderoso rompeolas para llegar al extremo del cabo, así que volvemos, siempre bajo la atenta mirada de un corrillo de muchachos que pierden el tiempo bajo un porche. En vez de volver por donde hemos venido, que sostiene Clev que eso da mala suerte, bordeamos una hilera de casas y nos adentramos en una pista ancha de grava. Nos cuenta que eso era un antiguo aeropuerto que usaba casi en exclusiva Somoza con su jet privado. Está en completo desuso y la maleza ha hecho acto de presencia en la pista. A lo lejos, vacas la cruzan y perros duermen sobre la grava. Es como un paisaje africano por el que se adentra Lau para tirar una foto a una negra joven que se aproxima con un cubo en la cabeza. Vacas, una negra porteadora, perros, una pista de grava olvidada por todos... podría ser cualquier lugar de Uganda, podría ser el aeropuerto que emplease allá otro dictador, aquél llamado Amin. Mientras Lau busca la foto del día, yo me quedo con Clev vacilando a un mono capuchino que está encadenado en una casa que linda con el aeródromo. Es como el mono de Indiana Jones y el Templo Maldito, pequeño y furioso y con una máscara blanca sobre su cabeza mientras el resto del cuerpo, con el pelo de punta, es negro. Sus chillidos sólo nos hacen gracia y me falta un dátil volando a punto de caer en la boca de Indi, siendo atrapado en el aire por su amigo árabe que le advierte de que están envenenados, apuntado al mono gemelo de éste que tengo delante y que no lo sabía y se comió uno y ahora está rígido en el suelo.&lt;br /&gt;Para volver al camino principal, que está al otro lado de una hilera de casas, atravesamos la propiedad de un hombre, pidiéndole permiso primero y preguntándole si tiene perros después. Sí a lo primero, no a lo segundo, good morning and thank you very much y volvemos al camino. No avanzamos ni cien metros cuando pasamos al lado de una cancha encementada en la que una mujer de pelo revuelto, tetas como lenguados y ojos diminutos y ocultos bajo una carita rechoncha tiende la ropa. Clev se queda sonriéndola y se aproxima hacia ella con los brazos abiertos. Es Mabel, la madre de su amigo Fran, "un amigo que es como un hermano". Cuando reconoce a Clev después de tanto tiempo, ríe y da saltitos, se abraza a él dándole gracias a Dios por la visita, con lo poco que ha tenido que ver Dios (y si algo ha tenido que ver, me cago en él porque propició el robo de los 2.000 córdobas, que sin ese percance seguiríamos probablemente en Rama Cay). Mabel nos invita a entrar en su casa, que está siendo decorada con guirnaldas y luces navideñas por dos chavales de unos dieciséis. Es parlanchina como mi abuela y no pierde el buen humor a pesar de las desgracias que ha tenido que superar, a saber, porque nos las cuenta con detalle: a su hijo mayor lo mataron los sandinistas cuando la contra; su hijo menor, Fran, está en Miami, de ilegal, intentando ganar dinero para mandárselo a su santa madre; su otra hija está en Belice, habiendo renegado de sus cinco hijos, dos de los cuales son los que viven con Mabel y de los que ella se tiene que hacer cargo con su mísera pensión; y su marido se fue de casa cuando ella le echó por llevar prostitutas sin ningún tipo de decoro. Y todo eso lo cuenta evitando la melancolía y sonriendo a un pasado de dolor y a un futuro que no es prometedor. Nos dice que su hija, a la que fue a ver un día a Belice porque ya no podía más con la angustia, se ha vuelto a casar allá y tiene otros cuatro hijos, que aquí es "como si las mujeres tuvieran eso de jabón", apuntándose a la vagina y desternillándose ella sola de la risa, haciendo que nos tronchemos nosotros también. "Será por la langosta que tanto se come aquí, que se pasan todo el día dale que te pego, dale que te pego, y ellas como si lo tuvieran de jabón, hijo va, hijo viene". Como mi abuela, de la que no dejo de acordarme, se ríe traviesa ante esos avatares sexuales que rigen la cotidianidad del Bluff. Todo esto nos lo cuenta en la cocina, mientras nos invita a algo de agua. Luego nos hace pasar al saloncito, donde un cuadro de su hijo muerto preside la estancia y algunas bolsas de chucherías cuelgan al lado de la ventana, pues ella también regenta una venta con la que sacarse algún pesito más para mantenerse y para mantener a sus dos nietos. Dice que los tuvo que sacar de un reformatorio de Ometepe, que le han dado muchos disgustos pero que ahora parece que se están encaminando por "la senda del Señor". Es, como todo nica, religiosa hasta el final, y entiende que todas las desgracias de su vida han pasado por designio divino, y que eso un mortal no lo puede entender. Nos pregunta si nosotros creemos y Laura se sincera diciendo que no, y ella se ríe y dice que no pasa nada. Orgullosa de su hijo Fran, al que estuvieron a punto de deportar pero se escapo en el mismo aeropuerto de Miami, nos muestra el inodoro que ha mandado construir con 2.000 dólares que le mandó su hijo pródigo. Es un baño normal, con su retrete y su duchita y su lavabo, suelo y paredes con azulejos de colores vivos. Pero es que nadie tiene un baño como ese. Todo el mundo, como en Rama Cay o como en La Prusia, hace sus necesidades en un débil cubículo en el exterior de la vivienda. Mientras nos muestra con entusiasmo la obra de fontanería que tanto dinero le costó y que tan cómoda le hace ahora la vida, sus nietos juegan a God of War en la PlayStation, en una tele quemada y que hace que los colores se confundan. Volvemos al salón, donde nos ofrece de comer y no sabemos negarnos. Se pierde en la cocina excusándose con que nos va a convidar a lo que les ha sobrado a ellos para comer, y nosotros nos deshacemos en agradecimiento. Resulta ser un plato de arroz con caldo de patatas y verduras que está exquisito, de lo mejor que hemos probado más allá del pescado. Una mujer pobre invitándonos a comer de sus sobras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mabel es de la opinión de que con Somoza se vivía mejor, que todo era más barato (como así era en realidad, pero a costa de devastar el país a manos de empresas extranjeras gracias a la amistad inquebrantable con EEUU, y de aniquilar todo atisbo de oposición) y que ahora todo es carísimo, casi el doble que hace treinta años, que los sandinistas no han hecho nada por el Caribe, que les tienen olvidados y que sin duda con el dictador las cosas eran más fáciles. Que él venía al Bluff con su avión y que por aquí no ha vuelto a pasar nadie desde la revolución. Que la guerra es horrible y que su pobre hijo fue asesinado por los despiadados sandinistas cuando él sólo defendía lo que era suyo. Pero que todo debe ser por algún misterio que sólo Dios conoce y que no hay que perder el buen humor, que ella es así, que sigue saliendo por ahí, que la convidan a Toñas y que se lo pasa bien aún siendo tan pobre como es. Porque el primero que se reconoce pobre es el propio nica, y yo sigo pensando que qué es ser pobre si todo lo que te rodea también lo es. Qué quién es rico en Finlandia. Que pobre o rico sólo lo eres en comparación con lo que te rodea, y aquí todos tienen más o menos lo mismo y a ninguno le falta de comer. Que son pobres porque les han dicho que lo son, porque lo ven en la tele y porque una minoría insultante no esconde sus bienes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mostrando una conciencia política envidiable en una abuela pensionista que vive en un puerto olvidado en Nicaragua, critica a Ortega y a su supuesto gobierno de los pobres. Opina que un mandatario no puede aparecer en público en mangas de camisa sólo para mostrar que él es como su pueblo. Que quien se crea eso es un ignorante. Que debería vestir de traje y corbata, acorde con su oficio. Que sólo es el gobierno de los pobres que le votan, pues sólo a esos van destinados los bonos de comida que el gobierno tan altruistamente reparte. Que a ella no la engañan, que Mabel sabe lo que es Ortega y lo que aparenta ser para la masa. No interrumpimos su discurso porque, simplemente, no tenemos nada que decir. Qué sana es la afición política que tienen los nicas, que de todo hablan y todo lo valoran y critican con argumentos sopesados.&lt;br /&gt;Dejamos a Mabel deshaciéndonos en elogios por la comida y por la charla y Laura no se lo puede aguantar y le da 100 córdobas, que no nos los ha pedido y que le cuesta coger. Colorada y riéndose, Mabel rechaza el dinero pero Laura insiste y al final acepta un dinero que se ha ganado sobre todo por no pedírnoslo y por haber personificado la amabilidad y el saber estar. Una mujer que roza los setenta y que viste con ropas descoloridas nos ha enseñado lo que es la hospitalidad sin que el dinero lo pervierta. Porque llega un momento en Nicaragua en que no sabes si el que te llama amigo realmente lo es cuando empieza a pedirte dinero para comprar cosas. Será cultural, que sí que te consideran su amigo, pero que tienes más dinero que él y que, por ser tu amigo, bien se lo podrías dejar. Pero Mabel no, Mabel nos ha invitado a agua, comida y café sólo por el placer de convidar a su casa a unos turistas y al amigo íntimo de su hijo autoexiliado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cogemos de vuelta la panga a Bluefields, saltando sobre las olas de nuevo y sentándonos lo más adelante posible, que ya nos hemos quedado con la copla. Clev se viene al hotel, donde empieza a hacerme las rastas al estilo Caribe, es decir: primero trenzas, y te las dejas unos días para que el pelo se seque bien, y luego ya las deshará y las transformará en las rastas deseadas. Así que nos metemos en la habitación del hotel con el nica, ante la mirada atónita de los meseros, que sospechan algo, tal vez droga, tal vez un trío, pero quién sabe. Durante dos horas Clev transforma mis greñas en trencitas finas, haciéndome parecer ridículo y sabiendo que si ya daba el cante antes sólo por ser blanco en tierra de negros, ahora lo daré doblemente, por ser lechoso y por tener el pelo como un enjambre de culebras mareadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminamos la labor de peluquería y nos vamos a cenar algo. Y de ahí a El Cima, un garito popular en Bluefields que, incluso siendo domingo, está bastante lleno. A diferencia de los garitos de Granada, aquí suena reggae, aquí hay muchas más mesas y la pista es más pequeña. Y por ser reggae y no música para bailar agarrados, chicas bailan con chicas y chicos bailan con chicos, en grupos, divertidos, meneando el culo como yo no he visto antes. Y el reggae se baila de verdad, a lo africano, completamente tribal, rítmico y contundente, dando saltos, moviendo tobillos con los brazos estirados dejándolos laxos en el aire y meneando la cabeza donde las rastas bailan y se enredan. Con un litro de Toña en la mesa simplemente estudiamos el ambiente, relajado y alcohólico, con muchas más chicas guapas y sexys que en el maldito Pacífico. Aquí hay negras con los ojos claros, viva la mezcla de razas y los milagros de la genética. Tienen la cara limpia y seguro que suave, el cuerpo fino hasta que llega al culo, prominente, como un volcán en la llanura, un culo que llama a gritos a las manos del hombre que sepa dominarlo, porque es belleza salvaje lo que se despliega ante mis ignorantes ojos. Lau también se muestra extasiada con el despliegue de musculatura mulata, y Clev se menea en la silla, diciéndonos que lleva cuatro años sin bailar y que no puede remediarlo, pero nosotros estamos cansados y El Cima no nos ofrece más que un repaso visual a las maravillas nocturnas del Caribe. No estamos para bailar, no estamos para charlas con desconocidos y desde luego no estamos para beber hasta que lo anterior nos apetezca. Así que, ante la decepción de Clev, anunciamos que nos retiramos al hotel. Clev nos acompaña hasta la puerta del hotel y allí nos deja sanos y salvos, pero contándonos que para ir a Managua a la entrevista de trabajo tiene que pagar el viaje de ida, que el de vuelta se lo financia la empresa contratante. Que el viaje a Managua le sale por 200 córdobas. Sabiendo que nos está pidiendo el dinero sin pedírnoslo, como hace este cabroncete pícaro, le decimos que nada, que buena suerte y que nos vemos a la vuelta, que mañana nos vamos a Laguna de Perlas, una bahía al norte de Bluefields y que también fue base de piratas ingleses, por lo que no veremos a Clev hasta que volvamos. Yo, con mis rastas por hacer pero con trenzas sobre mi cuerpo europeo, le prometo que le llamaremos cuando volvamos, que me tiene que trabajar el pelo para darme un toque caribeño que me costará olvidar, y Laura se suma diciendo que ella quiere tirarle fotos a la familia de la hermana de Clev, allá en Punta Fría, o sea que no se preocupe que tendrá noticias nuestras cuando volvamos. Así pues, hasta luego Clev, que después de tres días, casi 24 horas al día contigo, necesitamos volar solos por el Caribe que nos has empezado a enseñar. El plan es, ya que hemos terminado antes de lo debido con los ramas, aprovechar el tiempo extra para conocer a los miskitos y garifonas que viven en poblaciones de la bahía de Laguna de Perlas (que no es una laguna, pues está abierta al mar, pero qué más da) y luego volver a Bluefields a conocerlo mejor y hablar con los creoles. Cuatro etnias en diez días, no está mal teniendo en cuenta nuestra frustración por haber salido antes de tiempo de la isla que era objetivo del viaje y que se ha quedado en el inicio de aventura más duro y salvaje que podríamos haber hecho. Todo lo que venga ahora será suave, seguro. O eso creemos. Hasta las 12 del mediodía no sale la panga a Laguna de Perlas, o sea que por primera vez en estos días no hay que madrugar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5435375358989870599-6287163952683588201?l=ego1981.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://ego1981.blogspot.com/feeds/6287163952683588201/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5435375358989870599&amp;postID=6287163952683588201' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6287163952683588201'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5435375358989870599/posts/default/6287163952683588201'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://ego1981.blogspot.com/2010/01/diez-dias-queriendo-ser-caribe-v.html' title='Diez días queriendo ser Caribe V - Titanic sin Di Caprio y descubriendo El Bluff'/><author><name>JuliusDesperate</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11767795497870087451</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://2.bp.blogspot.com/_rKuCPl1DWGs/SN-6SqFuSLI/AAAAAAAAAAY/rf0aoeYjBmg/S220/perfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5435375358989870599.post-6897954076158588634</id><published>2009-12-31T15:14:00.001+01:00</published><updated>2011-05-14T11:54:21.353+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua y más allá'/><title type='text'>Diez días queriendo ser Caribe IV - El sociólogo pescador</title><content type='html'>Me despierta un tirón del dedo gordo del pie, es Jeffrey que me requiere. Me levanto de un salto, enfundándome rápidamente los pantalones que seguían a mi vera y saliendo a un amanecer gris. Me dice el hermano vecino que tiene una goma que le está matando, que no consigue dormirse y que le deje por favor dinero para comprar chicha y así pasar esa resaca homicida. Clev, desde el suelo donde está dormido, le echa la bronca en rama, y Jeffrey farfulla cualquier cosa. Somnoliento y con menos capacidad de reacción que un espantapájaros le pregunto que cuánto quiere, y me dice que 100 pesos, aunque de sobra sé que una botella de dos litros de chicha vale a lo sumo treinta. Me miro en la cartera y le tiendo un billete de 200, diciéndole que no tengo cambio y él asegurándome que me devuelve los cien pesos que sobran en cuánto venga de comprar. Le digo que vale y me vuelvo a la cama, en la que duro una hora más y en la que ya me arrepiento de lo que acabo de hacer. Decido dejar de contar los errores cometidos porque al final suspendo el examen seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me vuelvo a levantar coincido en este acto con Laura. Me pregunta que qué ha pasado con Jeffrey y le cuento lo de que me ha pedido dinero para beber. Ella me dice que a ella también le pidió plata pero que ella se ha negado a financiarle el pedo. Qué bien ha hecho, valiente y fría, y qué mal yo, timorato. De repente rebusca en su mochila y murmura que le falta dinero. La miro esperando una confirmación o una rectificación y ya por fin me devuelve una mirada seca y llena de sueño e incomprensión. Me faltan 2.000 córdobas, anuncia. Le pido que se cerciore y me dice que está segura. Qué hacemos, pregunto, y los dos contestamos a la vez que hay que decírselo a Clev. Mientras esperamos que éste aparezca, pues no está en la casa de huéspedes, me dice Lau que menuda noche. Yo le digo que no me he enterado de nada, y ella no se lo puede creer. Se levanta y me pide que nos vayamos a dar un paseo y que me lo cuenta con calma. Salimos fuera y nos encaminamos hacia el interior de la isla, donde hay una cancha de baloncesto y un camino asfaltado que se pierde hacia el este. Saludo a un grupo de jóvenes sentados en un porche y no me devuelven el saludo. Julio, que no estamos en La Prusia, creo que lo de ir haciéndonos notar no va a ser buena idea, me sugiere Lau, llena de razón. Me encojo y hago el amago de tirar un par de fotos. Damos media vuelta y nos sentamos en la cancha de baloncesto a fumarnos un cigarro. Lau me hace un repaso breve de su noche infernal: resulta que alguien metió en la casa, a medianoche, a rastras, al joven Harby, poseedor de una borrachera descomunal. Le dejaron tirado en el suelo y él se puso a gemir como un gato apaleado y a rascar el suelo con la uña, como en una película de terror, como en una novela negra, una vez más. Gimoteos y arañazos para preparar al espectador para un buen susto. Continúa Laura recordando que afuera no dejaron de dar golpes en la pared, que entraron varias veces y ella allí, pasándolo mal, inquieta y sintiéndose insegura. Que ha dormido poquísimo y que cuando lo ha conseguido es cuando la han robado. Por un lado agradezco no haber sido consciente de nada de esto, por otro me lo recrimino, porque Laura se lo ha comido sola y a mí en mi sueño profundo me podrían haber hecho cualquier cosa, como teorizaba ayer en casa de Jimmy. Comentamos la posibilidad de salir de aquí cuanto antes, que ya la hemos liado y no hay marcha atrás en busca de la normalidad en una isla en la que nada es muy normal. Se acerca el barbudo que ayer mandó a freir puñetas Clev y se sienta con nosotros, a pedirnos un cigarro y avisarnos de que viene lluvia. A los dos segundos su pronóstico se revela cierto y nos despedimos de él a la carrera, llegando algo mojados a la casa de huéspedes y los niños mofándose a nuestro paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la casa nos espera Clev, que nos acompaña adentro y nos ve con cara de luto y pregunta y le contamos y se tiene que sentar en la cama para pasar el mal trago. No sé si estará en el ajo, pero si es de los ladrones se merece un Óscar por esta gran actuación. Él dice que estaba dormido y no se entero de nada, que qué mal, que qué vergüenza. Que no sabe quién ha podido ser, que qué vamos a hacer. Le decimos que no nos interesa saber quien ha sido, que nos da igual, que el caso es que ya no estamos cómodos y que no sabemos muy bien qué hacer, si irnos cuanto antes o esperar. Clev repite mucho la interjección ay, como cuando una desgracia tremenda se cierne sobre tus posesiones y tú no puedes hacer nada. Yo me creo su sorpresa y su decepción y le adelanto que se lo vamos a decir a su padre, que debe saberlo. Él está de acuerdo, pero no sale de su asombro. Laura fuma en silencio y bebe agua de una garrafa de plástico blanca. Yo tengo sed pero algo me dice que me la aguante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entra por fin el párroco para anunciar que el desayuno está servido y Clev le resume lo que ha pasado. La expresión del cura no cambia demasiado. Nos mira vestido en resignación y nos dice que le da mucha vergüenza, que a él también le han robado dinero de los bolsillos sus propios hijos, porque él duerme con el dinero encima. Que tendríamos que haber tenido más cuidado, que no tiene sentido acusar a uno porque habrán sido tres, y que entiende que nos queramos ir si es eso lo que tenemos pensado hacer. No hace amago de pedir disculpas, ni se sorprende como su hijo Clev. La cara del que conoce los vicios de su comunidad y siempre pondría la otra mejilla. Le respondo que no queremos acusar a nadie, que simplemente estamos acongojados, que no sabemos qué hacer, que yo siento mucho lo que ha pasado pero que tenemos que pensar. Nos invita a desayunar y baja la cabeza murmurando que le corroe la vergüenza, que es su familia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el desayuno Clev nos confiesa que su padre le ha echado la bronca por haber traído alcohol. Que todo lo que ha pasado se debe al alcohol. Me pregunta por Jeffrey, que qué ha pasado esta mañana. Le narro lo del dinero para beber y que me debe 100 córdobas y él me asegura que en cuánto le vea se las pide. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ambiente está caldeado, el sol pega duro y nos dibuja la isla como es, pequeña y sucia, como parece ser que son algunos de sus habitantes. No estamos cómodos, claro, ahora somos más blancos que nunca, pobres víctimas de un robo etílico en una isla en la que el Cañita es veneno de virtudes. Jimmy está enfadado con Clev, el cura está decepcionado con Clev por traer alcohol, Lemond y Jordan están molestos con Clev, y Clev está enrabietado con Jeffrey por pedirnos dinero así. Y Lau y yo en medio, en tierra de nadie en una batalla que no es nuestra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos venido a una isla y hemos roto su rutina en una noche. Un observador con su mera presencia perturba lo que es objeto de estudio, pero al menos intenta mantenerse al margen y no entrometerse en la vida del ser que busca comprender. Y nosotros hemos cometido todos los pecados capitales que cualquier antropólogo aprende en su primer día de carrera. Somos el hazmerreir de las ciencias sociales, violadores de la más obvia norma que rige la labor del analista, ingenuos transgresores de la cotidianidad que pretendíamos conocer. Todo esto me recrimino para mis adentros, sintiéndome tan ridículo como culpable, mientras devoro un plato de huevos revueltos con demasiada sal y un café riquísimo acompañado de dos panes de coco que tengo que importar a España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre hace repicar la campana, están a punto de ser las ocho y toca misa de niños. A las doce es la misa dominical por antonomasia y hacemos valer nuestros deseos de ir. Clev nos dice que claro, pero que antes nos vamos a dar una vuelta por la isla, al otro muelle, el que queda al sur, y en donde está la casa de su primo Danly, que seguro que nos gusta conversar con él.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Cruzando la isla, que de punta a punta se hace en diez minutos, Clev me comenta que tiene un resacón durísimo. A sus 38 años está viviendo una segunda juventud, es lo que tiene vivir un tiempo entre barrotes, que fuera de ellos todo es casi nuevo. El viento sopla fuerte y nadie está pescando. En algunos balcones los ancianos ven pasar la poca vida de la isla y entre las casas de madera, en algún claro, algún hombre teje redes de pesca. Es en este lado de la isla donde hay más casas y el suelo es en su mayoría conchas, de ostras y almejas, solidificadas y formando el suelo que pisamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De camino a casa de su primo nos cruzamos con Jeffrey, vestido con la misma camiseta de ayer, aunque yo también, pero él con lo ojos ensangrentados, ojos del que prefirió seguir bebiendo que dormir. A modo de buenos días Clev le recuerda en tono aspero y en inglés que de amanecida me pidió dinero para chicha, que le di 200 córdobas porque no tenía ningún billete más pequeño y que por lo tanto le toca aflojar 100 córdobas. "Give him the hundred córdobas, please", le indica Clev, mirando hacia otro lado pero dejando claras las palabras. El otro pone cara tonto y me mira encongiéndose de hombros. "Me diste 100 córdobas, hermano", me dice. Doy dos pasos al frente y le digo con la mejor y más falsa de mis sonrisas "I didn't have a 100 córdobas note, so I had to lend you two hundred. You even told me that you were going to give me back 100 córdobas". Termino la frase, dicha casi sin respirar, y él suelta improperios en español y en rama, empezando su ristra de blasfemias por "ah, la puta", y el resto ya ni lo entiendo ni lo quiero entender. "You gave me 100 córdobas", repite al final. Suspiro, me rindo, prefiero perder 100 córdobas que discutir con un imbécil. "OK, OK, then maybe it's me than I'm wrong. I thought I gave you 200 córdobas, but if you say that it was 100, then I believe you", miento condescendiente. Me tiende la mano dibujando orgullo con la boca y yo le tiendo la mía cagándome en su puta madre por lo bajini. Él sigue su camino y nosotros el nuestro, yo explicándole a Clev que no pasa nada, que ya está, y cogiendo luego a Laura por banda para poner a parir al hermano borracho y mentiroso. Dejamos atrás el casuto donde está el motor que produce la energía eléctrica y del que es responsable Jimmy. Es un motor a gasolina del tamaño de un coche pequeño y casi tan alto como yo. Es todo un armatoste y está accesible para cualquiera, incluidos borrachos que fumen y hagan saltar esta parte de la isla por los aires, pero esos son mis elucubraciones, que están un tanto pasadas de revoluciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos por delante de la escuela de primaria, el otro edificio, junto a la iglesia y el instituto, que está pasada la casa de Jimmy, que es de cemento y no de madera. Como todas las escuelas que he visto en Nicaragua, es una estructura de una sola planta, rectangular y dividida en pocas aulas, y pintada de azul y blanco. Y terminamos llegando a casa de Danly, pero no hay nadie, así que seguimos recto hasta el extremo de la isla, donde hay otro muelle. Un hombre cubierto por una gorra blanca limpia pescado ayudado por sus dos hijas, y junto a su panga, en el agua, un cerdo se da un paseo. Hay poca pesca a los pies del pescador que, descalzo, descarga de aparejos la panga, que me fijo que no es más que un tronco vaciado y esculpido en forma de canoa. Tras el hombre y metida en el cobertizo que hace de lavabo, una mujer observa el resultado de una madrugada de faena. El cerdo es el único ocioso en la escena. Echamos un vistazo al horizonte que se nos ofrece desde este lado de la isla, salpicado de islotes y tan nublado que el extremo de la bahía de Bluefields queda como una pequeña línea negra partiendo el gris del mar con el gris del cielo, como la imagen que da un televisor sin sintonizar, raya negra entre grises difusos. Ante tan pobre panorama nos damos la vuelta y volvemos hacia casa de Danly, a ver si ya ha vuelto. De camino Clev nos señala una hierba y nos dice que es albahaca, que se puede hacer un té muy rico con ella. Lau coge seis hojas de las más grandes y se las guarda en el bolsillo. Huelen realmente bien. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a la casa de Danly hay ahora cuatro jóvenes de esparcimiento absoluto entre palmeras. En vacaciones navideñas y con el viento impidiendo la pesca y la lluvia amenazando con caer, sólo hay una cosa que un joven puede hacer en la isla: nada. Y ahí están haciendo nada, sentados en el suelo, apoyados en el árbol o tirados en una hamaca. Nos saludan y nos piden que les tiremos fotos. Posan chulos y guapos y se ríen con Laura. Uno de ellos es Danly, que entra en la casa con nosotros. Allá está su abuelo, hermano del párroco Cleveland. Por lo tanto, Danly y Clev son primos. El viejo se tiene que ir, dice, se disculpa y nos deja en la casa con Danly, su hermano y su abuela, ocupada en los fogones. No son ni las nueve y está dándole duro al pescado, el arroz y el plátano verde. Danly tiene mi edad, 28. Lleva una camiseta negra de tirantes y, sorprendentemente, un bañador de esos estilo hawaiano, blanco y con flores azules silueteadas. Y digo sorprendentemente porque es el primer nica que veo con bañador. No sólo los que he visto en el mar, en San Juan y en Playa Madera, se bañan con camiseta (y luego por la calle van muchos con nada encima), sino que lo que les cubre los muslos es o un pantalón corto o un calzoncillo oscuro. Es el primer bañador que veo sobre cuerpo masculino nica. Su vestuario termina con un gorro azul eléctrico, de esos que se ponen los negros y que va muy ceñido, como si fuera de nadador pero sin serlo. No sé qué función tiene, es como un pañuelo puesto muy tirante. Danly tiene cara asiática, de pómulos salientes y limpios, ojos ovalados y tan grandes como oscuros y labios finos. El color de la piel es un marrón clarito que podría recordar al amarillento de los filipinos. Su hermano, acurrucado en una silla contra la pared, cuenta 26, viste pantalón corto a cuadros y una cinta en la cabeza sosteniéndole el pelo rizado en punta. Tiene la cara más afilada que su hermano mayor y piel más clara, además de tener una complexión más pequeña, por lo que ahí sentado, con los pies también en la silla y las rodillas dobladas a la altura de la nariz, parece un mono en descanso. Él no habla mucho, pero Danly sí, está interesado en nosotros. Es sociólogo - qué rotura de estereotipos, Señor - y ahora quiere estudiar arquitectura, o diseño, porque le gusta pintar y construir. Ha expuesto cuadros en Bluefields y aunque considera que el estudio tal vez no le facilite el encontrar un trabajo en este país, no quiere perder la afición de aprender. Estoy alucinado con el acceso universitario de este lugar. En La Prusia son pocos los que optan por hacer algo más allá de primaria. Que Alex, el de la obra, se haya apuntado a secundaria es motivo de orgullo para la ONG. Y aquí resulta que los hijos de los pescadores rama, que viven en una isla exactamente igual que hace 200 años, van a la universidad porque mantienen las becas gracias a las buenas notas. De acuerdo, son indígenas y lograron algunos privilegios cuando se levantaron contra el gobierno sandinista, entre ellos las becas para estudios, pero éstas también las pueden pedir los prusianos, si quisieran y si se esforzaran. Realmente estoy admirado por el espíritu combativo de los ramas, que empuñaron armas y ahora empuñan el querer saber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Danly resulta ser una fuente estupenda de información. Me dice que él hizo un estudio de las etnias en Bluefields para la universidad y que entiende lo que queremos hacer, entenderles un poco. Me inquiere por las preguntas que tengo que hacer, y le digo que no me he preparado ninguna, avergonzado por la falta de recursos y por la lección de periodismo que me está dando el tipo. Se muestra sorprendido por el hecho de que no lleve un listado de preguntas, y Laura me saca del paso explicándole que queremos saber de todo sobre sus costumbres, más que cosas concretas. Cómo viven y eso. No sé si estoy sonrojado asistiendo a este momento, pero debería estarlo. Yo, occidental, leído y supuestamente cultivado, afincado en un lugar en el que ir a la universidad es poco más que un trámite y habiendo estudiado una carrera que denominaron periodismo y en la que me debía haber aprendido ciertas cosas, estoy siendo aleccionado por un hombre que vive en una isla de un país por desarrollar, o eso dicen, que es parte de una comunidad a la que no atiende ningún gobierno, destinado, o eso suponíamos, a vivir al día, de la pesca o de lo que cultiven en tierra firme, a seguir una tradición que a lo sumo perpetuaría a su tribu en la miseria pero a él no le llevaría a ningún lugar lejano a una isla en la que es alguien. Se me derrumban mitos y creencias, el sentido de las cosas se desvanece ante mis ojos, el hombre que tengo frente a mí encarna mi completa ignorancia del mundo y él no lo sabe, no puede saberlo porque yo soy el blanco que ha venido de tierra lejana para ver cómo de atrasados viven unos seres de los que muy pocos han oído hablar. Qué colleja me está dando la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le sacan una jarra con chicha a Clev, tirado en la hamaca, buscando quitar un clavo con otro clavo, refrescando un gaznate exhausto. Danly rechaza la jarra porque mañana se tiene que levantar temprano, que tiene que ir a Bluefields. Le pregunto que cómo va, interesado en saber si podemos unirnos a su panga si al final decidimos irnos. Me dice que a remo, en canoa. Que se levantará a las tres de la mañana para llegar allí a las ocho. Me quedo sin lengua y con los ojos tan grandes como los de una vaca. 18 kilómetros por mar poco calmo, de noche, en cinco horas. Le digo, incrédulo, que va muy rápido. Él hunde un poco la cabeza entre los hombros y deja escapar un "yeah, I go fast", dándole tanta relevancia como a sacarse un moco. Para mí que eso es plusmarca mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La abuela nos ofrece compartir el almuerzo. Aunque no tengo hambre, estaremos en algún momento entre las nueve y las diez, acepto gustoso el ofrecimiento, y mientras paladeo otra ración de pescado y dejo de lado el plátano, atiendo a lo que me cuenta un entusiasta Danly, que debe sentirse importante por estar descubriéndome su isla y sus raíces. Y lo que viene a continuación es lo que aprendí de un chaval que no se creía más de lo que era, un hombre en un mundo tan grande como su experiencia, ni más ni menos, porque de qué nos sirve saber cuánto mide el globo terráqueo si sólo somos capaces de andar tres kilómetros en una hora. Mucho tendríamos que pasear para creernos conocedores de lo que se cuece en este planeta loco que se me desmonta por momentos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dice que, siglos atrás, Rama Cay eran dos islas, pero que a los ramas les gustaba tanto comer ostras y almejas que, de tanto tirar las conchas al mismo lado de la costa de la isla más grande, terminaron uniendo las dos, formando un montículo de esqueletos de crustáceos y haciendo más grande su territorio sólo gracias a su voracidad y a su poco variado menú. Dos islas unidas por una montaña de ostras. Es de cuento, es digno de una leyenda, pero cuando eres consciente de que parte del suelo que pisas de Rama Cay es sólo concha, te paras a pensar en si el mito es real, quién sabe qué resultado pueden dar años y años de engullir cuerpos viscosos y de arrojar sus caparazones, siempre al mismo sitio, siempre al mismo sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Danly teoriza sobre por qué los ramas vinieron a Rama Cay y se quedaron. Ya el hecho de que alguna vez se lo haya preguntado es admirable. También lo es el que no se quedase ahí sino que fuera más allá, buscando en serio una explicación. Pero lo que es aún más encomiable es que, ante la falta de respuestas convincentes, él emplease el sentido común para hacer comprensible el asentamiento de una tribu entera en una sola isla. Porque es fácil de defender y porque es la isla más cercana a tierra de bosque, que es lo que hay en el lado más próximo de la bahía. Le digo embobado que es una teoría perfectamente razonable, y él se hincha y se reafirma, sí, es posible que eligieran Rama Cay por eso. Y para justificar aún más una teoría que a mí me parece válida, porque una teoría lo suficientemente buena y original no tiene porqué ser cierta, se arranca con otro cuento ancestral que nos lleva al S.XVIII, cuando por fin los misioneros holandeses consiguieron doblegar el alma politeísta y caníbal de los rama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un arranque de patriotismo, de orgullo de raza, de rabia en la sangre y en los genes, Danly, el profesor que no hace por serlo, me resume un poquito de la Historia de su gente. Cuando los colonizadores llegaron, primero los españoles, que no hicieron tierra pero sí quisieron evangelizar las islas, fracasaron en todos sus intentos. Los rama les esperaban en la isla y les masacraban antes de que los que vinieron de muy lejos pudieran siquiera dibujar la cruz en el aire con la punta de sus dedos. En la isla más cercana, llamada muy acertadamente la Isla de los Misioneros y alejada algo más de un kilómetro de Rama Cay, se establecían los voluntariosos colonizadores. Por la noche, y con el cuchillo entre los dientes porque no hay otra manera, los guerreros rama nadaban hasta allá y degollaban a los que decían traerles la verdadera Fe. Y así durante dos siglos, hasta que la insistencia dio sus frutos y fueron los misioneros holandeses los que lograron el propósito moral. No fue hasta la supremacía de los miskitos, facilitada por los intereses ingleses, que los sometidos rama se adscribieron a la iglesia morava, dejando en el pasado dioses que ya no se recuerdan y costumbres antropófagas mal vistas por los británicos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"You should be proud of your History", le incito, y él se hincha como un globo de helio y sí, se reconoce orgulloso de ser rama, de saber de dónde viene. Me dice que ese afán combativo no se ha perdido, que su padre murió en la guerra, en la contra que organizo Reagan cuando cayó Somoza y a la que se unieron los indígenas sólo porque los enemigos de mis enemigos son mis amigos. Reagan quería quitarse de en medio a un gobierno de izquierdas que podía ser pasto del comunismo y que, más importante para los verdaderos intereses yankis, estaba declarando inválidas las concesiones de explotación que el anterior gobierno había dado a empresas madereras, azucareras y cafeteras no sólo estadounidenses sino también alemanas y holandesas. Por su parte los indígenas de la costa atlántica sólo querían conservar sus tradiciones, sus formas de posesión y explotación de la tierra, lo cual chocaba de frente con la reforma agraria que el gobierno sandinista estaba haciendo cargado de buenas intenciones. Pero las buenas intenciones muchas veces conducen a los peores desastres, y los indígenas se levantaron en armas y se unieron a la contra, consiguiendo parar al ejército sandinista en la selva, en su territorio. Así que si primero combatieron contra doctrinas occidentales, luego lucharon contra el que quería imponerles un reparto de tierras que nunca había sido ni efectuado ni pedido en esta zona de Nicaragua que tanto cuesta reconocer como tal. Así que los rama, como los miskitos, creoles, garífonas y sumus firmaron un pacto con los sandinistas, deponiendo las armas pero consiguiendo una autonomía que ningún otra región de Nicaragua tiene. Conservan, por ley, la forma de transmisión de la propiedad, la forma de explotación de sus tierras, la forma de gobierno local, que es un atractivo e idealista Consejo de Ancianos, y el derecho a vivir donde viven sin que ningún poder les pueda expropiar. A cambio, se reconocen bajo el poder del gobierno de Nicaragua y sus leyes y Constitución. Quid pro quo en gente que no sabe qué es el latín porque tienen una lengua igual de antigua y no está muerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente recuerda algo y se emociona contándonos que el mismísimo Ortega va a venir a la isla, que les va a visitar. Se muestra partidario del supuesto gobierno de los pobres, porque él se reconoce pobre aunque yo cada vez tengo más difusa la frontera entre el rico y el pobre. Promete que le va a escribir una serie de cartas dándole las gracias por muchas cosas, como las becas de estudio, la luz eléctrica, que llegó a la isla hace sólo un año, la escuela de secundaria que se construyó en la isla hace sólo dos años. Que le da igual lo que la gente piense de ese acto que sólo es de agradecimiento. Yo no discuto con él de política, porque no hay cosa más absurda que enfrentarse a unos ideales por muy absurdos que lo consideres, porque es obvio que este gobierno es sólo el gobierno de los pobres que se suscriben al partido, olvidando a los que no lo hacen ejerciendo su absoluto e inalienable derecho de elección, pero es que eso es obvio para mí, que no soy de aquí y cada vez menos de ningún sitio mientras permanezca sentado bajo este techo que me está regalando tanto conocimiento no empírico. Yo venía buscando formas de vida y me están narrando afinidades políticas en una isla en la que hace un tiempo estaría seguro que éstas no sirven de nada. Así que dejo que Danly me cuente las virtudes que él ve en este gobierno, porque yo me siento un casco azul en Kosovo, limitándome a estar ahí presente y en posición, pero sin intervenir, porque esa no es la misión. La misión es absorber, y tengo los poros abiertos como las piernas de una puta tailandesa el día en el que desembarca la marina yanki.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego me cuenta cosas sobre él. Me dice que por su buen hacer en la carrera fue invitado a un simposio sobre etnias y tribus en Japón. Sí, en Japón, a yo donde sueño con ir, porqué no, y él, huérfano y nieto de pobres, habitante de una casa de madera con suelo de tierra, ya ha estado allí. Exaltado me dice que estuvo a punto de no ir, que justo por aquél entonces una mujer de la isla le acusó de violación y que de no ser por la mediación de su primo Clev aquí presente, al que respetará y honrará desde entonces por siempre, no se habría podido ir y tal vez hubiera acabado en la cárcel. Que llegó a estar dos días encerrado y que no fue hasta que Clev se plantó en la puerta de la supuesta víctima que ésta reconoció su mentira, dejándola patente en la vista previa a la que no acudió, y por ello Danly pudo ser liberado y puesto en un avión camino de Oriente. Le pregunto por su impresión de Japón, esperando que me relate con entusiasmo las grandes diferencias que tuvo que notar y palpar. De una isla perdida de Nicaragua a la isla menos perdida del mundo. Pero no se muestra aturdido por el salto cualitativo, por el aterrizaje en la tierra del progreso tecnológico, por el vivir durante unos días en edificios de muchas plantas y con cisternas y lavabos de porcelana, por el acudir a universidades con tecnología wifi y viajar en el metro más rápido del planeta. Como quien lee la guía telefónica explica que es interesante ver de lo que es capaz el hombre, pero ya está. No exclama, no enfatiza, no muestra admiración por el Lejano Oriente, en donde comenta divertido que pasaba por japonés, provocando la risa ahogada de su hermano, sentado inerte en una esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es entonces cuando Laura nos apremia para irnos a misa, y yo le doy las gracias a Danly por todo, por la comida, por la chicha, pero sobre todo por todo lo que me ha contado. Le digo que probablemente deje la isla mañana y que si lo considera tiempo suficiente como para pintarme algo rápido, que me encantaría tener un recuerdo suyo y que ya que es pintor, entre otras muchas cosas, no se me ocurre un recuerdo mejor. Por supuesto le pagaré, le aseguro. Me responde que por supuesto, que se va a buscar sus "crayons" y que tarda una media hora en complacerme. Nos despedimos y nos alejamos, yo sintiéndome con parte de la misión antropológica cumplida y con Laura sudando tinta por una diarrea explosiva que le está empezando a martirizar. Sopesamos la posibilidad de que la causa sea el agua que bebió esta mañana y le preguntamos a Clev por la llave del retrete. La debe tener su padre, así que vamos hacia la casa, que aún falta un ratito para la misa y lo que no puede esperar son los intestinos castigados de mi compañera. Con Laura imprimiendo paso ligero vamos Clev y yo charlando, yo mostrándole mi agradecimiento por la enriquecedora visita a Danly y él comentándome que no puede parar de pensar en lo del robo de los 2.000 córdobas, que se siente muy mal por ello pero que aun así, viéndome confiado de nuevo, deberíamos quedarnos más días como habíamos planeado en principio. Yo le confieso que yo también opino así, que lo que pasó, pasó y no tiene porqué repetirse si no ofrecemos más bebida y nos andamos con más ojo con el dinero. Pero que yo solo no hago nada en este viaje, que vine con Laura y con Laura decido, que así planeamos el viaje, así lo hemos empezado, así lo vamos a continuar y así lo vamos a terminar. Todo a dúo, como los buenos cantantes, como los profesionales equipos de fotoperiodismo. Entre dos no hay democracia, sólo consenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo antes de ascender hacia la iglesia y las casas de los McRea pasamos por delante de una en la que dos tipos que podrían formar una pareja cómica están sentados en la escalera. Nos piden una foto, y se la merecen. Los dos llevan gorra y botas de agua y pantalones claros y manchados. Los dos comen mientras nos miran. Uno es bajito y con bigote y el otro delgado, espigado y con coleta. Les dejamos en la misma postura y continuamos nuestro camino, Laura contando los segundos y nosotros siguiéndola de cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la casa del padre McRea no está él, y Laura solloza que dónde están las llaves del baño. Sólo le falta agarrar por las solapas a una de las niñas y zarandearla mientras implora por las llaves. No me quiero imaginar cómo Hiroshima se está desatando en sus entrañas. Finalmente aparece la madre con las llaves y Laura huye encorvada al retrete. Aún faltan unos minutos para la misa y yo me quedo con Clev, que sigue diciéndome lo mismo que ya me ha taladrado durante la mañana, sobre su goma y sobre lo triste que le hace sentir el robo, así que yo pongo el salvapantallas y me quedo rumiando la charla con Danly, asintiendo de vez en cuando y diciendo "yes, yes" a cada rato para que Clev siga dándome banda sonora hasta que vuelva Laura, a la que esperamos en el camino. Justo por allí hacen acto de presencia los dos modelos que acabamos de dejar, el alto y melenudo y el bajo y bigotudo. Los dos con los ojos entrecerrados y cuchicheando con Clev. Preguntan por marihuana y por chicha, a lo primero Clev dice que sí y a lo segundo les indica dónde pueden comprar. El bajo le dice al de la coleta que vaya a por la chicha, y éste, mirándonos a nosotros, sólo dice "na". "Go", "na"; "go", "na". Y así un rato, y Clev y yo mirando a uno y luego a otro, a uno y luego a otro, como en el ping pong. El bajo le da golpes en el hombro a su compañero vago, y éste sacude el hombro sin fijar la vista en ningún sitio. Se me asemejan de repente a Mortadelo y Filemón, estando claro cuál es cuál aunque ni Filemón tiene bigote ni Mortadelo un solo pelo en la cabeza. Finalmente el del bigote se da por vencido y se aleja en busca del licor, quedándose Mortadelo con Clev haciendo el negocio. Yo me alejo un rato cuando veo a Laura acercarse. En ese momento no me lo dijo, pero a los días me narró cómo es cagar en Rama Cay y yo me congratulé de haberme erigido como teniente coronel de mis tripas, a las que ordené silencio y se quedaron dormidas. Esto es lo que me describió. La puerta azul que encierra el infierno hecho de caca, pura caca, es lo único de color en el cagadero de la familia McRea. Dentro estás prisionero en un metro cuadrado por dos de alto, tan nauseabundo que haría vomitar al mismísimo monstruo del Golgotha. Un agujero hecho en el suelo de madera podrida, cercano a la pared contraria a la puerta, conduce tu mierda hacia un pozo de heces acumuladas durante décadas, y de él sale un aroma que da sentido a la palabra asqueroso. Allí, donde la ventilación se reducía al aire salado que aullaba entre la madera y el techo de zinc, Laura tuvo que pasar una de las pruebas más salvajes de su vida, una que no habría superado ni Lara Croft. Armada con toallitas perfumadas hizo lo que había ido a hacer, anulando sus sentidos para no morir asfixiada y saliendo de allí con alivio y perturbación. Todo esto me lo contó entre risas cuando hubo superado el trauma un día después, y yo casi deseé haber conocido tan siniestro lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con su misión cumplida y Clev todavía trapicheando, Lau y yo nos acercamos hacia la costa donde nos bañamos en agua sucia ayer a contemplar el mar rizado. Ella se arranca sin previo aviso asegurándome que hay que salir de aquí, de esta maldita isla a la que hemos venido sin ningún tipo de preparación ni mentalización, con demasiado dinero, con demasiada confianza y traídos por un tipo del que lo único que sabemos no es precisamente lo propio de un santo varón. Me cuenta Lau que al volver esta mañana de lavarse los dientes las hermanas menores de Clev le han aconsejado que no nos fiemos de él, que es bicho malo. Yo no doy mucho crédito a lo que digan las hermanas, si acaso el mismo que le doy a Clev. Encuentro razonable que las dos chicas, recién habiendo salido Clev de la cárcel, no lo tengan por un angelito. Pero me sigo resistiendo ante la idea de que él esté actuando, que sea él el que tenga los 2.000 córdobas, o lo que quede del botín. Para qué, si nos está esquilmando el dinero que quiere con argucias poco elaboradas pero efectivas para saquear la cartera de un gringo. Ni la gasolina vale 600, ni la comida en casa de su hermana en Bluefields 100, ni veré los 200 córdobas que le dejé para marihuana, y le seguiré cigarrillos hasta que le vea por última vez. Siendo todo esto así no tiene porqué robarnos con nocturnidad y alevosía si lo puede hacer de día y con falacias, en nuestra cara y con nuestro consentimiento. Pero todo esto no vale de nada, porque lo que de verdad importa es que Laura no está a gusto, por el robo, claro, por Clev, por la diarrea, por demasiadas cosas que inclinan la balanza. No quiere estar con la mosca detrás de la oreja cada minuto que pase en la isla, dice esgrimiendo la lógica, y remata que nadie puede asegurarnos que esta noche no vaya a ser exactamente igual que la anterior, que si ha pasado una vez puede pasar todas las que sean. Es cierto, aquí estamos solos y en sus manos. Pero el caso es que yo no estoy seguro, respondo cuando me pregunta mi parecer, que yo aguantaría más días, que ya no habrá alcohol de por medio, que escondemos el dinero si hace falta... pero que en realidad tampoco las tengo todas conmigo, por lo que a mi falta de convicción le puede su malestar, así que no hay más que hablar, nos vamos y santas pascuas, esto es cosa de dos, ella no quiere quedarse y eso prima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su calidad de fotógrafa ha usado su objetivo varias veces ya, no todas las que quería, pero alguna, y le puede valer si completamos el viaje más allá de Rama Cay. Y a mí... ya llevo 25 páginas de Word, o sea que será que me vale también si sólo han pasado 36 horas desde que aterrizamos en Bluefields. Un estudio antropológico mínimamente digno llevaría meses, y pensábamos quedarnos cinco días a lo sumo, así que tampoco es tanta la decepción en cuánto a que el viaje había sido concebido en torno a Rama Cay y nos vamos a largar de aquí antes de lo previsto. Así que dicho y hecho, ya tenemos una respuesta que darle a Clev: mañana nos vamos en la primera panga que salga hacia Bluefields, y se acabo, que nos habéis robado, perros. Los antropólogos que no saben ni lo que eso quiere decir pondrán pies en polvorosa ante la crudeza de una isla que no conocíamos y que nos vamos sin conocer del todo pero habiéndola alborotado.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Como Clev no termina nunca con sus negocios con Mortadelo y Filemón, que ya ha vuelto con la chicha y ahora se han transformado en Pepe Gotera y Otilio, pero ya no tengo claro quién es quién, Lau y yo nos metemos solos en misa, que está a punto de empezar. El reverendo está sentado tras un órgano que toca un hombre con gafas, y tras ellos un coro de mujeres cansadas. Entonan melodías de sirena y nosotros somos Ulises resistiéndonos a sus encantos, amarrados al mástil sabiendo que no debemos hacer caso a los que nos regalan el oído, que sólo fuera de esta isla volveremos a sentirnos tranquilos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocupamos unos asientos del final y la iglesia se va llenando con cuentagotas. La misa arranca, en inglés, y a los dos minutos somos nombrados en el discurso de Mr. Cleveland. Nos agradece nuestra visita, espera que seamos tratados con la hospitalidad que mandan las escrituras y nosotros respondemos levantando la mano en un acto absurdo porque, no nos olvidemos, somos los únicos blancos en la isla, fácilmente identificables sin que nadie nos presente en público. Y arranca la ceremonia, leyendo pasajes de la Biblia a veces en un inglés que no lo es del todo y a veces directamente en rama. Presto toda la atención que puedo, pero la voz áspera del cura y los desvaríos idiomáticos llevan al traste todo intento de enterarme de algo. Además, aparece el sueño, que acabamos de almorzar. Por fin aparece Clev, que se sienta a mi izquierda, Lau está a mi derecha. Al rato Clev da cabezadas y yo le tengo que despertar en una ocasión con un sutil toque de codo. Cuando todos se levantan nosotros nos levantamos, y cuando todos se sientan, nosotros nos sentamos, todo con una laxitud de miembros que da miedo. Tras lo que es una hora de muchísimo más que sesenta minutos la gente empieza a irse y nosotros les imitamos. Clev anuncia que se va a echar una siesta y Laura secunda la moción. Volviendo a la casa de huéspedes le comunico a Clev nuestra decisión de dejar la isla mañana. Él se muestra abatido pero se une a nuestros planes, que dice que de todas maneras tiene que volver para irse en algún momento a Managua a hacer la entrevista para un trabajo que necesita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el porche de la casa está Jimmy, que nos saluda sin resentimiento y nos pregunta qué tal la mañana. Le contamos que hemos estado en casa de Danly y que luego en misa. Nos despliega las tabletas blancas que tiene por dientes, saluda a Clev por saludar y se aleja balanceando los hombros hacia la casa de los padres. Caemos rendidos sobre la cama y Clev, de nuevo, sobre el duro suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una siesta de dos horas nos repone tanto como nos deja para el definitivo arrastre. Mientras dormíamos, ha llegado la panga de los músicos de Bluefields que vienen a ponerle himno a la promoción de los alumnos de secundaria. No sabemos dónde estarán, bebiendo chicha probablemente para darle otro sonido a las trompetas y trombones. Por su parte, Clev propone ir a ver una nueva vista desde la isla. Bajamos al muelle donde desembarcamos ayer y andamos sobre el pequeño rompeolas que cerraba la laguna donde unos niños jugaban a ser marineros. Cruzamos de punta a punta el murito de cien metros hecho de piedras y arropado en alambre, hacia la punta más al este de la isla. Hace aire y el agua nos salpica las piernas y el enrejado nos atrapa las sandalias, pero lo logramos con mucha pereza y cero entusiasmo. La verdad es que lo que se ve desde este punto es un poco más de lo mismo. Mar revuelta moteada de islas e islotes. Así que dos fotos por cumplir y media vuelta. La verdad es que Clev hace por enseñarnos cosas, pero no estamos en el reino de las variedades, que digamos. Y sigue quejándose de una goma que no se le pasa, que si tiene piedras en los riñones, que si se ha desacostumbrado en la cárcel, que si bebió mucho o poco. Agradeciendo que el ruido del mar enmudece algo a Clev, volvemos a la casa de huéspedes y de ahí a ver si Danly a hecho ya el dibujo, todo planeado única y exclusivamente por Clev, que yo no quiero acosar al artista. Nos encontramos al sociólogo pescador a medio camino y se excusa diciendo que es que uno de los músicos es su primo y se ha quedado con él bebiendo chicha. Que va ahora mismo a por sus rotuladores. Yo le intento decir que suave, hombre, suave, que no hay prisa, pero ya ha salido corriendo a por sus herramientas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retornamos a la casa de los padres de Clev a tomarnos el té de albahaca que Lau recogió antes. Allí está Jimmy afeitándose, que hay que estar guapo para la promoción y la fiesta de después. Pierde su aspecto de atractivo cavernícola pero gana imagen de buen tipo. Las chicas están arreglándose y el padre está sentado mesándose el pelo. Le comentamos que nos iremos mañana muy pronto, que todo está bien, que han sido muy hospitalarios, pero que preferimos irnos. El padre asiente y se gira para hacerle una carantoña a un niño que pasa corriendo hacia la cocina. Al rato salimos y ya está la gente agolpada frente a la puerta de la iglesia, que es donde se va a celebrar el acto. El interior está a rebosar y a las ventanas se asoman niños, abuelos y jóvenes. Los músicos van de negro y son siete chavales también negros, alguno con gorra y pulsera roja, verde y amarilla y todos van con zapatos más negros e instrumentos abollados dorados y plateados. Un tambor y el resto es viento. De entre la multitud de fuera destacan por el contrario los seis que se gradúan, embutidos en una túnica blanca y con bonete del mismo color y ribete azul. Llevan una banda al hombro con el año de su promoción. A su vez la iglesia ha sido decorada durante la tarde por los niños de la isla, y tiene spray dorado en paredes y en el suelo de la entrada, globos agitados por el viento y en el altar se ha desplegado una pancarta conmemorativa de la segunda promoción de secundaria en el instituto de Rama Cay. Bajo la pancarta hay seis sillas para los homenajeados. La banda empieza a tocar un himno y uno a uno y de la mano de un familiar van entrando los que ya terminaron secundaria. Sentados en una loma cercana a la entrada de la iglesia, Lau me dice que le asquea lo británico y colonial que es todo el rito este. Al rato nos levantamos con Clev y volvemos a la casa de sus padres, que esto va para largo y no tiene mucho más que ofrecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de entrar en la casa aparece Danly a la carrera con el dibujo en la mano. Es una cosa simple, colorida, dibujando la imagen de Rama Cay vista desde el norte. Es un recuerdo estupendo. Le digo que cuánto y me dice que 50, que ha vendido otros dibujos parecidos por 300, pero que 50 están bien. Sin hacer el más mínimo amago de dar más dinero, le doy los 50 y las gracias y hasta más ver, amigo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos hacemos fuertes en las hamacas del comedor. Hablamos sobre esta noche, que no vamos a beber ninguno y Clev apostilla que no quiere juntarse con sus hermanos, que seguro que estarán en la fiesta de la promoción. Así que decidimos que simplemente buscarem
